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miércoles, 24 de mayo de 2017

LA VENGANZA DE LAS BASES


Érase una vez un líder político cuyas ideas no gustaban a sus compañeros. Este líder no era uno cualquiera, sino el primero que había alcanzado su puesto por elección directa de los militantes. Él creía en la nueva política, en consultar a las bases y en impedir los gobiernos corruptos de derechas. Pero un buen día, los que le ayudaron a llegar al poder creyeron que, por el hecho de haberle ayudado, tenían derecho a tutelarle y marcarle los pasos a seguir. Estos "compañeros" no compartían la renovación buscada por el líder. Ellos eran más de seguir como los últimos 140 años: familias políticas, endogamia y gobierno de unos pocos. La máxima representante de esta corriente era una joven sevillana que había llegado a dirigir una comunidad autónoma. Como era aclamada en su región, creyó que el resto del país se contagiaría y la entronizarían. Ella era la favorita de las élites. Como representante de las viejas políticas, empresarios y medios de comunicación la preferían, pues con ella estaba asegurada la continuidad de sus privilegios.
La líder andaluza empezó a acosar más y más al secretario general hasta que por fin le hizo caer. Todo salía a pedir de boca.
Una gestora se encargaría de la dirección del partido hasta que se convocase un congreso y unas primarias para ocupar el cargo vacante. Pero esta gestora no era independiente, sino que estaba plagada de afines a la sureña. De esta forma se controlaron los tiempos y se forjaron las condiciones que más favorecían a la líder en la sombra.
Pero el antiguo secretario general caído volvió de su destierro y prometió plantar batalla. Empezó a acudir a actos y a recaudar dinero para su campaña. Sus adversarios, desconectados de la realidad, le subestimaron y creyeron que haría el ridículo, pues ellos planeaban un desfile militar para la andaluza. Pero las bases, que se sentían traicionadas porque la gestora había regalado el gobierno de la nación a la derecha corrupta, se entregaron fielmente al ex-dirigente.
Llegaron las primarias y la aspirante salió derrotada. Su cara, y la de sus allegados, era una mezcla de tristeza e incredulidad. Como si no supiesen qué había ocurrido.
Dirigentes territoriales, diputados, senadores, incluso ex-presidentes del gobierno que abandonaron su imagen de figura neutral para apostar por la andaluza, han quedado expuestos por la agresividad mostrada durante la campaña contra el ganador.
En las manos del reelegido secretario general estará ser magnánimo, hacer borrón y cuenta nueva e integrar a todas las sensibilidades o sacar las guadañas y empezar a cortar cabezas. Lo primero significaría hilvanar la aguja destinada a coser los desgarrados retales del partido. Lo segundo, verter más sangre a una ya excesivamente desangrada organización. Lo uno o lo otro se resolverá en el próximo relato.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Imperator Caesar Cerverius

lunes, 15 de mayo de 2017

EL CHISTE SIN GRACIA


Un vasco, un madrileño y una sevillana entran en la sede del PSOE...
Podría ser el comienzo de un buen chiste, si no fuera porque, más que un chiste, es un drama. Uno de esos que, poco a poco, te calan y acabas llorando desconsoladamente. Un drama de intrigas, traiciones y apuñalamientos. Un drama que podría acabar con un partido centenario, o con él mismo dividido en dos. Y es que la guerra (la puta guerra, que diría Pérez-Reverte) sólo trae dolor y miseria.
La suerte está echada y, el que aún no tuviese decidido el sentido de su voto para las primarias socialistas del próximo domingo, el debate ofrecido por los candidatos a la secretaría general no va a resolverlo. Un debate en el que no ha podido verse nada nuevo.
La confrontación entre los aspirantes al sillón de Ferraz no ha dejado de estar desprovista de cierta ironía, pues se ha llevado a cabo en la misma sala que aquel fatídico 1 de octubre acabó con el mandato de Pedro Sánchez. Al madrileño se le han debido de revolver las tripas y ha tirado de guión para atacar a Susana Díaz: deslealtad, falta de proyecto de partido y abstención. Abstención, abstención y abstención. El sentido de voto que dio el gobierno al corrupto Partido Popular y por el que cayó el ex-líder del puño y la rosa.
La de Triana tampoco es que haya estado más original, echando en cara a Sánchez sus mentiras, bandazos y coqueteos con Podemos. La que fue aspirante a la espera de aclamación, después titiritera del novato madrileño y finalmente conspiradora para derrocarle ha perfilado un negro futuro para el partido en el caso de que el ex-secretario general recupere el poder. Seguramente los seguidores sanchistas dibujarán un porvenir tan oscuro, o peor, si la Presidenta de la Junta de Andalucía consigue cruzar Despeñaperros.
Y en medio, tanto real como figuradamente, se ha situado Patxi López. Con su talante moderado ha llamado a unir el PSOE desde la tolerancia a ambos bandos y ha reclamado para sí el timón por el que navegar a la reconstrucción de la socialdemocracia española. El vasco tampoco ha dicho nada nuevo de lo que viene repitiendo desde que saltase a la carrera por el liderazgo.
Los avales presentados hace unos días (59.000 Díaz, 53.000 Sánchez y 11.000 López) ponen de manifiesto varias cosas:
1 - Patxi López no va a ganar, pero tiene un número suficiente de seguidores para tenerlo en cuenta en el nuevo organigrama.
2 - Susana Díaz es incontestable en Andalucía, pero el resto de España está muy lejos de jurarle lealtad.
3 - Pedro Sánchez no está tan lejos de su archienemiga como para pensar que la batalla está decidida.
Ni el más aventajado de los demoscópicos (los independientes, al menos) se arriesgaría a adelantar un resultado. Cualquier cosa podría pasar.
Normalmente suele decirse aquello de "el que ríe el último, ríe mejor", pero en este caso, el que ría el último quizá tenga también que llorar por ser el encargado de poner la tapa al féretro del partido más antiguo de la historia de España.

Imperator Caesar Cerverius

jueves, 30 de marzo de 2017

TRES SON MULTITUD

Aleluya!
Todos podemos entonar la canción de Leonard Cohen porque, tras años de maquinaciones, amagos e intentonas, Susana Díaz, alias "La Más Grande", se ha decidido a dar el paso y competir por la secretaría general del PSOE. Y, como la Reina del Sur que es, no podía hacerlo de forma sobria, claro. Como si de una boda real se tratase, ahí se encontraba la flor y nata del socialismo español. Ex-presidendes del gobierno, ex-secretarios generales, ex-ministros, presidentes autonómicos, alcaldes, diputados, senadores... Todo el aparato del partido rendido a los pies de la presidenta de la Junta de Andalucía. Por mucho que Javier Fernández se ausentase del acto para representar la neutralidad de la Gestora que dirige, está claro que la misma ha trabajado desde el minuto uno, aquel fatídico 1 de octubre que será la vergüenza de Ferraz durante años, para que la trianera llegase a lo más alto.
Desde las políticas ejecutadas por el grupo parlamentario socialista hasta los tiempos manejados para la celebración del Congreso Federal y las primarias, todo ha sido determinado para que se moldease a Susana Díaz.
Está claro que, de elegirse secretarios generales como antiguamente, por el método de los delegados, la andaluza ganaría por goleada. Su control del partido y de la mayoría de barones es total. Pero, hace tres años, el que ahora ejerce como telonero suyo, Eduardo Madina, exigió que el máximo dirigente de la organización se eligiese por el método de "un militante, un voto". Eso inclina, o al menos iguala, la balanza hacia Pedro Sánchez.
El madrileño ha sabido rentabilizar el "No es No",que en su día le alejó de Ferraz, para meterse a las bases en el bolsillo y lograr mantenerse como favorito para recuperar el sillón del puño y la rosa.
La incógnita está en si los militantes se mostrarán independientes al orientar su voto o se someterán a lo que les indiquen sus dirigentes territoriales (como ya pasó en 2014).
De momento, el sistema de donaciones a través de crowdfunding, llevado a cabo por Sánchez, muestra el enorme apoyo que posee. Su discurso se ha vuelto mucho más de izquierdas, mostrando su predisposición a pactar con Podemos y prometiendo devolver al partido al lugar que le pertenece.
El tercero (y, salvo sorpresa, el último) en discordia es Patxi López. Aunque las encuestas le ponen en segunda posición, la realidad es que ésto es cosa de dos y él no es uno de ellos.
El ex-lehendakari ha ido poco a poco sumando apoyos y demostrando con su talante conciliador que, seguramente, sería lo que necesita el PSOE para curar heridas y rehacerse. Pero, mal que le pese, el vasco no levanta las pasiones necesarias para arrollar a sus competidores.
Son varias las voces que reclaman a Sánchez y a López que junten en una sus candidaturas, ya sea encabezándola uno u otro pero, de momento, ambos hacen oídos sordos.
La fecha más probable para la celebración de las primarias es el 21 de mayo.
La guerra está servida en el Partido Socialista y la primera batalla será la recogida de avales. Cada candidato deberá recoger, al menos, un 5% de firmas sobre el censo socialista. Se supone que ninguno de los tres tendrán problemas para juntar las alrededor de 9000 rúbricas necesarias pero, una vez más, al igual que en las pasadas primarias de 2014, los candidatos no se limitaran a recoger esa cantidad. El monto total de avales de cada uno permitirá, al que más consiga, sacar músculo y marcará la tendencia de cómo irán las votaciones.
El equipo de Sánchez ya se está tapando la herida antes de sangrar y manifiesta que muchos militantes avalarán a Díaz para mantener las apariencias pero luego votarán por ellos. O bien estos dirigentes son unos ingenuos o directamente unos mentirosos, pues la carambola que argumentan no se sostiene. Ya sea por lo uno o por lo otro, ambas son cualidades a las que cualquier aspirante deberá renunciar si pretende dirigir este partido con más de 135 años de historia.
                         
                         Imperator Caesar Cerverius

domingo, 22 de enero de 2017

UN DÍA EN LAS CARRERAS


Bang! El pistoletazo de salida ya se ha dado y la carrera por la secretaría general del PSOE ha empezado.
El primer corredor en tomar la delantera ha sido Patxi López (Barakaldo, 1959). Al ex-lehendakari y ex-presidente del Congreso se le tiene como hombre de consenso y leal al partido. Por otra parte, durante los últimos años, ha sido un hombre de Pedro Sánchez y ha criticado la abstención que permitió la investidura de Mariano Rajoy. Su candidatura podría aglutinar desde los desencantados con el actual PSOE hasta los que no terminan de fiarse de Susana Díaz.
En política, el candidato que se postula demasiado pronto suele quemarse y no llega hasta la meta pero, en el caso de López, esto no tiene por qué ocurrir necesariamente. El hecho de haber tomado la iniciativa el primero puede hacer ver que hay alternativa a La Reina del Sur más allá de Pedro Sánchez.
El ex-secretario general, que siempre se le ha dado por supuesto candidato a las primarias, podría renunciar a ello si va perdiendo apoyos en favor del vasco. Además, cada día que pasa, el madrileño cae más en el olvido y el relato de su oposición frontal a Rajoy se va diluyendo en la historia.
Por otro lado, si López hace una demostración de fuerza y varios barones se le van sumando, la regente del Palacio de San Telmo podría pensárselo dos veces y quedarse en su reducto, más allá de Despeñaperros, a esperar una oportunidad más clara.
La presidenta de la Junta de Andalucía todavía es joven, tan solo tiene 42 años. Un tropiezo en las primarias contra un candidato sólido podría dar por finalizada su carrera a nivel nacional. La trianera, por altiva que parezca, es cobarde en la confrontación. Siempre ha sido más de aclamación en un congreso que de pelea en unas primarias, así que no dará un paso en falso. De esta forma, Patxi López podría, de un plumazo, haberse librado de sus dos rivales con más posibilidades.
En sí, la candidatura del vizcaíno está bien amueblada. Pretende corregir el rumbo centrista que ha adquirido el PSOE últimamente y devolverle a la posición que le corresponde en la izquierda. Además, ve con buenos ojos el autogobierno de las comunidades autónomas, con lo que podría abogar por el federalismo como respuesta a la crisis territorial. Lejos de ser un desconocido, López tiene una buena imagen en toda España tras haberse convertido, en el pasado, en el primer lehendakari no nacionalista. Y, por último, de los tres candidatos en liza, sólo él posee un escaño en el Congreso de los Diputados, de forma que sería el único que podría enfrentarse de tú a tú con Mariano Rajoy.
El Comité Federal del pasado sábado fijó el Congreso del partido para el 17 y 18 de junio y las primarias para ser celebradas en el mes de mayo. De aquí a entonces veremos si Díaz y Sánchez se presentan (como siempre se supuso), si se postula algún desconocido (que reuna los avales necesarios) o si Patxi López se erige, finalmente, en el campeón del partido de la rosa capaz de curar las aún sangrantes heridas del socialismo español.
Imperator Caesar Cerverius


sábado, 3 de diciembre de 2016

EN BUSCA DEL ALMA PERDIDA


Tiempos convulsos sacuden al socialismo español. El PSOE, con 137 años de historia y varios gobiernos en su haber, se encuentra en manos de una gestora tras derrumbar a su secretario general. Gestora que, por otro lado, está presidida por todo un referente ideológico dentro del partido como Javier Fernández. Esto sería un punto a favor para la reconstrucción de la organización si no fuera porque el asturiano no es sino un títere en manos de Susana Díaz.
Una verdadera corte de andaluces desembarcó en Ferraz desde el momento en que la gestora tomó las riendas. Ellos son los que ostentan el poder real en el partido. Su intención no es otra que la de controlar los tiempos y las políticas para facilitar la entronización de la "Reina del Sur". Pero, sea cuando sea, el congreso que elija al próximo secretario general obedecerá el resultado de unas primarias que voten los militantes.
Hasta ahora, hay dos candidatos declarados: Susana Díaz y Pedro Sánchez. A ellos se les ha sumado un tercero que, sin postularse completamente, ha enseñado la patita: Patxi López.
Tanto Díaz como Sánchez están invalidados para dirigir el Partido Socialista. La una es responsable del golpe de estado que tumbó al ex-secretario general. Toda esa serie de artimañas utilizadas hasta hacer caer a su líder dan la impresión de que la inquilina del Palacio de San Telmo no es de fiar. A parte, sus formas totalitarias incomodan a buena parte del PSOE. No tiene, ni de lejos, el apoyo del resto de barones, sólo de algunos, y sus maniobras durante los últimos años, maquinando para alcanzar el poder, le han dado una imagen oscura en todo el país.
El otro, Sánchez, ha demostrado que es nulo como dirigente. Ha gobernado el partido durante dos años con total incapacidad y poniendo a los dirigentes territoriales en su contra. Su empeño por hacerse investir presidente fue infructuoso. Primero, aliándose con Ciudadanos sin asegurarse el suficiente número de apoyos para llegar a La Moncloa. Después, con un tímido acercamiento a Podemos que fue cortado de cuajo por el Comité Federal. Aun en el hipotético caso de que Sánchez ganase las primarias, seguiría teniendo a la mitad de su partido en contra, y eso es una herida que el PSOE no puede permitirse.
Patxi López, sin embargo, es un hombre de consenso. Su ascenso a lehendakari, después de largos años del PNV, fue un logro aplaudido por todas las fuerzas constitucionales tanto en el País Vasco como en el resto de España. Se le tiene como persona seria y, aun habiendo sido un hombre de Sánchez, puede aunar a las diferentes familias.
No obstante, ¿es López el revulsivo que el Partido Socialista necesita para volver a erigirse en principal partido de la izquierda y alternativa de gobierno? ¿Tiene el carisma suficiente para frenar la sangría que le roba votos al PSOE, Rivera por la derecha e Iglesias por la izquierda?

Por el momento, la gestora no tiene prisas por convocar el próximo Congreso Federal. Quizá, de aquí a entonces (a este ritmo puede pasar mucho tiempo), surja de entre las sombras un campeón que una a todas las facciones de la organización, que consiga reconciliarse con el pueblo, que conecte la voluntad ciudadana con las políticas del partido, que genere la ilusión necesaria para que la gente le siga y que, finalmente, logre aunar a todas las almas perdidas del socialismo español.

lunes, 24 de octubre de 2016

EL MAL MENOR


Abril de 2002, Francia. En la primera vuelta de las elecciones presidenciales, cuyo candidato más votado fue Jaques Chirac, el líder de extrema derecha, Jean Marie LePen, arrebató la segunda posición, sorprendentemente, al socialista Lionel Jospin, que quedó fuera de la pugna por la presidencia en la segunda vuelta. Los votantes de izquierdas tuvieron que decidir entre dos opciones:
- El mal menor: Votar al candidato de derechas, Chirac, para frenar a LePen.
- El mal mayor: Abstenerse y dejar abierta la posibilidad de que el líder de extrema derecha se hiciese con la presidencia de la República.

La mayoría de los electores socialistas hicieron “de tripas corazón” y fueron a votar a Chirac frente a un peligro real.

Octubre de 2016, España. El Comité Federal del PSOE, el mismo que dos semanas antes tumbó a su secretario general y que dos meses antes votó en bloque por el “NO” a Rajoy, cambia su voto a la abstención. Los promotores de esta medida argumentan que también tienen que elegir entre el mal menor de investir a Rajoy presidente o un mal mayor, ir a terceras elecciones. Poco les ha importado que su militancia se haya mostrado mayoritariamente dispuesta por el “NO”. Más les importará, aunque no lo reconozcan, la oleada de bajas que ya se están produciendo en el partido; por no hablar de los miles de votantes que pueden perder en próximas elecciones. Ese “mal menor” o “mal mayor” no son peligros reales, sino circunstancias creadas por el mismo Partido Socialista o varios de sus barones.

La inactividad desde el 26-J, el coto al que se sometió a Pedro Sánchez para negociar con Podemos una mayoría alternativa y el juego de ajedrez que se ha producido en el seno de la organización, han sido las verdaderas razones de encontrarnos a menos de una semana de la disolución del Parlamento.

El Comité Federal del PSOE no es hoy otra cosa que un cortijo gobernado por la Federación Andaluza con el único objetivo de allanar el camino a la todopoderosa Susana Díaz para recomponer los pedazos rotos del Partido Socialista. Pero, cuando ella llegue (si es que llega), ¿quedará algo que recomponer, o se encontrará con las cenizas de un partido centenario que se ha quemado a lo bonzo?
Muchos son en el PSOE los que temen el desembarco de la “Reina del Sur”. Son sus manera, sus políticas y sus coqueteos con Ciudadanos lo que hacen temblar a los que creen que dirigirá el partido con brazo de hierro y con un totalitarismo que dejará a César Luena (antiguo secretario de organización) como un conciliador.

Venga lo que venga, nadie sabe si en los dos, tres o cuatro años que tenga Rajoy por delante, el Partido Socialista será capaz de volver a hacerse con la hegemonía de la izquierda o estos serán los últimos coletazos de un partido que nació para el pueblo y que murió cuando se olvidó de él.

                                                                                                                                     Imperator Caesar Cerverius

jueves, 6 de octubre de 2016

MARIONETA ROTA


En la antigua República de Roma, antes incluso de Sila, Mario o César, existía un sentimiento entre la población, ya fuera entre las élites o entre el pueblo llano, que era “lo primero es Roma”. Lejos de intereses personales egoístas, existía ese sentimiento patriótico que les hacía ver que ellos eran meros ciudadanos de una cosa mucho más grande. Esto les hacía alistarse en las levas cuando se producía un reclutamiento, jurar una ley aunque no estuviesen de acuerdo con ella o servir a un general aunque no sintieran simpatía por él. El motivo principal era siempre el mismo: ROMA.
Con la Tardorrepública llegaron los intereses personales. Generales que ponían por delante su carrera al interés del Estado, senadores que se movían por motivos egoístas en vez de mirar por el bien de la República, etc. Algo así es lo que sucedió con el PSOE.
Hubo un tiempo en el que el Partido Socialista se movía por sus ideas, las defendía a ultranza, conectaba con la ciudadanía y, cuando no lo conseguía y los resultados electorales le eran adversos, el líder, que es el responsable último, dimitía.
Como un equipo de fútbol que no puede despedir a toda su plantilla se desprende de su entrenador, el secretario general presentaba su renuncia, sin que nadie se lo pidiese. Un mero hecho de responsabilidad política. Pero hace mucho que eso se perdió.
En el devenir histórico del PSOE se cruzó una joven andaluza con una ambición descontrolada y ningún éxito electoral en su haber. Aun a pesar de estos hándicap, todo el partido la consideraba como el futuro del socialismo español. Pero, en ese destino que ella esperaba asumir por aclamación del partido, se interpuso Eduardo Madina. El vasco, con más de diez años como diputado nacional, varios de ellos como secretario general del grupo parlamentario, y favorito de Zapatero para el puesto durante mucho tiempo, no sólo se presentó a las primarias para dirigir el PSOE, sino que exigió que se realizasen a través del sistema “un militante, un voto”, en contraste con el sistema de compromisarios utilizado hasta el momento.
La andaluza, aun habiendo llegado a la presidencia de su comunidad autónoma (no por victoria electoral, sino por sucesión del anterior dirigente), temió una derrota que pondría punto y final a sus aspiraciones de presidir algún día la nación. Por eso se decantó por elegir a un campeón al que apoyar y que le mantuviese el sillón de la secretaría general hasta que llegase su momento.
Pese al sistema de voto directo, el aparato influenció lo suficiente a los militantes en cada región como para que un desconocido sin apenas experiencia, como Pedro Sánchez, favorito de Susana Díaz, tumbase a Madina.
Los primeros pasos de Sánchez no fueron sino dirigidos, como si de una marioneta se tratase desde más allá de Despeñaperros por la “reina del sur”. Pero, poco a poco, el madrileño fue cortando las cuerdas que le convertían en títere y fue actuando de forma independiente. Él tenía sus propios intereses personales y, aun con la sangría de votos que estaba trayendo al partido elección tras elección, se aferraba al cargo y no pensaba en abandonarlo.
Fue entonces cuando se produjo el golpe. La todopoderosa dirigente de San Telmo tiró de sus hilos y la mayoría de los barones territoriales se alinearon con ella. Se produjo una dimisión en masa de la ejecutiva con la intención de llevarse al secretario general por delante, pero él siguió aferrado al cargo.
Hizo falta un comité federal (máximo órgano entre congresos con unos 250 dirigentes de todo el estado, entre los que se encuentran diputados, barones, exsecretarios y dirigentes de toda la índole) para solucionar el asunto. Tras más de doce horas a cara de perro, discusiones, conversaciones acaloradas, vuelo de cuchillos y un espectáculo bochornoso que pudo ver todo el país, lograron deponer a Pedro Sánchez, formar una gestora que dirigiese el partido hasta el próximo congreso federal y evidenciaron una total sensación de partido roto.
Con unas posibles elecciones a la vuelta de la esquina, ¿qué votante en su sano juicio confiará su papeleta a unos personajes que no pueden ni gobernar su propio partido? Quizá esta guerra civil fratricida les costase mucho más que un secretario general. Al fin y al cabo, otro fracaso electoral no parece un castigo excesivo para los que se atrevieron a jugar al “juego de tronos” con un partido centenario, con una ideología política y con el destino de toda una nación.

Imperator Caesar Cerverius

martes, 9 de febrero de 2016

CON CARA DE POKER


Hay una palabra que, últimamente, se está utilizando mucho dentro del juego de pactos en el que estamos inmersos: Tacticismo. Se define como ‘Método que intenta el logro de un objetivo a través del uso de disposiciones planeadas a conciencia’. Peyorativamente, se refiere a planificar maquiavelicamente los movimientos políticos en la búsqueda del beneficio.
Como en una partida de poker, una vez repartidas las cartas, tienes que asumir la estrategia que vas a desempeñar. Si eres buen jugador, puede que ganes la partida aún sin tener la mejor mano.
El pasado 20 de diciembre, cada líder político recibió unos naipes y ahora toca sacarles el mejor partido.
Mariano Rajoy, con una jugada ganadora, ha decidido pasar. Él cree acertar esperando una nueva ronda, pero el resto de jugadores le dan por muerto.
Albert Rivera, sin tener jugada alguna, está intentando convencer al resto para que cuenten con él y le dejen seguir jugando. Todo lo que saque en limpio, será una ganancia para él.
Pablo Iglesias, con buena mano, pero no la mejor, juega lanzando órdagos. Presionando a Sánchez y adelantándose a sus movimientos. Así lo hizo tras las elecciones, saliendo inmediatamente a proponer un pacto de izquierdas; ofreciéndose como vicepresidente y nombrando ministros cuando Sánchez aún estaba reunido con el Jefe del Estado; y vetando cualquier negociación con el PSOE mientras éste siga en contacto con Ciudadanos. Es un juego agresivo, pero puede que el único que le permita ganar.
El líder socialista tiene la segunda mejor jugada de la mesa, pero se ve ganador. Con fingido desconcierto, está manejando perfectamente los plazos a su antojo. En menos de un mes, se enfrentará a la investidura. Si la consigue, sus problemas con el estado PSOE estarían resueltos. Nadie en su sano juicio le disputaría la secretaría general al presidente del gobierno. Si se le escapa, todavía contaría con dos meses para volver a intentarlo. La fecha sería elegida por el presidente del congreso, el socialista Patxi López, con lo que podría forzar el calendario hasta los últimos días. En tal caso, esa segunda sesión de investidura se solaparía con las primarias del Partido Socialista. La elección de Susana Díaz, de disputarle o no el liderazgo del partido, dependerá de las condiciones en que se encuentre Sánchez.
Por otro lado, aunque las encuestas adelantan un sorpasso de Podemos al PSOE en caso de repetición electoral, tampoco está todo el pescado vendido aún.
Si la investidura de Sánchez no se logra por una obcecación de Iglesias, el electorado podría castigar a Podemos. Y, de haber cambio de candidato en el PSOE, el votante de izquierdas podría decantarse por "la reina del sur", ese revulsivo que muchos socialistas creen que necesita el partido de la rosa. De modo que, quizá, Pablo Iglesias no debería perder la oportunidad del ahora por una (muy) supuesta mejora futura.
Así que, por mucho que se acusen unos y otros de tacticismo, nadie da puntada sin hilo. Todos miden muy bien sus movimientos. Y es que, como en el poker, hasta que todo el mundo no ha levantado sus cartas, no se sabe quién ha ganado.
Imperator Caesar Cerverius

domingo, 31 de enero de 2016

VOTAR CON CABEZA - VOTAR CON CORAZÓN


Cuando, a los 18 años, quise sacarme el carnet de conducir, me cayó en gracia un gran profesor de autoescuela, Antonio. Buen conversador, Antonio había tenido una vida apasionante. Nos pasábamos las horas de clase, él hablando y yo conduciendo. Una vez me dijo una perla que se me quedó grabada a fuego:
En la juventud, uno es de izquierdas, porque, si no, no se tiene corazón.
En la vejez, uno es de derechas, porque, si no, no se tiene razón.
Los antiguos dirigentes del partido socialista parecen haber olvidado, demasiado pronto, sus pasadas ideas progresistas.
El Felipe González de hoy nada tiene que ver con Isidoro, ese joven de chaqueta de pana que quería cambiar España y que se veía obligado a dar sus mítines en clandestinidad y bajo un extraño seudónimo.
Los pasados días hemos podido ver a ex-altos mandos del Partido Socialista, como Alfonso Guerra, Joaquín Leguina, José Luis Corcuera, o el propio González, intentar marcar a Pedro Sánchez la senda a seguir durante esta legislatura: renegar de Podemos, olvidarse de la investidura y apoyar a Rajoy en su reelección.
No importa que esos mismos días saliera a la luz un nuevo caso de corrupción en el Partido Popular (ya es difícil llevar la cuenta). No. Para ellos, son otros los peligrosos. Los que quieren destruir al PSOE, romper España y derrumbar la democracia. Estos jóvenes melenudos, piojosos y malolientes quieren aplicar en nuestro país el, en palabras del ex-presidente, "Leninismo 3.0" (quizá, algún día, nos ilumine con la explicación de esta doctrina).
El secretario general del PSOE, por su parte, no lo tiene nada fácil. Sólo tiene dos ojos, los cuales dedica, uno a buscar los apoyos para su investidura como presidente, y otro para mantener a los barones de su partido a raya. Con este difícil ejercicio de alineamiento ocular, es complicado dar en el clavo.
De un lado, ha conseguido (con relativo éxito) desactivar a los dirigentes regionales proponiendo someter a la militancia cualquier pacto de gobierno. No obstante, en la última consulta a las bases (la pasada elección a secretario general), se mostró un alineamiento entre los militantes y la senda marcada por los secretarios autonómicos.
Sea como sea, el 8 de mayo habrá primarias a Secretario General. Para entonces, puede que ya haya presidente o un pacto muy maduro para propiciarlo, así que Susana Díaz podrá meditar tranquilamente, y a expensas de las circunstancias, si se presenta.
El otro ojo, el de la investidura, no parece haberlo enfocado con tanto éxito. A la oferta de Pablo Iglesias de un gobierno de coalición, Sánchez ha respondido con un principio de acuerdo con Albert Rivera para un gobierno rojo-anaranjado y dejando fuera a la formación morada.
Quizá, el líder socialista cuente con un pactometro más actualizado que el de Antonio García Ferreras (director de "Al Rojo Vivo") porque, al menos a mí, no me salen las cuentas.

De esta forma, entre candidatos que declinan la investidura y otros que no alcanzan la suma necesaria (la suma posible no parece interesarles), todo parece abocado a unas nuevas elecciones. Así que, de momento, vayan pensándose a quién votarían.
Imperator Caesar Cerverius

martes, 5 de enero de 2016

LA TRAMPA DEL RATÓN


Érase una vez... una mujer que un día llevó un ratón a casa. Le dió de comer y animó a sus amigos a que también le alimentasen. Llegó el día en que el ratón se escapó de la jaula y quiso montárselo por su cuenta. Siguió viviendo en la casa, pero sin el control de la mujer. Se escabullía y, delante de las narices de la dueña, robaba comida y se regocijaba de ello. Se creía el amo. Llegó el momento en que la ama se hartó y puso una trampa. El ratón se abalanzó sobre el queso y ese fue su fin.
Esta historieta tiene su equivalente en la situación del PSOE de los últimos tiempos. La todopoderosa Susana Díaz apoyó (desde la sombra) a un desconocido Pedro Sánchez como Secretario General, frente a un Eduardo Madina que se atrevió a reclamar la participación de todos los militantes en la elección (vaya un sacrilegio).
No obstante, la ama (si no del PSOE entero, sí de la federación más numerosa) sólo pretendía ganar tiempo para su propio encumbramiento, de modo que colocó a un títere en el puesto y esperó a que él mismo cayese por su propio peso.
Cuál fue la sorpresa cuando, a pesar de las meteduras de pata del nuevo líder, las elecciones se fueron sucediendo y él aguantó en su sitio. La inquilina del Palacio de San Telmo (sede del gobierno andaluz) tuvo que ir postergando sus planes de motín (y de mudanza a la calle Ferraz de Madrid).
Primero vinieron las elecciones municipales y autonómicas. Aún a pesar de la pérdida de votos que sufrió el Partido Socialista, los comicios trajeron la recuperación (gracias a los pactos) de buena parte de gobiernos autonómicos y municipales que estaban en posesión del Partido Popular.
Luego llegaron las elecciones catalanas. El candidato socialista, Miquel Iceta, consiguió aguantar el embiste y, aún perdiendo representación, no fue para nada la debacle esperada. La sorpresa (a la baja) de Catalunya Si Que Es Pot (la coalición por la que se presentaba Podemos) hizo que el PSC se quedase como la tercera fuerza del Parlament.
Finalmente, terminaron celebrándose las generales. Terceras elecciones de 2015 y la prueba de fuego para el tambaleante secretario general. Una vez más, los votantes restaron apoyo al PSOE pero le dejaron al alcance (con una difícil carambola de pactos) de La Moncloa.
La presidenta andaluza salió rápidamente al ruedo para recomendar a Sánchez  que se quedara en la oposición y dejase gobernar al PP. Por supuesto, lo que no dijo es que en el siguiente Congreso Federal de los socialistas podía ir dejando su despacho vacío. Nadie en el PSOE imagina que Sánchez siga al mando sin obtener la presidencia del gobierno de la nación.
Ante la sugerencia de su antaño aliada, Pedro Sánchez optó por ignorarla y anunciar que buscaría ese pacto que le permitiese la investidura. Desde luego, el primero al que tenía que convencer es a Pablo Iglesias que, antes de que se pronunciase el líder socialista, ya estaba soñando con un nuevo periodo de izquierdas en España y un referéndum para Cataluña que solucionase el conflicto.
La "reina del sur" y su corte de barones autonómicos se pusieron a trabajar rápidamente en la manera de que ese pacto se hiciese imposible y convocar cuanto antes el Congreso Federal que pusiese fin a la etapa sanchista.
Tras un comité federal (máximo órgano del partido entre congresos) a cara de perro, los susanistas consiguieron poner la trampa que dará al traste con las aspiraciones de coalición: El PSOE no se sentarán a negociar con Podemos mientras la propuesta de referéndum no se retire. Y es que, si bien la formación morada podría haber rebajado sus exigencias en el asunto catalán a cambio de otros avances en dicha materia durante la negociación, claudicar de esa manera previamente a los contactos no es asumible por dos razones: una es que un partido nuevo como Podemos no se puede dejar mangonear desde fuera y tan públicamente. Y la otra es que los resultados obtenidos en Cataluña, donde Podemos fue primera fuerza, impide que los de Iglesias renuncien, de buenas a primeras, a un plebiscito del que han hecho bandera durante la campaña en esa región.
De forma que, ya sea temprano, sin la formación de ningún gobierno, o más tarde, tras una breve legislatura del PP, parece que la sombra de unas nuevas elecciones no va a desaparecer.

Imperator Caesar Cerverius