Mostrando entradas con la etiqueta pacto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pacto. Mostrar todas las entradas

jueves, 6 de octubre de 2016

MARIONETA ROTA


En la antigua República de Roma, antes incluso de Sila, Mario o César, existía un sentimiento entre la población, ya fuera entre las élites o entre el pueblo llano, que era “lo primero es Roma”. Lejos de intereses personales egoístas, existía ese sentimiento patriótico que les hacía ver que ellos eran meros ciudadanos de una cosa mucho más grande. Esto les hacía alistarse en las levas cuando se producía un reclutamiento, jurar una ley aunque no estuviesen de acuerdo con ella o servir a un general aunque no sintieran simpatía por él. El motivo principal era siempre el mismo: ROMA.
Con la Tardorrepública llegaron los intereses personales. Generales que ponían por delante su carrera al interés del Estado, senadores que se movían por motivos egoístas en vez de mirar por el bien de la República, etc. Algo así es lo que sucedió con el PSOE.
Hubo un tiempo en el que el Partido Socialista se movía por sus ideas, las defendía a ultranza, conectaba con la ciudadanía y, cuando no lo conseguía y los resultados electorales le eran adversos, el líder, que es el responsable último, dimitía.
Como un equipo de fútbol que no puede despedir a toda su plantilla se desprende de su entrenador, el secretario general presentaba su renuncia, sin que nadie se lo pidiese. Un mero hecho de responsabilidad política. Pero hace mucho que eso se perdió.
En el devenir histórico del PSOE se cruzó una joven andaluza con una ambición descontrolada y ningún éxito electoral en su haber. Aun a pesar de estos hándicap, todo el partido la consideraba como el futuro del socialismo español. Pero, en ese destino que ella esperaba asumir por aclamación del partido, se interpuso Eduardo Madina. El vasco, con más de diez años como diputado nacional, varios de ellos como secretario general del grupo parlamentario, y favorito de Zapatero para el puesto durante mucho tiempo, no sólo se presentó a las primarias para dirigir el PSOE, sino que exigió que se realizasen a través del sistema “un militante, un voto”, en contraste con el sistema de compromisarios utilizado hasta el momento.
La andaluza, aun habiendo llegado a la presidencia de su comunidad autónoma (no por victoria electoral, sino por sucesión del anterior dirigente), temió una derrota que pondría punto y final a sus aspiraciones de presidir algún día la nación. Por eso se decantó por elegir a un campeón al que apoyar y que le mantuviese el sillón de la secretaría general hasta que llegase su momento.
Pese al sistema de voto directo, el aparato influenció lo suficiente a los militantes en cada región como para que un desconocido sin apenas experiencia, como Pedro Sánchez, favorito de Susana Díaz, tumbase a Madina.
Los primeros pasos de Sánchez no fueron sino dirigidos, como si de una marioneta se tratase desde más allá de Despeñaperros por la “reina del sur”. Pero, poco a poco, el madrileño fue cortando las cuerdas que le convertían en títere y fue actuando de forma independiente. Él tenía sus propios intereses personales y, aun con la sangría de votos que estaba trayendo al partido elección tras elección, se aferraba al cargo y no pensaba en abandonarlo.
Fue entonces cuando se produjo el golpe. La todopoderosa dirigente de San Telmo tiró de sus hilos y la mayoría de los barones territoriales se alinearon con ella. Se produjo una dimisión en masa de la ejecutiva con la intención de llevarse al secretario general por delante, pero él siguió aferrado al cargo.
Hizo falta un comité federal (máximo órgano entre congresos con unos 250 dirigentes de todo el estado, entre los que se encuentran diputados, barones, exsecretarios y dirigentes de toda la índole) para solucionar el asunto. Tras más de doce horas a cara de perro, discusiones, conversaciones acaloradas, vuelo de cuchillos y un espectáculo bochornoso que pudo ver todo el país, lograron deponer a Pedro Sánchez, formar una gestora que dirigiese el partido hasta el próximo congreso federal y evidenciaron una total sensación de partido roto.
Con unas posibles elecciones a la vuelta de la esquina, ¿qué votante en su sano juicio confiará su papeleta a unos personajes que no pueden ni gobernar su propio partido? Quizá esta guerra civil fratricida les costase mucho más que un secretario general. Al fin y al cabo, otro fracaso electoral no parece un castigo excesivo para los que se atrevieron a jugar al “juego de tronos” con un partido centenario, con una ideología política y con el destino de toda una nación.

Imperator Caesar Cerverius

miércoles, 29 de junio de 2016

LA NOCHE DE LOS PERDEDORES


Si la noche del 20-D se mostró como la noche de los ganadores, donde cada candidato se mostró feliz y contento con los resultados obtenidos, la noche del 26-J ha terminado siendo la de los perdedores. Caras largas, ninguna sonrisa e, incluso, alguna lágrima, fueron las fotografías de una velada que arrancó muy diferente al cobijo de unas encuestas que resultaron ser más ficción que realidad.
En el 20-D, Ciudadanos irrumpió en el Congreso con 40 diputados. Si bien las predicciones le auguraban un éxito mayor, los de Rivera pudieron sentirse orgullosos con la representación alcanzada. Este 26-J, sin embargo, la formación naranja se ha dejado 8 escaños por el camino, teniéndose que contentar con 32 diputados. La ley electoral se ha cebado con el partido de Albert Rivera y, seguramente, será uno de los puntos más importantes a tratar en cualquier acuerdo que se quiera alcanzar con ellos.
Podemos, que el 20-D consiguió un magnífico resultado con 69 representantes, creyó ver, en su alianza con Izquierda Unida, la forma de rebasar al PSOE y hacerse con la hegemonía de la izquierda. El bofetón de realidad ha sido mayúsculo al ver que, a medida que avanzaba el escrutinio, los datos de las encuestas se revelaban como falsos y, lejos de producirse el anunciado “sorpasso” al Partido Socialista, los de Iglesias tenían que conformarse con mantener los 71 escaños que en el 20-D habían conseguido las dos formaciones por separado (Podemos + IU).
El Partido Socialista logró el 20 de Diciembre los peores resultados de su historia. Los 90 diputados que consiguió el partido de la rosa eran un fondo que este 26-J se ha mostrado que aún podía seguir bajando. No obstante, el reparto parlamentario y la baja representación del PP, hizo a Pedro Sánchez soñar, aquella noche de 2015, con alcanzar La Moncloa. Los barones de su partido, la negativa de Iglesias a apoyarle gratuitamente y un insuficiente pacto con Ciudadanos, lo impidió. Este 26-J, la representación socialista ha bajado a 85 escaños, batiendo un nuevo record y viendo cómo los sueños presidenciales de Sánchez se esfumaban.
En el país de los ciegos, el tuerto es el rey y, en este país, salvando las distancias con Felipe VI, el rey es Mariano Rajoy. Si en el 20-D el Partido Popular perdió la mayoría absoluta, pero pudo contentarse con ganar las elecciones, en este 26-J ha visto cómo su grupo parlamentario en el congreso iba a crecer hasta los 137 diputados. Las posibilidades de formar gobierno para Mariano Rajoy aumentan enormemente en comparación con el 20 de Diciembre, pero tampoco va a ser coser y cantar. Sumando los 137 escaños populares a los 32 de Ciudadanos y a los 5 del PNV y 1 de Coalición Canaria, se obtiene una suma de 175 diputados, a 1 de la mayoría absoluta. PSOE y Podemos ya han manifestado su intención de no votar a favor de la investidura de Rajoy y el resto de fuerzas nacionalistas en el Congreso (ERC, CDC y EH Bildu) tampoco están por la labor.
El Partido Popular puede mostrarse contento. Rompiendo todas las encuetas, ha conseguido incrementar en 14 escaños su representación. Los diversos casos de corrupción, papeles de Panamá, escandalos de Aquamed o las grabaciones del ministro Jorge Fernández Díaz no han pasado factura al partido de la gaviota. Haciendo una campaña cercana al ciudadano y mostrándose en todo momento con una imagen presidencial, Mariano Rajoy ha conseguido ganar las elecciones, aumentar a 52 escaños la diferencia con el segundo y dejar a tiro de piedra la investidura. Dejando de lado los cálculos de mayoría absoluta, el domingo era el único que tenía algo que celebrar.
Ahora les tocará a los partidos perdedores hacer autocrítica y analizar las causas de su pérdida de votos.
¿Qué ha hecho mal Podemos para dejarse 1,2 millones de votos por el camino? El tono tibio de campaña, la alianza con Izquierda Unida y los ataques recibidos por Venezuela son algunas de las posibles causas.
¿Por qué el Partido Socialista no consigue cerrar su sangría de votos? Quizá la gente ha dejado de considerarles un partido de izquierdas después de sus últimas políticas. Quizá el candidato elegido no es del agrado del votante. Quizá su pacto con Ciudadanos ha irritado a sus correligionarios.
¿Y Ciudadanos? ¿Que sentido tiene subir como la espuma para luego desinflarse como un suflé? Su alianza con Sánchez, el voto útil contra Podemos captado por el PP o el desencanto de la gente con Rivera pueden ser algunos de los motivos de su bajada.
Una cosa está clara. De derechas o de izquierdas, nueva o vieja política, todos los candidatos descartan unas terceras elecciones. Esperemos que, al menos en esto, cumplan su promesa.

Imperator Caesar Cerverius

martes, 14 de junio de 2016

DESMONTANDO EL DEB4TE


Cuatro contendientes, tres moderadores, cuatro árbitros profesionales para controlar los tiempos, quinientas personas trabajando durante días para organizar la noche, tres grupos de comunicación, miles de esperanzas depositadas en el primer debate a cuatro de la democracia entre candidatos... Resultado: decepción y aburrimiento.
Vayamos por partes. Cuatro contendientes: Mariano Rajoy, presidente en funciones desde hace ya no se sabe cuánto, y tres aspirantes, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera.
Rajoy; del que se esperaba tan poco que, al mantenerse en pie, se dio por buena su actuación. Estamos tan acostumbrados a sus caras de duda y a sus balbuceos cuando una pregunta le pilla a contrapié, que ya no los tenemos en cuenta ni los tomamos como muestra de flaqueza. A excepción del apartado de corrupción, donde no pudo defender lo indefendible, aguantó el envite.
Pablo Iglesias, que se maneja en estas lides como pez en el agua, salió a mantener su segundo puesto en las encuestas al 26-J. Comedido, sin levantar la voz y sin interrumpir a sus contrincantes, se impuso a sí mismo un tono sobrio en el que intentó defender su programa. La mayoría de las encuestas le dan como vencedor del debate.
Albert Rivera, más relajado que en el anterior debate a cuatro de las anteriores elecciones, atacó a diestra y siniestra al PP y a Podemos y mantuvo un pacto de no agresión con el PSOE. Puso a Rajoy contra las cuerdas en alguna ocasión pero no llegó a rozar a Iglesias.
Y finalmente, Pedro Sánchez, que creyó que por sentarle bien el traje y gustarle a la cámara, lo tenía todo hecho. No convenció, no propuso y no se salió de su papel de presidente con investidura fallida.
Hablemos de los tres moderadores: Ana Blanco, Pedro Piqueras y Vicente Vallés. Profesionales como la copa de un pino, pero que en vez de sumar, restaron. Con falta de coordinación y frases entre ellos con el micrófono abierto, solamente Vicente Vallés (representante de ATRESMEDIA) supo inocular algo de dinamismo al debate.
Quinientas personas trabajaron conjuntamente para organizar un encuentro en la Academia de la Televisión que resultó en exceso encorsetado, abusó del ambiente solemne y privó a los espectadores de las réplicas, las interpelaciones y las discusiones. O sea, lo que viene a ser un debate.
La noche del pasado lunes 13-J vimos una serie de monólogos seguidos de unas breves respuestas "por alusiones" en donde el espíritu se desvirtuó y ningún mensaje pudo calar completamente.
Pudimos ver a un Pedro Sánchez, despechado con Iglesias, que todavía no consigue entender por qué no es presidente. Más de ocho veces echó en cara el socialista al podemita la "pinza" que supuestamente creó con el Partido Popular para privarle de la investidura.
Rivera fue otro que también atacó a Iglesias, enarbolando argumentos como que Podemos quiere sacar a España del Euro, la financiación desconocida de la formación morada o la verdadera ideología de su líder.
Pablo Iglesias, lejos de defenderse con uñas y dientes ante los ataques, se limitó a negar con la cabeza y esperar pacientemente su turno de palabra para desmontar, uno por uno, todos los argumentos de Rivera.
En definitiva, cuatro líderes que poco o nada convencieron a los indecisos y que se limitaron a hablar para sus correligionarios. Un debate que perdió sin duda Pedro Sánchez, que no lanzó ni una propuesta y se limitó a mostrar su indignación por su mala suerte con Podemos y a defender medidas ya adoptadas por el PSOE. Un debate que mejoró la imagen de Rajoy, al aceptar sumarse al juego y enfrentarse con el resto de candidatos, y que supo vestirse con una pose institucional que le mantuvo a salvo. Un debate que acercó bastante a Rivera y a Iglesias como vencedores. El uno por incisivo y el otro por buen comunicador, pero que, en mi opinión, ninguno mereció el premio; el uno por vacío de contenidos y el otro por falta de garra.
Paradójicamente, de los tres debates que se han realizado en campaña (el de mujeres, el económico y el de candidatos), ha sido éste, aun siendo el más esperado y preparado, el más insulso. Y es que para este viaje no hacían falta tantas alforjas.

Imperator Caesar Cerverius

domingo, 5 de junio de 2016

MÁS VALE PRESIDENCIA EN MANO...


Érase que se era... un bisoño diputado que un día se despertó queriendo ser Presidente del Gobierno.
Este economista, de las cuatro elecciones a las que se presentó (dos como concejal y dos como diputado al Congreso) sólo consiguió acta en una. Las otras tres se quedó fuera de las respectivas cámaras y tuvo que esperar en la reserva a que algún titular se retirara. De esta forma, acumuló una experiencia de 6 años como concejal (2+4) y 4 años como diputado (2+2).
Este profesor de economía, que consiguió doctorarse durante alguna de esas legislaturas en las que no resultó elegido, se atrevió a batirse, en las primarias del su partido a la Secretaría General, con un peso pesado como Eduardo Madina.
El vasco, con 11 años de experiencia como diputado y 5 de ellos como Secretario General del Grupo Parlamentario en el Congreso, estaba destinado a finalizar la travesía por el desierto que llevaba el PSOE y devolver al partido las viejas glorias de antaño. Lo tenía todo: juventud, experiencia, apoyo orgánico, buena imagen ante el ciudadano... Pero hubo algo, o mejor dicho "alguien", que se entrometió.
A Pedro Sánchez (que es el protagonista de nuestra historia) le salió un hada madrina, una reina del sur, una regente del Palacio de San Telmo, una trianera que con un "Olé mi Andalucía" se metía mil votos en el bolsillo, una figura que aspiraba a liderar el partido y el país, pero que nunca se atrevió a dar el paso. Prefirió quedarse en la sombra y manejar los hilos de sus marionetas desde más allá de Despeñaperros.
De esta forma, con Susana Díaz como su protectora y con la Federación Andaluza haciéndole el trabajo, Pedro Sánchez fue elegido Secretario General del Partido Socialista. Pronto demostró que el traje le venía grande.
Diciendo una cosa hoy y mañana la contraria, haciendo propuestas descabelladas y dirigiendo el partido a golpe de mando, la gran esperanza del socialismo español estaba en un guapo y novato diputado que debía frenar la sangría de votos que empezó con la derrota de Rubalcaba. No obstante, pronto se vió que sería incapaz de ello. Los que le auparon a esa posición, enseguida se arrepintieron pero, una vez en el sillón, Sánchez no se mostró dispuesto a dejarlo.
Su prueba de fuego fueron las elecciones municipales y autonómicas de 2015 en las que, aunque perdió votos, le permitió al PSOE recuperar algunos gobiernos autonómicos gracias a pactos con Podemos. De esta forma, vendió como una victoria lo que en realidad fue una derrota.
En las elecciones generales del 20D, llevó al Partido Socialista a los peores resultados de su historia, con 90 diputados. En esta ocasión todavía tuvo suerte. El eje PP+C's no obtuvo mayoría absoluta y Pedro Sánchez pudo soñar con la Presidencia. Habría podido alcanzarla si hubiese negociado con Podemos y el ala izquierda del Congreso. En vez de ello prefirió lanzarse a un pacto en minoría con Ciudadanos que le llevó a una investidura fallida y, dos meses después, a una nueva convocatoria electoral.
Y en esas estamos, con una cita con las urnas el 26 de Junio; con todas las encuestas que dan por seguro el sorpasso de Unidos Podemos; y con un Pedro Sánchez que debería conformarse con la vicepresidencia pero que, tanto a él como al resto del PSOE, se le ve demasiado herido con el partido morado como para hacer presidente a Pablo Iglesias.
Recientemente, Sánchez ha asegurado que no habrá unas terceras elecciones. Si él no va a ser presidente, y no se le ve animado a que Pablo Iglesias lo sea, sólo le queda la posibilidad de facilitarle la investidura al PP.
De cometer ese pecado mortal hacia la izquierda, Sánchez pondría el último clavo en el ataúd del Partido Socialista. Y así, aquel joven congresista, nacido en el madrileño barrio de Tetuán, habría privado al PSOE de un líder capaz, habría rechazado la presidencia, habría evitado la vicepresidencia y se vería obligado a volver a dar clases de economía, dejando a su partido demasiado desgastado y sin posibilidades de recuperación.
No obstante, no hay que buscar culpabilidad en Sánchez, un pobre diablo que sólo buscó la manera de medrar personalmente. Es a los dirigentes irresponsables que le auparon hasta el poder, a los que hay que apuntar con el dedo. Son ellos, y no otros, los culpables, con sus juegos y maniobras políticas, de poner a un incapaz al frente de un partido con 135 años de historia y llevarlo desastre.
Imperator Caesar Cerverius

lunes, 9 de mayo de 2016

LA LEGISLATURA DE LA DECEPCIÓN


111 días. Eso es lo que ha durado la XI legislatura de la democracia reciente. 111 días de risas, llantos, palabras amables, palabras amargas, gestos, desplantes... 111 días de decepción.
Decepción para los votantes del Partido Popular, que han visto un presidente inoperante, inmóvil y hermético.
Decepción para los votantes de Ciudadanos, que esperaban que el partido naranja fuera garante del cambio, y han visto cómo Rivera ha buscado editar una Gran Coalición que perpetuase el gobierno del PP.
Decepción para los votantes del Partido Socialista, que vieron negada su ideología de izquierdas al observar cómo su partido se lanzaba a un pacto con Ciudadanos que poco o nada tenía que ver con el programa con el que concurrían a las elecciones.
Decepción para los votantes de Podemos, que han visto cómo su grupo era incapaz de llegar a acuerdos para defender sus iniciativas. Las "salidas de pata de banco" de su líder y la falta de sintonía con los socialistas dieron al traste con cualquier acuerdo.
Decepción para los votantes de Izquierda Unida que, con indignación, han visto cómo con casi un millón de sufragios sólo obtenían dos escaños.
Y decepción, finalmente, para el Pueblo Español, que ha observado un espectáculo lamentable que sólo sirve para empeorar la ya maltrecha imagen de la sociedad política.
Como un "rasca y gana" que reza "sigue intentándolo", el Parlamento le envía un mensaje a los españoles: Han votado ustedes mal. Vuelvan a pasar por las urnas.
De esta forma, como si no fuera con ellos, los líderes de los partidos devuelven la pelota al Pueblo. Pero sus señorías van mal encaminadas, pues las encuestas muestran que los ciudadanos tienen intención de votar lo mismo, o muy parecido, en las próximas elecciones del 26 de Junio.
Los decepcionados de un partido pueden buscar refugio votando a otro pero, en términos generales, el voto se repartirá y todo seguirá igual.
Dentro de este marco hipotético, Podemos ha tomado la iniciativa para que todo cambie aunque todo siga igual. La búsqueda de la confluencia con Izquierda Unida es un intento de que, con los mismos votos, se consigan más escaños.
En esta campaña, los candidatos tendrán que buscar nuevas formas para atrapar a nuevos votantes, sin perder a los antiguos. De nada servirán los reproches ni los insultos. No habrán de hablar más alto, sino más claro. Los votantes querrán ver más debates, más contraste de ideas, más diálogo y más compromiso.
El Pueblo está harto de que las promesas en campaña sean olvidadas después de las elecciones.
El candidato que ofrezca todo eso, y lo haga de manera creíble, se llevará el gato al agua.
Mariano Rajoy deberá, mal que le pese, bajar a la arena política y debatir con Rivera e Iglesias. Aún a riesgo de salir despellejado.
Albert Rivera deberá colgar el falso traje de "hombre de estado" que pretende vender y dejar claro con quién va a pactar después del 26-J.
Pedro Sánchez deberá comprometerse a hacer una verdadera política de izquierdas, como la que demanda su militancia de base, o correrá el riesgo de sufrir una torrencial fuga de votos.
Y Pablo Iglesias deberá bajarse unos cuantos puntos de soberbia, dejar de tratar a sus potenciales socios con suficiencia y mostrarse más humano.
Una cosa está clara para lo que pase tras el 26 de Junio: un gobierno progresista pasara por la unión de PSOE y Podemos, sea Sánchez o Iglesias quien encabece ese gobierno.
De nada servirá quemar puentes en campaña para reconstruirlos tras las elecciones. Bastante mal paradas han salido de este envite las relaciones entre los dos partidos. El vaso está roto, eso está claro. Ahora sólo queda no cortarse con los cristales.
Imperator Caesar Cerverius

miércoles, 13 de abril de 2016

EL TRATO QUE NUNCA PUDO SER


Derecha + Centro derecha, Centro derecha + Centro izquierda, Centro izquierda + Izquierda... No importa la combinación que se intente, ninguna suma los 176 escaños necesarios para una investidura.
Si bien esto es cierto, sí que hay una posibilidad, la del Centro izquierda + Izquierda, que se queda más cerca que las demás. Desgraciadamente, esta posibilidad ha sido torpedeada desde el principio por todos los partidos implicados:
Torpedeada por el PSOE, que demonizó desde el primer día al partido morado e intentó chantajear para que les apoyasen, a cambio de nada, como si fuesen los únicos salvadores posibles frente a la derecha.
Torpedeado por Podemos, que utilizó palabras excesivamente duras, expuso líneas demasiado rojas y mostró una inmensa desconfianza frente a unos deseados socios que creyó que pasarían por el aro sí o sí.
Torpedeado por el aparato del PSOE, con Susana Díaz a la cabeza, que prácticamente prohibió a Pedro Sánchez formar gobierno con Iglesias.
Torpedeado por Iglesias, que con el ego herido por el "contigo no, bicho" del Secretario General del PSOE, tardó en entrar en las negociaciones y poco duró en salirse de ellas.
Y, finalmente, torpedeado por quien menos tenía que decir en el asunto, por quien su limitado número de diputados les debería condenar al ostracismo, por quien consiguió poner cara de poker y hacerles creer a los demás que eran imprescindibles en cualquier acuerdo: Ciudadanos.
Y en estas andamos, con la cuenta atrás cercana a su fin y con la convocatoria de elecciones casi imposible de evitar.
Así, el Partido Socialista se lanzó a un acuerdo con Ciudadanos que ha resultado ser más intocable que la Carta Magna. Aún sabiéndose insuficiente, Pedro Sánchez se presentó en el Congreso con 131 diputados y la apelación al resto de grupos de que sacasen su deber de Estado y le hiciesen presidente. Así,  como el que pide la Luna y espera que se la den. La pregunta es: ¿Por qué no se presentó Sánchez con 161 diputados de un hipotético acuerdo de izquierdas? Al fin y al cabo, sin tener el éxito asegurado, siempre habría estado más cerca de la investidura.
En vez de eso, prefirió presentarse con mentiras que, a día de hoy, muchos siguen creyéndose.
Mentiras como que bastaba con que Podemos se abstuviese para que Sánchez fuese presidente. Mentiras como que el acuerdo del 161 reposaba la gobernación de España en manos de los nacionalistas. Mentiras como que el acuerdo con Ciudadanos expulsaría todas las políticas del PP y reformaría las instituciones.
La verdad, sin embargo, es muy diferente.
La verdad es que con la abstención de Podemos, Sánchez seguiría teniendo más noes que síes. La única posibilidad sería que los de Iglesias apoyasen un acuerdo al que no se les invitó y que choca frontalmente con sus ideas. Y eso es mucho pedir.
La verdad es que acudir a una investidura con 161 diputados no reposa nada en los nacionalistas. Cada grupo es libre para votar lo que quiera (faltaría más) y sí éstos quieren apoyar o abstenerse aun sin haber negociado nada, son perfectamente libres de hacerlo. ¿Por qué no se buscó la abstención de Ciudadanos al 161 en vez del sí de Podemos al 131? ¿Por qué si Podemos no apoya el acuerdo está bloqueando el cambio pero si Ciudadanos veta a Podemos en el gobierno es totalmente normal?
Y, finalmente, la verdad sobre el acuerdo "reformista" de PSOE y Ciudadanos. Acuerdo que cada uno vende de una manera. Para el PSOE, deroga la reforma laboral, ley de educación y ley mordaza. Para Ciudadanos sólo matiza algunas partes de las mismas. De igual manera, se vende una gran reforma institucional sin tener en cuenta que, para la mayoría de ellas, se requiere el apoyo del PP.
La verdad absoluta es que, los que tenían que ceder, no han cedido; los que tenían que dar, no han dado; y los que querían emponzoñar, han emponzoñado.

Como decía el Maestro Yoda: Mentiras, engaños, crear confusión... Imposible de ver el futuro es.
Imperator Caesar Cerverius

miércoles, 23 de marzo de 2016

LOS PELIGROS DE LA GRAN COALICIÓN


Partido Popular, Ciudadanos y algunos antiguos dirigentes del Partido Socialista (incluso varios de los nuevos) se deshacen en elogios ante la perspectiva de lo que se ha venido a llamar "La Gran Coalición". Pedro Sánchez es, en principio, reacio a esta medida pero, ¿hasta cuándo aguantará la presión de propios y extraños?
Si bien, a priori, podría pensarse que un gobierno de gran coalición podría contentar a muchos y representar a un amplísimo espectro electoral, la verdad es que la mayoría se sentirían, con total seguridad, defraudados. El votante del PSOE, por ejemplo, cuando deposita su papeleta, no lo hace para que izquierda y derecha se junten, sino para llevar a cabo medidas de progreso y bienestar social.
Los dirigentes socialistas deberían tener cuidado porque, traicionar su ideología, les podría salir caro.
Los defensores de la Gran Coalición se vanaglorian exponiendo los casos que ocurren en toda Europa de gobiernos similares, pero callan una cosa importante: a la izquierda no le ha ido bien después de pactar con el diablo y venderse a la derecha.
Repasemos los antecedentes:
En Alemania, el SPD (Partido Socialdemócrata de Alemania), tras varios años en el gobierno, redujo su representación en el Bundestag (Parlamentario Federal) al 34,2% en las elecciones de 2005, tras adoptar varias medidas impopulares. Tras estos malos resultados, firmó una gran coalición con el partido ganador, la CDU de Angela Merkel. Este pacto no debió de gustar a los votantes socialistas porque, en los siguientes comicios de 2009, el SPD cayó hasta el 23%. No siendo necesarios ya para Merkel los socialdemócratas, la canciller gobernó con sus socios naturales, los liberales.
En 2013, el SPD creció ligeramente hasta el 25%, reeditando la gran coalición con la derecha. La interpretación de los votantes es clara ya que, en las elecciones de algunos lander (regiones autónomas) celebradas la semana pasada, el Partido Socialdemócrata ha caído estrepitosamente.
En Grecia, el PASOK (Movimiento Socialista Panhelénico) gobernó durante décadas bajo la dirección de Papandreu. Tras un gobierno de Nueva Democracia (derecha), en 2009 recuperó la mayoría absoluta. De nuevo, medidas impopulares hicieron que, en 2012, cayesen a un 13% (elecciones que se repitieron meses después bajando al 12%). Los socialistas decidieron coaligarse con Nueva Democracia.
En las últimas elecciones de 2015, que ganó Syriza, el PASOK obtuvo un paupérrimo 4,7%.
Finalmente, analicemos el caso de Gran Bretaña. El Partido Liberal del Reino Unido obtuvo su máximo esplendor entre 1870 y 1920. Durante esa época sirvió como contrapeso al Partido Conservador (el Partido Laborista no nacería hasta 1900).
En 1906 consiguió su última victoria sin necesidad de pactar.
Durante la Primera Guerra Mundial, los liberales formaron una gran coalición con los conservadores que reeditaron en 1918. Pero, en 1922, la victoria conservadora marcaría el inicio del declive liberal. A decir verdad, este partido terminó desapareciendo, fusionándose con el Partido Social Demócrata, dando lugar al Partido Demócrata Liberal que opera hoy en día.
Analizando estos precedentes, en PSOE debería sacar unas cuantas cosas en claro:
1 - Tener 140 años de historia no te garantiza otros 140.
2 - Traicionar a tus votantes sale caro.
3 - Aliarse con la derecha, en el pacto más anti-natura que puede imaginarse, sólo lleva a desvirtuar tus ideas, formar un gobierno que no hace progresar al país y, de cualquier forma, hace que los electores terminen decantándose por uno de los dos partidos de esa coalición (normalmente por el que ejerce la dirección de gobierno).
Si después de todo esto, Pedro Sánchez edita un acuerdo PP-PSOE-C's, habrá girado el tambor, con una sola bala, del revolver con el que jugará a la ruleta rusa apuntando a su propio partido.

Imperator Caesar Cerverius

domingo, 6 de marzo de 2016

FALLINVESTIDURA


Llegó, vió... y perdió. Pedro Sánchez llegó a su sesión de investidura el pasado 2 de marzo, y posteriormente el 4, pero no consiguió pasarla. Lo más paradójico es que él sabía perfectamente que no iba a tener los apoyos necesarios.
Con un acuerdo firmado con Ciudadanos unos días antes, Sánchez se presentó en el Congreso de los Diputados con 131 "síes" bajo el brazo (pues Coalición Canaria se sumó al acuerdo aunque, al final, su apoyo se tradujo en abstención).
En los más de 70 días desde las elecciones del ya lejano 20 de diciembre, el Partido Socialista no ha hecho nada para conseguir la investidura. Es como si quisiera auto-sabotearse (algo que en el PSOE no es de extrañar).
Al principio, no paró de poner trabas a Podemos (su aliado natural) haciendo un pacto con PP y C's para repartirse los puestos de la Mesa del Congreso; negando la posibilidad, a las confluencias, de tener grupo propio; o mandando al grupo parlamentario morado al "Gallinero" en la distribución  de diputados en la Cámara (maniobra que luego se corrigió).
Poco antes de la investidura, el PSOE aceptó, a regañadientes, una reunión a 4, propuesta por Alberto Garzón, entre el Partido Socialista, Podemos, Izquierda Unida y Compromis. En una burda simulación de interés por formar un acuerdo de izquierdas, el PSOE acudió a la reunión al mismo tiempo que, en otra sala del Congreso, mantenía un encuentro con Ciudadanos. La mentira se hizo más patente, si cabe, en la persona de Garzón cuando, al extenderse los rumores de pacto con la formación naranja, se enfrentó a dirigentes socialistas y éstos le negaron cualquier tipo de acuerdo con los de Rivera. Al día siguiente, Rivera y Sánchez escenificaron su unión.
El líder socialista creyó que con sus 131 diputados y un chantaje a Pablo Iglesias acusándoles de que iban a hacer "pinza" con el Partido Popular, bastarían para que los emergentes se amilanasen y facilitasen su investidura con la abstención. Pero los de Podemos pueden ser nuevos, pero no tontos. Para ellos, sus ideas e iniciativas valen mucho y no van a plegarse ante las incitaciones de Sánchez.
El Partido Socialista ha intentado desprestigiar la imagen de Podemos argumentando que los morados sólo querían sillones, pero fue Pablo Iglesias quién salió el 21 de diciembre con una serie de propuestas que no obtuvieron respuesta por parte del partido de la rosa.
Pedro Sánchez está convencido de que 90 diputados dan para un gobierno "monocolor", pero Iglesias le recuerda que, con sólo 300.000 votos de diferencia entre las dos formaciones, lo que toca es un gobierno de coalición.
Desde el día 2 de marzo, se abre una ventana de dos meses hasta el segundo de mayo para buscar la investidura. Rajoy intentará reconquistar a Ciudadanos. Sánchez tendrá que decidir si se mantiene en su papel victimista, acusando a quienes no quieren apoyarle, o buscar en la izquierda su ansiada presidencia. Chantajes como el de la "pinza" o amenazas de retirar su apoyo en los ayuntamientos del cambio (como ya se ha oído) no funcionarán con Iglesias. Además, frente a este último argumento, lo mismo podría hacer Podemos en las Comunidades Autónomas en las que el PSOE gobierna con el permiso de los morados.
Sánchez tendrá que aceptar que su única oportunidad de investidura pasa por el acuerdo de izquierdas, que tendrá que dejar de demonizar a los nacionalistas catalanes (pues sus votos valen tanto como los del PSOE) y que habrá que afrontar el conflicto catalán de alguna forma (con o sin referéndum).
Si el líder socialista consigue madurar lo suficiente como para entender esto, puede que se convierta en el séptimo presidente de la democracia reciente. Si no, habrá que repetir elecciones y nos veremos el 26 de junio.

Imperator Caesar Cerverius

jueves, 25 de febrero de 2016

CONSPIRACIÓN, PÓLVORA Y TRAICIÓN


Recuerden, recuerden, el 5 de noviembre. Conspiración, pólvora y traición. No veo la demora y siempre es la hora de evocarla sin dilación.
Así suena la tonadilla que hace referencia a "La conspiración de la pólvora", en la que Guy Fawkes intentó, en 1605, dinamitar el Parlamento Británico.
En el futuro, quizá sea el 24 de febrero el día que se recuerde pero, esta vez, como la fecha en la que Pedro Sánchez traicionó a la izquierda española.
Las elecciones del 20 de diciembre arrojaron unos resultados que devolvió la ilusión a millones de votantes de izquierdas hastiados de cuatro años de absolutismo del Partido Popular. Pedro Sánchez era jaleado como el hombre llamado a liderar el "Gobierno del Cambio". Tras más de dos meses de conspiraciones, mentiras, medias verdades y juegos de despiste, habrá que congratularse si al menos se llega a un cambio de gobierno.
Con el acuerdo firmado entre PSOE y Ciudadanos, la posibilidad de una coalición de izquierdas se esfuma.
Durante un tiempo, el líder socialista ha jugado con Rivera e Iglesias como el jovenzuelo que sale con dos chicas a la vez. A los dos hizo promesas y certificó su compromiso de llegar a un acuerdo pero, al igual que PP y PSOE son incompatibles, Podemos y Ciudadanos no lo son menos.
Sánchez ha elegido, al menos a priori, la opción con menos posibilidades de fructiferar. Los 130 diputados que suma la coalición rojo-anaranjada distan mucho de alcanzar una mayoría suficiente para investir al candidato socialista. Para conseguir ese objetivo deberán buscar la abstención de Podemos o del Partido Popular, a cada cual más complicada.
Rajoy sigue con esperanzas (es el único que las mantiene) de seguir como presidente de gobierno. Por mucho que Rivera le venda las virtudes del pacto, jamás colaborará para que el que ha quedado por detrás de él sea invertido.
Podemos no está mucho más cerca. La elección de Rivera por parte de Sánchez ha sido un "contigo no, bicho" en la cara de Pablo Iglesias.
Un gobierno PSOE-PODEMOS-C's está descartado por el veto de los emergentes. Uno PSOE-C's haría que al líder de la formación morada se le llevasen los demonios. Una repetición de elecciones abocaría a un resultado muy incierto y que no aseguraría el desbloqueo parlamentario.
Podemos tendrá que pensar muy mucho lo que hacer; si votar no, dejar que Sánchez fracase y buscar un acercamiento durante los dos meses restantes antes de la disolución de las cortes; o abstenerse, dejar gobernar a la nueva coalición y realizar una oposición de acoso y derribo, desde la izquierda, a la espera de un más que probable adelanto electoral.
Sea como sea, si Sánchez resulta finalmente elegido, en sus manos estará devolver a su partido a la gloria de los viejos tiempos o poner la losa que le falta para su entierro.
Imperator Caesar Cerverius