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martes, 5 de junio de 2018

CÓMO ASCENDER EN LA VIDA: DEL INFIERNO AL CIELO CON PEDRO


Te quedas en coma la noche del 1 de octubre de 2016, y pasa esto: en un caótico y tenso congreso, Pedro Sánchez dimitía de su cargo de Secretario General del PSOE en uno de los momentos más convulsos de la historia de este partido, azotado por una profunda división interna entre “oficialistas” y “susanistas” y con una crisis de resultados electorales sin precedentes.
Te despiertas en la cama de un hospital -público por supuesto a menos que seas lacayo y súbdito de Esperanza “Carmaggedon” Aguirre- y pasa esto: El 1 de junio de 2018, en un tenso debate parlamentario enmarcado en una moción de censura contra M. Rajoy, Pedro Sánchezobtiene 180 votos favorables y se convierte en el séptimo Presidente del Gobierno de la democracia española
JOOODER. Tras el impacto inicial y no ahorcarte con el gotero, te preguntas qué ha pasado con España. 
Veamos.
Los dantescos personajes, el funcionario berberechil M. Rajoy, la abobada María Soraya Sáenz de Santamaría Antón y el chupasangre Cristóbal María Montoro han sido las tres cabezas más visibles y destacadas de un Partido Popular azotado por la corrupción sistémica e interna del partido -desde 1989-, por una crisis de confianza de la opinión pública y de sus votantes, por el sainete que han hecho frente al problema catalán (Puigdemont y colaboradores huidos al extranjero) y el PP atrincherado tras las togas de los jueces, manifestando su incompetencia. Demasiadas gotas han acabado derramando el vaso. Y parece que la correlación de fuerzas en la derecha española va a pasar del vino a la Fanta de naranja. 
Ahora se abre una etapa muy curiosa: hay un Presidente del Gobierno en la Moncloa sin haber pasado por las urnas -saludos desde este modesto blog a Susana Díaz- y que gobierna con apoyo de Podemos -reclamando su parte del pastel: dame un ministerio o te saco la navajilla de Vallecas, perdón Galapágar- y nacionalistas (anda mira, como Aznar en el 96 con Pujol y Arzallus). Ciudadanos, los hijos de las encuestas, se han quedado en shock ya que cuando parecía que iban a arrebatar el poder al PP, viene el PSOE y les adelanta por la izquierda. 
Toca recomponerse porque el discurso va a cambiar. Al 3 veces muerto y 4 veces resucitado Pedro Sánchez los nacionalismos periféricos le van a pedir cuentas por apoyarle. Quid pro quo. Y esas cuentas exigen negociaciones y tender unos puentes volados entre España y Cataluña. Podemos tratará de hacerse con un ministerio pero puede que consigan un cargo más bajo: ojalá se hagan con el control de RTVE, suspendan el programa de Cárdenas y pongan “La Tuerka” para que sea vista por fin por más de tres personas. Por su parte, Ciudadanos está en fuera de juego discursivamente hablando, porque su oposición blanda era contra el PP, no contra el PSOE y creían que Rivera iba a suceder a Rajoy en La Moncloa. Con Felisuco y Cantó de ministros y el perturbado de Girauta reencarnado en Goebbels. Ahora toca reformar su política y bramar por unas elecciones que les haga soñar.
¿Y el PP? Bueno, se abre un periodo muy interesante a ojos del ciudadano. Tras llevar a cabo una legislatura basada actuar como un funcionario que huye ante los problemas o espera a que escampen con otro problema mayor, el caducifolio M. Rajoy debe afrontar que su tiempo ha pasado y que es necesaria la regeneración dentro de su partido -tal y como piden sus bases de forma explícita JA JA JA- Esto puede llevar a una lucha interna entre algunos candidatos: el narcocolega Feijóo, Pastor, “másteres en Derecho” Casado o “la militara en diferido” Cospedal. Si antes Soraya con cadáveres en el armario (Soria, Margallo, Cifuentes…) no se los carga antes con unos másteres falsos, cursos ficticios o vídeoscleptómanos… Eso sí, en términos discursivos no han perdido las viejas maneras al desempolvar la retórica revanchista y utilizar al terrorismo como arma arrojadiza. Como en 2004 con infausto recuerdo, puesto que es una forma de no reconocer los errores internos. 

Polvo, sudor y hierro, Pedro I cabalga.




sábado, 26 de mayo de 2018

CHALETS, ENCUESTAS Y MOCIONES DE CENSURA


Parece mentira cómo pueden cambiar las cosas en una semana. La actividad política española hace siete días estaba anestesiada. Tan solo los coletazos del nuevo President catalánQuim Torra, asomaban en los titulares informativos. El Partido Popular satisfecho al ver que los Presupuestos Generales del Estado iban a salir adelante; el Partido socialista desaparecido desde hace tiempo; Podemos en horas bajas sin terminar de encontrar todo el respaldo electoral que pretenden; y Ciudadanos, envueltos en la bandera de España y su discurso nacionalista, observando cómo no hacen más que subir y subir en las encuestas.
El primer movimiento sísmico se localizó en el partido morado. Las informaciones de que la pareja Iglesias-Montero había comprado un chalet de 600.000 €, a las afueras de Madrid, sacudió la calma y arreciaron las críticas desde todos los lados. Y es que hace 6 años Iglesias había criticado al Ministro de Economía, Luis de Guindos, por gastar esa suma en una compra similar. La falta de coherencia del secretario general podemita ha sido lo más atacado. ¿Acaso una compra es criticable y la otra no? Está claro que Iglesias y Montero pueden gastar su dinero en lo que quieran y que deseen lo mejor para ellos mismos y para los hijos que está en camino pero, ¿era necesario un chalet de 600.000 € y exponerse de esta manera? Se pueden intuir tres opciones:
- No vieron venir este aluvión de críticas.
- Sabían que serían criticados pero no pensaron que se hiciese tan grande la bola.
- Sabían que serían criticados pero les dio igual.
Cualquiera de las tres opciones no está a la altura de los líderes políticos que pretenden ser. Son representantes de un partido de izquierda y que, como nueva política, se regodean de empatizar con sus votantes. No hace falta que vivan en una chabola, pero de ahí a un chalet en las afueras hay una distancia muy grande. Si aun así no querían renunciar a vivir en la casa de sus sueños, quizá éste no era el mejor momento (a un año de elecciones y con Podemos no precisamente con los mejores resultados en las encuestas).
El asunto no sólo ha traído críticas de sus rivales políticos (algo que podría esperarse) sino también de sus afines, que han visto este movimiento como un error que les hará perder votos y cercanía con la gente. Sea como fuere, Pablo Iglesias Irene Montero han decidido zanjar el asunto con una consulta a los militantes. El próximo domingo se sabrá si no sólo dejan su piso de Vallecas, sino también sus actas de diputados y cargos políticos en el partido.
Si parecía que con esto íbamos a tener para unas cuantas semanas, nada más lejos de la realidad. La sentencia del juicio sobre la Trama rtel ha condenado al Partido Popular como partícipe a título lucrativo y ha determinado que tuvo una caja B desde 1989. El Partido Socialista ha salido de su letargo y ha presentado una moción de censura que desaloje a MarianoRajoy y al corrupto (ya no supuesto, sino confirmado) Partido Popular de La Moncloa. Ciudadanos, como de costumbre, no se muestra inclinado a echar al PP del gobierno, pero el apoyo de Podemos está garantizado. Con unos pocos diputados más (algo no demasiado difícil después de la sentencia), la moción podría prosperar.
Con todas las pelotas de partido que ha salvado Rajoy, ésta podría ser la definitiva. Pedro Sánchez, aun sin tener acta de diputado, se convertiría en el séptimo presidente de la democracia reciente. Si Albert Rivera se decide a apoyarle, sería para que convocase inmediatamente elecciones, pero si termina no necesitando sus votos, Sánchez podría acabar la legislatura con un gobierno monocolor.
La incertidumbre se abre sobre el futuro de la política española. Pudiera ser que nada cambiase, no saliese adelante la moción de censura, Rajoy siguiese siendo presidente, Sánchez volviese a su hibernación, Iglesias saliese reforzado de su consulta y Rivera continuase dando discursos más propios del NO-DO que del siglo XXI. Pero también podría darse el otro extremo en el que Rajoy abandone el cargo, volvamoa tener un presidente socialista, Rivera continúe con el himno de España como politono en el móvil (hay cosas que no cambiarán jamás) y Pablo Iglesias pierda su consulta y se tenga que retirar a la Sierra de Guadarrama (donde se sitúa el chalet en cuestión). ¿Quién sustituiría al carismático líder con coleta? ¿Será la hora de Íñigo Errejón? ¿El partido tendrá a un científico en el puesto más alto desde la silla de PabloEchenique? ¿Se buscará a un líder de tendencia parecida a Iglesias en la figura de Ramón Espinar? ¿Llegará la hora de alguna mujer como la andaluza Teresa Rodríguez?
Muchas preguntas, demasiadas, que distraerán durante un tiempo a los representantes de la nación de su obligación: velar por el bienestar de sus representados.

Imperator Caesar Cerverius


miércoles, 29 de junio de 2016

LA NOCHE DE LOS PERDEDORES


Si la noche del 20-D se mostró como la noche de los ganadores, donde cada candidato se mostró feliz y contento con los resultados obtenidos, la noche del 26-J ha terminado siendo la de los perdedores. Caras largas, ninguna sonrisa e, incluso, alguna lágrima, fueron las fotografías de una velada que arrancó muy diferente al cobijo de unas encuestas que resultaron ser más ficción que realidad.
En el 20-D, Ciudadanos irrumpió en el Congreso con 40 diputados. Si bien las predicciones le auguraban un éxito mayor, los de Rivera pudieron sentirse orgullosos con la representación alcanzada. Este 26-J, sin embargo, la formación naranja se ha dejado 8 escaños por el camino, teniéndose que contentar con 32 diputados. La ley electoral se ha cebado con el partido de Albert Rivera y, seguramente, será uno de los puntos más importantes a tratar en cualquier acuerdo que se quiera alcanzar con ellos.
Podemos, que el 20-D consiguió un magnífico resultado con 69 representantes, creyó ver, en su alianza con Izquierda Unida, la forma de rebasar al PSOE y hacerse con la hegemonía de la izquierda. El bofetón de realidad ha sido mayúsculo al ver que, a medida que avanzaba el escrutinio, los datos de las encuestas se revelaban como falsos y, lejos de producirse el anunciado “sorpasso” al Partido Socialista, los de Iglesias tenían que conformarse con mantener los 71 escaños que en el 20-D habían conseguido las dos formaciones por separado (Podemos + IU).
El Partido Socialista logró el 20 de Diciembre los peores resultados de su historia. Los 90 diputados que consiguió el partido de la rosa eran un fondo que este 26-J se ha mostrado que aún podía seguir bajando. No obstante, el reparto parlamentario y la baja representación del PP, hizo a Pedro Sánchez soñar, aquella noche de 2015, con alcanzar La Moncloa. Los barones de su partido, la negativa de Iglesias a apoyarle gratuitamente y un insuficiente pacto con Ciudadanos, lo impidió. Este 26-J, la representación socialista ha bajado a 85 escaños, batiendo un nuevo record y viendo cómo los sueños presidenciales de Sánchez se esfumaban.
En el país de los ciegos, el tuerto es el rey y, en este país, salvando las distancias con Felipe VI, el rey es Mariano Rajoy. Si en el 20-D el Partido Popular perdió la mayoría absoluta, pero pudo contentarse con ganar las elecciones, en este 26-J ha visto cómo su grupo parlamentario en el congreso iba a crecer hasta los 137 diputados. Las posibilidades de formar gobierno para Mariano Rajoy aumentan enormemente en comparación con el 20 de Diciembre, pero tampoco va a ser coser y cantar. Sumando los 137 escaños populares a los 32 de Ciudadanos y a los 5 del PNV y 1 de Coalición Canaria, se obtiene una suma de 175 diputados, a 1 de la mayoría absoluta. PSOE y Podemos ya han manifestado su intención de no votar a favor de la investidura de Rajoy y el resto de fuerzas nacionalistas en el Congreso (ERC, CDC y EH Bildu) tampoco están por la labor.
El Partido Popular puede mostrarse contento. Rompiendo todas las encuetas, ha conseguido incrementar en 14 escaños su representación. Los diversos casos de corrupción, papeles de Panamá, escandalos de Aquamed o las grabaciones del ministro Jorge Fernández Díaz no han pasado factura al partido de la gaviota. Haciendo una campaña cercana al ciudadano y mostrándose en todo momento con una imagen presidencial, Mariano Rajoy ha conseguido ganar las elecciones, aumentar a 52 escaños la diferencia con el segundo y dejar a tiro de piedra la investidura. Dejando de lado los cálculos de mayoría absoluta, el domingo era el único que tenía algo que celebrar.
Ahora les tocará a los partidos perdedores hacer autocrítica y analizar las causas de su pérdida de votos.
¿Qué ha hecho mal Podemos para dejarse 1,2 millones de votos por el camino? El tono tibio de campaña, la alianza con Izquierda Unida y los ataques recibidos por Venezuela son algunas de las posibles causas.
¿Por qué el Partido Socialista no consigue cerrar su sangría de votos? Quizá la gente ha dejado de considerarles un partido de izquierdas después de sus últimas políticas. Quizá el candidato elegido no es del agrado del votante. Quizá su pacto con Ciudadanos ha irritado a sus correligionarios.
¿Y Ciudadanos? ¿Que sentido tiene subir como la espuma para luego desinflarse como un suflé? Su alianza con Sánchez, el voto útil contra Podemos captado por el PP o el desencanto de la gente con Rivera pueden ser algunos de los motivos de su bajada.
Una cosa está clara. De derechas o de izquierdas, nueva o vieja política, todos los candidatos descartan unas terceras elecciones. Esperemos que, al menos en esto, cumplan su promesa.

Imperator Caesar Cerverius

jueves, 23 de junio de 2016

PATÉ DE CAMPAÑA


Los días están contados para la cita electoral del 26-J. Aunque en lo estricto ha habido dos semanas de campaña, en la realidad los partidos llevan desde el 20-D dando caña y difundiendo sus programas, marcando sus líneas rojas, tomando posiciones... Pero, de hecho, ¿tanto ha cambiado el panorama político desde el pasado 20 de diciembre para que los españoles cambien su voto? Repasemos las situaciones:

El Partido Popular, ganador de las pasadas elecciones, declinó presentarse a la investidura por falta de apoyos. Frente a las voces (incluso internas) que promovían un cambio de candidato, Mariano Rajoy sigue siendo el cabeza de lista. El discurso es el mismo de siempre: No ha habido recortes, lo hecho ha sido por obligación de la Unión Europea, y ya hemos empezado a salir de la crisis. El único cambio, a parte del himno del partido a ritmo de merengue, es la cercanía mostrada por el presidente; acudiendo a algún programa de televisión y accediendo al debate a cuatro.

El PSOE se ha dedicado a hacer la campaña del mártir. Pedro Sánchez se siente herido con Pablo Iglesias por no haberle apoyado en la investidura, así que se ha dedicado a repetir el mantra de la pinza PP-Podemos. El Partido Socialista ha llegado a centrar sus ataques en Iglesias, olvidando a Rajoy, y manteniendo con Rivera un pacto de no agresión. A parte del video en el que se ve a Pedro Sánchez limpiándose la mano después de saludar a unas personas de color, el líder socialista ha pasado sin pena ni gloria por la campaña.

Podemos se ha dedicado a hacer lo que mejor sabe: comunicar. Desde un programa original que recuerda al catálogo de IKEA, hasta las apariciones televisivas y los mítines multitudinarios, la formación morada ha ido creciendo jornada a jornada. Además, su pacto con Izquierda Unida les garantiza anexionarse alrededor de un millón de posibles votantes y que varios escaños que cayeron de un lado en el 20-D, caigan del otro en el 26-J.

Ciudadanos ha utilizado la circunscripción exterior de Venezuela para hacer campaña. Las circunstancias en el país sudamericano y la política de su presidente, Nicolás Maduro, has sido acicate de Albert Rivera contra Podemos. El mismo Rivera viajó a Venezuela, por su cuenta y riesgo, contraviniendo las recomendaciones del Gobierno Español y del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, que estaba realizando labores negociadoras entre la Administración de Maduro y la oposición venezolana. Rodeado de una “troupe” de periodistas, Rivera fue, se fotografió y volvió. A parte de Venezuela, de poco más se ha hablado desde la formación naranja.

En esta campaña fuimos testigos del primer debate a cuatro autentico entre candidatos (o sea, sin Soraya, que es muy auténtica, pero como vicepresidenta). Poco nos despejó dicho debate. Cuatro monólogos, algunos ataques y posiciones muy medidas. Pecado imperdonable fue el de dedicar unos cuarenta segundos cada candidato a hablar de violencia de género (y porque fueron preguntados ex profeso por uno de los moderadores) antes de volver a lanzarse los trastos a la cabeza.

En definitiva: Dos semanas (o siete meses, según se mire) en las que los partidos no han ofrecido nada nuevo. Nada que base al elector a cambiar su sentido del voto. Una campaña en la que lo único que se buscaba del votante era que se tragase el teatro. Que se tragase el programa. Que se tragase los ideales que les ofrecían los partidos políticos. Que se tragasen las promesas que les hacían los candidatos. Todo de un bocado y sin masticar. Como el que se traga un canapé de paté. Un paté de campaña.


                                                                                                                     Imperator Caesar Cerverius

martes, 14 de junio de 2016

DESMONTANDO EL DEB4TE


Cuatro contendientes, tres moderadores, cuatro árbitros profesionales para controlar los tiempos, quinientas personas trabajando durante días para organizar la noche, tres grupos de comunicación, miles de esperanzas depositadas en el primer debate a cuatro de la democracia entre candidatos... Resultado: decepción y aburrimiento.
Vayamos por partes. Cuatro contendientes: Mariano Rajoy, presidente en funciones desde hace ya no se sabe cuánto, y tres aspirantes, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera.
Rajoy; del que se esperaba tan poco que, al mantenerse en pie, se dio por buena su actuación. Estamos tan acostumbrados a sus caras de duda y a sus balbuceos cuando una pregunta le pilla a contrapié, que ya no los tenemos en cuenta ni los tomamos como muestra de flaqueza. A excepción del apartado de corrupción, donde no pudo defender lo indefendible, aguantó el envite.
Pablo Iglesias, que se maneja en estas lides como pez en el agua, salió a mantener su segundo puesto en las encuestas al 26-J. Comedido, sin levantar la voz y sin interrumpir a sus contrincantes, se impuso a sí mismo un tono sobrio en el que intentó defender su programa. La mayoría de las encuestas le dan como vencedor del debate.
Albert Rivera, más relajado que en el anterior debate a cuatro de las anteriores elecciones, atacó a diestra y siniestra al PP y a Podemos y mantuvo un pacto de no agresión con el PSOE. Puso a Rajoy contra las cuerdas en alguna ocasión pero no llegó a rozar a Iglesias.
Y finalmente, Pedro Sánchez, que creyó que por sentarle bien el traje y gustarle a la cámara, lo tenía todo hecho. No convenció, no propuso y no se salió de su papel de presidente con investidura fallida.
Hablemos de los tres moderadores: Ana Blanco, Pedro Piqueras y Vicente Vallés. Profesionales como la copa de un pino, pero que en vez de sumar, restaron. Con falta de coordinación y frases entre ellos con el micrófono abierto, solamente Vicente Vallés (representante de ATRESMEDIA) supo inocular algo de dinamismo al debate.
Quinientas personas trabajaron conjuntamente para organizar un encuentro en la Academia de la Televisión que resultó en exceso encorsetado, abusó del ambiente solemne y privó a los espectadores de las réplicas, las interpelaciones y las discusiones. O sea, lo que viene a ser un debate.
La noche del pasado lunes 13-J vimos una serie de monólogos seguidos de unas breves respuestas "por alusiones" en donde el espíritu se desvirtuó y ningún mensaje pudo calar completamente.
Pudimos ver a un Pedro Sánchez, despechado con Iglesias, que todavía no consigue entender por qué no es presidente. Más de ocho veces echó en cara el socialista al podemita la "pinza" que supuestamente creó con el Partido Popular para privarle de la investidura.
Rivera fue otro que también atacó a Iglesias, enarbolando argumentos como que Podemos quiere sacar a España del Euro, la financiación desconocida de la formación morada o la verdadera ideología de su líder.
Pablo Iglesias, lejos de defenderse con uñas y dientes ante los ataques, se limitó a negar con la cabeza y esperar pacientemente su turno de palabra para desmontar, uno por uno, todos los argumentos de Rivera.
En definitiva, cuatro líderes que poco o nada convencieron a los indecisos y que se limitaron a hablar para sus correligionarios. Un debate que perdió sin duda Pedro Sánchez, que no lanzó ni una propuesta y se limitó a mostrar su indignación por su mala suerte con Podemos y a defender medidas ya adoptadas por el PSOE. Un debate que mejoró la imagen de Rajoy, al aceptar sumarse al juego y enfrentarse con el resto de candidatos, y que supo vestirse con una pose institucional que le mantuvo a salvo. Un debate que acercó bastante a Rivera y a Iglesias como vencedores. El uno por incisivo y el otro por buen comunicador, pero que, en mi opinión, ninguno mereció el premio; el uno por vacío de contenidos y el otro por falta de garra.
Paradójicamente, de los tres debates que se han realizado en campaña (el de mujeres, el económico y el de candidatos), ha sido éste, aun siendo el más esperado y preparado, el más insulso. Y es que para este viaje no hacían falta tantas alforjas.

Imperator Caesar Cerverius

domingo, 5 de junio de 2016

MÁS VALE PRESIDENCIA EN MANO...


Érase que se era... un bisoño diputado que un día se despertó queriendo ser Presidente del Gobierno.
Este economista, de las cuatro elecciones a las que se presentó (dos como concejal y dos como diputado al Congreso) sólo consiguió acta en una. Las otras tres se quedó fuera de las respectivas cámaras y tuvo que esperar en la reserva a que algún titular se retirara. De esta forma, acumuló una experiencia de 6 años como concejal (2+4) y 4 años como diputado (2+2).
Este profesor de economía, que consiguió doctorarse durante alguna de esas legislaturas en las que no resultó elegido, se atrevió a batirse, en las primarias del su partido a la Secretaría General, con un peso pesado como Eduardo Madina.
El vasco, con 11 años de experiencia como diputado y 5 de ellos como Secretario General del Grupo Parlamentario en el Congreso, estaba destinado a finalizar la travesía por el desierto que llevaba el PSOE y devolver al partido las viejas glorias de antaño. Lo tenía todo: juventud, experiencia, apoyo orgánico, buena imagen ante el ciudadano... Pero hubo algo, o mejor dicho "alguien", que se entrometió.
A Pedro Sánchez (que es el protagonista de nuestra historia) le salió un hada madrina, una reina del sur, una regente del Palacio de San Telmo, una trianera que con un "Olé mi Andalucía" se metía mil votos en el bolsillo, una figura que aspiraba a liderar el partido y el país, pero que nunca se atrevió a dar el paso. Prefirió quedarse en la sombra y manejar los hilos de sus marionetas desde más allá de Despeñaperros.
De esta forma, con Susana Díaz como su protectora y con la Federación Andaluza haciéndole el trabajo, Pedro Sánchez fue elegido Secretario General del Partido Socialista. Pronto demostró que el traje le venía grande.
Diciendo una cosa hoy y mañana la contraria, haciendo propuestas descabelladas y dirigiendo el partido a golpe de mando, la gran esperanza del socialismo español estaba en un guapo y novato diputado que debía frenar la sangría de votos que empezó con la derrota de Rubalcaba. No obstante, pronto se vió que sería incapaz de ello. Los que le auparon a esa posición, enseguida se arrepintieron pero, una vez en el sillón, Sánchez no se mostró dispuesto a dejarlo.
Su prueba de fuego fueron las elecciones municipales y autonómicas de 2015 en las que, aunque perdió votos, le permitió al PSOE recuperar algunos gobiernos autonómicos gracias a pactos con Podemos. De esta forma, vendió como una victoria lo que en realidad fue una derrota.
En las elecciones generales del 20D, llevó al Partido Socialista a los peores resultados de su historia, con 90 diputados. En esta ocasión todavía tuvo suerte. El eje PP+C's no obtuvo mayoría absoluta y Pedro Sánchez pudo soñar con la Presidencia. Habría podido alcanzarla si hubiese negociado con Podemos y el ala izquierda del Congreso. En vez de ello prefirió lanzarse a un pacto en minoría con Ciudadanos que le llevó a una investidura fallida y, dos meses después, a una nueva convocatoria electoral.
Y en esas estamos, con una cita con las urnas el 26 de Junio; con todas las encuestas que dan por seguro el sorpasso de Unidos Podemos; y con un Pedro Sánchez que debería conformarse con la vicepresidencia pero que, tanto a él como al resto del PSOE, se le ve demasiado herido con el partido morado como para hacer presidente a Pablo Iglesias.
Recientemente, Sánchez ha asegurado que no habrá unas terceras elecciones. Si él no va a ser presidente, y no se le ve animado a que Pablo Iglesias lo sea, sólo le queda la posibilidad de facilitarle la investidura al PP.
De cometer ese pecado mortal hacia la izquierda, Sánchez pondría el último clavo en el ataúd del Partido Socialista. Y así, aquel joven congresista, nacido en el madrileño barrio de Tetuán, habría privado al PSOE de un líder capaz, habría rechazado la presidencia, habría evitado la vicepresidencia y se vería obligado a volver a dar clases de economía, dejando a su partido demasiado desgastado y sin posibilidades de recuperación.
No obstante, no hay que buscar culpabilidad en Sánchez, un pobre diablo que sólo buscó la manera de medrar personalmente. Es a los dirigentes irresponsables que le auparon hasta el poder, a los que hay que apuntar con el dedo. Son ellos, y no otros, los culpables, con sus juegos y maniobras políticas, de poner a un incapaz al frente de un partido con 135 años de historia y llevarlo desastre.
Imperator Caesar Cerverius

lunes, 9 de mayo de 2016

LA LEGISLATURA DE LA DECEPCIÓN


111 días. Eso es lo que ha durado la XI legislatura de la democracia reciente. 111 días de risas, llantos, palabras amables, palabras amargas, gestos, desplantes... 111 días de decepción.
Decepción para los votantes del Partido Popular, que han visto un presidente inoperante, inmóvil y hermético.
Decepción para los votantes de Ciudadanos, que esperaban que el partido naranja fuera garante del cambio, y han visto cómo Rivera ha buscado editar una Gran Coalición que perpetuase el gobierno del PP.
Decepción para los votantes del Partido Socialista, que vieron negada su ideología de izquierdas al observar cómo su partido se lanzaba a un pacto con Ciudadanos que poco o nada tenía que ver con el programa con el que concurrían a las elecciones.
Decepción para los votantes de Podemos, que han visto cómo su grupo era incapaz de llegar a acuerdos para defender sus iniciativas. Las "salidas de pata de banco" de su líder y la falta de sintonía con los socialistas dieron al traste con cualquier acuerdo.
Decepción para los votantes de Izquierda Unida que, con indignación, han visto cómo con casi un millón de sufragios sólo obtenían dos escaños.
Y decepción, finalmente, para el Pueblo Español, que ha observado un espectáculo lamentable que sólo sirve para empeorar la ya maltrecha imagen de la sociedad política.
Como un "rasca y gana" que reza "sigue intentándolo", el Parlamento le envía un mensaje a los españoles: Han votado ustedes mal. Vuelvan a pasar por las urnas.
De esta forma, como si no fuera con ellos, los líderes de los partidos devuelven la pelota al Pueblo. Pero sus señorías van mal encaminadas, pues las encuestas muestran que los ciudadanos tienen intención de votar lo mismo, o muy parecido, en las próximas elecciones del 26 de Junio.
Los decepcionados de un partido pueden buscar refugio votando a otro pero, en términos generales, el voto se repartirá y todo seguirá igual.
Dentro de este marco hipotético, Podemos ha tomado la iniciativa para que todo cambie aunque todo siga igual. La búsqueda de la confluencia con Izquierda Unida es un intento de que, con los mismos votos, se consigan más escaños.
En esta campaña, los candidatos tendrán que buscar nuevas formas para atrapar a nuevos votantes, sin perder a los antiguos. De nada servirán los reproches ni los insultos. No habrán de hablar más alto, sino más claro. Los votantes querrán ver más debates, más contraste de ideas, más diálogo y más compromiso.
El Pueblo está harto de que las promesas en campaña sean olvidadas después de las elecciones.
El candidato que ofrezca todo eso, y lo haga de manera creíble, se llevará el gato al agua.
Mariano Rajoy deberá, mal que le pese, bajar a la arena política y debatir con Rivera e Iglesias. Aún a riesgo de salir despellejado.
Albert Rivera deberá colgar el falso traje de "hombre de estado" que pretende vender y dejar claro con quién va a pactar después del 26-J.
Pedro Sánchez deberá comprometerse a hacer una verdadera política de izquierdas, como la que demanda su militancia de base, o correrá el riesgo de sufrir una torrencial fuga de votos.
Y Pablo Iglesias deberá bajarse unos cuantos puntos de soberbia, dejar de tratar a sus potenciales socios con suficiencia y mostrarse más humano.
Una cosa está clara para lo que pase tras el 26 de Junio: un gobierno progresista pasara por la unión de PSOE y Podemos, sea Sánchez o Iglesias quien encabece ese gobierno.
De nada servirá quemar puentes en campaña para reconstruirlos tras las elecciones. Bastante mal paradas han salido de este envite las relaciones entre los dos partidos. El vaso está roto, eso está claro. Ahora sólo queda no cortarse con los cristales.
Imperator Caesar Cerverius

miércoles, 13 de abril de 2016

EL TRATO QUE NUNCA PUDO SER


Derecha + Centro derecha, Centro derecha + Centro izquierda, Centro izquierda + Izquierda... No importa la combinación que se intente, ninguna suma los 176 escaños necesarios para una investidura.
Si bien esto es cierto, sí que hay una posibilidad, la del Centro izquierda + Izquierda, que se queda más cerca que las demás. Desgraciadamente, esta posibilidad ha sido torpedeada desde el principio por todos los partidos implicados:
Torpedeada por el PSOE, que demonizó desde el primer día al partido morado e intentó chantajear para que les apoyasen, a cambio de nada, como si fuesen los únicos salvadores posibles frente a la derecha.
Torpedeado por Podemos, que utilizó palabras excesivamente duras, expuso líneas demasiado rojas y mostró una inmensa desconfianza frente a unos deseados socios que creyó que pasarían por el aro sí o sí.
Torpedeado por el aparato del PSOE, con Susana Díaz a la cabeza, que prácticamente prohibió a Pedro Sánchez formar gobierno con Iglesias.
Torpedeado por Iglesias, que con el ego herido por el "contigo no, bicho" del Secretario General del PSOE, tardó en entrar en las negociaciones y poco duró en salirse de ellas.
Y, finalmente, torpedeado por quien menos tenía que decir en el asunto, por quien su limitado número de diputados les debería condenar al ostracismo, por quien consiguió poner cara de poker y hacerles creer a los demás que eran imprescindibles en cualquier acuerdo: Ciudadanos.
Y en estas andamos, con la cuenta atrás cercana a su fin y con la convocatoria de elecciones casi imposible de evitar.
Así, el Partido Socialista se lanzó a un acuerdo con Ciudadanos que ha resultado ser más intocable que la Carta Magna. Aún sabiéndose insuficiente, Pedro Sánchez se presentó en el Congreso con 131 diputados y la apelación al resto de grupos de que sacasen su deber de Estado y le hiciesen presidente. Así,  como el que pide la Luna y espera que se la den. La pregunta es: ¿Por qué no se presentó Sánchez con 161 diputados de un hipotético acuerdo de izquierdas? Al fin y al cabo, sin tener el éxito asegurado, siempre habría estado más cerca de la investidura.
En vez de eso, prefirió presentarse con mentiras que, a día de hoy, muchos siguen creyéndose.
Mentiras como que bastaba con que Podemos se abstuviese para que Sánchez fuese presidente. Mentiras como que el acuerdo del 161 reposaba la gobernación de España en manos de los nacionalistas. Mentiras como que el acuerdo con Ciudadanos expulsaría todas las políticas del PP y reformaría las instituciones.
La verdad, sin embargo, es muy diferente.
La verdad es que con la abstención de Podemos, Sánchez seguiría teniendo más noes que síes. La única posibilidad sería que los de Iglesias apoyasen un acuerdo al que no se les invitó y que choca frontalmente con sus ideas. Y eso es mucho pedir.
La verdad es que acudir a una investidura con 161 diputados no reposa nada en los nacionalistas. Cada grupo es libre para votar lo que quiera (faltaría más) y sí éstos quieren apoyar o abstenerse aun sin haber negociado nada, son perfectamente libres de hacerlo. ¿Por qué no se buscó la abstención de Ciudadanos al 161 en vez del sí de Podemos al 131? ¿Por qué si Podemos no apoya el acuerdo está bloqueando el cambio pero si Ciudadanos veta a Podemos en el gobierno es totalmente normal?
Y, finalmente, la verdad sobre el acuerdo "reformista" de PSOE y Ciudadanos. Acuerdo que cada uno vende de una manera. Para el PSOE, deroga la reforma laboral, ley de educación y ley mordaza. Para Ciudadanos sólo matiza algunas partes de las mismas. De igual manera, se vende una gran reforma institucional sin tener en cuenta que, para la mayoría de ellas, se requiere el apoyo del PP.
La verdad absoluta es que, los que tenían que ceder, no han cedido; los que tenían que dar, no han dado; y los que querían emponzoñar, han emponzoñado.

Como decía el Maestro Yoda: Mentiras, engaños, crear confusión... Imposible de ver el futuro es.
Imperator Caesar Cerverius