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domingo, 9 de mayo de 2021

GRACIAS, PABLO

Llegaste para abanderar las ideas del 15M, el movimiento ciudadano del 15 de mayo de 2011 (¡ya hace 10 años!) que exigía, de forma pacífica, una nueva forma, más participativa, de hacer política. Por aquel entonces, obedeciste a los que desde arriba dijeron, con la chulería típica del clasismo: “Si tantas quejas tenéis, presentaos a las elecciones”. Seguramente, fue la última vez que hiciste caso a “la casta”. ¡Qué gran palabra! Qué forma de decir tanto con tan poco: Rancio, anacrónico, reaccionario, pretencioso… Todos esos adjetivos, atribuibles a los “dinosaurios de la política”, que acostumbraban a hacer y deshacer a su antojo desde su pedestal.

Pasaste de contertulio en platós de televisiones marginales, como Intereconomía o 13TV, a entrevistado de programas como La Sexta Noche. Con tu camarilla de compañeros politólogos, como Íñigo Errejon, Carolina Bescansa o Ramón Espinar, fundaste Podemos, un partido de espíritu asambleario en el que nadie era más que nadie y se escucharían todas las voces. Los comicios más próximos eran las elecciones al Parlamento Europeo de 2014, así que para ahí os fuisteis, logrando un gran éxito, con cinco eurodiputados electos. Erais tan poco conocidos que decidisteis poner tu cara, en las papeletas electorales, donde habitualmente se coloca el logo del partido.

Durante un año en el Parlamento Europeo, os hicisteis tan populares que, en las elecciones municipales de mayo de 2015, a las que concurristeis aliados con plataformas ciudadanas, lograsteis un gran apoyo, poniendo en marcha los “ayuntamientos del cambio” en ciudades como Madrid, Barcelona, Zaragoza o Cádiz.

Pero llegaba el plato fuerte, para lo que os habíais preparado tanto: Las elecciones generales de 2015. Irrumpisteis de forma atronadora en el Congreso de los Diputados, con 69 escaños (la suma de Podemos y sus confluencias gallegas, catalanas y valencianas). No obstante, el entendimiento con el Partido Socialista de Pedro Sánchez no llegó a buen término, lo que nos llevó a una repetición electoral, en 2016.

No sería hasta las elecciones generales de noviembre de 2019 cuando se darían las condiciones para formar un gobierno progresista, con el PSOE, que te hicieron vicepresidente segundo del gobierno. Aquello por lo que tanto habíais luchado, se empezaba a materializar en forma de acciones desempeñadas desde el Consejo de Ministros. El Gobierno de España empezó a hacer verdaderas políticas de izquierdas, abandonadas desde hacía mucho tiempo. Y es que el Partido Socialista es una organización que necesita que alguien le empuje un poco, o acaba ejecutando medidas poco progresistas, defraudando a su electorado.

Pero tú también defraudaste, a propios y extraños, cuando decidiste comprar una casa de 600.000 euros en Galapagar (a las afueras de Madrid). Fuiste duramente criticado (y con razón). Desde luego, nadie duda que deseaste lo mejor para tu familia y no entendiste por qué no podías darles la vida que merecían pero, cuando se supone que eres el referente ideológico de la izquierda, no puedes pasar de Vallecas a Galapagar sin pagar un peaje. Y ese peaje fue la pérdida de confianza de muchos amigos, compañeros y electores.

Te montaste tu burbuja, seguramente alimentada por los de tu alrededor, en la que creíste que Podemos era tu cortijo personal. Te convertiste en un ególatra que no aceptabas las críticas. Cada vez se hablaba menos, de forma asamblearia, y cada vez tú decidías más, individualmente. Eso te llevó al enfrentamiento con Íñigo Errejón, el que había sido tu hermano, que terminó con él fuera del partido, fundando posteriormente Más Madrid / Más País y fragmentando aún más la izquierda. Se podría decir que ése es el mayor error que has cometido en tu carrera política.

Pero, si bien se te ha criticado varias veces justificadamente, muchas más lo han sido desde la mentira y la desinformación de los medios rivales. Tantas veces fuiste acusado de colaboración con los gobiernos venezolano o iraní como la justicia archivó sus causas. Se te ha llamado “rata”, “chepudo”, “coletas”, “comunista” (peyorativamente hablando); se te ha acosado, en tu vivienda particular, de forma continua por manifestantes; incluso te han enviado cartas amenazantes con cartuchos de rifle en su interior. Sin duda, eres uno de los políticos que más (si no el que más) ataques y acoso ha recibido e injustamente ha sido tratado. Tu figura representaba un peligro para las élites y se encargaron de soltar toda la metralla posible para destruirte.

El agotamiento en tu persona era patente. Tus esfuerzos por llegar al gobierno te habían consumido y la recompensa, en forma de vicepresidencia, ya no te valía la pena. Sin embargo, hiciste un último sacrificio por el partido (para enmendar, quizá, los males que también le habías causado). Algunos sondeos indicaban que Podemos podría caer por debajo del 5% en las elecciones a la Asamblea de Madrid, dejándoles sin representación. Te envolviste en tu capa de salvador y dijiste “yo me encargo”. Tu participación se tradujo en un aumento del grupo parlamentario en 3 escaños (pasando de 7 a 10). No obstante, la victoria de la derecha y vuestra última posición en la Asamblea te dieron la excusa para hacer algo que ya llevabas intención de hacer (aun, posiblemente, tras un mejor resultado electoral). Entendiste que tu personalidad atacante e incisiva movilizaba a tus electores, pero también a los de tus rivales. Comprendiste que habías colaborado en polarizar la vida política en exceso y que, en tus propias palabras, “no contribuías a sumar”.

Te vas, pero dejas una sucesora, la Ministra de Trabajo Yolanda Díaz, que tiene una proyección enorme y transmite tanta confianza como profesionalidad. Está por ver si Podemos es capaz de sobrevivir a la salida de su líder o cae, como otros partidos con exceso de personalismos (como Ciudadanos), en la desaparición.

Ahora bien, con tus virtudes y tus defectos, yo te digo “gracias, Pablo”. Gracias por mejorar la democracia; por enseñarnos que había más opciones que rojo y azul, alejándonos del bipartidismo (al que espero que jamás volvamos); por empujar para que se materializaran políticas progresistas; por ayudar a frenar los recortes en políticas sociales; en definitiva, por intentar convertir a España en un país mejor. Espero que descanses, que puedas dedicar tiempo a tu familia, que te cortes la coleta (ahora que ya no es un símbolo irrenunciable), que el paso del tiempo mejore la percepción de la ciudadanía por tu persona y que el destino todavía te tenga guardado un último papel, tal vez, en la política española.

Imperator Caesar Cerverius



lunes, 15 de marzo de 2021

TERREMOTO CON EPICENTRO EN MADRID

En tiempos de la antigua Roma, cada ciudad dentro del Imperio tenía su curia (una especie de senado local). Los temas que se trataban en ella eran, por supuesto, los que implicaban a la urbe en cuestión, pero los debates más apasionados eran los que versaban sobre los asuntos que envolvían a la capital del Imperio. Aunque el foco estuviese a miles de kilómetros, y los debates en una pequeña ciudad de provincias no trascendiesen más allá, los bandos que se generaban recreaban igualmente a los formados en La Ciudad Eterna.

Hoy en día, dos mil años después, las costumbres no han variado mucho. Podemos ver a consejos municipales o parlamentos autonómicos tratar asuntos de índole nacional, defendiendo cada partido las ideas de su líder supremo. Por mucho que nos pese, y aunque nos hartemos de repetir el mantra “España no es (sólo) Madrid”, lo acaecido en la Capital tiene repercusiones inimaginables. Así nos hemos visto, de la noche a la mañana, en medio de un terremoto político que ha dejado (quién lo iba a decir) una vicepresidencia del gobierno de la nación vacía y ha iniciado una nueva carrera electoral por ver quién se sienta en la Real Casa de Correos de la Puerta del Sol.

Todo empezó hace unos días, con una moción de censura en la Región de Murcia. Los acólitos de Inés Arrimadas dijeron estar hartos de la corrupción del Partido Popular (parece que no se habían dado cuenta antes de la naturaleza de sus socios de gobierno) y se aliaron con el archienemigo socialista. A este asalto le siguió otro similar en Castilla y León. Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, hizo suyo, entonces, el refrán de “cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”. Ni corta ni perezosa, cesó a todos los consejeros naranjas y disolvió la Asamblea de Madrid.

El golpe en Murcia se ha saldado con tres tránsfugas, que serían más de Albert Rivera que de Inés Arrimadas (me hace mucha gracia que los partidos se apresuran a firmar pactos antitransfuguistas, pero luego no tienen tanta prisa en cumplirlos), y el de Castilla y León tampoco parece que vaya a avanzar mucho más. Donde sí que se va a producir un cambio es en la capital de España, donde la joya del gobierno de la Comunidad volverá a estar al alcance de cualquiera que tenga la osadía de optar por él. Y, cuando de osadía se trata, Pablo Iglesias va sobrado. Cualquiera diría que, con todo lo que le costó llegar a la vicepresidencia, ahora vaya a renunciar a ella por un simple parlamento autonómico. Pero no nos engañemos, a Pablo le va el barro. Él se encuentra cómodo en la arena, peleando con uñas, dientes y una afilada lengua capaz de herir al más irrebatible. Además, la lucha por Madrid le da el aura de gran salvador que él cree que es el único capaz de encarnar.

Pablo Iglesias pretende aunar a toda la izquierda en un gran pacto contra la derecha. Habrá que ver si está igualmente proclive a ese pacto, tras las elecciones, si no es él quien encabece la coalición. De momento, Pedro Sánchez se quita una preocupación de la cabeza, esa mosca cojonera que le minaba la autoridad en cada Consejo de Ministros. Pero el presidente debería agarrarse, porque vienen curvas. Si sigue la recomendación (y quien dice recomendación dice condiciones del pacto de gobierno) de Iglesias, la ministra de trabajo, Yolanda Díaz, será aupada al puesto que desaloja el líder podemita. Díaz ha demostrado, desde su ministerio, que es una persona muy capaz y defensora de los verdaderos ideales de la izquierda. Por ello, este cambio de cromos podría traer más ventajas que desventajas al país.

Lo que está claro es que Pablo Iglesias se juega, a una sola carta, su futuro político. Podría arrastrar al electorado de izquierdas a las urnas y ser el mesías que arrebate el poder a la derecha, pero también podría pegarse el tortazo y tener que volverse a su casa de Galapagar (la verdad es que hay sitios peores a los que volverse). Quizá sea éste el inicio del ocaso de una estrella, pero el comienzo del amanecer de otra.

Imperator Caesar Cerverius



lunes, 27 de mayo de 2019

UN GRAN PODER CONLLEVA UNA GRAN RESPONSABILIDAD




Un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

Una frase sencilla. Lógica y obvia, si se toma un par de segundos para analizarla. Una frase que se le atribuye al Tío Ben. Ben Parker tuvo que hacerse cargo de Peter, el hijo de su hermano, cuando este último murió. La experiencia y la vejez le dieron la sabiduría para asumir esa sentencia y transmitírsela a su adolescente sobrino: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Lapidaria, ¿no? Pues por muy evidente que fuese, Peter Parker fue incapaz de asumirla a tiempo y tuvo que ver cómo su tía se quedaba viuda por no haber sabido él interiorizar esa frase. A Peter Parker (Spiderman para sus amigos y vecinos) hoy le conocemos como un superhéroe, pero en sus inicios no aprovechó sus poderes para luchar contra el crimen, sino para lucrarse. Pudo detener a un malhechor que pasó por delante de sus narices, pero no quiso involucrarse. Al llegar a casa de sus tíos, pudo comprobar cómo ese mismo malhechor había robado y asesinado al bueno del Tío Ben. Peter no asumió la responsabilidad de su poder y tuvo que pagarlo en sus carnes, como una buena obra literaria exige.
Pablo Iglesias no es un superhéroe (aunque para algunos lo haya sido y para algunos aún lo sea), pero sí que tiene un gran poder: Abrió el melón del bipartidismo y amplió el espectro político más allá de gaviotas y rosas. Infundió esperanza a mucha gente, que vio a un ser llano, como ellos, capaz de llegar al Congreso y cambiar las cosas. Desalojar a los poderosos corruptos y traer el bien al Pueblo. Pero un gran poder conlleva una gran responsabilidad.
Hace cuatro años, con Podemos todavía en pañales, el partido morado no quiso meterse en callejones sin salida, llenando listas con personas desconocidas que podrían salirles rana. En cambio, apoyó la creación de plataformas ciudadanas que asaltasen los ayuntamientos y trajesen el cambio. Así llegó el bastón de mando a personas como Manuela Carmena en Madrid, Ada Colau en Barcelona o Pedro Santiesteve en Zaragoza. Los “ayuntamientos del cambio” se propagaron por toda la península insuflando un soplo de aire limpio al corrompido sistema municipal español.
Durante estos cuatro años, Pablo Iglesias ha ganado en poder, pero no lo ha usado con responsabilidad. Ha acallado y expulsado a los críticos y se ha rodeado del séquito que le regala los oídos. Ha entrado en esa burbuja de los poderosos que les desconecta de la población. Sólo así puede justificarse algunas de sus decisiones en su vida personal. Sigue siendo un adolescente, como Peter, que quiere conseguir sus deseos a toda costa y sin importarle lo que se lleve por delante.
Quizá, durante esta legislatura municipal, Iglesias tenía claro que las plataformas ciudadanas que hace cuatro años triunfaron, llegado el momento se replegarían y cantarían las alabanzas de San Pablo para que llegase con su potente partido Podemos para tomar el relevo y continuar con esos ayuntamientos del cambio. En vez de eso, ha permitido ir en una lista separada de Zaragoza en Común o de Más Madrid en la Comunidad. Su burbuja y/o su séquito le hicieron creer que iban a partir la pana y que, si las plataformas no se plegaban ante él, los ciudadanos sí que lo harían. Consecuencia: la fragmentación de la izquierda. La división de votos y la ausencia de un proyecto común se lo ha puesto en bandeja a la derecha, que ha aprovechado para ocupar esos lugares.
Fácil sería decir “con su pan se lo coman”, el electorado les ha castigado, pues que lo paguen quedándose en la oposición. Pero es que los que verdaderamente van a pagar los platos rotos, son los ciudadanos. Con el auge de la derecha, vendrán las privatizaciones, los cortijos, los toros, la vuelta al reaccionarismo, los sobres, los dedazos, los amiguismos, el clientelismo, el fin de la participación. Llegarán la pérdida de las libertades y de las políticas sociales.
Quizá sea necesaria una catarsis para que vengan otros y arrastren a éstos. Otros que piensen en el Pueblo y que, años después, sigan pensando en él como el primer día. Otros que, cuando alcancen el poder, sepan ver que lo tienen que utilizar con responsabilidad.

Imperator Caesar Cerverius.


domingo, 21 de abril de 2019

POR QUÉ VOTARÉ A PABLO IGLESIAS AUNQUE ME CAIGA MAL




Os confesaré una cosa: No me gusta Pablo Iglesias. Creo que es un ególatra con ansias de poder y que nunca ha aguantado que las personas de su alrededor le diesen ni un toque de atención. Y así se desprendió de gente muy válida como Íñigo Errejón o Carolina Bescansa. Sin embargo, sí que creo que hizo algo bien. Y eso fue fundar Podemos, el partido que cambió el modo de ver la política en este país y que podría hacer mucho bien por el mismo.
Dicho todo lo anterior, os aseguro que votaré a Unidas Podemos (y, por ende, a Pablo Iglesias) en las próximas elecciones. Y lo haré porque, en realidad, no tengo otra opción. Soy una persona de izquierdas y ahora mismo Unidas Podemos es la única organización que defiende mis intereses. Cierto es que, en los últimos años, no he estado de acuerdo con ellos en todas las medidas que han defendido, pero siguen siendo los que más medidas defienden favorables a mi persona (y creo que para todo el país).
Podría votar al Partido Socialista, claro, pero después me tendría que decepcionar al ver que pactaban con Albert Rivera en vez de con Pablo Iglesias.
También podría votar a PACMA, pues tengo muy interiorizadas las políticas animalistas y las creo muy necesarias en el Congreso de los Diputados. Pero no sólo de animalismo vive el hombre, sino de economía, trabajo, industria y un largo etcétera en el que creo que PACMA pincharía en hueso.
Si en verdad algo me repugna, del panorama político que se nos avecina, es la posibilidad de que sumen las derechas de PP, Cs y VOX. Creo que todos los avances en políticas sociales de los últimos años se irían al traste, amén de meter a España en un clima reaccionario más propio tiempos pasados que para nada fueron mejores.
Me diréis entonces, ¿por qué te la juegas votando a Unidas Podemos y no optas por el voto útil apoyando al PSOE? Pues porque creo realmente que el voto útil traiciona los valores de la democracia. ¿Acaso yo, como ciudadano, tengo que renunciar a mis ideas para concentrar la mayoría en “algo que se le parece”? No. La democracia es elección, la democracia es variedad, la democracia es debate y mestizaje de ideas. Creo que saldría un gobierno mucho más justo y beneficioso de un pacto entre socialistas y podemitas, que de uno monocolor (ya fuese rojo o morado). Y hay que obligar a nuestros cargos electos (que para eso los elegimos) a que se acerquen, negocien y pacten lo mejor para la ciudadanía.
Desde luego, lo que no haré, es quedarme en casa el próximo 28 de Abril. Muchos son los que dicen que, como un partido no les representa al 100%, no les entrega su voto. Supongo que esos perfeccionistas apagarán un partido de futbol si juega en su equipo un jugador que no les gusta, apartarán un plato de su mesa si un ingrediente no les entusiasma, o se saldrán del cine si uno de los secundarios que aparecen en la película dice una frase sin el tono apropiado.
El esnobismo de la izquierda siempre ha sido su peor enemigo. Como gente crítica que son sus votantes, siempre se ha visto amenazada con la nube de la abstención por una coma aquí o una tilde allá. Sin embargo, la derecha, masa disciplinada, acude a las urnas con el voto preparado de casa y deposita su papeleta en la urna llueva o nieve.
Desde este modesto medio os pido que no caigáis en las trampas de la campaña, no os dejéis engañar por los saboteadores que trabajan para el partido abstencionista y acudáis en tropel a votar (aunque sea un lema de pasadas elecciones del Partido Popular) con cabeza y corazón.

Imperator Caesar Cerverius



lunes, 10 de septiembre de 2018

LA PPURGA: EL PARTIDO DE LAS BESTIAS


Ya ha comenzado. Los rivales del nuevo jefe, Pablo Casado, y sus acólitos van cayendo del organigrama general del partido. María Dolores de Cospedal dejará la presidencia de Castilla La Mancha, los asientos de los diputados del Grupo Popular en el Congreso han sido recolocados (posicionando a los leales cerca y a los díscolos lejos) y cualquier día de éstos se espera la renuncia de Soraya Sáenz de Santamaría a su escaño. Es “normal”. Ocurre en todos los partidos. Los líderes quieren a los suyos a su alrededor y en los puestos de confianza. Así, la primera renovación ya se ha dado, apareciendo nuevos responsables en las distintas secretarías de la calle Génova y nuevos portavoces en el Congreso y en el Senado. Donde no ha habido evolución (más bien involución) ha sido en las políticas del partido.
El Gobierno de Pedro Sánchez no está últimamente muy fino. Ha pasado de unas primeras situaciones esperanzadoras a dar la sensación de estar dando bandazoscon palos de ciego. Aun así, la nula oposición, en estos momentos, hace que el PSOE esté tranquilo y siga consolidándose de cara a las siguientes elecciones.
El PP todavía está ubicándose. De momento se limitan a ir en contra de cualquier cosa que salga del Consejo de Ministros y buscan constantemente remarcar su españolidad avivando el conflicto catalán, empezando a mentar un nuevo 155 y lanzando peroratas como las de “Viva el Rey”.
Ciudadanos es otro que le interesa explotar la agresividad anti catalana. Su particular guerra contra los lazos amarillos no hace sino mostrarles como lo ridículos que son. A nivel nacional siguen desubicados. El triunfo de la moción de censura les dejó noqueados y no terminan de encontrar su camino. Por ello, no cejan en exigir nuevas elecciones.
Los de Podemos están intentando sacarle partido a la actual situación y están trabajando en pactar con el gobierno socialista medidas e iniciativas cercanas a sus políticas. Después de esto vendrá la segunda parte: vender al electorado su importancia en estos cambios y conseguir más apoyo del pueblo. Hace tiempo que el partido de Pablo Iglesias entró en un bache, estancándose en las encuestas y perdiendo parte del soporte popular que tenían. Las luchas internas, los detalles de la vida privada de sus líderes y ciertas medidas mal explicadas hicieron que el partido morado comenzara a desinflarse. De ellos dependerá llegar a las próximas elecciones (y hay unas cuantas el año que viene) con aliento suficiente para luchar por la victoria o conformarse con ser partido bisagra.
El nuevo curso político no tiene pinta de que vaya a ser tranquilo. La reciente ruptura del PSOE y Ciudadanos en Andalucía podría anticipar comicios. Las Autonómicas y municipales están a la vuelta de la esquina y la elección de candidatos ya está en la agenda. Las elecciones europeas serán otro campo de batalla en el que dar el todo por el todo. El aniversario del 1 de octubre (cuando se celebró el referéndum catalán) será un intento de Quim Torra por mostrar músculo. Y el futuro incierto de El Valle de los Caídos mostrará verdaderas luchas en los medios. Todo esto con una aritmética parlamentaria complicada que podría hacer caer al Gobierno en cualquier momento.
Lo interesante será ver si el propio Pablo Casado llega al final del curso o él mismo sufre una purga en su partido cuando se dilucide el Caso Master. Por si acaso, será mejor que no se ponga muy cómodo… de momento.

Imperator Caesar Cerverius


domingo, 31 de enero de 2016

VOTAR CON CABEZA - VOTAR CON CORAZÓN


Cuando, a los 18 años, quise sacarme el carnet de conducir, me cayó en gracia un gran profesor de autoescuela, Antonio. Buen conversador, Antonio había tenido una vida apasionante. Nos pasábamos las horas de clase, él hablando y yo conduciendo. Una vez me dijo una perla que se me quedó grabada a fuego:
En la juventud, uno es de izquierdas, porque, si no, no se tiene corazón.
En la vejez, uno es de derechas, porque, si no, no se tiene razón.
Los antiguos dirigentes del partido socialista parecen haber olvidado, demasiado pronto, sus pasadas ideas progresistas.
El Felipe González de hoy nada tiene que ver con Isidoro, ese joven de chaqueta de pana que quería cambiar España y que se veía obligado a dar sus mítines en clandestinidad y bajo un extraño seudónimo.
Los pasados días hemos podido ver a ex-altos mandos del Partido Socialista, como Alfonso Guerra, Joaquín Leguina, José Luis Corcuera, o el propio González, intentar marcar a Pedro Sánchez la senda a seguir durante esta legislatura: renegar de Podemos, olvidarse de la investidura y apoyar a Rajoy en su reelección.
No importa que esos mismos días saliera a la luz un nuevo caso de corrupción en el Partido Popular (ya es difícil llevar la cuenta). No. Para ellos, son otros los peligrosos. Los que quieren destruir al PSOE, romper España y derrumbar la democracia. Estos jóvenes melenudos, piojosos y malolientes quieren aplicar en nuestro país el, en palabras del ex-presidente, "Leninismo 3.0" (quizá, algún día, nos ilumine con la explicación de esta doctrina).
El secretario general del PSOE, por su parte, no lo tiene nada fácil. Sólo tiene dos ojos, los cuales dedica, uno a buscar los apoyos para su investidura como presidente, y otro para mantener a los barones de su partido a raya. Con este difícil ejercicio de alineamiento ocular, es complicado dar en el clavo.
De un lado, ha conseguido (con relativo éxito) desactivar a los dirigentes regionales proponiendo someter a la militancia cualquier pacto de gobierno. No obstante, en la última consulta a las bases (la pasada elección a secretario general), se mostró un alineamiento entre los militantes y la senda marcada por los secretarios autonómicos.
Sea como sea, el 8 de mayo habrá primarias a Secretario General. Para entonces, puede que ya haya presidente o un pacto muy maduro para propiciarlo, así que Susana Díaz podrá meditar tranquilamente, y a expensas de las circunstancias, si se presenta.
El otro ojo, el de la investidura, no parece haberlo enfocado con tanto éxito. A la oferta de Pablo Iglesias de un gobierno de coalición, Sánchez ha respondido con un principio de acuerdo con Albert Rivera para un gobierno rojo-anaranjado y dejando fuera a la formación morada.
Quizá, el líder socialista cuente con un pactometro más actualizado que el de Antonio García Ferreras (director de "Al Rojo Vivo") porque, al menos a mí, no me salen las cuentas.

De esta forma, entre candidatos que declinan la investidura y otros que no alcanzan la suma necesaria (la suma posible no parece interesarles), todo parece abocado a unas nuevas elecciones. Así que, de momento, vayan pensándose a quién votarían.
Imperator Caesar Cerverius