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miércoles, 21 de diciembre de 2016

FACE IT, AÑO I


Parece que fue ayer, pero ya hace un año desde que Face It llegó a nuestras vidas.
A la sombra de la resaca electoral del 20-D, cinco amigos nos juntamos para fundar, aquel lejano 21 de Diciembre, un portal desde el que hablar al mundo. Hablar de política, historia, deporte, literatura... o de cualquier tema que nos apasionase.
Durante este año hemos pasado por dos elecciones generales, hemos visto caer a un president de la Generalitat, asistimos al enrocamiento de Pedro Sánchez con el "NO es NO", observamos estupefactos cómo el ganador de las elecciones renunciaba a presentarse a la investidura y cómo el perdedor trataba de conseguirla por todos los medios. Comprobamos con desolación el tiempo perdido en una legislatura fallida, la más corta de la historia, y cómo eso nos llevó a una repetición electoral, en la que pudimos ser espectadores del primer debate a cuatro de la democracia. Fuimos testigos de la victoria, aquel 26-J, del Partido Popular, de la consolidación de la muerte del bipartidismo y del baile de pactos que se intentaron para lograr la presidencia. No terminamos de creérnoslo cuando amanecimos una mañana con el triunfo del Brexit. Vibramos con las olimpiadas de Brasil y, cuando creíamos que unas terceras elecciones eran inevitables, el Partido Socialista derrocó a su líder y la Gran Coalición propició la investidura de Mariano Rajoy. Contra todo pronóstico nos despertamos con un Trump presidente y hemos podido ver cómo la guerra civil socialista continúa sin atisbar un final cercano.
Ha sido un año muy político y de todo esto hemos hablado en Face It, pero también hemos tenido tiempo de recomendaros unos cuantos libros, de contaros historias sobre la antigua Roma, de relataros cómo pilotos de automovilismo se convirtieron en espías aliados en la Segunda Guerra Mundial y de deciros cómo los quilts, antiguos códigos bordados en colchas y mantas, ayudaron a huir a unos cien mil esclavos de una guerra a punto de estallar. Hemos hablado del cosmos y de nuestra soledad (o no) en el universo. Hemos analizado el nivel cultural en nuestro país. Nos relajamos hablando de cine y de series de televisión, nos pusimos serios para hablar de maltrato animal y analizamos profundamente la socialdemocracia europea. Ha habido tiempo para la ciencia, la moda, las app's y los videojuegos. Os hemos recomendado rutas senderistas y viajes por el mundo. Fuimos críticos con el régimen al que están sometidos los graduados universitarios si quieren medrar profesionalmente y con la infiltración de la ideología fascista en el mundo del fútbol. Deporte, pintura, fotografía y costura han sido temas recurrentes en nuestro blog, incluso nos pusimos misteriosos para hablar de extraños mensajes incrustados en el asfalto por (quizá) alienígenas.
A lo largo de casi ochenta artículos hemos querido expresar nuestras opiniones e interesar a los que os encontráis al otro lado de la pantalla.
Hasta tres colaboradores han querido ser parte también de Face It hablándonos: Heiwa de Japón, Dorian Wells de misteriosos viajes en el tiempo e Irene Adler del conflicto catalán desde los ojos de una aragonesa afincada en Barcelona.
No sabemos lo que le deparará al mundo en 2017. Lo que sí sabemos es que Miss Rocher de la Tormenta, Rycumato, Olof, Lady Soviet Sniper e Imperator Caesar Cerverius seguiremos trabajando para que Face It siga siendo lo que es: un blog para hablar de todo, con todos y para todos.

Imperator Caesar Cerverius

jueves, 10 de noviembre de 2016

DONALD J. TRUMP. LA VICTORIA QUE NADIE QUISO VER

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Donald Trump es Presidente de los Estados Unidos. La frase y el hecho ocurrido asustan porque parecía improbable que venciera a sus rivales republicanos en la disputa final hacia la presidencia y que lograra la victoria ante Hillary Clinton. Trump no solo ha derrotado una mujer preparada, supuestamente más capacitada para el cargo por su experiencia como Secretaria de Estado para el bluf que ha supuesto el Gobierno de Barack Obama; sino que además se ha llevado por delante al Partido Republicano –que le fue retirando algunos apoyos según fue avanzando la campaña electoral- y al Partido Demócrata, descabezando a su lideresa a la que ha jubilado a una edad avanzada como para que Clinton pueda postularse a una futura reelección dentro de cuatro años pero aún joven para no desempeñar ningún cargo relevante en la política americana.
Algunos factores que revelan la victoria de Trump tienen un carácter de negación o de rechazo, algo parecido a la definición clásica del fascismo establecida por los historiadores. Trump es un outsider político como lo fue Hitler en la República de Weimar hasta su nombramiento como canciller en 1933. Su victoria se ha cimentado en las zonas rurales y en ciudades de tamaño pequeño y medio con el voto blanco obrero –e incluso con cierto nivel de estudios-. Pero sociológicamente es más interesante analizar el por qué de su triunfo y es que la imagen creada por Trump representa el sueño norteamericano del hombre hecho a sí mismo. Aunque el hecho real de cómo ha conseguido su fortuna dista mucho de lo que él presenta puesto que nació en una familia de clase alta con todas las facilidades y comodidades a su alcance y a lo largo de su carrera como promotor inmobiliario en el barrio de Manhattan se arruinó varias veces. La más grave tuvo lugar alrededor de unos quince años cuando se descubrió un agujero en las cuentas de sus empresas por un valor superior a 3.000 millones de dólares. Pero los bancos estadounidenses decidieron que era demasiado poderoso para dejarlo caer, así que negociaron una quita que Trump aprovechó para vender su apellido. Los edificios con su nombre que hay en lugares como Panamá o Filipinas no son suyos, sino que él cobra unos derechos de imagen para que se bautice a esas edificaciones con el consabido “Trump Tower”. Además, consiguió relanzar su imagen mediante el reality “El aprendiz” que supuso su plataforma de lanzamiento para la carrera política.
Algunos analistas políticos no han llegado a comprender que la poca preparación política de Trump era justo un factor a su favor. Recordemos a Ronald Reagan -de actor a Presidente de Estados Unidos-, Schwarzenegger como Gobernador de California o el enfrentamiento entre Bush y Al Gore en el año 2000. Ahí se demostró que la experiencia no es un factor clave y que potenciales votantes norteamericanos ven como algo extraño y alejado de sus intereses a una persona con formación académica. Lo que han pretendido aupando a Trump a la presidencia es recuperar –según su visión del mundo- su papel hegemónico a nivel económico, productivo y militar mezclado con enormes dosis de un nacionalismo y populismo. Buscaban romper el sistema político –algo que representaba Clinton- tal y como lo conocían. Y han dado el primer paso.
Otro hecho importante ha sido la tremenda incapacidad de los politólogos para caer en la cuenta de que tras la crisis económica en 2007 originada en Estados Unidos y extendida a nivel mundial en el 2008, el populismo de extrema derecha encontró una rendija –junto a la incapacidad de la moribunda socialdemocracia y de los distintos Estados para proponer soluciones eficientes y protectoras a todas las clases sociales- para crear una segunda ola y extender sus tentáculos con un discurso marcado por el nacionalismo  excluyente, la xenofobia y la homofobia. Austria con el FPÖ;, los países escandinavos, especialmente Dinamarca; Grecia con el partido neonazi Amanecer Dorado; Francia con el Frente Nacional de Marine Le Pen; Polonia; Hungría con el Gobierno de Orban; Gran Bretaña con el UKIP y el Brexit y ahora Estados Unidos. Corren malos tiempos para esos adivinadores de baratillo que pululan por las televisiones y que se hacen llamar politólogos. Esos que decían que Gran Bretaña no saldría de la Unión Europea. Y para las encuestas y los datos extraídos de ellas puesto que se ha puesto de relieve que lo que la intención de voto no está teniendo correlación con los resultados finales.
Hay que reflexionar también sobre la visión de Europa: Estados Unidos es Nueva York, California y posiblemente Boston pero los analistas parecen desconocer la verdadera dimensión y profundidad del país. Ahora todos se llevan las manos a la cabeza. Pero los indicios estaban ahí: población descontenta, imagen del hombre hecho a sí mismo con ínfulas de mesianismo que iba a destruir la vieja política. Populismo de masas. Existen unas imágenes de Trump atizando de forma fingida a un empresario en un combate de Wrestling. En Europa, ningún gran empresario se prestaría a tal cosa. En Estados Unidos, han nombrado a ese hombre como presidente. Muchas veces se acusa a los propios estadounidenses de ver el mundo a través de su propio prisma nacionalista. Tal vez va siendo hora de asumir que la política y la sociedad de Estados Unidos no pueden analizarse desde un eurocentrismo.
Votos Republicanos vs Demócratas


Su victoria, como he dicho, es la suma de fracasos. Y existe uno que no se debe obviar. Estos ocho años de Barack Obama han sido un paréntesis relativo entre los Gobiernos de Bush y Trump. Relativo porque la sensación que queda es la de alguien cuya principal cualidad ha sido su fotogenia que ha fracasado en los escenarios internacionales (las guerras en Afganistán y en Iraq continúan su curso, la Primavera Árabe ha contribuido a la desestabilización de importantes piezas en el tablero geoestratégico mundial (Libia, Túnez, Egipto y la sangrienta guerra en Siria); y en política interna ha chocado una y otra vez con la resistencia republicana a cargo de una sanidad pública en todo el país, el control de armas y su tibieza a la hora de poner medidas contra la excesiva violencia policial contra ciudadanos de raza negra.
Se hace patente que vivimos años muy convulsos a nivel político, económico y social. La maquinaria del fascismo de cara amable no se va a detener y se hace cada vez más urgente un renacer de las políticas socialdemócratas que consolidaron los Estados de Bienestar para frenar este hecho ascendente. En Estados Unidos –al que se le ha dado muy fácilmente el título de garante del mundo libre- gobierna ahora un personaje peligroso cuya medida estrella era –o es, nadie sabe si hay algo productivo bajo ese tupé- la construcción de un muro que los separe de Méjico. Peligroso porque no su proyecto no tiene apenas ningún matiz constructivo y sólo cuenta con el apoyo de Vladimir Putin.
Se desconoce con certeza si pondrá en marcha alguna de sus medidas –la construcción de ese infame muro, más derechos a portar armas, expulsión de inmigrantes en situación irregular, prohibición del derecho al aborto, menos protección social, recortes impositivos a las clases altas, salida de Estados Unidos de la OTAN y que Europa pague una cantidad justa por su defensa-. Y eso es lo que preocupa al mundo.
La victoria de Trump deja muchos cadáveres políticos: Obama, Clinton –quien también tenía sus numerosos trapos sucios: Bengasi o la discusión sobre si era conveniente mandar un dron que acabara con el fundador de WikiLeaks, Julian Assange, como se puede ver en este enlace aquí  http://truepundit.com/under-intense-pressure-to-silence-wikileaks-secretary-of-state-hillary-clinton-proposed-drone-strike-on-julian-assange/; y los Partidos Demócrata y Republicano provocando al mismo tiempo una profunda brecha social en su país mezclada con miedo e incertidumbre a nivel estadounidense y más allá de sus fronteras.
Sólo ha ganado el ego de Donald Trump.

jueves, 6 de octubre de 2016

MARIONETA ROTA


En la antigua República de Roma, antes incluso de Sila, Mario o César, existía un sentimiento entre la población, ya fuera entre las élites o entre el pueblo llano, que era “lo primero es Roma”. Lejos de intereses personales egoístas, existía ese sentimiento patriótico que les hacía ver que ellos eran meros ciudadanos de una cosa mucho más grande. Esto les hacía alistarse en las levas cuando se producía un reclutamiento, jurar una ley aunque no estuviesen de acuerdo con ella o servir a un general aunque no sintieran simpatía por él. El motivo principal era siempre el mismo: ROMA.
Con la Tardorrepública llegaron los intereses personales. Generales que ponían por delante su carrera al interés del Estado, senadores que se movían por motivos egoístas en vez de mirar por el bien de la República, etc. Algo así es lo que sucedió con el PSOE.
Hubo un tiempo en el que el Partido Socialista se movía por sus ideas, las defendía a ultranza, conectaba con la ciudadanía y, cuando no lo conseguía y los resultados electorales le eran adversos, el líder, que es el responsable último, dimitía.
Como un equipo de fútbol que no puede despedir a toda su plantilla se desprende de su entrenador, el secretario general presentaba su renuncia, sin que nadie se lo pidiese. Un mero hecho de responsabilidad política. Pero hace mucho que eso se perdió.
En el devenir histórico del PSOE se cruzó una joven andaluza con una ambición descontrolada y ningún éxito electoral en su haber. Aun a pesar de estos hándicap, todo el partido la consideraba como el futuro del socialismo español. Pero, en ese destino que ella esperaba asumir por aclamación del partido, se interpuso Eduardo Madina. El vasco, con más de diez años como diputado nacional, varios de ellos como secretario general del grupo parlamentario, y favorito de Zapatero para el puesto durante mucho tiempo, no sólo se presentó a las primarias para dirigir el PSOE, sino que exigió que se realizasen a través del sistema “un militante, un voto”, en contraste con el sistema de compromisarios utilizado hasta el momento.
La andaluza, aun habiendo llegado a la presidencia de su comunidad autónoma (no por victoria electoral, sino por sucesión del anterior dirigente), temió una derrota que pondría punto y final a sus aspiraciones de presidir algún día la nación. Por eso se decantó por elegir a un campeón al que apoyar y que le mantuviese el sillón de la secretaría general hasta que llegase su momento.
Pese al sistema de voto directo, el aparato influenció lo suficiente a los militantes en cada región como para que un desconocido sin apenas experiencia, como Pedro Sánchez, favorito de Susana Díaz, tumbase a Madina.
Los primeros pasos de Sánchez no fueron sino dirigidos, como si de una marioneta se tratase desde más allá de Despeñaperros por la “reina del sur”. Pero, poco a poco, el madrileño fue cortando las cuerdas que le convertían en títere y fue actuando de forma independiente. Él tenía sus propios intereses personales y, aun con la sangría de votos que estaba trayendo al partido elección tras elección, se aferraba al cargo y no pensaba en abandonarlo.
Fue entonces cuando se produjo el golpe. La todopoderosa dirigente de San Telmo tiró de sus hilos y la mayoría de los barones territoriales se alinearon con ella. Se produjo una dimisión en masa de la ejecutiva con la intención de llevarse al secretario general por delante, pero él siguió aferrado al cargo.
Hizo falta un comité federal (máximo órgano entre congresos con unos 250 dirigentes de todo el estado, entre los que se encuentran diputados, barones, exsecretarios y dirigentes de toda la índole) para solucionar el asunto. Tras más de doce horas a cara de perro, discusiones, conversaciones acaloradas, vuelo de cuchillos y un espectáculo bochornoso que pudo ver todo el país, lograron deponer a Pedro Sánchez, formar una gestora que dirigiese el partido hasta el próximo congreso federal y evidenciaron una total sensación de partido roto.
Con unas posibles elecciones a la vuelta de la esquina, ¿qué votante en su sano juicio confiará su papeleta a unos personajes que no pueden ni gobernar su propio partido? Quizá esta guerra civil fratricida les costase mucho más que un secretario general. Al fin y al cabo, otro fracaso electoral no parece un castigo excesivo para los que se atrevieron a jugar al “juego de tronos” con un partido centenario, con una ideología política y con el destino de toda una nación.

Imperator Caesar Cerverius

viernes, 23 de septiembre de 2016

FRAUDE ELECTORAL

Fraude electoral: Dícese de la intervención deliberada en un proceso electoral con el propósito de impedir, anular o modificar los resultados reales.
Pero vayamos más allá. ¿Es fraude electoral hacer promesas que los partidos saben que no van a poder cumplir? ¿Es fraude electoral gobernar desde el día uno de forma opuesta a como has pregonado? ¿Es fraude electoral esperar a que pasen unas elecciones para llevar a cabo acciones que sabes que van a irritar a tus votantes?
Esto último es lo que está ocurriendo en el panorama político español. La formación de gobierno está paralizada a la espera de que pasen las elecciones vascas y gallegas del 25 de Septiembre.
El Partido Popular no propone nada, el Partido Socialista no se atreve a hacer ningún movimiento y el Partido Nacionalista Vasco no quiere jugarse ni un puñado de votos comprometiéndose a apoyar a uno o a otro. ¡No fuera a ser que los electores votaran con toda la información, claro!
Lo que en la democracia española se ve con total normalidad no deja de ser un fraude, un engaño, una chanza a los votantes, a los que se les ocultan las verdaderas intenciones.
"Ya, dentro de unos años, será otra cosa. Seguramente se les haya olvidado." Suelen pensar los dirigentes políticos.
Y es que, en España, se vota con el estómago en vez de con la cabeza.
Ni el mejor demoscópico puede predecir cómo se comportará el censo electoral frente a una propuesta nueva.
La guerra de Irak, el Prestige, la corrupción, los GAL... Todo eso se olvida cuando te acercas a la urna. Normalmente la cosa se decide entre "este me gusta" y "los demás son unos sinvergüenzas".
No valoramos la gestión. Nos dejamos llevar por los sentimientos.
Un alcalde puede haber hecho progresar a la ciudad, reducir la deuda y mejorar la vida de los ciudadanos que, como sea del partido que hay que desalojar del Gobierno Central, no tiene nada que hacer.
Sentimos los colores. Si la corrupción viene de tu partido, se mira para otro lado, se minimiza la crítica o, como último recurso, se tira del habitual y socorrido "lo hacen en todos los partidos".
Somos así. Siempre ha sido así y no tiene pinta de cambiar. De forma que, en las próximas elecciones, no les pido que se lean el programa del partido al que vayan a votar. Limítense, al menos, a mirar a los ojos a su candidato y, haciendo un breve repaso a su vida política, determinen si se fían de él.

Imperator Caesar Cerverius

domingo, 14 de agosto de 2016

¿Sueñan los androides olímpicos con medallas biónicas?


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Celebrada ya una semana de los caóticos y míseros Juegos Olímpicos en Río de Janeiro se hace cada vez más patente la idea de que la elección de esta ciudad se realizó por intereses comerciales y financieros. Estos juegos nunca debieron celebrarse en un país con una gran carga deficitaria tras organizar la Copa del Mundo de fútbol dos años atrás.
Aguas contaminadas por residuos fecales donde se van a celebrar competiciones. Retrasos y fallos en las construcciones de las instalaciones deportivas y en los alojamientos de los deportistas. Colas interminables y gradas vacías. Piscinas donde el agua torna verde sin explicación aparente. Horarios caóticos de partidos cuyo único fin es provocar lesiones entre los deportistas. Desfalco de dinero público, malversación de caudales públicos, presupuestos inflados y el Gobierno brasileño negándose a conceder préstamos a Rio de Janeiro. Dilma Rousseff investigada por actividades ilícitas como Presidenta del Gobierno, desposeída de sus funciones y sustituida de forma interina por Michel Temer. Preocupación por el virus Zika que ha provocado que muchos deportistas hayan declinado su participación en los Juegos Olímpicos. Añadamos un rechazo muy significativo de la población brasileña y carioca a la celebración de tal acontecimiento.
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En las últimas ediciones, la celebración de los Juegos Olímpicos ha perdido todo su impacto deportivo y de promoción de la ciudad organizadora –o incluso del país-, debido a una mayor proyección de los intereses comerciales en pos de obtener un rédito económico favorable por parte de patrocinadores y del Comité Olímpico Internacional –con el beneplácito de las Federaciones nacionales bien para sacar tajada en el suculento pastel o bien por incapacidad de actuación-. COI, empresas patrocinadores y sponsors a un lado. El aficionado al otro. Y Madrid intentando ser sede olímpica y fracasando cada cuatro años. Pan circo y billetes en maletines. A ello hay que sumar los intrínsecos casos de dopaje que se vienen sucediendo durante la celebración de los Juegos Olímpicos –de momento, en Río ya hay dos casos confirmados-. Y el dopaje existirá mientras exista el ser humano y haya importantes laboratorios que investiguen con ello. Desde el farmacológico al sanguíneo hasta llegar a dos nuevos: el genético y el mecánico. Y ahora, en una auténtica pirueta con salto mortal hacia atrás nos encontramos con la organización de un dopaje de Estado a cargo de Rusia. Si, del mismo modo que el llevado a cabo por la extinta RDA en los años setenta y ochenta, parecido al que España ejerció desde finales de los ochenta –había que llegar a Barcelona 92 en condiciones óptimas- y que alcanzó cotas esperpénticas con el encubrimiento del PSOE en la Operación Puerto del 2006.
Desde la República Democrática Alemana, donde los éxitos deportivos eran asunto de Estado para bendecir las virtudes del sistema comunista se ideó un sistema de entrenamiento consistente en “lanza los huevos a la pared y quédate con los que no estallen”. Conforme los atletas mejoraban sus marcas se les aplicaban diversas técnicas de dopaje bajo el amparo del Comité Olímpico de Alemania Oriental, presidido por Manfred Ewald y el director médico Manfred Höppner con el Plan Estatal 14.25 de 1974 mediante el uso de sustancias prohibidas. Para ello utilizaron un sistema inicial de dopaje mediante anfetaminas (fáciles de conseguir, efectivas pero adictivas) para pasar a usar hormonas (testosterona) desde 1964 y cuatro años después anabolizantes. El abuso de sustancias dopantes fue aún más grave en mujeres ya que empezaron a desarrollar enfermedades, raros tipos de canceres y cambios en los patrones menstruales. El caso más conocido y documentado fue el de la lanzadora de peso Heidi Krieger. Su cuerpo estuvo tan sometido al uso de anabolizantes y de testosterona que en 1997, siete años después de su retirada, se vio obligada a realizarse una cirugía de cambio de sexo. Los resultados de Alemania Oriental en los Juegos Olímpicos no fueron nada desdeñables. En México 68 obtuvieron 25 medallas; en Múnich 72 66; en Montreal 76 90; en Moscú 1980 126; en Los Ángeles 84 no participaron debido al boicot comunista y en Seúl 88 tuvo lugar su última participación obteniendo 102 medallas.
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Estos “androides olímpicos” venidos de la RDA corrían y nadaban más rápido, saltaban más que nadie, lanzaban más lejos. Y sus prácticas fueron copiadas.
El canadiense Ben Johnson fue cazado tras ganar la final de los 100 metros lisos en los Juegos de Seúl de 1988; el Comité Olímpico Español incentivó a médicos como Eufemiano Fuentes médico de la delegación española en Barcelona 92 (detenido por dopar a ciclistas, atletas, tenistas y futbolistas en 2006 en la Operación Puerto y posteriormente en la Operación Galgo en 2010) para que “tratara médicamente” a los atletas españoles de los Juegos de Barcelona 1992. Y los resultados fueron muy efectivos pues se consiguieron 22 medallas -18 más que en Seúl- de las cuales 13 fueron de oro. En estos mismos Juegos, el Dream Team americano de baloncesto (medicado con el respaldo de grandes laboratorios estadounidenses) accedió a participar si se les garantizaba que no se someterían a ningún control antidopaje. O el esperpento de los velocistas griegos Konstantinos Kenteris y Ekaterini Thanou que simularon un accidente de moto para eludir un control antes del inicio de los Juegos en Atenas 2004.
Ahora, el escándalo que ha sacudido al deporte en su línea de flotación (entiéndase a empresas y patrocinadores que ponen la pasta) es el descubrimiento de una compleja red estatal de dopaje en Rusia que involucra al Ministro de Deportes y a altos funcionarios rusos acusados de promover y ocultar estas prácticas ilegales. Y a pesar de que se ha prohibido la participación de varios deportistas rusos en Río de Janeiro (gimnastas, nadadores, atletas y ciclistas), para calmar a los jerarcas olímpicos se ha sancionado también a la atleta que proporcionó la información de las prácticas dopantes rusas. Por ello, han sido frecuentes los silbidos a los deportistas rusos –como a Yulia Efimova, medalla de plata en 100m. braza y que nunca debió poder lanzarse a la piscina en una competición oficial tras dar positivo en 2013 por anabolizantes y este mismo año por Meldonium-.
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El esperpento deportivo continuará. Vivimos una era donde el deporte se ha mercantilizado por completo y que está dirigido por organismos corruptos auspiciados por empresas deportivas, de telecomunicaciones o bancos. Además regresan unas técnicas de dopaje que se creían extintas. Y cada vez los Juegos Olímpicos dejan como legado infraestructuras de peor calidad que no repercuten en la ciudadanía, sobre la que recaen deudas a largo plazo. Lo positivo es que, por ahora, Madrid ha dejado de intentar ser sede olímpica. Al carecer de prestigio y de una oferta atractiva en cultura a nivel internacional, la Villa y Corte intentaba situarse en el mapa con la celebración de unos Juegos que irremediablemente estarían condenados a la ruina que hubiéramos pagado todos los españoles. Ya se hubieran encargado de pasar la factura al Estado.
Nota: A Mercedes Coghen, consejera delegada de la candidatura de Madrid a los Juegos Olímpicos de 2016, la Fiscalía Anticorrupción le solicita más de cinco años de cárcel por malversación de caudales públicos, falsedad de documento público y prevaricación.
Con respecto a Madrid 2020, este vídeo resume bien el espíritu olímpico de su patética eliminación.

jueves, 23 de junio de 2016

PATÉ DE CAMPAÑA


Los días están contados para la cita electoral del 26-J. Aunque en lo estricto ha habido dos semanas de campaña, en la realidad los partidos llevan desde el 20-D dando caña y difundiendo sus programas, marcando sus líneas rojas, tomando posiciones... Pero, de hecho, ¿tanto ha cambiado el panorama político desde el pasado 20 de diciembre para que los españoles cambien su voto? Repasemos las situaciones:

El Partido Popular, ganador de las pasadas elecciones, declinó presentarse a la investidura por falta de apoyos. Frente a las voces (incluso internas) que promovían un cambio de candidato, Mariano Rajoy sigue siendo el cabeza de lista. El discurso es el mismo de siempre: No ha habido recortes, lo hecho ha sido por obligación de la Unión Europea, y ya hemos empezado a salir de la crisis. El único cambio, a parte del himno del partido a ritmo de merengue, es la cercanía mostrada por el presidente; acudiendo a algún programa de televisión y accediendo al debate a cuatro.

El PSOE se ha dedicado a hacer la campaña del mártir. Pedro Sánchez se siente herido con Pablo Iglesias por no haberle apoyado en la investidura, así que se ha dedicado a repetir el mantra de la pinza PP-Podemos. El Partido Socialista ha llegado a centrar sus ataques en Iglesias, olvidando a Rajoy, y manteniendo con Rivera un pacto de no agresión. A parte del video en el que se ve a Pedro Sánchez limpiándose la mano después de saludar a unas personas de color, el líder socialista ha pasado sin pena ni gloria por la campaña.

Podemos se ha dedicado a hacer lo que mejor sabe: comunicar. Desde un programa original que recuerda al catálogo de IKEA, hasta las apariciones televisivas y los mítines multitudinarios, la formación morada ha ido creciendo jornada a jornada. Además, su pacto con Izquierda Unida les garantiza anexionarse alrededor de un millón de posibles votantes y que varios escaños que cayeron de un lado en el 20-D, caigan del otro en el 26-J.

Ciudadanos ha utilizado la circunscripción exterior de Venezuela para hacer campaña. Las circunstancias en el país sudamericano y la política de su presidente, Nicolás Maduro, has sido acicate de Albert Rivera contra Podemos. El mismo Rivera viajó a Venezuela, por su cuenta y riesgo, contraviniendo las recomendaciones del Gobierno Español y del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, que estaba realizando labores negociadoras entre la Administración de Maduro y la oposición venezolana. Rodeado de una “troupe” de periodistas, Rivera fue, se fotografió y volvió. A parte de Venezuela, de poco más se ha hablado desde la formación naranja.

En esta campaña fuimos testigos del primer debate a cuatro autentico entre candidatos (o sea, sin Soraya, que es muy auténtica, pero como vicepresidenta). Poco nos despejó dicho debate. Cuatro monólogos, algunos ataques y posiciones muy medidas. Pecado imperdonable fue el de dedicar unos cuarenta segundos cada candidato a hablar de violencia de género (y porque fueron preguntados ex profeso por uno de los moderadores) antes de volver a lanzarse los trastos a la cabeza.

En definitiva: Dos semanas (o siete meses, según se mire) en las que los partidos no han ofrecido nada nuevo. Nada que base al elector a cambiar su sentido del voto. Una campaña en la que lo único que se buscaba del votante era que se tragase el teatro. Que se tragase el programa. Que se tragase los ideales que les ofrecían los partidos políticos. Que se tragasen las promesas que les hacían los candidatos. Todo de un bocado y sin masticar. Como el que se traga un canapé de paté. Un paté de campaña.


                                                                                                                     Imperator Caesar Cerverius

martes, 14 de junio de 2016

DESMONTANDO EL DEB4TE


Cuatro contendientes, tres moderadores, cuatro árbitros profesionales para controlar los tiempos, quinientas personas trabajando durante días para organizar la noche, tres grupos de comunicación, miles de esperanzas depositadas en el primer debate a cuatro de la democracia entre candidatos... Resultado: decepción y aburrimiento.
Vayamos por partes. Cuatro contendientes: Mariano Rajoy, presidente en funciones desde hace ya no se sabe cuánto, y tres aspirantes, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera.
Rajoy; del que se esperaba tan poco que, al mantenerse en pie, se dio por buena su actuación. Estamos tan acostumbrados a sus caras de duda y a sus balbuceos cuando una pregunta le pilla a contrapié, que ya no los tenemos en cuenta ni los tomamos como muestra de flaqueza. A excepción del apartado de corrupción, donde no pudo defender lo indefendible, aguantó el envite.
Pablo Iglesias, que se maneja en estas lides como pez en el agua, salió a mantener su segundo puesto en las encuestas al 26-J. Comedido, sin levantar la voz y sin interrumpir a sus contrincantes, se impuso a sí mismo un tono sobrio en el que intentó defender su programa. La mayoría de las encuestas le dan como vencedor del debate.
Albert Rivera, más relajado que en el anterior debate a cuatro de las anteriores elecciones, atacó a diestra y siniestra al PP y a Podemos y mantuvo un pacto de no agresión con el PSOE. Puso a Rajoy contra las cuerdas en alguna ocasión pero no llegó a rozar a Iglesias.
Y finalmente, Pedro Sánchez, que creyó que por sentarle bien el traje y gustarle a la cámara, lo tenía todo hecho. No convenció, no propuso y no se salió de su papel de presidente con investidura fallida.
Hablemos de los tres moderadores: Ana Blanco, Pedro Piqueras y Vicente Vallés. Profesionales como la copa de un pino, pero que en vez de sumar, restaron. Con falta de coordinación y frases entre ellos con el micrófono abierto, solamente Vicente Vallés (representante de ATRESMEDIA) supo inocular algo de dinamismo al debate.
Quinientas personas trabajaron conjuntamente para organizar un encuentro en la Academia de la Televisión que resultó en exceso encorsetado, abusó del ambiente solemne y privó a los espectadores de las réplicas, las interpelaciones y las discusiones. O sea, lo que viene a ser un debate.
La noche del pasado lunes 13-J vimos una serie de monólogos seguidos de unas breves respuestas "por alusiones" en donde el espíritu se desvirtuó y ningún mensaje pudo calar completamente.
Pudimos ver a un Pedro Sánchez, despechado con Iglesias, que todavía no consigue entender por qué no es presidente. Más de ocho veces echó en cara el socialista al podemita la "pinza" que supuestamente creó con el Partido Popular para privarle de la investidura.
Rivera fue otro que también atacó a Iglesias, enarbolando argumentos como que Podemos quiere sacar a España del Euro, la financiación desconocida de la formación morada o la verdadera ideología de su líder.
Pablo Iglesias, lejos de defenderse con uñas y dientes ante los ataques, se limitó a negar con la cabeza y esperar pacientemente su turno de palabra para desmontar, uno por uno, todos los argumentos de Rivera.
En definitiva, cuatro líderes que poco o nada convencieron a los indecisos y que se limitaron a hablar para sus correligionarios. Un debate que perdió sin duda Pedro Sánchez, que no lanzó ni una propuesta y se limitó a mostrar su indignación por su mala suerte con Podemos y a defender medidas ya adoptadas por el PSOE. Un debate que mejoró la imagen de Rajoy, al aceptar sumarse al juego y enfrentarse con el resto de candidatos, y que supo vestirse con una pose institucional que le mantuvo a salvo. Un debate que acercó bastante a Rivera y a Iglesias como vencedores. El uno por incisivo y el otro por buen comunicador, pero que, en mi opinión, ninguno mereció el premio; el uno por vacío de contenidos y el otro por falta de garra.
Paradójicamente, de los tres debates que se han realizado en campaña (el de mujeres, el económico y el de candidatos), ha sido éste, aun siendo el más esperado y preparado, el más insulso. Y es que para este viaje no hacían falta tantas alforjas.

Imperator Caesar Cerverius

domingo, 5 de junio de 2016

MÁS VALE PRESIDENCIA EN MANO...


Érase que se era... un bisoño diputado que un día se despertó queriendo ser Presidente del Gobierno.
Este economista, de las cuatro elecciones a las que se presentó (dos como concejal y dos como diputado al Congreso) sólo consiguió acta en una. Las otras tres se quedó fuera de las respectivas cámaras y tuvo que esperar en la reserva a que algún titular se retirara. De esta forma, acumuló una experiencia de 6 años como concejal (2+4) y 4 años como diputado (2+2).
Este profesor de economía, que consiguió doctorarse durante alguna de esas legislaturas en las que no resultó elegido, se atrevió a batirse, en las primarias del su partido a la Secretaría General, con un peso pesado como Eduardo Madina.
El vasco, con 11 años de experiencia como diputado y 5 de ellos como Secretario General del Grupo Parlamentario en el Congreso, estaba destinado a finalizar la travesía por el desierto que llevaba el PSOE y devolver al partido las viejas glorias de antaño. Lo tenía todo: juventud, experiencia, apoyo orgánico, buena imagen ante el ciudadano... Pero hubo algo, o mejor dicho "alguien", que se entrometió.
A Pedro Sánchez (que es el protagonista de nuestra historia) le salió un hada madrina, una reina del sur, una regente del Palacio de San Telmo, una trianera que con un "Olé mi Andalucía" se metía mil votos en el bolsillo, una figura que aspiraba a liderar el partido y el país, pero que nunca se atrevió a dar el paso. Prefirió quedarse en la sombra y manejar los hilos de sus marionetas desde más allá de Despeñaperros.
De esta forma, con Susana Díaz como su protectora y con la Federación Andaluza haciéndole el trabajo, Pedro Sánchez fue elegido Secretario General del Partido Socialista. Pronto demostró que el traje le venía grande.
Diciendo una cosa hoy y mañana la contraria, haciendo propuestas descabelladas y dirigiendo el partido a golpe de mando, la gran esperanza del socialismo español estaba en un guapo y novato diputado que debía frenar la sangría de votos que empezó con la derrota de Rubalcaba. No obstante, pronto se vió que sería incapaz de ello. Los que le auparon a esa posición, enseguida se arrepintieron pero, una vez en el sillón, Sánchez no se mostró dispuesto a dejarlo.
Su prueba de fuego fueron las elecciones municipales y autonómicas de 2015 en las que, aunque perdió votos, le permitió al PSOE recuperar algunos gobiernos autonómicos gracias a pactos con Podemos. De esta forma, vendió como una victoria lo que en realidad fue una derrota.
En las elecciones generales del 20D, llevó al Partido Socialista a los peores resultados de su historia, con 90 diputados. En esta ocasión todavía tuvo suerte. El eje PP+C's no obtuvo mayoría absoluta y Pedro Sánchez pudo soñar con la Presidencia. Habría podido alcanzarla si hubiese negociado con Podemos y el ala izquierda del Congreso. En vez de ello prefirió lanzarse a un pacto en minoría con Ciudadanos que le llevó a una investidura fallida y, dos meses después, a una nueva convocatoria electoral.
Y en esas estamos, con una cita con las urnas el 26 de Junio; con todas las encuestas que dan por seguro el sorpasso de Unidos Podemos; y con un Pedro Sánchez que debería conformarse con la vicepresidencia pero que, tanto a él como al resto del PSOE, se le ve demasiado herido con el partido morado como para hacer presidente a Pablo Iglesias.
Recientemente, Sánchez ha asegurado que no habrá unas terceras elecciones. Si él no va a ser presidente, y no se le ve animado a que Pablo Iglesias lo sea, sólo le queda la posibilidad de facilitarle la investidura al PP.
De cometer ese pecado mortal hacia la izquierda, Sánchez pondría el último clavo en el ataúd del Partido Socialista. Y así, aquel joven congresista, nacido en el madrileño barrio de Tetuán, habría privado al PSOE de un líder capaz, habría rechazado la presidencia, habría evitado la vicepresidencia y se vería obligado a volver a dar clases de economía, dejando a su partido demasiado desgastado y sin posibilidades de recuperación.
No obstante, no hay que buscar culpabilidad en Sánchez, un pobre diablo que sólo buscó la manera de medrar personalmente. Es a los dirigentes irresponsables que le auparon hasta el poder, a los que hay que apuntar con el dedo. Son ellos, y no otros, los culpables, con sus juegos y maniobras políticas, de poner a un incapaz al frente de un partido con 135 años de historia y llevarlo desastre.
Imperator Caesar Cerverius