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domingo, 18 de junio de 2017

PERDER PARA GANAR


Un país en crisis, un gobierno inoperante, un partido asolado por los casos de corrupción y un presidente que no reacciona, pero que tiene una mayoría en el Congreso de los Diputados que le permite seguir con su inactividad. Frente a todo esto, un líder político que, aun sabiendo que no le dan los números y que su propuesta va a fracasar, decide decir basta. Ese es el sentido de la moción de censura planteada por Pablo Iglesias. Condenada al fracaso antes, incluso, de presentarse.
El Partido Popular sigue con su estrategia de indiferencia, como si todos los casos de corrupción que salpica a sus dirigentes no fuese con ellos.
Ciudadanos hace mucho tiempo que demostró que aquello del cambio político y echar a los corruptos de las instituciones lo decían con la boca pequeña. Han apoyado incondicionalmente al Partido Popular sin importarle el nido de corruptos en que se ha convertido.
El Partido Socialista lleva meses con sus luchas internas y no ha estado a la altura como principal partido de la oposición. Con su abstención, permitió a Rajoy ser investido presidente, de forma que ellos mismos han sido parte del problema.
Por último, los partidos nacionalistas. Los catalanes sólo tienen una cosa en mente: el referéndum. No hay quien los saque de ese callejón sin salida y poco o nada quieren saber de otros temas. Los vascos y canarios venden su voto por una partida presupuestaria. "Con perras, chufletes", que suele decirse. De esta forma, el gobierno también puede tener esos escaños controlados a golpe de talonario.
Con este panorama, Podemos ha decidido dar un golpe de efecto. Con su moción de censura repite aquello que ya dijo Unamuno: "venceréis, pero no convenceréis". Le dice a la sociedad que ellos no forman parte de ese juego sucio y no se resignan a estar cuatro años haciendo el paripé en el Parlamento. Acosarán al gobierno hasta derribarlo o hasta que, desde su interior, se tomen medidas con los corruptos. Guardar silencio, como hacen otros partidos, es una forma de permitir sus prácticas. De comulgar con ellos. Y eso no es algo a lo que el partido de Pablo Iglesias esté dispuesto.
Ésta ha sido la tercera moción de censura de la democracia. Las otras dos también fracasaron. Una del Partido Socialista a Adolfo Suárez y otra de Alianza Popular a Felipe González. Como la de Podemos, las otras también nacieron ya muertas, pero ambas tenían un objetivo: hacerse ver en el parlamento como alternativa de gobierno.
Lo que en esta ocasión ha sido una derrota, puede convertirse en victoria si Podemos y el PSOE deciden caminar juntos para poner fin al gobierno corrupto del PP.
Soplan nuevos vientos para la socialdemocracia con la victoria de Pedro Sánchez y, quizá, el reloj que mide el tiempo que le queda a Mariano Rajoy en La Moncloa se esté quedando sin arena.
Pablo Iglesias no ha conseguido ser presidente. Puede que nunca lo sea. Lo que no puede negársele es que ha traído la renovación a la anquilosada democracia española y no parece tener intención de parar esa renovación hasta que ésta llegue a todos los estratos institucionales del país.

Imperator Caesar Cerverius

domingo, 11 de junio de 2017

PEDRO I, EL RENACIDO


Pedro, de la Casa Socialista, llamado "El renacido". El primero de su nombre en ocupar la secretaría general, el vigésimo que lidera el partido, el primero que es elegido directamente por los militantes. No una, sino dos elecciones primarias ganó, el mismo número de elecciones generales que perdió. Pero eso quizá fue porque llevaba el programa de otros, en vez del suyo propio. Le trataron como a un títere, le maniataron a la hora de forjar alianzas y le quisieron obligar a dar su voto a un gobierno de derechas. Esto último no lo consiguieron, pues él prefirió dimitir que renunciar al ya famoso "no es no". Ahora vuelve, con energías renovadas y con un mandato legitimado para hacer y deshacer. Y no está dispuesto a repetir los errores del pasado.
Renuncia a tutelajes, dejando a los barones territoriales fuera de la ejecutiva federal. Busca conciliación y armonía, poniendo (así se prevee) a un hombre honesto y educado al frente de la secretaría de organización. José Luis Ávalos es una persona que habla sin pelos en la lengua, haciendo autocrítica por lo que ha hecho mal el partido, y que buscará la sintonía con los secretarios regionales a través del acuerdo, no por la fuerza como su antecesor César Luena.
Por último, Sánchez busca devolver al Partido Socialista al lugar que ideológicamente le pertenece, la izquierda. Y con ese lema irá al Congreso Federal del PSOE de los próximos 16 y 17 de junio: "Somos la izquierda". Vuelta a la socialdemocracia, vuelta a conectar con la gente, vuelta a pescar votos a sus rivales políticos. Esta vez el caladero es de color morado, el morado de Podemos, con el que también se tendrán que entender si quieren expulsar al gobierno corrupto de Mariano Rajoy, pues el bipartidismo ya está enterrado (esperemos que) para siempre. Sánchez e Iglesias tendrán que ir de la mano para devolver la dignidad y la confianza a una clase política con la que hace mucho tiempo que no se ven representados los ciudadanos.
Y Sánchez mira más allá del Canal de la Mancha para mirarse en el espejo. Un espejo que muestra a otro izquierdista, el laborista británico Jeremy Corbyn. Corbin también tuvo que enfrentarse a dos elecciones primarias y, al igual que Sánchez, las dos las ganó sobradamente. Ahora, tras reducir distancias con la conservadora Theresa May, el laborista promete también devolver al partido a su lugar. Habrá que estar con la vista fija sobre el país de la Unión Jack porque, quizá, para ver el futuro de nuestro país, haya que mirar hacia la ciudad del Támesis.

Imperator Caesar Cerverius


miércoles, 24 de mayo de 2017

LA VENGANZA DE LAS BASES


Érase una vez un líder político cuyas ideas no gustaban a sus compañeros. Este líder no era uno cualquiera, sino el primero que había alcanzado su puesto por elección directa de los militantes. Él creía en la nueva política, en consultar a las bases y en impedir los gobiernos corruptos de derechas. Pero un buen día, los que le ayudaron a llegar al poder creyeron que, por el hecho de haberle ayudado, tenían derecho a tutelarle y marcarle los pasos a seguir. Estos "compañeros" no compartían la renovación buscada por el líder. Ellos eran más de seguir como los últimos 140 años: familias políticas, endogamia y gobierno de unos pocos. La máxima representante de esta corriente era una joven sevillana que había llegado a dirigir una comunidad autónoma. Como era aclamada en su región, creyó que el resto del país se contagiaría y la entronizarían. Ella era la favorita de las élites. Como representante de las viejas políticas, empresarios y medios de comunicación la preferían, pues con ella estaba asegurada la continuidad de sus privilegios.
La líder andaluza empezó a acosar más y más al secretario general hasta que por fin le hizo caer. Todo salía a pedir de boca.
Una gestora se encargaría de la dirección del partido hasta que se convocase un congreso y unas primarias para ocupar el cargo vacante. Pero esta gestora no era independiente, sino que estaba plagada de afines a la sureña. De esta forma se controlaron los tiempos y se forjaron las condiciones que más favorecían a la líder en la sombra.
Pero el antiguo secretario general caído volvió de su destierro y prometió plantar batalla. Empezó a acudir a actos y a recaudar dinero para su campaña. Sus adversarios, desconectados de la realidad, le subestimaron y creyeron que haría el ridículo, pues ellos planeaban un desfile militar para la andaluza. Pero las bases, que se sentían traicionadas porque la gestora había regalado el gobierno de la nación a la derecha corrupta, se entregaron fielmente al ex-dirigente.
Llegaron las primarias y la aspirante salió derrotada. Su cara, y la de sus allegados, era una mezcla de tristeza e incredulidad. Como si no supiesen qué había ocurrido.
Dirigentes territoriales, diputados, senadores, incluso ex-presidentes del gobierno que abandonaron su imagen de figura neutral para apostar por la andaluza, han quedado expuestos por la agresividad mostrada durante la campaña contra el ganador.
En las manos del reelegido secretario general estará ser magnánimo, hacer borrón y cuenta nueva e integrar a todas las sensibilidades o sacar las guadañas y empezar a cortar cabezas. Lo primero significaría hilvanar la aguja destinada a coser los desgarrados retales del partido. Lo segundo, verter más sangre a una ya excesivamente desangrada organización. Lo uno o lo otro se resolverá en el próximo relato.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Imperator Caesar Cerverius

lunes, 15 de mayo de 2017

EL CHISTE SIN GRACIA


Un vasco, un madrileño y una sevillana entran en la sede del PSOE...
Podría ser el comienzo de un buen chiste, si no fuera porque, más que un chiste, es un drama. Uno de esos que, poco a poco, te calan y acabas llorando desconsoladamente. Un drama de intrigas, traiciones y apuñalamientos. Un drama que podría acabar con un partido centenario, o con él mismo dividido en dos. Y es que la guerra (la puta guerra, que diría Pérez-Reverte) sólo trae dolor y miseria.
La suerte está echada y, el que aún no tuviese decidido el sentido de su voto para las primarias socialistas del próximo domingo, el debate ofrecido por los candidatos a la secretaría general no va a resolverlo. Un debate en el que no ha podido verse nada nuevo.
La confrontación entre los aspirantes al sillón de Ferraz no ha dejado de estar desprovista de cierta ironía, pues se ha llevado a cabo en la misma sala que aquel fatídico 1 de octubre acabó con el mandato de Pedro Sánchez. Al madrileño se le han debido de revolver las tripas y ha tirado de guión para atacar a Susana Díaz: deslealtad, falta de proyecto de partido y abstención. Abstención, abstención y abstención. El sentido de voto que dio el gobierno al corrupto Partido Popular y por el que cayó el ex-líder del puño y la rosa.
La de Triana tampoco es que haya estado más original, echando en cara a Sánchez sus mentiras, bandazos y coqueteos con Podemos. La que fue aspirante a la espera de aclamación, después titiritera del novato madrileño y finalmente conspiradora para derrocarle ha perfilado un negro futuro para el partido en el caso de que el ex-secretario general recupere el poder. Seguramente los seguidores sanchistas dibujarán un porvenir tan oscuro, o peor, si la Presidenta de la Junta de Andalucía consigue cruzar Despeñaperros.
Y en medio, tanto real como figuradamente, se ha situado Patxi López. Con su talante moderado ha llamado a unir el PSOE desde la tolerancia a ambos bandos y ha reclamado para sí el timón por el que navegar a la reconstrucción de la socialdemocracia española. El vasco tampoco ha dicho nada nuevo de lo que viene repitiendo desde que saltase a la carrera por el liderazgo.
Los avales presentados hace unos días (59.000 Díaz, 53.000 Sánchez y 11.000 López) ponen de manifiesto varias cosas:
1 - Patxi López no va a ganar, pero tiene un número suficiente de seguidores para tenerlo en cuenta en el nuevo organigrama.
2 - Susana Díaz es incontestable en Andalucía, pero el resto de España está muy lejos de jurarle lealtad.
3 - Pedro Sánchez no está tan lejos de su archienemiga como para pensar que la batalla está decidida.
Ni el más aventajado de los demoscópicos (los independientes, al menos) se arriesgaría a adelantar un resultado. Cualquier cosa podría pasar.
Normalmente suele decirse aquello de "el que ríe el último, ríe mejor", pero en este caso, el que ría el último quizá tenga también que llorar por ser el encargado de poner la tapa al féretro del partido más antiguo de la historia de España.

Imperator Caesar Cerverius

jueves, 30 de marzo de 2017

TRES SON MULTITUD

Aleluya!
Todos podemos entonar la canción de Leonard Cohen porque, tras años de maquinaciones, amagos e intentonas, Susana Díaz, alias "La Más Grande", se ha decidido a dar el paso y competir por la secretaría general del PSOE. Y, como la Reina del Sur que es, no podía hacerlo de forma sobria, claro. Como si de una boda real se tratase, ahí se encontraba la flor y nata del socialismo español. Ex-presidendes del gobierno, ex-secretarios generales, ex-ministros, presidentes autonómicos, alcaldes, diputados, senadores... Todo el aparato del partido rendido a los pies de la presidenta de la Junta de Andalucía. Por mucho que Javier Fernández se ausentase del acto para representar la neutralidad de la Gestora que dirige, está claro que la misma ha trabajado desde el minuto uno, aquel fatídico 1 de octubre que será la vergüenza de Ferraz durante años, para que la trianera llegase a lo más alto.
Desde las políticas ejecutadas por el grupo parlamentario socialista hasta los tiempos manejados para la celebración del Congreso Federal y las primarias, todo ha sido determinado para que se moldease a Susana Díaz.
Está claro que, de elegirse secretarios generales como antiguamente, por el método de los delegados, la andaluza ganaría por goleada. Su control del partido y de la mayoría de barones es total. Pero, hace tres años, el que ahora ejerce como telonero suyo, Eduardo Madina, exigió que el máximo dirigente de la organización se eligiese por el método de "un militante, un voto". Eso inclina, o al menos iguala, la balanza hacia Pedro Sánchez.
El madrileño ha sabido rentabilizar el "No es No",que en su día le alejó de Ferraz, para meterse a las bases en el bolsillo y lograr mantenerse como favorito para recuperar el sillón del puño y la rosa.
La incógnita está en si los militantes se mostrarán independientes al orientar su voto o se someterán a lo que les indiquen sus dirigentes territoriales (como ya pasó en 2014).
De momento, el sistema de donaciones a través de crowdfunding, llevado a cabo por Sánchez, muestra el enorme apoyo que posee. Su discurso se ha vuelto mucho más de izquierdas, mostrando su predisposición a pactar con Podemos y prometiendo devolver al partido al lugar que le pertenece.
El tercero (y, salvo sorpresa, el último) en discordia es Patxi López. Aunque las encuestas le ponen en segunda posición, la realidad es que ésto es cosa de dos y él no es uno de ellos.
El ex-lehendakari ha ido poco a poco sumando apoyos y demostrando con su talante conciliador que, seguramente, sería lo que necesita el PSOE para curar heridas y rehacerse. Pero, mal que le pese, el vasco no levanta las pasiones necesarias para arrollar a sus competidores.
Son varias las voces que reclaman a Sánchez y a López que junten en una sus candidaturas, ya sea encabezándola uno u otro pero, de momento, ambos hacen oídos sordos.
La fecha más probable para la celebración de las primarias es el 21 de mayo.
La guerra está servida en el Partido Socialista y la primera batalla será la recogida de avales. Cada candidato deberá recoger, al menos, un 5% de firmas sobre el censo socialista. Se supone que ninguno de los tres tendrán problemas para juntar las alrededor de 9000 rúbricas necesarias pero, una vez más, al igual que en las pasadas primarias de 2014, los candidatos no se limitaran a recoger esa cantidad. El monto total de avales de cada uno permitirá, al que más consiga, sacar músculo y marcará la tendencia de cómo irán las votaciones.
El equipo de Sánchez ya se está tapando la herida antes de sangrar y manifiesta que muchos militantes avalarán a Díaz para mantener las apariencias pero luego votarán por ellos. O bien estos dirigentes son unos ingenuos o directamente unos mentirosos, pues la carambola que argumentan no se sostiene. Ya sea por lo uno o por lo otro, ambas son cualidades a las que cualquier aspirante deberá renunciar si pretende dirigir este partido con más de 135 años de historia.
                         
                         Imperator Caesar Cerverius

domingo, 22 de enero de 2017

UN DÍA EN LAS CARRERAS


Bang! El pistoletazo de salida ya se ha dado y la carrera por la secretaría general del PSOE ha empezado.
El primer corredor en tomar la delantera ha sido Patxi López (Barakaldo, 1959). Al ex-lehendakari y ex-presidente del Congreso se le tiene como hombre de consenso y leal al partido. Por otra parte, durante los últimos años, ha sido un hombre de Pedro Sánchez y ha criticado la abstención que permitió la investidura de Mariano Rajoy. Su candidatura podría aglutinar desde los desencantados con el actual PSOE hasta los que no terminan de fiarse de Susana Díaz.
En política, el candidato que se postula demasiado pronto suele quemarse y no llega hasta la meta pero, en el caso de López, esto no tiene por qué ocurrir necesariamente. El hecho de haber tomado la iniciativa el primero puede hacer ver que hay alternativa a La Reina del Sur más allá de Pedro Sánchez.
El ex-secretario general, que siempre se le ha dado por supuesto candidato a las primarias, podría renunciar a ello si va perdiendo apoyos en favor del vasco. Además, cada día que pasa, el madrileño cae más en el olvido y el relato de su oposición frontal a Rajoy se va diluyendo en la historia.
Por otro lado, si López hace una demostración de fuerza y varios barones se le van sumando, la regente del Palacio de San Telmo podría pensárselo dos veces y quedarse en su reducto, más allá de Despeñaperros, a esperar una oportunidad más clara.
La presidenta de la Junta de Andalucía todavía es joven, tan solo tiene 42 años. Un tropiezo en las primarias contra un candidato sólido podría dar por finalizada su carrera a nivel nacional. La trianera, por altiva que parezca, es cobarde en la confrontación. Siempre ha sido más de aclamación en un congreso que de pelea en unas primarias, así que no dará un paso en falso. De esta forma, Patxi López podría, de un plumazo, haberse librado de sus dos rivales con más posibilidades.
En sí, la candidatura del vizcaíno está bien amueblada. Pretende corregir el rumbo centrista que ha adquirido el PSOE últimamente y devolverle a la posición que le corresponde en la izquierda. Además, ve con buenos ojos el autogobierno de las comunidades autónomas, con lo que podría abogar por el federalismo como respuesta a la crisis territorial. Lejos de ser un desconocido, López tiene una buena imagen en toda España tras haberse convertido, en el pasado, en el primer lehendakari no nacionalista. Y, por último, de los tres candidatos en liza, sólo él posee un escaño en el Congreso de los Diputados, de forma que sería el único que podría enfrentarse de tú a tú con Mariano Rajoy.
El Comité Federal del pasado sábado fijó el Congreso del partido para el 17 y 18 de junio y las primarias para ser celebradas en el mes de mayo. De aquí a entonces veremos si Díaz y Sánchez se presentan (como siempre se supuso), si se postula algún desconocido (que reuna los avales necesarios) o si Patxi López se erige, finalmente, en el campeón del partido de la rosa capaz de curar las aún sangrantes heridas del socialismo español.
Imperator Caesar Cerverius


sábado, 3 de diciembre de 2016

EN BUSCA DEL ALMA PERDIDA


Tiempos convulsos sacuden al socialismo español. El PSOE, con 137 años de historia y varios gobiernos en su haber, se encuentra en manos de una gestora tras derrumbar a su secretario general. Gestora que, por otro lado, está presidida por todo un referente ideológico dentro del partido como Javier Fernández. Esto sería un punto a favor para la reconstrucción de la organización si no fuera porque el asturiano no es sino un títere en manos de Susana Díaz.
Una verdadera corte de andaluces desembarcó en Ferraz desde el momento en que la gestora tomó las riendas. Ellos son los que ostentan el poder real en el partido. Su intención no es otra que la de controlar los tiempos y las políticas para facilitar la entronización de la "Reina del Sur". Pero, sea cuando sea, el congreso que elija al próximo secretario general obedecerá el resultado de unas primarias que voten los militantes.
Hasta ahora, hay dos candidatos declarados: Susana Díaz y Pedro Sánchez. A ellos se les ha sumado un tercero que, sin postularse completamente, ha enseñado la patita: Patxi López.
Tanto Díaz como Sánchez están invalidados para dirigir el Partido Socialista. La una es responsable del golpe de estado que tumbó al ex-secretario general. Toda esa serie de artimañas utilizadas hasta hacer caer a su líder dan la impresión de que la inquilina del Palacio de San Telmo no es de fiar. A parte, sus formas totalitarias incomodan a buena parte del PSOE. No tiene, ni de lejos, el apoyo del resto de barones, sólo de algunos, y sus maniobras durante los últimos años, maquinando para alcanzar el poder, le han dado una imagen oscura en todo el país.
El otro, Sánchez, ha demostrado que es nulo como dirigente. Ha gobernado el partido durante dos años con total incapacidad y poniendo a los dirigentes territoriales en su contra. Su empeño por hacerse investir presidente fue infructuoso. Primero, aliándose con Ciudadanos sin asegurarse el suficiente número de apoyos para llegar a La Moncloa. Después, con un tímido acercamiento a Podemos que fue cortado de cuajo por el Comité Federal. Aun en el hipotético caso de que Sánchez ganase las primarias, seguiría teniendo a la mitad de su partido en contra, y eso es una herida que el PSOE no puede permitirse.
Patxi López, sin embargo, es un hombre de consenso. Su ascenso a lehendakari, después de largos años del PNV, fue un logro aplaudido por todas las fuerzas constitucionales tanto en el País Vasco como en el resto de España. Se le tiene como persona seria y, aun habiendo sido un hombre de Sánchez, puede aunar a las diferentes familias.
No obstante, ¿es López el revulsivo que el Partido Socialista necesita para volver a erigirse en principal partido de la izquierda y alternativa de gobierno? ¿Tiene el carisma suficiente para frenar la sangría que le roba votos al PSOE, Rivera por la derecha e Iglesias por la izquierda?

Por el momento, la gestora no tiene prisas por convocar el próximo Congreso Federal. Quizá, de aquí a entonces (a este ritmo puede pasar mucho tiempo), surja de entre las sombras un campeón que una a todas las facciones de la organización, que consiga reconciliarse con el pueblo, que conecte la voluntad ciudadana con las políticas del partido, que genere la ilusión necesaria para que la gente le siga y que, finalmente, logre aunar a todas las almas perdidas del socialismo español.

lunes, 24 de octubre de 2016

EL MAL MENOR


Abril de 2002, Francia. En la primera vuelta de las elecciones presidenciales, cuyo candidato más votado fue Jaques Chirac, el líder de extrema derecha, Jean Marie LePen, arrebató la segunda posición, sorprendentemente, al socialista Lionel Jospin, que quedó fuera de la pugna por la presidencia en la segunda vuelta. Los votantes de izquierdas tuvieron que decidir entre dos opciones:
- El mal menor: Votar al candidato de derechas, Chirac, para frenar a LePen.
- El mal mayor: Abstenerse y dejar abierta la posibilidad de que el líder de extrema derecha se hiciese con la presidencia de la República.

La mayoría de los electores socialistas hicieron “de tripas corazón” y fueron a votar a Chirac frente a un peligro real.

Octubre de 2016, España. El Comité Federal del PSOE, el mismo que dos semanas antes tumbó a su secretario general y que dos meses antes votó en bloque por el “NO” a Rajoy, cambia su voto a la abstención. Los promotores de esta medida argumentan que también tienen que elegir entre el mal menor de investir a Rajoy presidente o un mal mayor, ir a terceras elecciones. Poco les ha importado que su militancia se haya mostrado mayoritariamente dispuesta por el “NO”. Más les importará, aunque no lo reconozcan, la oleada de bajas que ya se están produciendo en el partido; por no hablar de los miles de votantes que pueden perder en próximas elecciones. Ese “mal menor” o “mal mayor” no son peligros reales, sino circunstancias creadas por el mismo Partido Socialista o varios de sus barones.

La inactividad desde el 26-J, el coto al que se sometió a Pedro Sánchez para negociar con Podemos una mayoría alternativa y el juego de ajedrez que se ha producido en el seno de la organización, han sido las verdaderas razones de encontrarnos a menos de una semana de la disolución del Parlamento.

El Comité Federal del PSOE no es hoy otra cosa que un cortijo gobernado por la Federación Andaluza con el único objetivo de allanar el camino a la todopoderosa Susana Díaz para recomponer los pedazos rotos del Partido Socialista. Pero, cuando ella llegue (si es que llega), ¿quedará algo que recomponer, o se encontrará con las cenizas de un partido centenario que se ha quemado a lo bonzo?
Muchos son en el PSOE los que temen el desembarco de la “Reina del Sur”. Son sus manera, sus políticas y sus coqueteos con Ciudadanos lo que hacen temblar a los que creen que dirigirá el partido con brazo de hierro y con un totalitarismo que dejará a César Luena (antiguo secretario de organización) como un conciliador.

Venga lo que venga, nadie sabe si en los dos, tres o cuatro años que tenga Rajoy por delante, el Partido Socialista será capaz de volver a hacerse con la hegemonía de la izquierda o estos serán los últimos coletazos de un partido que nació para el pueblo y que murió cuando se olvidó de él.

                                                                                                                                     Imperator Caesar Cerverius

jueves, 6 de octubre de 2016

MARIONETA ROTA


En la antigua República de Roma, antes incluso de Sila, Mario o César, existía un sentimiento entre la población, ya fuera entre las élites o entre el pueblo llano, que era “lo primero es Roma”. Lejos de intereses personales egoístas, existía ese sentimiento patriótico que les hacía ver que ellos eran meros ciudadanos de una cosa mucho más grande. Esto les hacía alistarse en las levas cuando se producía un reclutamiento, jurar una ley aunque no estuviesen de acuerdo con ella o servir a un general aunque no sintieran simpatía por él. El motivo principal era siempre el mismo: ROMA.
Con la Tardorrepública llegaron los intereses personales. Generales que ponían por delante su carrera al interés del Estado, senadores que se movían por motivos egoístas en vez de mirar por el bien de la República, etc. Algo así es lo que sucedió con el PSOE.
Hubo un tiempo en el que el Partido Socialista se movía por sus ideas, las defendía a ultranza, conectaba con la ciudadanía y, cuando no lo conseguía y los resultados electorales le eran adversos, el líder, que es el responsable último, dimitía.
Como un equipo de fútbol que no puede despedir a toda su plantilla se desprende de su entrenador, el secretario general presentaba su renuncia, sin que nadie se lo pidiese. Un mero hecho de responsabilidad política. Pero hace mucho que eso se perdió.
En el devenir histórico del PSOE se cruzó una joven andaluza con una ambición descontrolada y ningún éxito electoral en su haber. Aun a pesar de estos hándicap, todo el partido la consideraba como el futuro del socialismo español. Pero, en ese destino que ella esperaba asumir por aclamación del partido, se interpuso Eduardo Madina. El vasco, con más de diez años como diputado nacional, varios de ellos como secretario general del grupo parlamentario, y favorito de Zapatero para el puesto durante mucho tiempo, no sólo se presentó a las primarias para dirigir el PSOE, sino que exigió que se realizasen a través del sistema “un militante, un voto”, en contraste con el sistema de compromisarios utilizado hasta el momento.
La andaluza, aun habiendo llegado a la presidencia de su comunidad autónoma (no por victoria electoral, sino por sucesión del anterior dirigente), temió una derrota que pondría punto y final a sus aspiraciones de presidir algún día la nación. Por eso se decantó por elegir a un campeón al que apoyar y que le mantuviese el sillón de la secretaría general hasta que llegase su momento.
Pese al sistema de voto directo, el aparato influenció lo suficiente a los militantes en cada región como para que un desconocido sin apenas experiencia, como Pedro Sánchez, favorito de Susana Díaz, tumbase a Madina.
Los primeros pasos de Sánchez no fueron sino dirigidos, como si de una marioneta se tratase desde más allá de Despeñaperros por la “reina del sur”. Pero, poco a poco, el madrileño fue cortando las cuerdas que le convertían en títere y fue actuando de forma independiente. Él tenía sus propios intereses personales y, aun con la sangría de votos que estaba trayendo al partido elección tras elección, se aferraba al cargo y no pensaba en abandonarlo.
Fue entonces cuando se produjo el golpe. La todopoderosa dirigente de San Telmo tiró de sus hilos y la mayoría de los barones territoriales se alinearon con ella. Se produjo una dimisión en masa de la ejecutiva con la intención de llevarse al secretario general por delante, pero él siguió aferrado al cargo.
Hizo falta un comité federal (máximo órgano entre congresos con unos 250 dirigentes de todo el estado, entre los que se encuentran diputados, barones, exsecretarios y dirigentes de toda la índole) para solucionar el asunto. Tras más de doce horas a cara de perro, discusiones, conversaciones acaloradas, vuelo de cuchillos y un espectáculo bochornoso que pudo ver todo el país, lograron deponer a Pedro Sánchez, formar una gestora que dirigiese el partido hasta el próximo congreso federal y evidenciaron una total sensación de partido roto.
Con unas posibles elecciones a la vuelta de la esquina, ¿qué votante en su sano juicio confiará su papeleta a unos personajes que no pueden ni gobernar su propio partido? Quizá esta guerra civil fratricida les costase mucho más que un secretario general. Al fin y al cabo, otro fracaso electoral no parece un castigo excesivo para los que se atrevieron a jugar al “juego de tronos” con un partido centenario, con una ideología política y con el destino de toda una nación.

Imperator Caesar Cerverius

sábado, 10 de septiembre de 2016

CUANDO TODOS QUIEREN TERCERAS ELECCIONES

Un horror, una vergüenza, un despropósito… Esa es la repuesta de la ciudadanía cuando se le pregunta por unas posibles terceras elecciones.
Un sinsentido, un error, algo que hay que evitar por todos los medios… Estas son las aformaciones de los políticos que claman, una y otra vez, sobre el mismo tema. Pero, en realidad, en su fuero interno, esperan con fervor que se produzcan.
El Partido Popular salió reforzado de la repetición electoral del 26-J. Aun así, la suma de escaños con fuerzas afines no le es suficiente para investir a Mariano Rajoy. El cambio de candidato acercaría posturas a otros grupos y facilitaría una investidura “popular”, eso sí, sin Rajoy. Pero el partido de la gaviota prefiere lanzarse a una tercera cita electoral, en la que espera aumentar su representación, antes que apartar a su líder.
Pedro Sánchez, como el apóstol, negó tres veces: No a Rajoy, no a terceras elecciones y no a postularse como candidato. A él sólo le interesa seguir siendo Secretario General del PSOE y, si para ello hay que volver a las urnas, bienvenido sea. Aunque esto lleve al Partido Socialista a una tercera debacle consecutiva.
Pablo Iglesias, el desaparecido, tiene poco que decir. Nadie dudaba de su “No” a Rajoy y varias veces se ha mostrado a favor de un pacto de Izquierdas. El anhelo de “sorpasso” al PSOE sigue muy latente en él, y preferiría de lejos unas terceras elecciones a ver a un “popular” de presidente.
Albert Rivera: El hombre que le dice a todos lo que deben hacer y que se enrabieta cuando no le hacen caso. El que hace las cosas por España, no por su partido. El “hombre-estado”. El líder de ciudadanos intentó un pacto con Rajoy (aunque lo había negado mil y una veces) pero no consiguió investirle. Rivera abjura de cualquier cosa que huela a morado a cien kilómetros de distancia. Aun en el improbable caso de que PSOE y Podemos se entendieran y buscaran una mayoría alternativa, ciudadanos preferiría entregarse a unas terceras elecciones antes que facilitar ese gobierno.
Lo mejor de todo es que las encuestas avanzan (de nuevo) que otras elecciones no variarían demasiado el espectro político del Parlamento, así que ¿por qué no unas cuartas o quintas elecciones?
De esta forma, al final, como en un concurso de baile por resistencia, no ganará el que mejor dance, sino el que menos se cansen sus votantes.
Imperator Caesar Cerverius

miércoles, 29 de junio de 2016

LA NOCHE DE LOS PERDEDORES


Si la noche del 20-D se mostró como la noche de los ganadores, donde cada candidato se mostró feliz y contento con los resultados obtenidos, la noche del 26-J ha terminado siendo la de los perdedores. Caras largas, ninguna sonrisa e, incluso, alguna lágrima, fueron las fotografías de una velada que arrancó muy diferente al cobijo de unas encuestas que resultaron ser más ficción que realidad.
En el 20-D, Ciudadanos irrumpió en el Congreso con 40 diputados. Si bien las predicciones le auguraban un éxito mayor, los de Rivera pudieron sentirse orgullosos con la representación alcanzada. Este 26-J, sin embargo, la formación naranja se ha dejado 8 escaños por el camino, teniéndose que contentar con 32 diputados. La ley electoral se ha cebado con el partido de Albert Rivera y, seguramente, será uno de los puntos más importantes a tratar en cualquier acuerdo que se quiera alcanzar con ellos.
Podemos, que el 20-D consiguió un magnífico resultado con 69 representantes, creyó ver, en su alianza con Izquierda Unida, la forma de rebasar al PSOE y hacerse con la hegemonía de la izquierda. El bofetón de realidad ha sido mayúsculo al ver que, a medida que avanzaba el escrutinio, los datos de las encuestas se revelaban como falsos y, lejos de producirse el anunciado “sorpasso” al Partido Socialista, los de Iglesias tenían que conformarse con mantener los 71 escaños que en el 20-D habían conseguido las dos formaciones por separado (Podemos + IU).
El Partido Socialista logró el 20 de Diciembre los peores resultados de su historia. Los 90 diputados que consiguió el partido de la rosa eran un fondo que este 26-J se ha mostrado que aún podía seguir bajando. No obstante, el reparto parlamentario y la baja representación del PP, hizo a Pedro Sánchez soñar, aquella noche de 2015, con alcanzar La Moncloa. Los barones de su partido, la negativa de Iglesias a apoyarle gratuitamente y un insuficiente pacto con Ciudadanos, lo impidió. Este 26-J, la representación socialista ha bajado a 85 escaños, batiendo un nuevo record y viendo cómo los sueños presidenciales de Sánchez se esfumaban.
En el país de los ciegos, el tuerto es el rey y, en este país, salvando las distancias con Felipe VI, el rey es Mariano Rajoy. Si en el 20-D el Partido Popular perdió la mayoría absoluta, pero pudo contentarse con ganar las elecciones, en este 26-J ha visto cómo su grupo parlamentario en el congreso iba a crecer hasta los 137 diputados. Las posibilidades de formar gobierno para Mariano Rajoy aumentan enormemente en comparación con el 20 de Diciembre, pero tampoco va a ser coser y cantar. Sumando los 137 escaños populares a los 32 de Ciudadanos y a los 5 del PNV y 1 de Coalición Canaria, se obtiene una suma de 175 diputados, a 1 de la mayoría absoluta. PSOE y Podemos ya han manifestado su intención de no votar a favor de la investidura de Rajoy y el resto de fuerzas nacionalistas en el Congreso (ERC, CDC y EH Bildu) tampoco están por la labor.
El Partido Popular puede mostrarse contento. Rompiendo todas las encuetas, ha conseguido incrementar en 14 escaños su representación. Los diversos casos de corrupción, papeles de Panamá, escandalos de Aquamed o las grabaciones del ministro Jorge Fernández Díaz no han pasado factura al partido de la gaviota. Haciendo una campaña cercana al ciudadano y mostrándose en todo momento con una imagen presidencial, Mariano Rajoy ha conseguido ganar las elecciones, aumentar a 52 escaños la diferencia con el segundo y dejar a tiro de piedra la investidura. Dejando de lado los cálculos de mayoría absoluta, el domingo era el único que tenía algo que celebrar.
Ahora les tocará a los partidos perdedores hacer autocrítica y analizar las causas de su pérdida de votos.
¿Qué ha hecho mal Podemos para dejarse 1,2 millones de votos por el camino? El tono tibio de campaña, la alianza con Izquierda Unida y los ataques recibidos por Venezuela son algunas de las posibles causas.
¿Por qué el Partido Socialista no consigue cerrar su sangría de votos? Quizá la gente ha dejado de considerarles un partido de izquierdas después de sus últimas políticas. Quizá el candidato elegido no es del agrado del votante. Quizá su pacto con Ciudadanos ha irritado a sus correligionarios.
¿Y Ciudadanos? ¿Que sentido tiene subir como la espuma para luego desinflarse como un suflé? Su alianza con Sánchez, el voto útil contra Podemos captado por el PP o el desencanto de la gente con Rivera pueden ser algunos de los motivos de su bajada.
Una cosa está clara. De derechas o de izquierdas, nueva o vieja política, todos los candidatos descartan unas terceras elecciones. Esperemos que, al menos en esto, cumplan su promesa.

Imperator Caesar Cerverius