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viernes, 26 de febrero de 2016

HISTORIAS SOBRE VIAJES EN EL TIEMPO ( I )


Los viajes en el tiempo están de moda en la actualidad, ya sea por libros, películas, series o cómics, todos conocemos historias relacionadas con esa posibilidad.

Pero ¿se han llegado a producir estos viajes? o mejor aún, ¿se están produciendo?

A lo largo de estos posts voy a contar increíbles historias sobre viajes y viajeros temporales, algunas claros "fakes", otras muy confusas las cuales ni confirmo, ni desmiento. Esa tarea se la dejo a ustedes queridos lectores, lean y saquen sus propias conclusiones.

La primera historia que traigo es posiblemente la más famosa de los supuestos viajeros en el tiempo. Se trata de la historia de John Titor. Este personaje entra en escena entre el año 2000 y el 2001 mediante algunos posts en foros relacionados con las teorías de los viajes temporales.

En ellos afirmaba que procedía del año 2036 y desvelaba algunas predicciones para el futuro cercano, como una 3ª Guerra Mundial que ocurriría en el año 2015. Describió un futuro cambiado drásticamente en donde Estados Unidos se ha dividido en cinco regiones más pequeñas, el medio ambiente y las infraestructuras han sido devastadas por un ataque nuclear, y la mayoría de las demás potencias mundiales han sido destruidas. Cabe resaltar que durante la crisis nuclear, Estados Unidos está gobernado, según sus palabras, por un «presidente de color» (presumiblemente Barack Obama).

En uno de sus primeros mensajes dijo que «el descubrimiento que permitirá la tecnología del viaje en el tiempo ocurrirá en el 2001, cuando el CERN haga que sus edificios entren en línea». Titor además afirmaba que era un soldado de 38 años, perteneciente a un programa gubernamental relacionado con los viajes en el tiempo y que era el nieto de uno de los desarrolladores de la tecnología que había venido a buscar.

Su misión era la de regresar al año 1975 y conseguir un ordenador IBM 5100 para usarlo, según dijo, en «editar» varios programas de computadora antiguos en el año 2036; con problemas del código de error «timeout» UNIX 2038. Es decir, algo parecido al efecto 2000.

También dijo que haría una parada en el año 2000 por «razones personales»: recoger unas fotografías de su familia perdidas en la guerra civil , que en nuestro tiempo actual (mitad de 2015) no ocurrió o está pendiente de ocurrir, según sus predicciones.

De acuerdo con sus post, dijo que «el modelo de Física-Cuántica de Everett-Wheeler» era el correcto. Este modelo, mejor conocido como el de la interpretación de muchos mundos, postula que cualquier posible resultado de una decisión cuántica realmente ocurre en un «universo separado». Afirmó que es por eso que la paradoja del abuelo no debería de ocurrir; siguiendo la lógica del argumento, Titor podría matar al abuelo de otro John Titor en una línea de tiempo diferente a la de él, y entonces él mismo no se veía afectado. Según las palabras del propio Titor:

"la paradoja del Abuelo es imposible. De hecho, todas las paradojas son imposibles. La teoría de Everett-Wheeler-Graham de los múltiples mundos es la correcta. Todos los estados posibles del Quanta, eventos, posibilidades y resultados son reales, eventuales y están ocurriendo. Las oportunidades de que todo ocurra en cualquier lugar en algún momento en el Superverso es del 100%" .

 Titor anunció su partida a su “mundo”, en la primavera del 2001 y por aquel entonces era bastante conocido y sus defensores argumentan que sus pruebas son ciertas basándose en que hay varias lineas temporales, y lo que le ocurrió al protagonista es diferente en nuestra linea temporal.

Pero su historia sigue generando muchas dudas como por ejemplo, como es posible que el ejercito de los EEUU tenga el suficiente potencial para hacer una maquina del tiempo, pero no puedan crear una replica de esa computadora obsoleta por la que mandaron a Titor al pasado. Otra duda es el problema que su misión solucionaría puesto que eso resuelve el efecto 2000, ¿De que le iba a servir en el 2036? Así que juzguen ustedes mismos, ¿realidad o ficción?

La segunda historia aparece en el libro "Viaje en el tiempo, una nueva perspectiva" de John H. Brenan en la que se cuenta la historia de Sir Victor Goddard, un piloto de los Air Marshall en 1935. Se decide a hacer unas investigaciones sobre unas zonas que podían ser pistas de aterrizaje y a Sir Victor le encargan la misión de hacer un reconocimiento a uno de estos puntos que se encontraba cerca de Edimburgo, concretamente en Drem.

Goddard puso rumbo al campo y lo encontró muy deteriorado, lleno de grietas en el suelo donde crecía la hierba a través de la pista de aterrizaje. Las instalaciones estaban abandonadas y sin rastro de ninguna persona. Así que después de inspeccionar la ubicación, el señor Goddard cogió su avión y decidió volver por donde había llegado.

Por el camino se encontró con una tormenta muy intensa y al cabo de un rato se sintió algo desorientado, así que decidió dar media vuelta y volver a la zona que había inspeccionado con anterioridad para reubicar su ruta. Al cabo de una hora mas o menos, al llegar a la zona se encontró con algo muy extraño. Esa pista de aterrizaje se encontraba en perfectas condiciones y la tormenta había pasado dejando un brillante sol y un cielo completamente despejado. En la pista, había gente trabajando con monos azules y también varios aviones de color amarillo y plateado que no pudo identificar, a pesar de ser un piloto veterano.



Cuando al fin llegó al punto desde el que partió y se ubicó correctamente, retomó su ruta para llegar a su destino, decidiendo callar y no contar nada para que no lo tomaran por loco.

Pasados 4 años, decidió volver a ese punto en Drem y visitar aquella pista de aterrizaje. La encontró exactamente igual que en su primera visita, abandonada, muy deteriorada y con ganado alimentándose de la hierba que crecía entre las grietas.

¿Qué le ocurrió a este piloto? ¿Viaje en el tiempo? ¿Alucinación? Lo cierto es que investigando pudo reconocer aquellos aviones amarillos, concretamente era un Miles Magister, avión que se utilizó durante la 1ª guerra mundial.

El último caso de este post ocurrió en la Antártida. Varios científicos estadounidenses e ingleses realizaban unas investigaciones sobre temas climáticos. Sobre la zona polar había una gran niebla grisácea y muy espesa, parecía una mezcla entre arena y nieve. Como esa anomalía duraba varios días decidieron investigarla. Para ello, prepararon un globo meteorológico equipado con sus respectivos sistemas y aparatajes de medición e investigación al que iba atada una soga para su posterior recuperación.

Se procedió a introducir la sonda en la niebla y a las horas procedieron a su recuperación ante la cual quedaron perplejos. Al haber sido introducido, el globo marcaba como fecha el 27 enero del 2005 y al salir marcaba 27 de enero de 1965.

Los científicos creyendo que se trataba de un error se aseguraron de tener todos los datos correctos y que los aparatos funcionasen correctamente. Así que cuando estuvieron preparados volvieron a introducir la sonda en aquella neblina.

Al recuperar la sonda nuevamente se dan cuenta que sigue marcando la fecha de 27 de enero de 1965. Por supuesto se informo a todos sus superiores pero el tema quedó ahí, tapándolo y dejando olvidar el tema hasta el punto que nunca más se ha hablado de ello. Aunque es de suponer que se siga investigando aunque no sepamos o no nos cuenten sobre ello.

                                                                                                                                             Dorian Wells











Bibliografia:



miércoles, 24 de febrero de 2016

TOUR DE FRANCIA. DEPORTE Y MEMORIA EN LOS SIGLOS XX Y XXI



http://i.telegraph.co.uk/multimedia/archive/02377/1903_2377060k.jpg


Si pensamos en la historia de Francia del siglo XX nos vendrán rápidamente a la memoria sus características leyes anticlericales; las guerras mundiales como participación militar y en las retaguardias; los años veinte con los cafés y cabarets parisinos; Charles de Gaulle; la Nouvelle vague y el estallido político y social de mayo de 1968; la vanguardia artística de los años setenta y tal vez sus vaivenes políticos durante los distintos gobiernos, desde Charles de Gaulle a François Hollande.
Así pues, la forja de la identidad francesa parece provenir del plano político y social a través de erigirse como paradigma del republicanismo, de la verdadera separación entre Iglesia y Estado y cómo no, mediante el recuerdo permanente y de las huellas y cicatrices que dejaron las guerras mundiales reflejado en los monolitos, cementerios, placas, memoriales, insignias y estatuas que jalonan cada rincón del país, cada ciudad y cada pueblo por minúsculo que sea. Pero el siglo XX es también el siglo del deporte. Desde ese deporte romántico, amateur y pionero hasta el ultra profesionalizado y mercantilizado de la actualidad. Y del mismo modo que decir deporte en Gran Bretaña o España es decir fútbol, en Francia es hablar ciclismo. Es hablar del Tour de Francia.
Creado en 1903 por Henri Desgrange, director del diario deportivo L’Auto, el Tour de Francia fue la primera carrera por etapas del ciclismo –antes ya se disputaban pruebas como la París-Brest-París (1891) o la Lieja-Bastogne-Lieja, que todavía se organiza en la actualidad en categoría profesional y cuya primera edición se celebró en 1892. Pero la verdadera importancia del Tour fue que permitió presentar a Francia como un país organizado y audaz por embarcarse en una empresa absolutamente desconocida y cuyos efectos no se podían calibrar. Los primeros ganadores de la carrera fueron ascendidos a los altares de la sociedad, venerados como héroes. Cabe señalar que en las primeras ediciones los corredores tenían prohibido el avituallamiento, recorrían en solitario carreteras adoquinadas durante más de 400 kilómetros llevando anudado en su cuerpo un neumático de repuesto –en el mejor de los casos-, otros no gozaban de tal equipamiento-. Así pues, no es de extrañar que las clasificaciones fueran caóticas y se manifestara el ingenio humano a la hora de hacer trampas como las de algunos corredores que se subían a los trenes para recorrer los trayectos de la carrera.
Visto tal despropósito el Tour estaba en una encrucijada. O desaparecía o reafirmaba su identidad. Y optó por esto último forjando su propia leyenda al añadir puertos y pasos de montaña a su recorrido. En 1905 llegaron los Vosgos. Cinco años después se subieron los Pirineos mediante una mentira telegrafiada. Los ciclistas eran ya semidioses. Los pueblos y ciudades de toda Francia se engalanaban al paso de la carrera. Y para añadir más ingredientes, ganadores del Tour como Lucien Petit Breton o François Faber fallecieron en el transcurso de la Iª Guerra Mundial. Los años posteriores, primero a través de la difusión por radio y posteriormente por televisión a partir de 1952, el Tour de Francia se convirtió no solo en un icono del deporte sino en un verdadero Patrimonio Nacional francés. Debido al paso de la carrera se mejoraron vías de comunicación, carreteras y caminos, se asfaltaron pasos de montaña, se levantaron tendidos eléctricos. Se construyeron recintos deportivos como velódromos y estaciones de esquí que celebrarían los finales de etapa de montaña. Francia  quería borrar sus huellas de la IIª Guerra Mundial y mostrarse al mundo como un país moderno y dinámico, recuperado de tal dramático suceso. Y la contribución del Tour resultó bastante importante.
La carrera era un auténtico acontecimiento social y permitía –y lo sigue haciendo- mostrar todo el rico patrimonio cultural y natural del país.  Solo así se entiende que se llegaran a reunir más de 800.000 personas en una etapa de montaña en los años sesenta; que se silbara y abucheara al primer pentacampeón francés Jacques Anquetil y que se alabara a su máximo rival, el desafortunado Raymond Poulidor, creando una enemistad que trascendió más allá de lo deportivo. Además, ese carácter francés revolucionario contra lo tiránico se manifestaría en 1975 cuando un espectador, harto del dominio de Eddy Merckx en el Tour le propinó un puñetazo en el costado durante la subida al Puy de Dôme. Pero todo acabó bien. Esa edición la ganó un francés. Y en los años ochenta la hegemonía gala aún se mantendría hasta 1985. Desde entonces ningún corredor de dicha nacionalidad ha vuelto a vencer en la carrera, ejerciendo una presión asfixiante sobre cada joven promesa y viendo cómo se producía durante los años noventa y en el siglo XXI una mayor internacionalización del Tour a través del mercado anglosajón y sufriendo –o tolerando tácitamente- el uso y abuso del dopaje.
http://www.letour.fr/PHOTOS/TDF/2014/700/20140711457__D4D5871G-b.jpg
El Tour es un reflejo de los recuerdos y la memoria de la historia del siglo XX de Francia. Así se explica que la edición del año 2003 se iniciara en París como la primera; que en 2005 se pasaran los Vosgos como un siglo antes; que en el Tour del año 2010 se festejara el centenario de la subida al Tourmalet en los Pirineos o que en 2014 la carrera hiciera un homenaje a la Iª guerra mundial, pasando por ciudades tan significativas de la contienda como la belga Ypres o por los antiguos frentes de las batallas de Verdún y del Somme así como por los memoriales de la guerra. Pero también se rememorará a la IIª guerra mundial, ya que en la edición de este año la primera etapa finalizará en uno de los escenarios bélicos más conocidos del siglo XX, la playa Utah del desembarco de Normandía.

                                                                                                                                                       -Olof.