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domingo, 9 de mayo de 2021

GRACIAS, PABLO

Llegaste para abanderar las ideas del 15M, el movimiento ciudadano del 15 de mayo de 2011 (¡ya hace 10 años!) que exigía, de forma pacífica, una nueva forma, más participativa, de hacer política. Por aquel entonces, obedeciste a los que desde arriba dijeron, con la chulería típica del clasismo: “Si tantas quejas tenéis, presentaos a las elecciones”. Seguramente, fue la última vez que hiciste caso a “la casta”. ¡Qué gran palabra! Qué forma de decir tanto con tan poco: Rancio, anacrónico, reaccionario, pretencioso… Todos esos adjetivos, atribuibles a los “dinosaurios de la política”, que acostumbraban a hacer y deshacer a su antojo desde su pedestal.

Pasaste de contertulio en platós de televisiones marginales, como Intereconomía o 13TV, a entrevistado de programas como La Sexta Noche. Con tu camarilla de compañeros politólogos, como Íñigo Errejon, Carolina Bescansa o Ramón Espinar, fundaste Podemos, un partido de espíritu asambleario en el que nadie era más que nadie y se escucharían todas las voces. Los comicios más próximos eran las elecciones al Parlamento Europeo de 2014, así que para ahí os fuisteis, logrando un gran éxito, con cinco eurodiputados electos. Erais tan poco conocidos que decidisteis poner tu cara, en las papeletas electorales, donde habitualmente se coloca el logo del partido.

Durante un año en el Parlamento Europeo, os hicisteis tan populares que, en las elecciones municipales de mayo de 2015, a las que concurristeis aliados con plataformas ciudadanas, lograsteis un gran apoyo, poniendo en marcha los “ayuntamientos del cambio” en ciudades como Madrid, Barcelona, Zaragoza o Cádiz.

Pero llegaba el plato fuerte, para lo que os habíais preparado tanto: Las elecciones generales de 2015. Irrumpisteis de forma atronadora en el Congreso de los Diputados, con 69 escaños (la suma de Podemos y sus confluencias gallegas, catalanas y valencianas). No obstante, el entendimiento con el Partido Socialista de Pedro Sánchez no llegó a buen término, lo que nos llevó a una repetición electoral, en 2016.

No sería hasta las elecciones generales de noviembre de 2019 cuando se darían las condiciones para formar un gobierno progresista, con el PSOE, que te hicieron vicepresidente segundo del gobierno. Aquello por lo que tanto habíais luchado, se empezaba a materializar en forma de acciones desempeñadas desde el Consejo de Ministros. El Gobierno de España empezó a hacer verdaderas políticas de izquierdas, abandonadas desde hacía mucho tiempo. Y es que el Partido Socialista es una organización que necesita que alguien le empuje un poco, o acaba ejecutando medidas poco progresistas, defraudando a su electorado.

Pero tú también defraudaste, a propios y extraños, cuando decidiste comprar una casa de 600.000 euros en Galapagar (a las afueras de Madrid). Fuiste duramente criticado (y con razón). Desde luego, nadie duda que deseaste lo mejor para tu familia y no entendiste por qué no podías darles la vida que merecían pero, cuando se supone que eres el referente ideológico de la izquierda, no puedes pasar de Vallecas a Galapagar sin pagar un peaje. Y ese peaje fue la pérdida de confianza de muchos amigos, compañeros y electores.

Te montaste tu burbuja, seguramente alimentada por los de tu alrededor, en la que creíste que Podemos era tu cortijo personal. Te convertiste en un ególatra que no aceptabas las críticas. Cada vez se hablaba menos, de forma asamblearia, y cada vez tú decidías más, individualmente. Eso te llevó al enfrentamiento con Íñigo Errejón, el que había sido tu hermano, que terminó con él fuera del partido, fundando posteriormente Más Madrid / Más País y fragmentando aún más la izquierda. Se podría decir que ése es el mayor error que has cometido en tu carrera política.

Pero, si bien se te ha criticado varias veces justificadamente, muchas más lo han sido desde la mentira y la desinformación de los medios rivales. Tantas veces fuiste acusado de colaboración con los gobiernos venezolano o iraní como la justicia archivó sus causas. Se te ha llamado “rata”, “chepudo”, “coletas”, “comunista” (peyorativamente hablando); se te ha acosado, en tu vivienda particular, de forma continua por manifestantes; incluso te han enviado cartas amenazantes con cartuchos de rifle en su interior. Sin duda, eres uno de los políticos que más (si no el que más) ataques y acoso ha recibido e injustamente ha sido tratado. Tu figura representaba un peligro para las élites y se encargaron de soltar toda la metralla posible para destruirte.

El agotamiento en tu persona era patente. Tus esfuerzos por llegar al gobierno te habían consumido y la recompensa, en forma de vicepresidencia, ya no te valía la pena. Sin embargo, hiciste un último sacrificio por el partido (para enmendar, quizá, los males que también le habías causado). Algunos sondeos indicaban que Podemos podría caer por debajo del 5% en las elecciones a la Asamblea de Madrid, dejándoles sin representación. Te envolviste en tu capa de salvador y dijiste “yo me encargo”. Tu participación se tradujo en un aumento del grupo parlamentario en 3 escaños (pasando de 7 a 10). No obstante, la victoria de la derecha y vuestra última posición en la Asamblea te dieron la excusa para hacer algo que ya llevabas intención de hacer (aun, posiblemente, tras un mejor resultado electoral). Entendiste que tu personalidad atacante e incisiva movilizaba a tus electores, pero también a los de tus rivales. Comprendiste que habías colaborado en polarizar la vida política en exceso y que, en tus propias palabras, “no contribuías a sumar”.

Te vas, pero dejas una sucesora, la Ministra de Trabajo Yolanda Díaz, que tiene una proyección enorme y transmite tanta confianza como profesionalidad. Está por ver si Podemos es capaz de sobrevivir a la salida de su líder o cae, como otros partidos con exceso de personalismos (como Ciudadanos), en la desaparición.

Ahora bien, con tus virtudes y tus defectos, yo te digo “gracias, Pablo”. Gracias por mejorar la democracia; por enseñarnos que había más opciones que rojo y azul, alejándonos del bipartidismo (al que espero que jamás volvamos); por empujar para que se materializaran políticas progresistas; por ayudar a frenar los recortes en políticas sociales; en definitiva, por intentar convertir a España en un país mejor. Espero que descanses, que puedas dedicar tiempo a tu familia, que te cortes la coleta (ahora que ya no es un símbolo irrenunciable), que el paso del tiempo mejore la percepción de la ciudadanía por tu persona y que el destino todavía te tenga guardado un último papel, tal vez, en la política española.

Imperator Caesar Cerverius



domingo, 17 de enero de 2021

LA ESPERANZA TIENE ROSTRO DE ANCIANO

El mundo tiene nuevo líder. Joseph Robinette Biden Jr. (Scranton, Pensilvania, 1942) será, desde el próximo 20 de enero, el 46º presidente de los Estados Unidos de América. El que fuera senador por Delaware durante media vida, y vicepresidente con Barack Obama, ha superado unas primarias demócratas, una campaña con acusaciones de tocamientos inapropiados (con denuncia por acoso sexual incluida) y unas elecciones contra el, probablemente, peor presidente que haya conocido la nación de las barras y estrellas. Y es que, aunque una de las anécdotas que se puedan atribuir a Donald Trump es que pasará a la historia como el primer presidente, desde 1980, que no inicia una guerra en su primer mandato, esta característica no concuerda, precisamente, con su carácter.

De palabras gruesas y anuncios sensacionalistas están repletos los cuatro años de Presidencia de Trump. Llegó al poder tras vencer a Hillary Clinton en unas elecciones en las que ella obtuvo mayor voto popular (el complejo sistema americano dio el triunfo al empresario). Una de sus primeras promesas fue construir un muro, en la frontera con México, que sería sufragado por el país vecino. Inició una guerra comercial (parece que ésta no cuenta para las encuestas) con China. Superó un impeachment (proceso para destituirle). Su gestión del coronavirus ha sido para llorar, comenzando con un negacionismo recalcitrante y continuando con propuestas para inyectar lejía a la población. Su administración ha flexibilizado las restricciones medioambientales, desandando todo el camino recorrido por el gobierno de Obama. Además, su relación con la prensa ha sido nefasta, encarándose con los periodistas de forma continua. Por último, en los meses previos a las elecciones, se dedicó a alimentar el debate de un posible fraude por correo, para constatar, tras su derrota, que la votación había sido robada.

Pero no nos engañemos. Donald Trump ha tenido, y sigue teniendo, un gran apoyo popular en la América “profunda”. Muchos de sus votantes se han creído las acusaciones de fraude electoral y, algunos de ellos, se vieron alentados a asaltar el Capitolio, en Washington DC, e impedir que una sesión conjunta del Senado y la Cámara de Representantes ratificase el resultado de las elecciones. Trump fue excesivamente tibio a la hora de condenar los hechos, dedicándoles palabras de apoyo a los manifestantes y alargando, más si cabe, el incidente que dejó cuatro personas muertas. La absoluta falta de responsabilidad institucional debería haber inhabilitado a esa persona para que siguiera en el cargo ni un minuto más.

Con Joe Biden, se abre un nuevo periodo de esperanza para la política estadounidense (y también mundial). El control de la Presidencia, del Senado y del Congreso le permitirá sacar adelante iniciativas demócratas y traer un poco de luz al oscurecido panorama americano. Pero no debemos ser ingenuos. Las medidas sociales del otro lado del charco están muy lejos de cómo las entendemos en Europa. Seguramente, el contraste con su antecesor será abismal, pero ya hemos visto, como con la administración Obama, que la Presidencia no es un cheque en blanco y los cambios son lentos y tortuosos. El mismo Obama ganó el premio Nobel de la Paz, por la esperanza que insuflaba en la política de todo el globo terráqueo, pero acabó siendo una decepción al no poder sacar adelante todo lo que se esperaba de su gobierno.

Biden fue uno de los senadores más jóvenes cuando accedió al cargo, pero llega a la Presidencia como la persona más anciana en ocupar el puesto. En el falso documental de Netflix Death to 2020 (2020) se puede ver cómo se mofan de esta situación, simulando que Biden es un excombatiente de la guerra civil americana, con más de 200 años. Aunque en realidad tenga 78, veremos en los próximos meses si este anciano es capaz de verter un poco de luz en el oscurecido territorio norteamericano o si, por contra, es otra decepción y hay que poner los ojos en el futuro y en su vicepresidenta, Kamala Harris. 

Imperator Caesar Cerverius



lunes, 27 de mayo de 2019

UN GRAN PODER CONLLEVA UNA GRAN RESPONSABILIDAD




Un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

Una frase sencilla. Lógica y obvia, si se toma un par de segundos para analizarla. Una frase que se le atribuye al Tío Ben. Ben Parker tuvo que hacerse cargo de Peter, el hijo de su hermano, cuando este último murió. La experiencia y la vejez le dieron la sabiduría para asumir esa sentencia y transmitírsela a su adolescente sobrino: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Lapidaria, ¿no? Pues por muy evidente que fuese, Peter Parker fue incapaz de asumirla a tiempo y tuvo que ver cómo su tía se quedaba viuda por no haber sabido él interiorizar esa frase. A Peter Parker (Spiderman para sus amigos y vecinos) hoy le conocemos como un superhéroe, pero en sus inicios no aprovechó sus poderes para luchar contra el crimen, sino para lucrarse. Pudo detener a un malhechor que pasó por delante de sus narices, pero no quiso involucrarse. Al llegar a casa de sus tíos, pudo comprobar cómo ese mismo malhechor había robado y asesinado al bueno del Tío Ben. Peter no asumió la responsabilidad de su poder y tuvo que pagarlo en sus carnes, como una buena obra literaria exige.
Pablo Iglesias no es un superhéroe (aunque para algunos lo haya sido y para algunos aún lo sea), pero sí que tiene un gran poder: Abrió el melón del bipartidismo y amplió el espectro político más allá de gaviotas y rosas. Infundió esperanza a mucha gente, que vio a un ser llano, como ellos, capaz de llegar al Congreso y cambiar las cosas. Desalojar a los poderosos corruptos y traer el bien al Pueblo. Pero un gran poder conlleva una gran responsabilidad.
Hace cuatro años, con Podemos todavía en pañales, el partido morado no quiso meterse en callejones sin salida, llenando listas con personas desconocidas que podrían salirles rana. En cambio, apoyó la creación de plataformas ciudadanas que asaltasen los ayuntamientos y trajesen el cambio. Así llegó el bastón de mando a personas como Manuela Carmena en Madrid, Ada Colau en Barcelona o Pedro Santiesteve en Zaragoza. Los “ayuntamientos del cambio” se propagaron por toda la península insuflando un soplo de aire limpio al corrompido sistema municipal español.
Durante estos cuatro años, Pablo Iglesias ha ganado en poder, pero no lo ha usado con responsabilidad. Ha acallado y expulsado a los críticos y se ha rodeado del séquito que le regala los oídos. Ha entrado en esa burbuja de los poderosos que les desconecta de la población. Sólo así puede justificarse algunas de sus decisiones en su vida personal. Sigue siendo un adolescente, como Peter, que quiere conseguir sus deseos a toda costa y sin importarle lo que se lleve por delante.
Quizá, durante esta legislatura municipal, Iglesias tenía claro que las plataformas ciudadanas que hace cuatro años triunfaron, llegado el momento se replegarían y cantarían las alabanzas de San Pablo para que llegase con su potente partido Podemos para tomar el relevo y continuar con esos ayuntamientos del cambio. En vez de eso, ha permitido ir en una lista separada de Zaragoza en Común o de Más Madrid en la Comunidad. Su burbuja y/o su séquito le hicieron creer que iban a partir la pana y que, si las plataformas no se plegaban ante él, los ciudadanos sí que lo harían. Consecuencia: la fragmentación de la izquierda. La división de votos y la ausencia de un proyecto común se lo ha puesto en bandeja a la derecha, que ha aprovechado para ocupar esos lugares.
Fácil sería decir “con su pan se lo coman”, el electorado les ha castigado, pues que lo paguen quedándose en la oposición. Pero es que los que verdaderamente van a pagar los platos rotos, son los ciudadanos. Con el auge de la derecha, vendrán las privatizaciones, los cortijos, los toros, la vuelta al reaccionarismo, los sobres, los dedazos, los amiguismos, el clientelismo, el fin de la participación. Llegarán la pérdida de las libertades y de las políticas sociales.
Quizá sea necesaria una catarsis para que vengan otros y arrastren a éstos. Otros que piensen en el Pueblo y que, años después, sigan pensando en él como el primer día. Otros que, cuando alcancen el poder, sepan ver que lo tienen que utilizar con responsabilidad.

Imperator Caesar Cerverius.


domingo, 21 de abril de 2019

POR QUÉ VOTARÉ A PABLO IGLESIAS AUNQUE ME CAIGA MAL




Os confesaré una cosa: No me gusta Pablo Iglesias. Creo que es un ególatra con ansias de poder y que nunca ha aguantado que las personas de su alrededor le diesen ni un toque de atención. Y así se desprendió de gente muy válida como Íñigo Errejón o Carolina Bescansa. Sin embargo, sí que creo que hizo algo bien. Y eso fue fundar Podemos, el partido que cambió el modo de ver la política en este país y que podría hacer mucho bien por el mismo.
Dicho todo lo anterior, os aseguro que votaré a Unidas Podemos (y, por ende, a Pablo Iglesias) en las próximas elecciones. Y lo haré porque, en realidad, no tengo otra opción. Soy una persona de izquierdas y ahora mismo Unidas Podemos es la única organización que defiende mis intereses. Cierto es que, en los últimos años, no he estado de acuerdo con ellos en todas las medidas que han defendido, pero siguen siendo los que más medidas defienden favorables a mi persona (y creo que para todo el país).
Podría votar al Partido Socialista, claro, pero después me tendría que decepcionar al ver que pactaban con Albert Rivera en vez de con Pablo Iglesias.
También podría votar a PACMA, pues tengo muy interiorizadas las políticas animalistas y las creo muy necesarias en el Congreso de los Diputados. Pero no sólo de animalismo vive el hombre, sino de economía, trabajo, industria y un largo etcétera en el que creo que PACMA pincharía en hueso.
Si en verdad algo me repugna, del panorama político que se nos avecina, es la posibilidad de que sumen las derechas de PP, Cs y VOX. Creo que todos los avances en políticas sociales de los últimos años se irían al traste, amén de meter a España en un clima reaccionario más propio tiempos pasados que para nada fueron mejores.
Me diréis entonces, ¿por qué te la juegas votando a Unidas Podemos y no optas por el voto útil apoyando al PSOE? Pues porque creo realmente que el voto útil traiciona los valores de la democracia. ¿Acaso yo, como ciudadano, tengo que renunciar a mis ideas para concentrar la mayoría en “algo que se le parece”? No. La democracia es elección, la democracia es variedad, la democracia es debate y mestizaje de ideas. Creo que saldría un gobierno mucho más justo y beneficioso de un pacto entre socialistas y podemitas, que de uno monocolor (ya fuese rojo o morado). Y hay que obligar a nuestros cargos electos (que para eso los elegimos) a que se acerquen, negocien y pacten lo mejor para la ciudadanía.
Desde luego, lo que no haré, es quedarme en casa el próximo 28 de Abril. Muchos son los que dicen que, como un partido no les representa al 100%, no les entrega su voto. Supongo que esos perfeccionistas apagarán un partido de futbol si juega en su equipo un jugador que no les gusta, apartarán un plato de su mesa si un ingrediente no les entusiasma, o se saldrán del cine si uno de los secundarios que aparecen en la película dice una frase sin el tono apropiado.
El esnobismo de la izquierda siempre ha sido su peor enemigo. Como gente crítica que son sus votantes, siempre se ha visto amenazada con la nube de la abstención por una coma aquí o una tilde allá. Sin embargo, la derecha, masa disciplinada, acude a las urnas con el voto preparado de casa y deposita su papeleta en la urna llueva o nieve.
Desde este modesto medio os pido que no caigáis en las trampas de la campaña, no os dejéis engañar por los saboteadores que trabajan para el partido abstencionista y acudáis en tropel a votar (aunque sea un lema de pasadas elecciones del Partido Popular) con cabeza y corazón.

Imperator Caesar Cerverius



jueves, 21 de diciembre de 2017

FACE IT: AÑO II


Dicen que lo difícil no es llegar, sino mantenerse.
La gente cambia, adquiere nuevos compromisos, comienza otros proyectos, tiene menos tiempo... Sin embargo, todos los integrantes de Face It hemos luchado y nos hemos esforzado por seguir aquí, informando sobre lo que ocurre en España y en el mundo, contando nuestra opinión de las cosas o recomendando un viaje, un libro o una película. Así es como hemos llegado al año II de nuestro blog.
Los casi 30 artículos publicados en esta segunda temporada nos han hecho superar los 100 posts.
Tras nuestro primer cumpleaños comenzamos hablando del grupo de moda en Japón, Baby Metal; os acercamos a la sabana africana proponiéndoos un safari por el Biopark; fuimos testigos, ya en enero, del pistoletazo de salida en las primarias del Partido Socialista y os contamos, a lo largo de todo el proceso, cómo este partido centenario se desangraba gota a gota.
Nos pusimos serios recordando la etapa convulsa de la transición y el 40 aniversario del atentado de la calle Atocha que terminó con cinco abogados laboralistas muertos. Contemplamos con sorpresa cómo Susana Díaz cruzaba Despeñaperros y se lanzaba a la pugna por la secretaría general del PSOE.
También ha sido un año difícil para Podemos, que tuvo su particular guerra fratricida entre Íñigo Errejón y Pablo Iglesias. Hablamos de Marine Le Pen y su partido de ultraderecha en unas elecciones francesas en las que Macrón salió victorioso.
Asistimos a la tercera (¿será esta vez la última?) dimisión de Esperanza Aguirre. Homenajeamos los 30 años del estreno de Star Wars y dimos un breve repaso a la saga.
Ante todo pronóstico, Pedro Sánchez volvió a ser elegido líder del PSOE.
Los últimos meses nos hemos visto envueltos por el conflicto independentista en Cataluña y aún está por ver cómo va a solucionarse.
De todo esto hemos hablado, en este segundo año de Face It, sobre lo acontecido en el mundo. Pero también hemos tocado temas atemporales como videojuegos de PC, la moda en los años ‘20, podcasts de historia, el sempiterno tema del fútbol o alguna que otra novela. También hemos fantaseado, con ayuda del cine y la televisión, con cómo habría podido ser la historia si algunos hechos hubiesen sido un poco diferentes.
Durante tres entregas (y puede que vengan más) analizamos los prodigios mostrados en las películas de ciencia-ficción y su cercanía, o no, a la realidad.
Durante el próximo año nos gustaría hablar de muchos temas: cine, viajes, literatura, televisión, deporte, música... Nuestro fanatismo por la historia nos hará acercarnos a hechos más o menos conocidos y relatároslos con carácter divulgativo.
Pero nuestra principal fuente de artículos siempre ha sido y será la actualidad. De ella nos serviremos para analizarla y daros nuestra opinión.
Escribir un artículo entraña el gasto de una buena cantidad de tiempo que implica recabar información, seleccionar lo más importante, redactar el texto, repasarlo varias veces para corregir errores y, finalmente, publicarlo. Es una experiencia costosa pero siempre satisfactoria. Cada post es un pedacito de nosotros mismos que compartimos con todos vosotros. Por todo ello, seguiremos trabajando para que Face It siga siendo lo que es: un blog para hablar de todo, con todos y para todos.
Imperator Caesar Cerverius

miércoles, 13 de diciembre de 2017

ESPERANDO EL SORTEO


Ya es diciembre. Luces navideñas en las calles, un frío que se ha hecho esperar y millones de españoles atentos a lo que pasará en el sorteo del próximo 21 de diciembre. 21, sí. Me refiero a las enésimas elecciones autonómicas en Cataluña. Sorteo porque cualquier cosa podría pasar.

Los sondeos apuntan a un triple empate entre ERC, C’s y Junts Per Catalunya.
Los republicanos, que llevan la delantera, están haciendo la campaña con su jefe de filas entre rejas. Oriol Junqueras, a diferencia de otros ex-consellers permanece en la cárcel por la Declaración Unilateral de Independencia. Su socio en el gobierno y número uno de la candidatura Junts Per Catalunya, Carles Puigdemont, tampoco está en España para la campaña, sino que sigue fugado en Bélgica. El molt honorable encabeza una lista en la que se diluye el Partit Demócrata De Catalunya (antes Convergencia), quizá para disimular la caída desde el pedestal de president.

Entre ellos dos se encuentra, en los sondeos, Inés Arrimadas. La líder de Ciudadanos en el parlament ya ha pasado esta (corta) legislatura como jefa de la oposición y ahora aspira a ser la primera mujer en convertirse en presidenta de la Generalitat.

Miquel Iceta, el bailarín, llega como cuarta fuerza política, al frente del PSC, ofreciéndose como un moderado capaz de aunar a todas las sensibilidades. De momento ya ha metido en su lista al ex-secretario general de Unió, Ramón Espadaler.

La conjunción de Pablo Iglesias y Ada Colau viene personificada por Xavier Domenech. Podemos no ha sabido (o no ha querido) explicar bien su posición con respecto al referéndum, la DUI y la aplicación del 155 y eso podría costarle votos tanto en Cataluña como en España. No obstante, su situación fuera de los dos grandes bloques (constitucionalistas e independentistas) podría convertirles en bisagra.

El PP de Xavier García Albiol poco tiene que hacer para superar sus penosos últimos resultados. Parece que su postura de fuerza frente al conflicto ha encontrado sus seguidores y podría mejorar su representación.

Y, por último, la CUP. Verdaderos garantes de la búsqueda de la independencia, parece que podrían ser los más perjudicados de todo lo ocurrido y perder hasta la mitad de sus escaños.

Una vez más, como en las últimas elecciones, el equilibrio de fuerzas estará muy ajustado. Los autodenominados “constitucionalistas” (C’s, PSC y PP) podrían dar el sorpasso al bloque independentista (ERC, Junts Per Cat. y CUP).

Las constantes incertidumbres en la antigua coalición a la hora de declarar la DUI, convocar elecciones, acatar el 155, etc. han hecho mella en la confianza de los socios. Y el hecho de que unos se pudran en la cárcel mientras otros se llenan la boca con chocolate belga, no lo mejora.

Pero, salga lo que salga de las urnas, no tendremos un panorama muy diferente al de hace seis meses. Además, una buena parte de la población ha sido convencida de que la independencia es posible y no se les puede ignorar.
Obviamente, no se les va a conceder la independencia, pero habrá que negociar otras formas de compensación para que podamos vivir en paz todos como buenos españoles.
La solución no es fácil.

El PSOE propone caminar hacia un estado federal pero, aunque no lo llamemos así, el estado de las autonomías ya lo es de facto. Sólo quedaría resolver un sistema de financiación que contentase a Cataluña, pero también al resto de CCAA. Por lo demás, pocas competencias se pueden ya transferir.

Un paso más agresivo sería caminar hacia un sistema confederal de estados mucho más independientes y unidos por un paraguas común español. Pero tal acción no es contemplada ni deseada por la inmensa mayoría de los españoles.

A los que coquetearon con la secesión les tocará, pues, aceptar permanecer en el Reino de España. Los que colgaron banderas en su balcón tendrán que perdonar y hacer cesiones para dar el procés por cerrado. Sólo de esta forma, con el común acuerdo de ambas partes, podremos convivir en paz y armonía otros tantos siglos como los que llevamos a nuestras espaldas.

                                                                                                                                    Imperator Caesar Cerverius

viernes, 31 de marzo de 2017

JE T’AIME MARINE

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Querida Marine.
En la grieta abierta por la crisis económica, social y política del 2008 que ha socavado el Estado de bienestar en Europa y ante la inoperancia de los partidos tradicionales –especialmente de un PSF convertido en un vodevil del Folies Bergère- has logrado que tu mensaje cale en la sociedad francesa hasta el punto que los clásicos cinturones industriales de Francia –tradicionales feudos socialistas- hayan pasado a apoyarte. Se calcula que alrededor de un treinta por ciento de tu electorado proviene de votantes socialistas y comunistas.
Pero lo más importante es cómo has conseguido romper con la imagen clásica de una ultraderecha asociada al nazismo. Mantienes el mensaje ultranacionalista, xenófobo y racista en un país con una enorme presencia de inmigrantes de primera, segunda y tercera generación procedentes principalmente de África o el Caribe. Pero estás consiguiendo resultados y tu mensaje cala, especialmente en las zonas con mayor paro de Francia (el viejo norte industrial, muy poco desarrollado e incluso en todo el corredor desde el Franco Condado hasta los Alpes Marítimos y la Provenza). Otorgas carnets de la pureza de la raza francesa en un país con población no ya mezclada de otros continentes, sino incluso de Europa. Véase la inmigración española tras la Guerra civil en el sur de Francia, la presencia de italianos en la zona de la Costa Azul o la influencia alemana en Alsacia y Lorena.
Abogas por un resurgimiento francés fuera de Europa, salida del euro, expulsión de inmigrantes, más controles fronterizos, recuperación de los valores morales tradicionales. En definitiva, una nueva forma política frente a la caduca, vieja y corrupta forma de gobernar. A pesar de que eres europarlamentaria y cobras por ello un buen sueldo pero no asistes a las reuniones de Bruselas porque estás en campaña. Pero todo sea “pour la France”. Sin duda, lo que más me fascina de ti es tu puesta en escena. El símbolo con el que te presentas en tus mítines es una rosa tumbada en azul (el poder de esa imagen para tus rivales es impresionante) y sobre todo, cómo has logrado marcar la agenda de todos tus contrincantes.
En un principio se mofaban de ti y te despreciaban, considerándote una deriva extremista alejada del sistema que proponía soluciones irreales en un periodo de extrema gravedad. Eras una outsider que iba a quedarse por el camino. Nadie había tomado nota del resurgimiento de los movimientos ultraderechistas en Europa en los años noventa. Pero el Brexit, la fortaleza del FPÖ en Austria –casi llega a gobernar perdiendo la repetición de las elecciones del año pasado en las que no participaron los partidos tradicionales-, así como el auge de partidos similares en Europa del Norte, Holanda y Alemania ha hecho que se replanteen su pensamiento. O no. Ahora eres la rival más temida, viendo cómo se derrumban tus opositores. Fillon envuelto en un escándalo de corrupciones y de pagos a su familia con contratos y trabajos ficticios. Manuel Valls no apoyará a su compañero socialista Hamon y se decanta por Macron, que tampoco quiere mezclase demasiado con Valls para mantener impoluta su imagen de nueva política.
Te lo están dejando hecho. Es cierto que tu padre –al que llegaste a expulsar del Frente Nacional- llegó como segundo candidato en las elecciones presidenciales del 2002. Obtuvo casi un 17 por ciento de votos en la primera vuelta pero fue barrido en la segunda por Chirac, que logró un 85 por ciento. Pero las encuestas te sitúan en torno a un arco del 29-33 por ciento de los votos en la primera vuelta. Puedes perder en la segunda vuelta si todos van contra ti, pero sería una derrota más digna que la victoria de cualquiera. No habrás ganado pero habrás conseguido que tu mensaje haya calado en la sociedad y en la política, sembrando con tu discurso populista y racista un germen de odio e incertidumbre muy peligroso a corto plazo. Como pasó con Wilders en los Países Bajos, los medios de comunicación se alegraron por su derrota aunque se haya convertido en la segunda fuerza política del país. Qué ilusos y ciegos están.
Creo Marine que tu mayor alegría no sería vencer en las elecciones, sino que el hecho de que tu mensaje haya calado profundamente.
Au nom du peuple
Marine Présidente!
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jueves, 6 de octubre de 2016

MARIONETA ROTA


En la antigua República de Roma, antes incluso de Sila, Mario o César, existía un sentimiento entre la población, ya fuera entre las élites o entre el pueblo llano, que era “lo primero es Roma”. Lejos de intereses personales egoístas, existía ese sentimiento patriótico que les hacía ver que ellos eran meros ciudadanos de una cosa mucho más grande. Esto les hacía alistarse en las levas cuando se producía un reclutamiento, jurar una ley aunque no estuviesen de acuerdo con ella o servir a un general aunque no sintieran simpatía por él. El motivo principal era siempre el mismo: ROMA.
Con la Tardorrepública llegaron los intereses personales. Generales que ponían por delante su carrera al interés del Estado, senadores que se movían por motivos egoístas en vez de mirar por el bien de la República, etc. Algo así es lo que sucedió con el PSOE.
Hubo un tiempo en el que el Partido Socialista se movía por sus ideas, las defendía a ultranza, conectaba con la ciudadanía y, cuando no lo conseguía y los resultados electorales le eran adversos, el líder, que es el responsable último, dimitía.
Como un equipo de fútbol que no puede despedir a toda su plantilla se desprende de su entrenador, el secretario general presentaba su renuncia, sin que nadie se lo pidiese. Un mero hecho de responsabilidad política. Pero hace mucho que eso se perdió.
En el devenir histórico del PSOE se cruzó una joven andaluza con una ambición descontrolada y ningún éxito electoral en su haber. Aun a pesar de estos hándicap, todo el partido la consideraba como el futuro del socialismo español. Pero, en ese destino que ella esperaba asumir por aclamación del partido, se interpuso Eduardo Madina. El vasco, con más de diez años como diputado nacional, varios de ellos como secretario general del grupo parlamentario, y favorito de Zapatero para el puesto durante mucho tiempo, no sólo se presentó a las primarias para dirigir el PSOE, sino que exigió que se realizasen a través del sistema “un militante, un voto”, en contraste con el sistema de compromisarios utilizado hasta el momento.
La andaluza, aun habiendo llegado a la presidencia de su comunidad autónoma (no por victoria electoral, sino por sucesión del anterior dirigente), temió una derrota que pondría punto y final a sus aspiraciones de presidir algún día la nación. Por eso se decantó por elegir a un campeón al que apoyar y que le mantuviese el sillón de la secretaría general hasta que llegase su momento.
Pese al sistema de voto directo, el aparato influenció lo suficiente a los militantes en cada región como para que un desconocido sin apenas experiencia, como Pedro Sánchez, favorito de Susana Díaz, tumbase a Madina.
Los primeros pasos de Sánchez no fueron sino dirigidos, como si de una marioneta se tratase desde más allá de Despeñaperros por la “reina del sur”. Pero, poco a poco, el madrileño fue cortando las cuerdas que le convertían en títere y fue actuando de forma independiente. Él tenía sus propios intereses personales y, aun con la sangría de votos que estaba trayendo al partido elección tras elección, se aferraba al cargo y no pensaba en abandonarlo.
Fue entonces cuando se produjo el golpe. La todopoderosa dirigente de San Telmo tiró de sus hilos y la mayoría de los barones territoriales se alinearon con ella. Se produjo una dimisión en masa de la ejecutiva con la intención de llevarse al secretario general por delante, pero él siguió aferrado al cargo.
Hizo falta un comité federal (máximo órgano entre congresos con unos 250 dirigentes de todo el estado, entre los que se encuentran diputados, barones, exsecretarios y dirigentes de toda la índole) para solucionar el asunto. Tras más de doce horas a cara de perro, discusiones, conversaciones acaloradas, vuelo de cuchillos y un espectáculo bochornoso que pudo ver todo el país, lograron deponer a Pedro Sánchez, formar una gestora que dirigiese el partido hasta el próximo congreso federal y evidenciaron una total sensación de partido roto.
Con unas posibles elecciones a la vuelta de la esquina, ¿qué votante en su sano juicio confiará su papeleta a unos personajes que no pueden ni gobernar su propio partido? Quizá esta guerra civil fratricida les costase mucho más que un secretario general. Al fin y al cabo, otro fracaso electoral no parece un castigo excesivo para los que se atrevieron a jugar al “juego de tronos” con un partido centenario, con una ideología política y con el destino de toda una nación.

Imperator Caesar Cerverius