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miércoles, 23 de marzo de 2016

LOS PELIGROS DE LA GRAN COALICIÓN


Partido Popular, Ciudadanos y algunos antiguos dirigentes del Partido Socialista (incluso varios de los nuevos) se deshacen en elogios ante la perspectiva de lo que se ha venido a llamar "La Gran Coalición". Pedro Sánchez es, en principio, reacio a esta medida pero, ¿hasta cuándo aguantará la presión de propios y extraños?
Si bien, a priori, podría pensarse que un gobierno de gran coalición podría contentar a muchos y representar a un amplísimo espectro electoral, la verdad es que la mayoría se sentirían, con total seguridad, defraudados. El votante del PSOE, por ejemplo, cuando deposita su papeleta, no lo hace para que izquierda y derecha se junten, sino para llevar a cabo medidas de progreso y bienestar social.
Los dirigentes socialistas deberían tener cuidado porque, traicionar su ideología, les podría salir caro.
Los defensores de la Gran Coalición se vanaglorian exponiendo los casos que ocurren en toda Europa de gobiernos similares, pero callan una cosa importante: a la izquierda no le ha ido bien después de pactar con el diablo y venderse a la derecha.
Repasemos los antecedentes:
En Alemania, el SPD (Partido Socialdemócrata de Alemania), tras varios años en el gobierno, redujo su representación en el Bundestag (Parlamentario Federal) al 34,2% en las elecciones de 2005, tras adoptar varias medidas impopulares. Tras estos malos resultados, firmó una gran coalición con el partido ganador, la CDU de Angela Merkel. Este pacto no debió de gustar a los votantes socialistas porque, en los siguientes comicios de 2009, el SPD cayó hasta el 23%. No siendo necesarios ya para Merkel los socialdemócratas, la canciller gobernó con sus socios naturales, los liberales.
En 2013, el SPD creció ligeramente hasta el 25%, reeditando la gran coalición con la derecha. La interpretación de los votantes es clara ya que, en las elecciones de algunos lander (regiones autónomas) celebradas la semana pasada, el Partido Socialdemócrata ha caído estrepitosamente.
En Grecia, el PASOK (Movimiento Socialista Panhelénico) gobernó durante décadas bajo la dirección de Papandreu. Tras un gobierno de Nueva Democracia (derecha), en 2009 recuperó la mayoría absoluta. De nuevo, medidas impopulares hicieron que, en 2012, cayesen a un 13% (elecciones que se repitieron meses después bajando al 12%). Los socialistas decidieron coaligarse con Nueva Democracia.
En las últimas elecciones de 2015, que ganó Syriza, el PASOK obtuvo un paupérrimo 4,7%.
Finalmente, analicemos el caso de Gran Bretaña. El Partido Liberal del Reino Unido obtuvo su máximo esplendor entre 1870 y 1920. Durante esa época sirvió como contrapeso al Partido Conservador (el Partido Laborista no nacería hasta 1900).
En 1906 consiguió su última victoria sin necesidad de pactar.
Durante la Primera Guerra Mundial, los liberales formaron una gran coalición con los conservadores que reeditaron en 1918. Pero, en 1922, la victoria conservadora marcaría el inicio del declive liberal. A decir verdad, este partido terminó desapareciendo, fusionándose con el Partido Social Demócrata, dando lugar al Partido Demócrata Liberal que opera hoy en día.
Analizando estos precedentes, en PSOE debería sacar unas cuantas cosas en claro:
1 - Tener 140 años de historia no te garantiza otros 140.
2 - Traicionar a tus votantes sale caro.
3 - Aliarse con la derecha, en el pacto más anti-natura que puede imaginarse, sólo lleva a desvirtuar tus ideas, formar un gobierno que no hace progresar al país y, de cualquier forma, hace que los electores terminen decantándose por uno de los dos partidos de esa coalición (normalmente por el que ejerce la dirección de gobierno).
Si después de todo esto, Pedro Sánchez edita un acuerdo PP-PSOE-C's, habrá girado el tambor, con una sola bala, del revolver con el que jugará a la ruleta rusa apuntando a su propio partido.

Imperator Caesar Cerverius

domingo, 24 de enero de 2016

CHAPEAU, PRESIDENTE


Llegó, vió... y habló con sinceridad. No hubo plasmas, no mandó subalternos, no envió una nota de prensa. No, eso ya no más.
Convocó a los medios, subió al atril y se dirigió a la nación. Y, por primera vez en cuatro años de gobierno, el presidente habló con sinceridad. Lo hizo de forma directa, sin ambages, con un lenguaje claro, sin su habitual juego de palabras en el que dice lo uno y lo contrario al mismo tiempo. Y es que, quizá, la droga de la mayoría absoluta, que parece enajenar a los mandatarios en nuestro país, ya se ha eliminado completamente de su cuerpo.
Mariano Rajoy compareció el pasado 22 de enero para anunciar que renunciaba a presentar su candidatura a Presidente del Gobierno, al menos, de momento. Tras la ronda de contactos del Jefe del Estado con los portavoces de los grupos políticos en el Parlamento, Mariano Rajoy transmitió su declinación al Rey.
El presidente en funciones expuso sus razones sin esconderlas. Primeramente razonó que no sólo no tiene una mayoría de votos para ser investido, sino que existe una mayoría declarada para no permitírselo.
A continuación argumentó que, después de la oferta, hecha por la mañana desde Podemos, para formar un gobierno de coalición con PSOE e Izquierda Unida, en la que Pablo Iglesias se ofrecía como vicepresidente, Pedro Sánchez merecía la oportunidad de buscar los apoyos necesarios para ser presidente.
Aclaró que no descartaba buscar la investidura, en un futuro, si Sánchez no conseguía los apoyos necesarios. Por supuesto, se siguió declarando partidario de una "Gran Coalición" PP-PSOE-C's.
Y, por último, añadió una razón más para su renuncia: no iniciar los plazos oficiales que marca la Constitución para disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones (fijados en dos meses desde la primera sesión de investidura).
En ningún momento pronunció la, repetidísima hasta la saciedad, puya de que el Partido Popular había sido el partido ganador. No. Con una expresión en la cara, entre compungido y resignado, hizo su anuncio. Incluso aceptó una ronda de preguntas de los periodistas.
Así que, aunque el buen comportamiento democrático haya llegado tarde, siempre es mejor que nunca. Por ello, y aun sin ser un simpatizante de sus políticas, me pongo en pie y digo... Chapeau, Presidente.

Imperator Caesar Cerverius


miércoles, 20 de enero de 2016

No, es no Sr. Sánchez.

“en una sociedad fracturada como la catalana no se pueden abrir más brechas y es el momento de tender puentes, no de cerrarlos” y, por tanto, el PSOE “se podrá entender con todas aquellas fuerzas políticas y con la mayoría social catalana que quiere renovar ese pacto constitucional y mejorar el encaje de Cataluña en el conjunto del estado español”, pero “con aquellos que han decidido romper amarras con España no podremos entendernos, porque el final de su historia, que es la independencia, no lo compartimos”. “En la reforma de la Constitución queremos articular mejor la unidad de España, y, desde, luego bajo ningún concepto vamos a aceptar la independencia de Cataluña”.
Pedro Sánchez, fragmento extraído de la entrevista para el programa de radio “Boulevard” de Radio Euskadi 17 de Julio de 2015.

"No, es no." Esta frase que tanto parece gustarle al Sr. Sánchez, que con tanto ahínco y énfasis pronuncia en compañía de sus fieles y militantes para hacer referencia a la posibilidad de pactar con el señor Rajoy, rozando la ofensa en la entonación, debería haber sido pronunciada con más cuidado y de mejores modos. No porque no esté de acuerdo en que el señor Sánchez y el PSOE no estén dispuestos a "traspasar" sus líneas rojas para negociar con el PP si estos no están dispuestos a tocar la reforma laboral y la Ley Wert de educación. Sino más bien porque se trata de una frase que le queda grande al secretario general del partido socialista ya que aparentemente es el mismo quien es incapaz de cumplirla o de entender su significado pleno.

¿Cómo puede tener el descaro de que se le ocurra decir algo así, cuando ha sido capaz de “regalar” o “prestar” dos senadores a Democràcia i Llibertat  y otros dos a Esquerra Republicana de Catalunya permitiéndoles así formar un grupo propio en la Cámara Alta? No, es no. O bien el secretario general del PSOE y su cúpula del partido, o el PSOE, han engañado a sus votantes, en primera instancia en la redacción del programa electoral de las elecciones catalanas del 27S y durante la campaña del las mismas declarándose abiertamente como un partido unionista federalista, en segunda instancia al redactar un programa electoral para las elecciones generales del 20D en el que la unidad de España era innegociable y haciendo uso y abuso de este eslogan durante todo su periplo en campaña. O bien, si realmente a su entender la problemática del independentismo catalán debería ser resuelta mediante el diálogo con las diferentes fuerzas políticas independentistas, la realización de un referéndum, o cualquier otra vía en la cual fuera necesario excluir de sus programas, discursos, mítines y/o debates las palabras "unidad de España", "innegociable", "unionista", "España no se rompe" y demás expresiones que han sido repetidas hasta la saciedad, le faltó el arrojo y coraje para hacerlo de frente, ya que, sabía que ello hubiera sido no sólo impopular sino además añadir una escollo más a salvar en su carrera a la presidencia del gobierno.

La sensación que me queda es que al Sr. Sánchez, ni le importan ni respeta lo más mínimo a sus votantes, a todos aquellos que le dieron su voto confiando en que cumpliría con lo que tan valientemente promulgaba, regalando con semejante desprecio el bien más preciado que un político debería tener, que no es otra cosa que la confianza y los votos de sus afiliados, militantes y simpatizantes. Menospreciando y pisoteando con estas acciones la voz del pueblo tal y como se expreso en las urnas, y llevándose por delante la incluso aquello de lo que intenta ser representante, la Democracia.

Sin duda este tipo de políticas y de políticos hace años que sobran en España,  es aquello por lo que muchos españoles salieron a la calle el 15M de 2011 para pedir cambio, es la razón por la que surgieron nuevos partidos que representaban las peticiones que se alzaban desde las calles a los que muchísimos españoles depositaron su confianza el 20D, y ante todo es lo que demuestra que el PSOE y sus viejos complejos y "modus operandis" NO pueden ni deben representar el cambio que la ciudadanía reclama.


Webgrafía: http://www.psoe.es/actualidad/noticias-actualidad/pedro-sanchez-la-reforma-de-la-constitucion-es-la-mejor-forma-de-articular-la-unidad-de-espana--122519/

Lady Soviet Sniper.


martes, 19 de enero de 2016

CUATRO EN UNO


Hay una antigua leyenda helenística que cuenta cómo Dédalo y su hijo Ícaro quedaron atrapados en el laberinto del minotauro. Para poder escapar de la bestia, pegaron plumas con cera a sus brazos y, batiendo sus extremidades, volaron libres hasta el exterior. Mientras que Dédalo se conformó con volar bajo, Ícaro, joven e irreflexivo, ascendió maravillado ante el desafío vencido de volar. Desoyendo las advertencias de su padre, Ícaro se acercó demasiado al sol, derritiéndose la cera que sujetaba las plumas y precipitándose al vacío con un trágico final.
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, está empezando a tener un problema parecido. Tanto se está acercando al sol (La Moncloa), que está perdiendo de vista los riesgos de un trompazo.
El líder socialista se ve presidente. Ha superado no pocas dificultades hasta llegar donde está. Una elección a secretario general contra un campeón como Eduardo Madina, diversas citas electorales con resultados muy mejorables, luchas internas por el poder dentro del partido y un sorpasso anunciado de Podemos, en el 20D, que no llegó a producirse.
Pedro Sánchez está decidido a gobernar España, por mucho que tenga que maquinar para conseguirlo. Durante esta semana ha estado haciendo guiños a pequeños partidos de los que espera su apoyo o, cuando menos, su abstención.
En la elección de la mesa del Senado, los socialistas han cedido uno de sus puestos al PNV. La versión oficial es que el PSOE busca que haya pluralidad en ese organismo. La realidad es que Sánchez necesita los votos vascos para su investidura.
También en la Cámara Alta, los de la rosa han "prestado" dos senadores a Democracia y Libertad (la marca renovada de Convergencia Democrática de Cataluña) y otros dos a ERC para que pudieran tener grupo propio. Si bien Sánchez no puede esperar ni en sueños el apoyo de los independentistas, a falta de pan, buenas son tortas y su abstención se paga con gusto.
En esta serie de concesiones del magnánimo líder socialista, Pedro Sánchez se está olvidando de su principal socio en ese hipotético gobierno, Podemos.
Los de Pablo Iglesias quieren dividir a sus diputados en cuatro grupos parlamentarios: En Comú, Compromis, Na Marea y Podemos. PP, PSOE y Ciudadanos les niegan la posibilidad aduciendo que el reglamento del Congreso lo impide. La realidad es que el reglamento es interpretable en ambos sentidos, así que es, más bien, un tema de voluntad política. Lo que sí es un hecho es que, la noche electoral, el Gobierno transmitió los resultados dividiendo a Podemos en las cuatro coaliciones.
Para entender el difícil conglomerado de la formación morada hay que verlo como es la realidad española: una serie de grupos con un proyecto común pero con su propia identidad.
Para el PSOE el tema de los cuatro grupos parlamentarios que persigue Podemos es un tema menor, pero para Pablo Iglesias es algo vital. El mediático líder no tiene el control total de sus diputados. Él fue elegido para capitanear el barco, pero cada uno quiere su propio camarote.
La negativa de Sánchez de permitir a Podemos tener sus grupos parlamentarios separados puede hacer saltar por los aires el acuerdo de investidura. O, aunque no lo destruya totalmente, puede hacer que esos grupos a los que se les niega la autonomía, decidan votar por separado.
Compromis ya ha decidido que no se integrará en Podemos. Buscará la alianza con Izquierda Unida o intentará formar con En Comú y Na Marea un grupo propio. Mónica Oltra ha anunciado que, de no obtener el favor del Partido Socialista con este tema, la agrupación valencianista no apoyaría ninguna investidura.
Pedro Sánchez debería dar menos cosas por seguro y empezar a tratar bien a sus aliados. De lo contrario podría encontrarse compuesto y sin socios.
La falta de entendimiento entre PSOE y Podemos llevaría, con bastante seguridad, a unas nuevas elecciones en las que se podrían intercambiar los papeles (las últimas encuestas dicen que los de Iglesias superarían a los de Sánchez). Además, la ruptura del acuerdo podría transmitir consecuencias a los gobiernos regionales y municipales.
Y, por supuesto, como buen gallego, Mariano Rajoy se relame con gusto ante esta perspectiva pues, como dice el refrán: A río revuelto, ganancia de pescadores.


Imperator Caesar Cerverius

lunes, 11 de enero de 2016

ACUERDO A LA RUSA


Hace unos años, el presidente ruso, Vladimir Putin, encontró la forma de burlar la constitución soviética y perpetuarse en el poder. La carta magna impide ser elegido presidente por tercera vez consecutiva, así que Putin se las apañó para promocionar a su delfín, Dmitri Medvédev, para el puesto y reservarse para él mismo el cargo de primer ministro. Un intercambio de sillones que se restituyó cuatro años después.
Hoy, Cataluña hace un brindis al sol, en su búsqueda de la independencia. Brindis que el president Mas quiso hacer con vodka. El ya ex-president se las ha apañado para torear los impedimentos que, en este caso, planteaba sus necesarios socios de investidura, la CUP.
Durante meses hemos visto un tira y afloja entre la formación mayoritaria en el parlament (los independentistas de Junts Pel Si) y los anticapitalistas de la CUP (grupo con menor representación de la cámara).
La única misiva que han repetido los de Antonio Baños ha sido que no iban a investir a Mas como president. Tras varias asambleas, en las que la militancia ratificó esa negativa, todo parecía abocado a unas nuevas elecciones. Pero en el último momento, cuando sólo quedaba un día para agotar el plazo oficial para la elección del cargo, hubo acuerdo. Y es que no hay nada como encontrarse entre la espada y la pared. La espada, aportada por los anticapitalistas; la pared, mantenida por un Oriol Junqueras que no veía con muy buenos ojos la reedición de Junts Pel Si en una hipotética repetición de elecciones (o, al menos, en los mismos términos que las pasadas. O sea, con Mas como president).
De esta forma, ante la perspectiva de derrota y fraccionamiento, el molt honorable se acordó de su homólogo ruso (salvando las distancias). Y es que Moscú ya puede estar a 3.600 kilómetros de Barcelona, que la política es igualmente corrompible en todos los sitios. Tras asumir Artur Mas que no sería president, quiso reservarse para sí el puesto de conseller en cap, un cargo de naturaleza catalana (literalmente, "consejero en jefe") que viene a ser algo así como un primer ministro. Eso le permitiría seguir en un puesto privilegiado del nuevo gobierno y tirar de los hilos a su antojo.
Menos de 24 horas tras el anuncio de esa noticia, salió Mas a dar una rueda de prensa en la que anunció que renunciaba a cualquier cargo (excepto el de diputado del Parlament).
No se sabe qué ocurrió en ese periodo para un cambio de tal envergadura. Quizá la CUP amenazó con tirar por tierra el acuerdo si el ex-president no se retiraba completamente de la primera línea. Puede que Oriol Junqueras presionase para ser él el hombre fuerte del nuevo Govern (lo será en el puesto de Vicepresidente Económico). O tal vez, Artur Mas tuvo un momento de lucidez y pensó que, tras ser el Molt Honorable President de la Generalitat de Catalunya, cualquier otro cargo se le quedaba corto.
Sea como fuere, Mas da "un paso a un lado" para salvar el escollo de la investidura. Dentro de 18 meses (tiempo establecido para la "desconexión con España" y que haya nuevos comicios) ya será otra historia. Entonces podrá elegir presentarse o no.
Tal y como pinta la cosa se podría pensar que los de la CUP han logrado un gran éxito. Nada más lejos de la realidad. Este acuerdo les pasará factura. El pacto no ha sido ratificado por la militancia. Además, los anticapitalistas tienen el compromiso de no votar, junto a otros grupos, iniciativas que puedan "entorpecer" el proceso. Por último, dos diputados de la formación se integrarán en la dinámica de Junts Pel Si y votarán en el sentido que el grupo determine. Incluso, si resulta necesario, la CUP plantea renovar parte de sus representantes más "incómodos" para la coalición.
Así es como Convergencia logra la mayoría parlamentaria necesaria para su experimento independentista. Ellos mantienen el poder poniendo a un afín en el puesto de president, que será el que se lleve los palos de la imagen pública y mantendrá el sillón caliente para una eventual vuelta de Artur Mas.
El tiempo dirá si Carles Puigdemont, hasta ahora Alcalde de Girona, es un presidente títere o consigue imponer en el gobierno su propio carácter.

Imperator Caesar Cerverius

lunes, 28 de diciembre de 2015

TODOS QUIEREN PACTAR (PERO NO CON EL MISMO)


Los titulares se desbordan: Podemos llega a un acuerdo de gobierno con el PP; Artur Mas se rinde y ofrece la presidencia de la Generalitat a Antonio Baños, de la CUP; Susana Díaz declara su absoluto apoyo a Pedro Sánchez y asegura que no se presentará como candidata a la Secretaría General del PSOE...
Efectivamente, si han encontrado alguna de esas noticias en algún medio de comunicación, han sido víctima de una inocentada.
En este 28 de diciembre, día de Los Santos Inocentes, se ha producido el Comité Federal del PSOE y las reuniones (por separado) de Pablo Iglesias y Albert Rivera con Mariano Rajoy. Y es que ha pasado una semana desde la celebración de las elecciones generales y todo sigue igual... o casi.
En estos 8 días hemos visto al Partido Popular invocar su máxima de "que gobierne la lista más votada" (casualidades de la vida, los más votados son ellos). También hemos visto al presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, salir rápidamente a la palestra y conminar a Pedro Sánchez a que permitiese la investidura de Mariano Rajoy. La última aventura ha sido proponer una gran coalición PP-PSOE-C's. Una coalición en la que, aritméticamente, los 40 escaños de ciudadanos no serían necesarios.
El secretario general del PSOE también salió, con menos prisa, tres días después del 20D y tras reunirse en La Moncloa con el presidente en funciones, para dar sus explicaciones y analizar los resultados electorales. En ese "irse por las ramas" que tienen muchos políticos, Pedro Sánchez vino a decir que había que respetar los tiempos y esperar a que la investidura de Rajoy fracasase, y que, de ser así, él actuaría como el estadista que es (o se cree) y buscaría un pacto de fuerzas progresistas que diese estabilidad a la nación.
Podemos es otro que salió rápidamente, como Rivera (será que los partidos emergentes vienen con ganas y sin tiempo que perder), a describir sus "líneas rojas" para pactar con el PSOE. Todas de, más o menos, fácil cumplimiento, pero una que resulta un auténtico escollo: un referéndum para Cataluña.
Por periódicos, blogs y televisiones se pasearon diversos dirigentes nacionales y autonómicos del Partido Socialista para dejar una cosa clara: el referéndum ni mentarlo. En medio de acusaciones de rupturistas y antipatriotas, Podemos propuso, a mitad de semana, un Presidente Independiente, de consenso y prestigio. Si era una propuesta en serio o sólo un método para desquiciar a adversarios, solo en la dirección de la formación morada lo saben. Y es que, si bien cualquiera podría estar de acuerdo en fichajes  independientes para ciertos ministerios, en los que aportarían renovación y experiencia, sería difícil hacer tragar a los ciudadanos españoles con un presidente que ellos no hubiesen votado.
Mariano Rajoy y Pedro Sánchez tienen una cosa en común: el que no sea presidente, tendrá que irse a casa. Bastantes revueltas acalladas ha tenido el PP como para perder la presidencia y que todo siga igual. La ansiada renovación, que les piden propios y extraños, tendrá que llegar.
Pedro Sánchez también tiene fecha de caducidad. Por mucho que ha intentado retrasarlo (para darle oxígeno a tomarse tiempo con la búsqueda de alianzas y frente a una posible repetición de elecciones), en febrero tendrá que enfrentarse a un Congreso Federal del PSOE. Susana Díaz ya está metiendo presión y aunando apoyos entre los barones autonómicos. "La Reina del Sur" (como la llaman algunos) no dejará escapar esta vez el tren que perdió en la última elección a secretario general.
Al final, ya sea por el aletargamiento navideño, por las pocas prisas de los partidos, o porque todos están a la espera de movimientos de los rivales, estamos como ya cantó Julio Iglesias... La vida sigue igual...

Imperator Caesar Cerverius


martes, 22 de diciembre de 2015

UNA NUEVA ERA

De Izquierda a derecha: Albert Rivera, Pablo Iglesias, Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Alberto Garzón.

21 de Diciembre de 2015 o día 1 de la nueva era. Un nuevo tiempo sin mayorías absolutas, sin bipartidismo (o muy reducido) y con un parlamento muy fragmentado en el que se podrán oír muchas voces.
Las elecciones generales del 20D arrojaron un escenario inédito en la democracia de este país. Jamás los españoles se fueron a la cama sin saber quién sería su presidente. Se abre ahora un abanico de posibilidades para ver quién consigue formar gobierno (y sin descartar la posibilidad de repetir elecciones).
Por un lado, el Partido Popular, que sigue siendo el partido más votado con 123 diputados, pero pierde 63 escaños, la mayoría absoluta y la posibilidad (seguramente) de gobernar. En la sede de la calle Génova han intentado mantener una actitud triunfalista pero, por mucho que hayan salido a botar al balcón, se ve que han quedado tocados.
Como complemento al PP tenemos a Ciudadanos. Cualquier partido nuevo se daría con un canto en los dientes al pasar de 0 a 40 escaños, pero Albert Rivera se ha postulado en todo momento como presidenciable y las encuestas le han dado siempre bastante más representación. El catalán ha debido quedarse con una sensación más agria que dulce.
Cambiando a la banda izquierda nos encontramos con el Partido Socialista. Si hace cuatro años 110 diputados eran un fracaso, los 90 conseguidos por Pedro Sánchez son una debacle; salvo por un ligero apunte: que el hombre de la sonrisa profident podría convertirse en presidente.
El rodillo aplicado por Mariano Rajoy y el ninguneo del parlamento por su parte hacen muy difícil que ningún otro partido (salvo su marca blanca) les apoye. Este hándicap no lo tiene el bisoño secretario general del PSOE que, a base de negociar y (sobre todo) ceder, podría pactar con el resto del congreso la investidura. El legislar ya será otra historia.
Si a alguien necesitan los socialistas tanto en esa supuesta investidura como en la posterior actividad parlamentaria es a Podemos. Los de Pablo Iglesias han recibido en su corta vida unas de cal y otras de arena. Si tomamos como éxito la entrada inesperada en la Eurocámara y confirmamos su subida fulgurante con las elecciones municipales, no debemos pasar por alto su tropiezo con Catalunya Si Que Es Pot.
La formación morada se ha ido recuperando en las últimas semanas hasta plasmarse en los 69 representantes conseguidos. La soltura de Pablo Iglesias en campaña provocó una remontada que les deja a un 1,36% en votos del partido fundado por su homónimo. Ahora les toca plantear sus exigencias irrenunciables para apoyar a un presidente de izquierdas y traer a la población esas medidas sociales tan demandadas.
Si queda un gran damnificado de estas elecciones ese es Alberto Garzón y su fallida Unidad Popular. La ley electoral y la imposible confluencia con Podemos se han cebado con el malagueño. Los dos escaños conseguidos no son representativos del alrededor de 900.000 votos cosechados en toda España.
Las viejas rencillas personales, los inflexibles aparatos de partido, el inflado ego de los líderes y, seguramente, mil cosas más hizo que el entendimiento entre Izquierda unida y Podemos no fuera posible. Un entendimiento del que se habrían beneficiado ambos, al ver elevada su suma de diputados en 14 más, y los electores de izquierdas al verse más representados en un congreso con una sola formación y no con dos grupos parlamentarios recortados que tienen un programa muy parecido.
Sea como fuere, estas son las cartas con las que nos ha tocado jugar durante esta legislatura. En las próximas semanas se podrán ver los movimientos de unos y de otros. De momento, sólo uno de los candidatos, Mariano Rajoy, puede encomendarse al poeta Jorge Manrique y entonar aquello de que "cualquier tiempo pasado fue mejor".

  Imperator Caesar Cerverius.