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domingo, 15 de mayo de 2022

CAMINO DE SANTIAGO NORTE: ETAPA 0

Durante la Semana Santa de 2022, mi compañera bloguera Miss Rocher de la Tormenta y yo comenzamos el Camino de Santiago en su variante Norte. Nuestra intención es acercar el Camino a nuestros lectores, describiendo nuestra experiencia y aconsejando lugares. Pero antes, para todo aquel que desconoce los entresijos de la ruta Jacobea, detallaré en este artículo algunos temas interesantes que hay que conocer.

Un poco de historia

El Camino de Santiago es una de las tres grandes peregrinaciones cristianas, a parte de la que finaliza en Roma y la que lo hace en Jerusalén.

Tras el descubrimiento de la tumba del apóstol, en el siglo VIII, parece ser que la costumbre de ir a visitar los últimos restos del discípulo de Cristo surgió espontáneamente, gozando de gran popularidad dicha ruta en la Edad Media. El Camino también ha tenido sus épocas de menor afluencia y casi de olvido, durando la última crisis desde el siglo XIX hasta los años ’50 del XX, cuando la Iglesia se implicó “personalmente” para revitalizar la ruta. Mención especial merece el sacerdote Elias Valiña, que fue párroco de O Cebreiro, y al que se le atribuye la recuperación de la peregrinación en los ’80.

En 1126, el papa Calixto II decretó que a todo peregrino que realizase el Camino de Santiago durante su Xacobeo, se le perdonarían sus pecados. Esta casuística, que se da el año en que la festividad del Apóstol Santiago (25 de julio) cae en domingo, es hoy en día un reclamo turístico más que un motivo de fe. No en vano, esa pretensión de “ganar el Jubileo” hace que la afluencia de gente se multiplique durante esa temporada.

 

Desde dónde salir

Existen multitud de Caminos:

- Camino Francés: El original y más frecuentado, con dos variantes en su inicio: la navarra (desde Roncesvalles) y la aragonesa (desde Somport). Ambas se unifican a partir de Puente La Reina.

- Camino Inglés: Desde El Ferrol (supuestamente desde donde comenzaban a andar los británicos llegados a la península en barco).

- Camino del Norte: Desde Irún y discurriendo por toda la costa cantábrica.

- Camino Primitivo: Desde Oviedo.

- Camino del Ebro: Desde Deltebre y, como su propio nombre indica, acompañando la ribera del Ebro remontándolo desde su desembocadura.

- Caminos Andaluces: Son varios, desde diferentes puntos de la Comunidad. Incluyen la famosa Vía de la Plata, antigua calzada romana que unía Emerita Augusta (Mérida) con Asturica Augusta (Astorga).

- Caminos Gallegos: Desde diferentes puntos de la Comunidad.

- Caminos Catalanes: Desde Monstserrat, Girona, Barcelona….

- Caminos del Este: Desde diferentes puntos de Levante.

- Caminos del Sureste: Desde la zona murciana.

- Caminos del Centro: Aúna los diferentes caminos mesetarios.

- Camino Insular: De sur a norte de Las Palmas de Gran Canaria, desde Maspalomas hasta Gáldar. Un camino que, en sí mismo, no llegaría a Santiago de Compostela, obviamente.

Fuera de las fronteras españolas, también encontramos rutas europeas, siendo las más famosas:

- Camino Portugués: Con varias alternativas, más por la costa o más por el interior.

- Voie Turonensis – Paris: Que discurre desde la capital Gala.

- Caminos alemanes: Existiendo la Via Baltica, Via Scandinavica, Via Jutlandica…

- Caminos desde Italia: Contempla más de una veintena de rutas desde el norte, centro, sur y la Via Francigena di Sicilia.

Dicho todo lo anterior, comentar que los nombrados son caminos ya trazados y frecuentados, pero a nadie le impide comenzar “su Camino” desde la puerta de su casa. Las rutas descritas están probadas, cuentan con albergues en sus localidades y la mayoría están descritas en guías y mapas que ayudarán en su transcurso, pero la propia naturaleza del Camino (o sea, su espíritu) no restringe qué ruta tomar.

 

Cómo hacer el camino

¿Por qué hacer el Camino? Hay muchas razones para hacer el Camino de Santiago: Deporte, espiritualidad, religiosidad, turismo, buscar paz interior… Todas son igual de válidas.

¿Solo o acompañado? En realidad, se han realizado encuestas que dicen que se llega al mismo grado de satisfacción en ambas modalidades. Hay gente que no sabe estar sola y necesita compañía. Otra que prefiere la soledad. Yo, personalmente, he recorrido la ruta de ambas formas, y las dos tienen su atractivo. Lo que se consigue con la una no se obtiene con la otra. Quizá recomendaría gastar la primera bala del Camino en soledad, pero es un aspecto demasiado particular. Digo la primera bala porque el Camino engancha y repetiréis.

La Credencial. Escogida la ruta que tomaréis, el motivo y la compañía, necesitaréis la Credencial del Peregrino. Es una tarjeta en la que sellaréis vuestro paso por cada localidad. La podéis conseguir en cualquier asociación de amigos del Camino que, seguramente, encontraréis en casi cualquier localidad. Dicha credencial será imprescindible para conseguir la Compostela, de la que luego os hablaré.

¿Dónde dormir? Con respecto al alojamiento, la mayor parte de los peregrinos pernoctan en albergues. Los públicos admiten a los viajantes en orden de llegada, hasta completar aforo, y no admiten reservas. Los albergues privados sí que lo hacen. Aunque suelen dar sábanas desechables, el “modo albergue” está inexorablemente ligado a portar saco de dormir. Si sois escrupulosos a la hora de dormir y os da cosa compartir habitación con 6-20 extraños, está la opción de reservar en hostales o pensiones. La diferencia de precio puede variar desde los 5€, en el caso de albergues públicos, 10€ si optáis por albergues privados y 35-50€ si vais de hostal.

¿Cómo me oriento? Aunque la mayoría de las rutas están bien señalizadas, cada pocos metros, por unas vistosas flechas amarillas, siempre es recomendable hacerse con una guía del Camino. El periodista e historiador Antón Pombo ha escrito guías de los principales Caminos de Santiago. Su elección siempre será un acierto. Además de mostrar un mapa de cada etapa, os aconsejará sobre dónde dormir, dónde comer y qué visitar en cada localidad.

La mochila. La elección de una buena mochila no es baladí. Al fin y al cabo, vamos a ir con ella a cuestas durante cada etapa. Eso significa unas 6-7 horas al día (unos 20-25 km) durante 25-30 días (dependiendo desde dónde salgáis). Necesitaréis que sea de una buena capacidad y un armazón rígido que no os dañe la espalda. Llevaremos en ella NO MÁS DEL 10% DE NUESTRO PESO. Esto es MUY importante. Sentiréis el irrefrenable deseo de cargar la mochila con un montón de cosas que no terminaréis necesitando y que os acabarán minando al llevarlo a cuestas.

El calzado. Si no debería ser aleatoria la elección de la mochila, menos lo debería ser la del calzado. Son muchas horas andando y las zapatillas elegidas serán vitales para el éxito o fracaso de vuestra empresa. NO necesitaréis unas robustas botas de montaña. Con unas zapatillas de trekking será más que suficiente. Llevaréis el pie más ligero y no se os sobrecalentará tanto.

¿Cuánto me voy a gastar? Aunque parezca muy de “andar por casa”, el Camino puede resultar caro. El presupuesto varía mucho dependiendo de cómo lo hagáis. Podéis ir de albergue y comprar comida todos los días para cocinar vosotros mismos o podéis dormir en hostales y realizar las comidas en restaurantes. Dependiendo de lo voraces que seáis, podéis terminar haciendo hasta 4 comidas: desayuno, almuerzo, comida y cena. No suele ser habitual merendar, ya que la comida suele ser tardía y la cena temprana. Lo que sí es recomendable es llevar siembre algunos alimentos encima (un par de latas de atún, algún blíster de lomo y una o dos frutas). Nunca se sabe lo que te vas a encontrar (o no) en esa etapa.

 

El premio

Al llegar a Santiago de Compostela, lo habitual es acudir a la Plaza del Obradoiro, donde se encuentra la catedral, y se considera “el fin del Camino”. Hay una misa dedicada a los peregrinos a unos determinados horarios y, dependiendo del día, se puede observar el rito del botafumeiro (un verdadero espectáculo visual). Además, lo tradicional es darle un abrazo al apóstol (a la figura de Santiago).

Terminadas las “obligaciones” de las fotos frente a la catedral, la misa, el abrazo y soltar un par de lágrimas de la emoción, toca recoger la mal llamada “Compostelana” y mejor “Compostela”. Es un documento acreditativo de que has completado el Camino en, al menos, los 100 últimos kilómetros. Éste es un premio con el que mucha gente se obsesiona, pero no deja de ser un simple pergamino que indica lo que ya sabes: que eres un peregrino y has completado tu viaje. Os cuento un secreto: He realizado dos veces el Camino de Santiago y, por una razón u otra, no he recogido la Compostela en ninguna de las dos ocasiones.

 

Qué hacer después del Camino

Al día siguiente de llegar a Santiago encontraréis una sensación de vacío. Después de 30 días levantándote antes del alba para echar a andar, ¿cómo no seguir la misma dinámica? Para los incansables, existen dos prolongaciones más allá de Santiago. Una a Muxía, donde se atribuye una aparición mariana al apóstol, y otra a Fisterra (en gallego, el fin de la tierra), donde encontraréis el km 0,000. Si os causa curiosidad, pero no queréis sumar más kilómetros a vuestras ya cansadas piernas, existen varias empresas turísticas que, por un módico precio de unos 30 euros, prestan el servicio guiado en autobús. Una excursión que muestra, en un solo día, los sitios más característicos desde Santiago hasta la costa.

 

Pues bien, si habéis llegado al final de este artículo, ya sabéis todo lo necesario para iniciar vuestro Camino. No tengáis prisa. El Camino puede esperar. Escoged el momento y la compañía. Él va a continuar ahí, esperando a que os decidáis.

 

Imperator Caesar Cerverius



martes, 26 de septiembre de 2017

BALÓN DE BARRO

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Decía Eduardo Galeano en El fútbol a sol y sombra que "el juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue".
Es verdad que el fútbol es deporte rey por excelencia en casi todo el mundo, salvo las excepciones de Estados Unidos, Canadá u Oceanía donde ese fanatismo se reparte entre el baloncesto, el béisbol o el hockey sobre hielo en Norteamérica o el rugby en Australia y Nueva Zelanda. Pero lo que es indiscutible es que el fútbol es el deporte que más dinero maneja tanto a nivel de sus cúpulas federativas como FIFA o UEFA como a nivel de equipos en materia de presupuestos, fichajes de jugadores y mercadotecnia. Y ha tenido que precisamente en verano, cuando el fútbol recarga las pilas hasta septiembre y los periódicos deportivos anuncian contrataciones de futbolistas -reales o imaginarias- para llenar los estómagos de los lectores y que todos nos creamos Guardiola, Mourinho, Zidane o Rinus Michels que se han destapado algunas de las vergüenzas que asolan este deporte.
El 18 de julio de este año eran detenidos el presidente de la Federación Española de Fútbol, su hijo y el vicepresidente económico de este organismo con la acusación de estafa, apropiación indebida, falsedad documental, corrupción entre particulares, administración desleal y alzamiento de bienes. Aunque ya el 1 de agosto Ángel María Villar y su hijo salieron de prisión -pagando una fianza irrisoria entre ambos de 450.000 euros en metálico-, está por ver el alcance de la investigación para llegar al fondo de la podredumbre del fútbol español que empieza por arriba, muy arriba. Por su cúpula dirigente. Villar lleva manejando los asuntos de la Federación desde 1988 y en sus 29 años ha sido acusado numerosas veces de irregularidades económicas, de meter mano en la caja fuerte de la Federación, de presionar a árbitros, jugadores y presidentes de federaciones territoriales para conseguir sus votos en las elecciones bajo riesgo de dejar de percibir fondos o cortando su carrera. Al árbitro aragonés Daudén Ibáñez se le desposeyó de la escarapela FIFA en 2005 por no plegarse a sus amenazas y no pudo arbitrar partidos internacionales. Manejando la Federación como su cortijo y con la colaboración de periodistas deportivos, Villar siempre conseguía tratos de favor como silenciar a sus opositores -si es que algún insensato osaba levantar la voz- o que por los terrenos de la Ciudad del Fútbol en Las Rozas (Madrid) la Federación pagase solo 1 euro. 12 hectáreas por 1 euro.
El otro asunto que merece la atención ha sido el fichaje de Neymar Jr. por el París Saint Germain en una operación que le ha costado al conjunto francés 222 millones de euros, pues esta era la cantidad de la cláusula de rescisión que se reflejaba en el contrato del brasileño cuando fue renovado por su anterior equipo, el FC Barcelona. A esto hay que añadir que, según Football Leaks, el sueldo del jugador es de 3.069.520 euros al mes, lo que supone más de 102.000 euros al día. Lo que tardará en desvelarse, si ocurre algún día, es saber si realmente el FC Barcelona ha ingresado realmente esa cantidad, ya que el jugador pertenece a varios fondos de inversión -DIS (40%) y TEISA (5%). El primero pertenece a dos empresarios de Sao Paulo, y el segundo es un fondo formado por grupo de empresarios aficionados del equipo brasileño en el que empezó Neymar, el Santos. Al mover a su futbolista y con cantidades cada vez mayores, esto les repercute en un beneficio cada vez mayor. Y esta es una de las mayores corruptelas del fútbol actual.
Los fondos de inversión tienen su origen en Sudamérica, pero responden al capitalismo voraz del fútbol europeo en los años noventa. Gracias a la Ley Bosman, los futbolistas europeos dejaron de considerarse extranjeros -antes solo podían alinearse 3 en un partido- y los equipos europeos dirigieron su mirada al mercado sudamericano, ávido de dinero con muchos clubes al borde de la desaparición. En Argentina y Brasil proliferaron la propiedad de terceros por parte de personas jurídicas -empresas o fondos de inversión- pero también puede estar formado por personas físicas -agentes de futbolistas-. Estos agentes se aprovechan de las necesidades económicas de los equipos y adquieren derechos de los jugadores por un precio muy bajo cuando se encuentran en edad formativa. Y de este modo todos ganan: los equipos dinero, los agentes irán ganando más dinero cuando el futbolista fiche por equipos europeos a través de cuantiosas comisiones.
Pongamos un ejemplo de cómo afecta esto a un equipo:
En 2011, el Sporting de Gijón estaba muy necesitado de liquidez y contactó con un fondo de inversión llamado Doyen Sports con sede en Malta y que tiene en cartera a 42 jugadores. Esta empresa hizo un préstamo al Sporting por 2,5 millones de euros a devolver en 10 meses sin intereses. Pero en 2012 el club bajó a Segunda División y no pudo devolver el dinero a Doyen, de modo que este fondo de inversión se quedó con el 80% del jugador Alberto Botía, se lo vendió al Sevilla y dividió ese 80% a dos equipos, Elche y Olympiacos. Al año siguiente Doyen hizo un nuevo préstamo al Sporting de otros 2,5 millones, pero ahora las condiciones rozaban casi el chantaje. Doyen se convertía en el único agente de los jugadores y si el Sporting recibía una oferta igual o superior a su valoración por un jugador, estaba obligado a venderlo si no quería recibir una penalización.
Y con los jugadores es más sencillo, pero más rentable:
En 2009, el jugador colombiano Falcao fue traspasado de River Plate al Oporto. Doyen Sports se quedó con el 55% de los derechos del futbolista y le pagó parte de su sueldo en Portugal. En 2012 Falcao fichó por el Atlético de Madrid por 40 millones de euros a cambio de un 33% de la futura venta del jugador. El equipo solo pagó 18 millones pero como lo hizo tarde Doyen aumentó los derechos del jugador y se le impidió decidir en el futuro del jugador. En 2013 se formalizó su traspaso al Mónaco por 45 millones lo que generó una plusvalía de 5 millones de los que un tercio pertenecía a Doyen.
El fútbol resulta un deporte maravilloso por su sencillez, por lo inesperado, por la polémica que genera y por ser un aglutinador social que no se encuentra en ningún otro ámbito, ni en la política ni en el laboral ni tan siquiera en el religioso. Por mucho que se quiera ignorar, este deporte ha traspasado la barrera de lo lúdico y es un generador de sentimientos y elemento de transmisión familiar. Como dijo Paul Auster “el fútbol es un milagro que le permitió a Europa odiarse sin destruirse”. Pero esta destrucción no vendrá por los aficionados, sino por el capitalismo salvaje que ha convertido al fútbol en un sistema de clases con una muy pequeña élite multimillonaria en la cúspide de la pirámide, una clase media de equipos que sirven para engrosar competiciones, pero cuyas posibilidades de éxito son muy escasas y con una enorme base de equipos que luchan por subsistir. Actualmente en Europa hay unos 6 o 7 clubes con un poder económico sin precedentes que captan talentos jóvenes a precios irrisorios o fichan a jugadores de equipos de la clase media sin dejar que éstos disfruten de ellos. O bien, como ha hecho el PSG, revientan el mercado fichando a grandes estrellas por precios prohibitivos teniendo el respaldo financiero de Estados de Oriente Medio -como el Paris Saint Germain o el Manchester City que también tiene participación china por valor de 400 millones de euros- o de Rusia -el Chelsea inglés-.
Especulación, tráfico de menores, ventas ilegales, blanqueo de capitales, falsedad documental, compras ilícitas, apropiación indebida, sobornos, recalificación de terrenos, deudas con Hacienda o Seguridad Social, retraso de pagos, dopaje, apuestas ilegales, embargos, racismo, homofobia, violencia, machismo… son algunos de los términos que rodean al fútbol en la actualidad desde los máximos organismos hasta los campos embarrados alejados de la mano de Dios. Hará falta airear muchas ventanas, ser más exigentes tanto el aficionado como la prensa con las ilegalidades que se cometen y destapar y denunciar cada una de ellas. La batalla no será fácil porque actores políticos y judiciales con intereses ponen y pondrán trabas. Pero hay que luchar por recuperar la esencia de un deporte que fue arrebatado a las clases populares y que debe volver a ellas para siempre.
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RC Malinas (Flandes) Foto de Jurgen Vantomme


martes, 1 de noviembre de 2016

GERARD PIQUÉ. UNA DE LAS DOS ESPAÑAS HA DE HELARTE EL CORAZÓN.




En una conversación mantenida hace poco más de un año, hablando de todo y nada, una de las personas comenzó a hablar de fútbol, en concreto de la selección española. Su idea central era que Vicente del Bosque –seleccionador en aquel caluroso verano del 2015- era un “independentista y antiespañol por haber convocado a catalanes como Xavi Hernández, Víctor Valdés, o Piqué”. Llegó incluso a citar a Andrés Iniesta como un catalán más y por lo tanto, a sus ojos era un independentista que no podía jugar en la selección española.
La idea no se sostiene si se aplican argumentos coherentes, pero denota unas visiones sobre el deporte y la política que han ido creciendo en los últimos tiempos. En primer lugar, ser catalán va aparejado a resultar sospechoso de independentista e incluso la ambigüedad no resulta válida. Nos movemos en términos absolutos donde solo vale lo blanco o lo negro. Y consecuentemente esto conlleva a la formación de bandos ideológicos donde las posturas de aproximación resultan inexistentes. Esto es lo que ocurre con el problema del nacionalismo catalán, al que se intenta combatir con más cargas de nacionalismo español. En segundo lugar, estas visiones sobre la compleja realidad de nuestro país han traspasado el ámbito de lo social y lo político para llegar al deporte, cuya politización–y en concreto del fútbol con su pérdida de identidad no nació como sitúa Owen Jones en Inglaterra en el thatcherismo sino que viene de más atrás, en concreto desde que la dictadura fascista de Mussolini se aprovechó de la victoria de Italia en el Mundial de 1938 disputado en Francia para vender las bondades de su régimen. Franco con la Eurocopa de 1960 y Videla en Argentina con el Mundial de 1978 harían otro tanto.
Dado que en la actualidad no participamos en torneos de justas o en duelos a espada o con pistola para resolver las afrentas, el ser humano ha volcado toda su imaginación, su felicidad y frustración en unos millonarios de pantalón corto llamados futbolistas. Ahora, éstos son los nuevos héroes. Llevan sobre sus hombros las esperanzas e ilusiones de una ciudad y de un país. Y, por tanto, no solo se les exige un rendimiento acorde a su talento y a sus características, sino también, en el caso de las selecciones nacionales, un amor y un sentimiento hacia su país. Ni a médicos, jueces, políticos, periodistas, profesores, arquitectos, veterinarios o empresarios se les exige que sientan sus colores a los futbolistas de la selección. Y Piqué, a pesar de que su rendimiento deportivo está fuera de toda duda, no ha manifestado ese ardor guerrero e irracional por la enseña nacional ha sido señalado, pitado e insultado en distintas ciudades, antes, durante y después de los partidos.
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A decir verdad, donde ha mostrado Piqué ese ardor guerrero ha sido en algunas ruedas de prensa y sobre todo en las redes sociales, un lugar bipolar que oscila entre la información y el estercolero. Ha opinado sobre todos los temas, se ha manifestado antimadridista, ha menospreciado a un compañero de selección “Arbeloa y su cono-cido” y se posicionó a favor de un referéndum en Cataluña pero no a una independencia. Otros deportistas, como Marc Gasol también reflexionaron de la misma manera. Manel Estiarte (jugador de la selección española de waterpolo desde 1977 hasta el 2000; 6 veces olímpico y abanderado español en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000) tuvo que soportar insultos en un estado por apoyar una plataforma a favor del deporte catalán. Pero la idea latente era que, a pesar de haber jugador más de quinientos partidos con la selección española de waterpolo, Estiarte era antiespañol. Y punto. Su exitoso pasado no importaba.
Teniendo las condiciones para un perfecto incendio mediático –nacionalismo español y catalán enfrentado, partido de la selección y la afición más calmada con los insultos a Piqué-, hacía falta una chispa inútil y falsa para que se propagase. Y este vino porque un “cráneo privilegiado” advirtió en Twitter que las bocamangas de la camiseta de Piqué no portaban la bandera española. En primer lugar, según el diseño de dicha prenda, los colores son rojo y amarillo; no rojo-amarillo-rojo. En segundo lugar, se podía apreciar que llevaba la camiseta con las mangas cortadas y debajo una camiseta térmica. Las mangas en su versión larga no portan ninguna bandera ni color. Son blancas. Pero a partir de ese momento la bola de inmundicia se fue extendiendo por las redes sociales llegando al extremo de que periódicos y medios de comunicación se hicieron eco lo ocurrido. Lo esperpéntico llegó cuando al finalizar el partido la Federación Española de Fútbol tuvo que emitir un comunicado aclarando lo ocurrido y un periodista mostró las mangas cortadas.
Al poco rato apareció el propio Piqué con todo el ruido mediático resonando desde Albania para decir que se retiraría de la selección tras el Mundial de Rusia de 2018 porque había perdido la motivación. Pero de fondo latía un hastío por todo revuelo generalizado y ser la diana de aquellos que reparten carnets de españolidad entre los futbolistas. Lejos de buscar sosiego y reflexión, los medios de comunicación han ido añadiendo más leña al fuego mediante encuestas sobre si Piqué debía ir con la selección, si debía jugar o incluso se invitaba a la gente a responder si iba a pitarle o no durante el partido. Incluso con el paso de los días, y cuando parecía que el asunto ya había quedado en un segundo plano, llegó la solemne fecha del 12 de octubre. Aprovechando el desfile militar, avezados reporteros de investigación preguntaron a soldados sobre la renuncia de Piqué. Las respuestas –que convergían en una lógica aplastante: si no se sentía español y no manifestaba su orgullo no debía ir, eran manifestadas entre gritos de ¡Viva España y viva la selección! o ¡Viva la Legión!
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Una semana después de esto, el propio jugador ha reafirmado su decisión, haciendo ver que no fue la prensa –con mención a Eduardo Inda como “marioneta de Florentino Pérez”- ni políticos. Pero en el subsuelo del fútbol late (gracias a la utilización de políticos y medios de comunicación) la inmundicia política y del periodismo español que han convertido el problema de los nacionalismos en un “y tú más” cavando profundas trincheras viscerales. Ellos han intentado combatir al nacionalismo catalán con más nacionalismo español y todo aquel que apueste por un apaciguamiento es considerado como un traidor a la patria. Desde luego el problema tiene muy difícil solución puesto que las posturas están muy lejanas a entenderse y una de las armas para luchar contra los nacionalismos como es la cultura está perdida en un cajón, así como atributos como una altura de miras política y social, que parece haberse diluido en nuestros días. Por ello, el fútbol cumple su papel de sujeto político y de vía de escape para frustraciones y reivindicaciones políticas. Y el nacionalismo, tan atrayente como execrable porque es aglutinador y excluyente al mismo tiempo siempre se cobra víctimas. Y Piqué, un usuario muy activo de las redes sociales ha finalizado su carrera en la selección española de una forma muy paradójica. Achicharrado por esos incendios de las redes sociales.

Etiquetas: catalán, España, español, fútbol, nacionalismo, Piqué, política.
                                                                                                                                   

domingo, 14 de agosto de 2016

¿Sueñan los androides olímpicos con medallas biónicas?


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Celebrada ya una semana de los caóticos y míseros Juegos Olímpicos en Río de Janeiro se hace cada vez más patente la idea de que la elección de esta ciudad se realizó por intereses comerciales y financieros. Estos juegos nunca debieron celebrarse en un país con una gran carga deficitaria tras organizar la Copa del Mundo de fútbol dos años atrás.
Aguas contaminadas por residuos fecales donde se van a celebrar competiciones. Retrasos y fallos en las construcciones de las instalaciones deportivas y en los alojamientos de los deportistas. Colas interminables y gradas vacías. Piscinas donde el agua torna verde sin explicación aparente. Horarios caóticos de partidos cuyo único fin es provocar lesiones entre los deportistas. Desfalco de dinero público, malversación de caudales públicos, presupuestos inflados y el Gobierno brasileño negándose a conceder préstamos a Rio de Janeiro. Dilma Rousseff investigada por actividades ilícitas como Presidenta del Gobierno, desposeída de sus funciones y sustituida de forma interina por Michel Temer. Preocupación por el virus Zika que ha provocado que muchos deportistas hayan declinado su participación en los Juegos Olímpicos. Añadamos un rechazo muy significativo de la población brasileña y carioca a la celebración de tal acontecimiento.
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En las últimas ediciones, la celebración de los Juegos Olímpicos ha perdido todo su impacto deportivo y de promoción de la ciudad organizadora –o incluso del país-, debido a una mayor proyección de los intereses comerciales en pos de obtener un rédito económico favorable por parte de patrocinadores y del Comité Olímpico Internacional –con el beneplácito de las Federaciones nacionales bien para sacar tajada en el suculento pastel o bien por incapacidad de actuación-. COI, empresas patrocinadores y sponsors a un lado. El aficionado al otro. Y Madrid intentando ser sede olímpica y fracasando cada cuatro años. Pan circo y billetes en maletines. A ello hay que sumar los intrínsecos casos de dopaje que se vienen sucediendo durante la celebración de los Juegos Olímpicos –de momento, en Río ya hay dos casos confirmados-. Y el dopaje existirá mientras exista el ser humano y haya importantes laboratorios que investiguen con ello. Desde el farmacológico al sanguíneo hasta llegar a dos nuevos: el genético y el mecánico. Y ahora, en una auténtica pirueta con salto mortal hacia atrás nos encontramos con la organización de un dopaje de Estado a cargo de Rusia. Si, del mismo modo que el llevado a cabo por la extinta RDA en los años setenta y ochenta, parecido al que España ejerció desde finales de los ochenta –había que llegar a Barcelona 92 en condiciones óptimas- y que alcanzó cotas esperpénticas con el encubrimiento del PSOE en la Operación Puerto del 2006.
Desde la República Democrática Alemana, donde los éxitos deportivos eran asunto de Estado para bendecir las virtudes del sistema comunista se ideó un sistema de entrenamiento consistente en “lanza los huevos a la pared y quédate con los que no estallen”. Conforme los atletas mejoraban sus marcas se les aplicaban diversas técnicas de dopaje bajo el amparo del Comité Olímpico de Alemania Oriental, presidido por Manfred Ewald y el director médico Manfred Höppner con el Plan Estatal 14.25 de 1974 mediante el uso de sustancias prohibidas. Para ello utilizaron un sistema inicial de dopaje mediante anfetaminas (fáciles de conseguir, efectivas pero adictivas) para pasar a usar hormonas (testosterona) desde 1964 y cuatro años después anabolizantes. El abuso de sustancias dopantes fue aún más grave en mujeres ya que empezaron a desarrollar enfermedades, raros tipos de canceres y cambios en los patrones menstruales. El caso más conocido y documentado fue el de la lanzadora de peso Heidi Krieger. Su cuerpo estuvo tan sometido al uso de anabolizantes y de testosterona que en 1997, siete años después de su retirada, se vio obligada a realizarse una cirugía de cambio de sexo. Los resultados de Alemania Oriental en los Juegos Olímpicos no fueron nada desdeñables. En México 68 obtuvieron 25 medallas; en Múnich 72 66; en Montreal 76 90; en Moscú 1980 126; en Los Ángeles 84 no participaron debido al boicot comunista y en Seúl 88 tuvo lugar su última participación obteniendo 102 medallas.
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Estos “androides olímpicos” venidos de la RDA corrían y nadaban más rápido, saltaban más que nadie, lanzaban más lejos. Y sus prácticas fueron copiadas.
El canadiense Ben Johnson fue cazado tras ganar la final de los 100 metros lisos en los Juegos de Seúl de 1988; el Comité Olímpico Español incentivó a médicos como Eufemiano Fuentes médico de la delegación española en Barcelona 92 (detenido por dopar a ciclistas, atletas, tenistas y futbolistas en 2006 en la Operación Puerto y posteriormente en la Operación Galgo en 2010) para que “tratara médicamente” a los atletas españoles de los Juegos de Barcelona 1992. Y los resultados fueron muy efectivos pues se consiguieron 22 medallas -18 más que en Seúl- de las cuales 13 fueron de oro. En estos mismos Juegos, el Dream Team americano de baloncesto (medicado con el respaldo de grandes laboratorios estadounidenses) accedió a participar si se les garantizaba que no se someterían a ningún control antidopaje. O el esperpento de los velocistas griegos Konstantinos Kenteris y Ekaterini Thanou que simularon un accidente de moto para eludir un control antes del inicio de los Juegos en Atenas 2004.
Ahora, el escándalo que ha sacudido al deporte en su línea de flotación (entiéndase a empresas y patrocinadores que ponen la pasta) es el descubrimiento de una compleja red estatal de dopaje en Rusia que involucra al Ministro de Deportes y a altos funcionarios rusos acusados de promover y ocultar estas prácticas ilegales. Y a pesar de que se ha prohibido la participación de varios deportistas rusos en Río de Janeiro (gimnastas, nadadores, atletas y ciclistas), para calmar a los jerarcas olímpicos se ha sancionado también a la atleta que proporcionó la información de las prácticas dopantes rusas. Por ello, han sido frecuentes los silbidos a los deportistas rusos –como a Yulia Efimova, medalla de plata en 100m. braza y que nunca debió poder lanzarse a la piscina en una competición oficial tras dar positivo en 2013 por anabolizantes y este mismo año por Meldonium-.
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El esperpento deportivo continuará. Vivimos una era donde el deporte se ha mercantilizado por completo y que está dirigido por organismos corruptos auspiciados por empresas deportivas, de telecomunicaciones o bancos. Además regresan unas técnicas de dopaje que se creían extintas. Y cada vez los Juegos Olímpicos dejan como legado infraestructuras de peor calidad que no repercuten en la ciudadanía, sobre la que recaen deudas a largo plazo. Lo positivo es que, por ahora, Madrid ha dejado de intentar ser sede olímpica. Al carecer de prestigio y de una oferta atractiva en cultura a nivel internacional, la Villa y Corte intentaba situarse en el mapa con la celebración de unos Juegos que irremediablemente estarían condenados a la ruina que hubiéramos pagado todos los españoles. Ya se hubieran encargado de pasar la factura al Estado.
Nota: A Mercedes Coghen, consejera delegada de la candidatura de Madrid a los Juegos Olímpicos de 2016, la Fiscalía Anticorrupción le solicita más de cinco años de cárcel por malversación de caudales públicos, falsedad de documento público y prevaricación.
Con respecto a Madrid 2020, este vídeo resume bien el espíritu olímpico de su patética eliminación.

miércoles, 24 de febrero de 2016

TOUR DE FRANCIA. DEPORTE Y MEMORIA EN LOS SIGLOS XX Y XXI



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Si pensamos en la historia de Francia del siglo XX nos vendrán rápidamente a la memoria sus características leyes anticlericales; las guerras mundiales como participación militar y en las retaguardias; los años veinte con los cafés y cabarets parisinos; Charles de Gaulle; la Nouvelle vague y el estallido político y social de mayo de 1968; la vanguardia artística de los años setenta y tal vez sus vaivenes políticos durante los distintos gobiernos, desde Charles de Gaulle a François Hollande.
Así pues, la forja de la identidad francesa parece provenir del plano político y social a través de erigirse como paradigma del republicanismo, de la verdadera separación entre Iglesia y Estado y cómo no, mediante el recuerdo permanente y de las huellas y cicatrices que dejaron las guerras mundiales reflejado en los monolitos, cementerios, placas, memoriales, insignias y estatuas que jalonan cada rincón del país, cada ciudad y cada pueblo por minúsculo que sea. Pero el siglo XX es también el siglo del deporte. Desde ese deporte romántico, amateur y pionero hasta el ultra profesionalizado y mercantilizado de la actualidad. Y del mismo modo que decir deporte en Gran Bretaña o España es decir fútbol, en Francia es hablar ciclismo. Es hablar del Tour de Francia.
Creado en 1903 por Henri Desgrange, director del diario deportivo L’Auto, el Tour de Francia fue la primera carrera por etapas del ciclismo –antes ya se disputaban pruebas como la París-Brest-París (1891) o la Lieja-Bastogne-Lieja, que todavía se organiza en la actualidad en categoría profesional y cuya primera edición se celebró en 1892. Pero la verdadera importancia del Tour fue que permitió presentar a Francia como un país organizado y audaz por embarcarse en una empresa absolutamente desconocida y cuyos efectos no se podían calibrar. Los primeros ganadores de la carrera fueron ascendidos a los altares de la sociedad, venerados como héroes. Cabe señalar que en las primeras ediciones los corredores tenían prohibido el avituallamiento, recorrían en solitario carreteras adoquinadas durante más de 400 kilómetros llevando anudado en su cuerpo un neumático de repuesto –en el mejor de los casos-, otros no gozaban de tal equipamiento-. Así pues, no es de extrañar que las clasificaciones fueran caóticas y se manifestara el ingenio humano a la hora de hacer trampas como las de algunos corredores que se subían a los trenes para recorrer los trayectos de la carrera.
Visto tal despropósito el Tour estaba en una encrucijada. O desaparecía o reafirmaba su identidad. Y optó por esto último forjando su propia leyenda al añadir puertos y pasos de montaña a su recorrido. En 1905 llegaron los Vosgos. Cinco años después se subieron los Pirineos mediante una mentira telegrafiada. Los ciclistas eran ya semidioses. Los pueblos y ciudades de toda Francia se engalanaban al paso de la carrera. Y para añadir más ingredientes, ganadores del Tour como Lucien Petit Breton o François Faber fallecieron en el transcurso de la Iª Guerra Mundial. Los años posteriores, primero a través de la difusión por radio y posteriormente por televisión a partir de 1952, el Tour de Francia se convirtió no solo en un icono del deporte sino en un verdadero Patrimonio Nacional francés. Debido al paso de la carrera se mejoraron vías de comunicación, carreteras y caminos, se asfaltaron pasos de montaña, se levantaron tendidos eléctricos. Se construyeron recintos deportivos como velódromos y estaciones de esquí que celebrarían los finales de etapa de montaña. Francia  quería borrar sus huellas de la IIª Guerra Mundial y mostrarse al mundo como un país moderno y dinámico, recuperado de tal dramático suceso. Y la contribución del Tour resultó bastante importante.
La carrera era un auténtico acontecimiento social y permitía –y lo sigue haciendo- mostrar todo el rico patrimonio cultural y natural del país.  Solo así se entiende que se llegaran a reunir más de 800.000 personas en una etapa de montaña en los años sesenta; que se silbara y abucheara al primer pentacampeón francés Jacques Anquetil y que se alabara a su máximo rival, el desafortunado Raymond Poulidor, creando una enemistad que trascendió más allá de lo deportivo. Además, ese carácter francés revolucionario contra lo tiránico se manifestaría en 1975 cuando un espectador, harto del dominio de Eddy Merckx en el Tour le propinó un puñetazo en el costado durante la subida al Puy de Dôme. Pero todo acabó bien. Esa edición la ganó un francés. Y en los años ochenta la hegemonía gala aún se mantendría hasta 1985. Desde entonces ningún corredor de dicha nacionalidad ha vuelto a vencer en la carrera, ejerciendo una presión asfixiante sobre cada joven promesa y viendo cómo se producía durante los años noventa y en el siglo XXI una mayor internacionalización del Tour a través del mercado anglosajón y sufriendo –o tolerando tácitamente- el uso y abuso del dopaje.
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El Tour es un reflejo de los recuerdos y la memoria de la historia del siglo XX de Francia. Así se explica que la edición del año 2003 se iniciara en París como la primera; que en 2005 se pasaran los Vosgos como un siglo antes; que en el Tour del año 2010 se festejara el centenario de la subida al Tourmalet en los Pirineos o que en 2014 la carrera hiciera un homenaje a la Iª guerra mundial, pasando por ciudades tan significativas de la contienda como la belga Ypres o por los antiguos frentes de las batallas de Verdún y del Somme así como por los memoriales de la guerra. Pero también se rememorará a la IIª guerra mundial, ya que en la edición de este año la primera etapa finalizará en uno de los escenarios bélicos más conocidos del siglo XX, la playa Utah del desembarco de Normandía.

                                                                                                                                                       -Olof.



miércoles, 20 de enero de 2016

OPEN, de J. R. Moehringer.

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Un niño nunca debería vivir aterrado. Ni tener miedos físicos, solamente en pesadillas que puedan ser calmadas con sueños en los que se convierte en un valiente príncipe que lucha y derrota a dragones.
Pero en la infancia de Andre Agassi no se cumplían ninguna de las dos circunstancias. Tenía miedo a su encolerizado padre, el mismo que trató de sus fracasadas proyecciones deportivas en sus cuatro hijos hasta que el pequeño Andre se convirtió en uno de los mejores jugadores de la historia del tenis. Pero el verdadero pánico que sufría Agassi era al Dragón. Una pesadilla materializada en una máquina construida por su padre que escupía bolas a más de 120 kilómetros a la hora contra un niño de siete años y su característico peinado de paje. Terror. Obligado a devolver unas 2.500 pelotas de tenis al día, Andre es usado como una herramienta paterna por canchas de tenis en su Las Vegas natal jugando no solo contra niños de su edad sino incluso contra adultos. Por ello, el proceso formativo y educacional de Agassi brilla por su ausencia, algo que se manifestó cuando fue enviado a una caótica academia de tenis en Florida, donde afloró su indisciplina contra el sistema establecido, su odio hacia el tenis y su rebeldía hacia sí mismo.
Mientras crecía en edad, Agassi se convertía en una emergente estrella del tenis al mismo tiempo que no lograba encontrar su lugar en el mundo. Criticado en los medios de comunicación por su actitud rebelde, por los jugadores rivales y por la afición por su estilo de vida, su paso a la mayoría de edad transcurría entre aeropuertos, hoteles y  pistas de tenis, apoyado por un cuerpo técnico en el que su entrenador ejercía de verdadera figura paterna. Todo ello formaba un cóctel explosivo que se visualiza en la novela de una forma totalmente nítida, unos altibajos emocionales y psicológicos que se trasladaban a sus propios partidos de tenis, donde en bastantes ocasiones su mayor rival no era el jugador del otro lado de la pista sino el propio Agassi.

¿Es este libro una biografía común de un deportista? En absoluto. J. R. Moehringer –ganador del premio Pulitzer y autor de su magnífica autobiografía The Tender Bar- traza un recorrido por la vida personal y tenística de Agassi de forma maravillosa. Desde la violencia física y psíquica que su padre ejercía en él desde niño, incluso ofreciéndole drogas para mejorar su rendimiento, la soledad y el vacío que experimenta como tenista y como persona o la necesidad de ser consciente de su existencia a través de su alter ego, Pete Sampras. Opuestos. La antítesis perfecta. Pete con abundante pelo rizado contra un Andre calvo a los veinte años. Sampras basando su juego en su potente saque contra el restador Agassi, devolviendo bolas imposibles. Lo que se produce en Open es una combinación del espacio personal y profesional como si resultaran uno solo, de modo que se trata de las experiencias y del dolor físico y moral que puede producir una derrota en la final de un gran torneo, pero también del daño psicológico que le genera una infancia sin educación, una juventud sin reglas, un odio hacia el tenis que tardó años en asumir y un matrimonio fracasado. Fueron el cúmulo de experiencias negativas las que supo encauzar como un doloroso aprendizaje y le permitieron alcanzar un mayor éxito en el tenis pero también en su vida personal. Madurar. Crecer con y durante los fracasos. Este es el leitmotiv de Open.
-Olof.