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martes, 13 de noviembre de 2018

DE CUANDO EL MUNDO CAMBIÓ EN UN BOSQUE


En el momento en el que escribo este post, se cumplen 100 años del Armisticio de Compiègne, la firma entre representantes del Imperio Alemán y de Francia que supuso el cese definitivo de los combates de la Primera Guerra Mundial. En concreto, en la madrugada del 10 al 11 de noviembre, -a las 5 de la mañana- se estableció que el final de los enfrentamientos fuera a partir de las 11:00 horas. Aunque, como siempre pasa en la Historia y en la vida, este hecho estuvo cargado de mala suerte para un anónimo soldado estadounidense. Deseoso de demostrar su valía en el frente, Henry Gunther cargó su bayoneta en contra de las órdenes de su sargento y se lanzó a la carga de una posición de ametralladora alemana. A pesar de los avisos de los soldados germanos, realizó un par de disparos. En cuanto estuvo al alcance de la ametralladora fue inmediatamente abatido. Falleció en un pueblucho francés de mala muerte, en Chaumont-devant-Damvillers, cerca del río Mosa. Eran las 10:59 de la mañana. Faltaba un minuto para que el armisticio entrara en vigor.

Se ha escrito muchísimo sobre la Primera Guerra Mundial, sobre todo cuando se cumplen fechas conmemorativas y desde diversas visiones, pero la mayoría de los distintos trabajos apuntan tres ideas principales: la ceguera de los dirigentes (emperadores, políticos, diplomáticos) en azuzar un conflicto bélico que creían que podrían controlar y dirigir apelando a las emociones y al nacionalismo exacerbado, pero que se les escapó de las manos ya que históricos imperios se derrumbaron en apenas cuatro años. La segunda idea gira en torno a que la guerra no tuvo nada que ver con enfrentamientos anteriores, por el uso de una tecnología más efectiva y mortífera, que rompía los esquemas clásicos de los planes militares. Y la tercera, la reflexión más extendida a la que llegan casi todas las conclusiones, es el absurdo de algunas batallas a pequeña escala, pero en conjunto fue una guerra inútil porque el coste de vidas fue altísimo en comparación con los objetivos conseguidos. Un dato para tener en cuenta: en las seis horas que transcurrieron entre la firma del armisticio y su entrada en vigor murieron 11.000 soldados.


Personalmente, siempre he tenido predilección por la Primera Guerra Mundial. Incluso la considero como el inicio de una nueva etapa histórica. En comparación, el mundo era más parecido en 1912 a los años finales del siglo XIX que lo sería en 1918. Por ejemplo, si se observa la fotografía superior (tomada en 1910) se ve a varios monarcas y emperadores europeos: el zar Fernando de Bulgaria y el káiser Guillermo II -de pie, segundo y cuarto por la izquierda- acabaron kaputt en 1918 tras enfrentarse a Inglaterra y Bélgica, regidas por Jorge V (sentado en el centro) y Alberto I (de pie, el primero de la derecha). Además, sin este episodio bélico no se puede entender el surgimiento de la Revolución rusa, del fascismo o del nazismo. Incluso de un nuevo capitalismo y de nuevas formas de organización territorial.

De todas formas, el lugar de la firma del armisticio es muy austero, -una explanada elíptica con unos raíles y una placa conmemorativa donde estaba el tren original junto a una estatua del mariscal Foch-. Existe un pequeño museo que conserva una réplica del tren original, unos cuantos mapas e indumentaria de soldados franceses y alemanes y un tanque Renault. Aun así, la carga simbólica es enorme ya que fue el lugar donde se dio el primer paso hacia una paz definitiva, pero también supuso el inicio de nuevos movimientos y revoluciones políticas y sociales: de aquí parte el sentimiento antisemita en Alemania, el fascismo en Italia o el establecimiento de Estados Unidos como primera potencia mundial.

Cien años después, Europa es un continente estable en cuanto a conflictos bélicos (con la excepción de Ucrania), pero el sentimiento nacionalista está en auge. Un nacionalismo en contra del fenómeno de la inmigración y en contra también de la Unión Europea. No se adivina un futuro muy bueno (el Brexit inglés, el apogeo de populismos de extrema derecha en la mayor parte de países europeos, la marcha de Merkel que puede quebrar el fundamental eje francoalemán), hace que Europa, -que se desangró hace 100 años y que engendró una débil institución para mantener la paz, como fue la Sociedad de Naciones-, sea un continente cada vez más débil, una especie de choped barato entre EE. UU., Rusia y China.

Cierto es que se ha avanzado enormemente, se han consolidado democracias y la sociedad civil está por encima de cualquier estamento, pero el resurgimiento de dichos nacionalismos, bien por rechazo a otros o por sentimiento de agresión y victimismo, dibuja una peligrosa situación en la que las opiniones mesuradas y reflexivas son denostadas.






martes, 26 de septiembre de 2017

BALÓN DE BARRO

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Decía Eduardo Galeano en El fútbol a sol y sombra que "el juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue".
Es verdad que el fútbol es deporte rey por excelencia en casi todo el mundo, salvo las excepciones de Estados Unidos, Canadá u Oceanía donde ese fanatismo se reparte entre el baloncesto, el béisbol o el hockey sobre hielo en Norteamérica o el rugby en Australia y Nueva Zelanda. Pero lo que es indiscutible es que el fútbol es el deporte que más dinero maneja tanto a nivel de sus cúpulas federativas como FIFA o UEFA como a nivel de equipos en materia de presupuestos, fichajes de jugadores y mercadotecnia. Y ha tenido que precisamente en verano, cuando el fútbol recarga las pilas hasta septiembre y los periódicos deportivos anuncian contrataciones de futbolistas -reales o imaginarias- para llenar los estómagos de los lectores y que todos nos creamos Guardiola, Mourinho, Zidane o Rinus Michels que se han destapado algunas de las vergüenzas que asolan este deporte.
El 18 de julio de este año eran detenidos el presidente de la Federación Española de Fútbol, su hijo y el vicepresidente económico de este organismo con la acusación de estafa, apropiación indebida, falsedad documental, corrupción entre particulares, administración desleal y alzamiento de bienes. Aunque ya el 1 de agosto Ángel María Villar y su hijo salieron de prisión -pagando una fianza irrisoria entre ambos de 450.000 euros en metálico-, está por ver el alcance de la investigación para llegar al fondo de la podredumbre del fútbol español que empieza por arriba, muy arriba. Por su cúpula dirigente. Villar lleva manejando los asuntos de la Federación desde 1988 y en sus 29 años ha sido acusado numerosas veces de irregularidades económicas, de meter mano en la caja fuerte de la Federación, de presionar a árbitros, jugadores y presidentes de federaciones territoriales para conseguir sus votos en las elecciones bajo riesgo de dejar de percibir fondos o cortando su carrera. Al árbitro aragonés Daudén Ibáñez se le desposeyó de la escarapela FIFA en 2005 por no plegarse a sus amenazas y no pudo arbitrar partidos internacionales. Manejando la Federación como su cortijo y con la colaboración de periodistas deportivos, Villar siempre conseguía tratos de favor como silenciar a sus opositores -si es que algún insensato osaba levantar la voz- o que por los terrenos de la Ciudad del Fútbol en Las Rozas (Madrid) la Federación pagase solo 1 euro. 12 hectáreas por 1 euro.
El otro asunto que merece la atención ha sido el fichaje de Neymar Jr. por el París Saint Germain en una operación que le ha costado al conjunto francés 222 millones de euros, pues esta era la cantidad de la cláusula de rescisión que se reflejaba en el contrato del brasileño cuando fue renovado por su anterior equipo, el FC Barcelona. A esto hay que añadir que, según Football Leaks, el sueldo del jugador es de 3.069.520 euros al mes, lo que supone más de 102.000 euros al día. Lo que tardará en desvelarse, si ocurre algún día, es saber si realmente el FC Barcelona ha ingresado realmente esa cantidad, ya que el jugador pertenece a varios fondos de inversión -DIS (40%) y TEISA (5%). El primero pertenece a dos empresarios de Sao Paulo, y el segundo es un fondo formado por grupo de empresarios aficionados del equipo brasileño en el que empezó Neymar, el Santos. Al mover a su futbolista y con cantidades cada vez mayores, esto les repercute en un beneficio cada vez mayor. Y esta es una de las mayores corruptelas del fútbol actual.
Los fondos de inversión tienen su origen en Sudamérica, pero responden al capitalismo voraz del fútbol europeo en los años noventa. Gracias a la Ley Bosman, los futbolistas europeos dejaron de considerarse extranjeros -antes solo podían alinearse 3 en un partido- y los equipos europeos dirigieron su mirada al mercado sudamericano, ávido de dinero con muchos clubes al borde de la desaparición. En Argentina y Brasil proliferaron la propiedad de terceros por parte de personas jurídicas -empresas o fondos de inversión- pero también puede estar formado por personas físicas -agentes de futbolistas-. Estos agentes se aprovechan de las necesidades económicas de los equipos y adquieren derechos de los jugadores por un precio muy bajo cuando se encuentran en edad formativa. Y de este modo todos ganan: los equipos dinero, los agentes irán ganando más dinero cuando el futbolista fiche por equipos europeos a través de cuantiosas comisiones.
Pongamos un ejemplo de cómo afecta esto a un equipo:
En 2011, el Sporting de Gijón estaba muy necesitado de liquidez y contactó con un fondo de inversión llamado Doyen Sports con sede en Malta y que tiene en cartera a 42 jugadores. Esta empresa hizo un préstamo al Sporting por 2,5 millones de euros a devolver en 10 meses sin intereses. Pero en 2012 el club bajó a Segunda División y no pudo devolver el dinero a Doyen, de modo que este fondo de inversión se quedó con el 80% del jugador Alberto Botía, se lo vendió al Sevilla y dividió ese 80% a dos equipos, Elche y Olympiacos. Al año siguiente Doyen hizo un nuevo préstamo al Sporting de otros 2,5 millones, pero ahora las condiciones rozaban casi el chantaje. Doyen se convertía en el único agente de los jugadores y si el Sporting recibía una oferta igual o superior a su valoración por un jugador, estaba obligado a venderlo si no quería recibir una penalización.
Y con los jugadores es más sencillo, pero más rentable:
En 2009, el jugador colombiano Falcao fue traspasado de River Plate al Oporto. Doyen Sports se quedó con el 55% de los derechos del futbolista y le pagó parte de su sueldo en Portugal. En 2012 Falcao fichó por el Atlético de Madrid por 40 millones de euros a cambio de un 33% de la futura venta del jugador. El equipo solo pagó 18 millones pero como lo hizo tarde Doyen aumentó los derechos del jugador y se le impidió decidir en el futuro del jugador. En 2013 se formalizó su traspaso al Mónaco por 45 millones lo que generó una plusvalía de 5 millones de los que un tercio pertenecía a Doyen.
El fútbol resulta un deporte maravilloso por su sencillez, por lo inesperado, por la polémica que genera y por ser un aglutinador social que no se encuentra en ningún otro ámbito, ni en la política ni en el laboral ni tan siquiera en el religioso. Por mucho que se quiera ignorar, este deporte ha traspasado la barrera de lo lúdico y es un generador de sentimientos y elemento de transmisión familiar. Como dijo Paul Auster “el fútbol es un milagro que le permitió a Europa odiarse sin destruirse”. Pero esta destrucción no vendrá por los aficionados, sino por el capitalismo salvaje que ha convertido al fútbol en un sistema de clases con una muy pequeña élite multimillonaria en la cúspide de la pirámide, una clase media de equipos que sirven para engrosar competiciones, pero cuyas posibilidades de éxito son muy escasas y con una enorme base de equipos que luchan por subsistir. Actualmente en Europa hay unos 6 o 7 clubes con un poder económico sin precedentes que captan talentos jóvenes a precios irrisorios o fichan a jugadores de equipos de la clase media sin dejar que éstos disfruten de ellos. O bien, como ha hecho el PSG, revientan el mercado fichando a grandes estrellas por precios prohibitivos teniendo el respaldo financiero de Estados de Oriente Medio -como el Paris Saint Germain o el Manchester City que también tiene participación china por valor de 400 millones de euros- o de Rusia -el Chelsea inglés-.
Especulación, tráfico de menores, ventas ilegales, blanqueo de capitales, falsedad documental, compras ilícitas, apropiación indebida, sobornos, recalificación de terrenos, deudas con Hacienda o Seguridad Social, retraso de pagos, dopaje, apuestas ilegales, embargos, racismo, homofobia, violencia, machismo… son algunos de los términos que rodean al fútbol en la actualidad desde los máximos organismos hasta los campos embarrados alejados de la mano de Dios. Hará falta airear muchas ventanas, ser más exigentes tanto el aficionado como la prensa con las ilegalidades que se cometen y destapar y denunciar cada una de ellas. La batalla no será fácil porque actores políticos y judiciales con intereses ponen y pondrán trabas. Pero hay que luchar por recuperar la esencia de un deporte que fue arrebatado a las clases populares y que debe volver a ellas para siempre.
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RC Malinas (Flandes) Foto de Jurgen Vantomme


viernes, 31 de marzo de 2017

JE T’AIME MARINE

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Querida Marine.
En la grieta abierta por la crisis económica, social y política del 2008 que ha socavado el Estado de bienestar en Europa y ante la inoperancia de los partidos tradicionales –especialmente de un PSF convertido en un vodevil del Folies Bergère- has logrado que tu mensaje cale en la sociedad francesa hasta el punto que los clásicos cinturones industriales de Francia –tradicionales feudos socialistas- hayan pasado a apoyarte. Se calcula que alrededor de un treinta por ciento de tu electorado proviene de votantes socialistas y comunistas.
Pero lo más importante es cómo has conseguido romper con la imagen clásica de una ultraderecha asociada al nazismo. Mantienes el mensaje ultranacionalista, xenófobo y racista en un país con una enorme presencia de inmigrantes de primera, segunda y tercera generación procedentes principalmente de África o el Caribe. Pero estás consiguiendo resultados y tu mensaje cala, especialmente en las zonas con mayor paro de Francia (el viejo norte industrial, muy poco desarrollado e incluso en todo el corredor desde el Franco Condado hasta los Alpes Marítimos y la Provenza). Otorgas carnets de la pureza de la raza francesa en un país con población no ya mezclada de otros continentes, sino incluso de Europa. Véase la inmigración española tras la Guerra civil en el sur de Francia, la presencia de italianos en la zona de la Costa Azul o la influencia alemana en Alsacia y Lorena.
Abogas por un resurgimiento francés fuera de Europa, salida del euro, expulsión de inmigrantes, más controles fronterizos, recuperación de los valores morales tradicionales. En definitiva, una nueva forma política frente a la caduca, vieja y corrupta forma de gobernar. A pesar de que eres europarlamentaria y cobras por ello un buen sueldo pero no asistes a las reuniones de Bruselas porque estás en campaña. Pero todo sea “pour la France”. Sin duda, lo que más me fascina de ti es tu puesta en escena. El símbolo con el que te presentas en tus mítines es una rosa tumbada en azul (el poder de esa imagen para tus rivales es impresionante) y sobre todo, cómo has logrado marcar la agenda de todos tus contrincantes.
En un principio se mofaban de ti y te despreciaban, considerándote una deriva extremista alejada del sistema que proponía soluciones irreales en un periodo de extrema gravedad. Eras una outsider que iba a quedarse por el camino. Nadie había tomado nota del resurgimiento de los movimientos ultraderechistas en Europa en los años noventa. Pero el Brexit, la fortaleza del FPÖ en Austria –casi llega a gobernar perdiendo la repetición de las elecciones del año pasado en las que no participaron los partidos tradicionales-, así como el auge de partidos similares en Europa del Norte, Holanda y Alemania ha hecho que se replanteen su pensamiento. O no. Ahora eres la rival más temida, viendo cómo se derrumban tus opositores. Fillon envuelto en un escándalo de corrupciones y de pagos a su familia con contratos y trabajos ficticios. Manuel Valls no apoyará a su compañero socialista Hamon y se decanta por Macron, que tampoco quiere mezclase demasiado con Valls para mantener impoluta su imagen de nueva política.
Te lo están dejando hecho. Es cierto que tu padre –al que llegaste a expulsar del Frente Nacional- llegó como segundo candidato en las elecciones presidenciales del 2002. Obtuvo casi un 17 por ciento de votos en la primera vuelta pero fue barrido en la segunda por Chirac, que logró un 85 por ciento. Pero las encuestas te sitúan en torno a un arco del 29-33 por ciento de los votos en la primera vuelta. Puedes perder en la segunda vuelta si todos van contra ti, pero sería una derrota más digna que la victoria de cualquiera. No habrás ganado pero habrás conseguido que tu mensaje haya calado en la sociedad y en la política, sembrando con tu discurso populista y racista un germen de odio e incertidumbre muy peligroso a corto plazo. Como pasó con Wilders en los Países Bajos, los medios de comunicación se alegraron por su derrota aunque se haya convertido en la segunda fuerza política del país. Qué ilusos y ciegos están.
Creo Marine que tu mayor alegría no sería vencer en las elecciones, sino que el hecho de que tu mensaje haya calado profundamente.
Au nom du peuple
Marine Présidente!
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miércoles, 24 de febrero de 2016

TOUR DE FRANCIA. DEPORTE Y MEMORIA EN LOS SIGLOS XX Y XXI



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Si pensamos en la historia de Francia del siglo XX nos vendrán rápidamente a la memoria sus características leyes anticlericales; las guerras mundiales como participación militar y en las retaguardias; los años veinte con los cafés y cabarets parisinos; Charles de Gaulle; la Nouvelle vague y el estallido político y social de mayo de 1968; la vanguardia artística de los años setenta y tal vez sus vaivenes políticos durante los distintos gobiernos, desde Charles de Gaulle a François Hollande.
Así pues, la forja de la identidad francesa parece provenir del plano político y social a través de erigirse como paradigma del republicanismo, de la verdadera separación entre Iglesia y Estado y cómo no, mediante el recuerdo permanente y de las huellas y cicatrices que dejaron las guerras mundiales reflejado en los monolitos, cementerios, placas, memoriales, insignias y estatuas que jalonan cada rincón del país, cada ciudad y cada pueblo por minúsculo que sea. Pero el siglo XX es también el siglo del deporte. Desde ese deporte romántico, amateur y pionero hasta el ultra profesionalizado y mercantilizado de la actualidad. Y del mismo modo que decir deporte en Gran Bretaña o España es decir fútbol, en Francia es hablar ciclismo. Es hablar del Tour de Francia.
Creado en 1903 por Henri Desgrange, director del diario deportivo L’Auto, el Tour de Francia fue la primera carrera por etapas del ciclismo –antes ya se disputaban pruebas como la París-Brest-París (1891) o la Lieja-Bastogne-Lieja, que todavía se organiza en la actualidad en categoría profesional y cuya primera edición se celebró en 1892. Pero la verdadera importancia del Tour fue que permitió presentar a Francia como un país organizado y audaz por embarcarse en una empresa absolutamente desconocida y cuyos efectos no se podían calibrar. Los primeros ganadores de la carrera fueron ascendidos a los altares de la sociedad, venerados como héroes. Cabe señalar que en las primeras ediciones los corredores tenían prohibido el avituallamiento, recorrían en solitario carreteras adoquinadas durante más de 400 kilómetros llevando anudado en su cuerpo un neumático de repuesto –en el mejor de los casos-, otros no gozaban de tal equipamiento-. Así pues, no es de extrañar que las clasificaciones fueran caóticas y se manifestara el ingenio humano a la hora de hacer trampas como las de algunos corredores que se subían a los trenes para recorrer los trayectos de la carrera.
Visto tal despropósito el Tour estaba en una encrucijada. O desaparecía o reafirmaba su identidad. Y optó por esto último forjando su propia leyenda al añadir puertos y pasos de montaña a su recorrido. En 1905 llegaron los Vosgos. Cinco años después se subieron los Pirineos mediante una mentira telegrafiada. Los ciclistas eran ya semidioses. Los pueblos y ciudades de toda Francia se engalanaban al paso de la carrera. Y para añadir más ingredientes, ganadores del Tour como Lucien Petit Breton o François Faber fallecieron en el transcurso de la Iª Guerra Mundial. Los años posteriores, primero a través de la difusión por radio y posteriormente por televisión a partir de 1952, el Tour de Francia se convirtió no solo en un icono del deporte sino en un verdadero Patrimonio Nacional francés. Debido al paso de la carrera se mejoraron vías de comunicación, carreteras y caminos, se asfaltaron pasos de montaña, se levantaron tendidos eléctricos. Se construyeron recintos deportivos como velódromos y estaciones de esquí que celebrarían los finales de etapa de montaña. Francia  quería borrar sus huellas de la IIª Guerra Mundial y mostrarse al mundo como un país moderno y dinámico, recuperado de tal dramático suceso. Y la contribución del Tour resultó bastante importante.
La carrera era un auténtico acontecimiento social y permitía –y lo sigue haciendo- mostrar todo el rico patrimonio cultural y natural del país.  Solo así se entiende que se llegaran a reunir más de 800.000 personas en una etapa de montaña en los años sesenta; que se silbara y abucheara al primer pentacampeón francés Jacques Anquetil y que se alabara a su máximo rival, el desafortunado Raymond Poulidor, creando una enemistad que trascendió más allá de lo deportivo. Además, ese carácter francés revolucionario contra lo tiránico se manifestaría en 1975 cuando un espectador, harto del dominio de Eddy Merckx en el Tour le propinó un puñetazo en el costado durante la subida al Puy de Dôme. Pero todo acabó bien. Esa edición la ganó un francés. Y en los años ochenta la hegemonía gala aún se mantendría hasta 1985. Desde entonces ningún corredor de dicha nacionalidad ha vuelto a vencer en la carrera, ejerciendo una presión asfixiante sobre cada joven promesa y viendo cómo se producía durante los años noventa y en el siglo XXI una mayor internacionalización del Tour a través del mercado anglosajón y sufriendo –o tolerando tácitamente- el uso y abuso del dopaje.
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El Tour es un reflejo de los recuerdos y la memoria de la historia del siglo XX de Francia. Así se explica que la edición del año 2003 se iniciara en París como la primera; que en 2005 se pasaran los Vosgos como un siglo antes; que en el Tour del año 2010 se festejara el centenario de la subida al Tourmalet en los Pirineos o que en 2014 la carrera hiciera un homenaje a la Iª guerra mundial, pasando por ciudades tan significativas de la contienda como la belga Ypres o por los antiguos frentes de las batallas de Verdún y del Somme así como por los memoriales de la guerra. Pero también se rememorará a la IIª guerra mundial, ya que en la edición de este año la primera etapa finalizará en uno de los escenarios bélicos más conocidos del siglo XX, la playa Utah del desembarco de Normandía.

                                                                                                                                                       -Olof.



lunes, 22 de febrero de 2016

TENSIONES EN ITALIA. VICTORIAS EN FRANCIA.

Tras el derrumbe –que no desaparición- del fascismo ejemplificado en la República de Salò y la derrota en la IIª guerra mundial, Italia afrontaba un convulso presente y un dudoso futuro a finales de la década de los años cuarenta. Los grupos políticos antifascistas que habían luchado en la clandestinidad formaron un Comité de Liberación Nacional que resultaría el pilar fundamental a la hora de formar gobierno tras la dimisión del mariscal Badoglio. La monarquía, a pesar de su colaboración con el régimen de Mussolini, se prestó enseguida para seguir como la columna vertebral del nuevo sistema político pero un referéndum celebrado el 2 de junio de 1946  decretó la abolición de la realeza italiana. Y como si fuera algo perenne, se puso de manifiesto la división entre el norte (la mayoría optó por la república) y el sur (partidarios de la monarquía).
Y esa partición también se iba a reflejar en el plano político. Con la principal existencia de tres partidos –la Democracia Cristiana, el Partido Socialista Italiano y el Partido Comunista Italiano-, el sistema electoral establecido según la nueva Constitución de 1947 facilitaba la representación de las minorías  lo que provocaba lógicamente la dificultad de formar gobiernos estables. Harían falta coaliciones múltiples y complejas entre partidos cuyas políticas no iban a converger, tal es el caso de la Democracia Cristiana de Alcide de Gasperi y el Partido Comunista de Palmiro Togliatti, quien llegó a ocupar el Ministerio de Justicia y fue Vice-Primer Ministro entre 1945 y 1946 en el Gobierno dirigido por de Gasperi. Aún así, los gobiernos de coalición se resquebrajaron de forma inmediata. De una manera similar a lo ocurrido en Francia con el PCF de Thorez, todos los ministros comunistas italianos fueron cesados de sus cargos durante la crisis de mayo de 1947. Esto originó unas enormes tensiones sociales que empujaron al PCI junto a los socialistas italianos a confluir en un Frente Democrático Popular que obtuvo en las primeras elecciones de la República de Italia un 30,98% de los votos, por detrás de la Democracia Cristiana con el 48,51%.  Y para echar más leña al fuego, el 14 de julio de 1948 Togliatti sufrió un atentado a manos de un pistolero fascista que casi acaba con su vida. Enseguida, enardecidos, los italianos salieron a las calles en una de las manifestaciones más masivas del siglo XX. El país parecía derivar en una peligrosa espiral de violencia y polarización social y política que podía acabar en una guerra civil.
Pero de Gasperi tenía un as en la manga. Un ciclista.

Si en Italia se vivían momentos de tensión y desmembración, en el mundo del deporte también pasaba algo similar. Y el deporte más importante en ese momento junto al fútbol era el ciclismo. Por un lado estaba Gino Bartali (1914-2000), ganador hasta ese momento del Giro de Italia en los años 1936, 1937 y 1946 y del Tour de Francia en 1938. La guerra le había imposibilitado el obtener un mayor palmarés y había sido utilizado por la dictadura de Mussolini como el paradigma de la grandeza de Italia puesto que había derrotado a los franceses en su propia carrera. Pero Bartali, conocido como «El fraile volador», ferviente católico y votante de la Democracia Cristiana, era mucho más. Durante la IIª guerra mundial participó activamente en una red dirigida por Giorgio Nissim que permitió salvar la vida a 800 judíos llevando pasaportes y documentos falsificados escondidos en el tubular de su bicicleta a las abadías y monasterios toscanos. Cuando soldados o policías le paraban por los caminos de la Toscana siempre ponía la excusa de que estaba entrenando. Los carabineros siempre sospecharon que Bartali estuvo involucrado en alguna organización clandestina, pero su fama era tal que nunca llegaron a detenerlo. Incluso circuló por Italia una leyenda sobre su aura salvadora. Terminada la IIª guerra mundial, un vecino y amigo suyo llamado Antonio Davitti explicó que cuando llegó al campo de concentración de Dachau en 1943 un oficial alemán se interesó por él al conocer su origen toscano. Tras unos minutos de conversación le preguntó si conocía a Gino Bartali y Davitti le explicó que no solo le conocía, sino que llevaba una foto dedicada del corredor. El oficial nazi le instó que se la diera y a cambio le ofreció papel y lápiz para que escribiera el nombre de veinte presos. Días más tarde Davitti y los elegidos fueron enviados a trabajar a una fábrica.
Y por otro lado estaba Fausto Coppi (1919-1960). «El espectro temible» como lo llegó a bautizar el semiólogo Roland Barthes o «campionissimo» según la afición italiana, había vencido en el Giro de Italia de 1940 antes de que la guerra interrumpiese casi toda la actividad ciclista. Tras participar en la contienda enrolado en la División Ravenna y ser apresado por tropas británicas en África, retomó la actividad del ciclismo profesional con una determinación enorme, que le consagraría como uno de los mejores ciclistas de todos los tiempos. Bartali y Coppi representaban las dos concepciones existentes en ese momento en Italia. Gino era un católico practicante que portaba siempre una medalla de la Virgen en su cuello durante las carreras y amigo personal de Alcide de Gasperi. Fausto era todo lo contrario. Cercano a posturas socialistas, declaró públicamente en 1952 su agnosticismo y al año siguiente, mientras estaba casado con Bruna Ciampolini desde 1945, mantuvo una relación con Giulia Occhini conocida como «la Dama Blanca» y mujer de un ferviente admirador suyo. Su relación extramatrimonial causó una auténtica conmoción social en Italia e incluso el papa Pío XII condenó tal hecho. Fausto se separó de su mujer en 1954 pero Giulia fue acusada de adulterio por su marido y encarcelada. A Coppi se le retiró el pasaporte. Finalmente, la pareja pudo huir a Argentina donde nacería su hijo Faustino.
Pero volvamos a 1948. Italia vivía momentos de enormes tensiones sociales y políticas tras el intento de asesinato de Togilatti. Al día siguiente del suceso de Gasperi tomó una decisión y llamó a su amigo Bartali:
-Le ruego que haga algo. Sólo usted puede salvar el país.
Pero Gino tenía ante sí un reto casi imposible. El líder era el francés Louison Bobet, quien le aventajaba en 21 minutos. Aún así, la etapa del 15 de julio del Tour de 1948 iba a suponer un doble desafío para Bartali. Por un lado ganar la etapa e intentar recortar algo de tiempo. Por otro no decepcionar a de Gasperi y dar un poco de tranquilidad al pueblo italiano. La etapa conducía a los ciclistas desde Cannes hasta Briançon, atravesando los Alpes mediante puertos tan duros como Allos, Vars y el temible Izoard, con su cumbre a 2.361 metros de altitud. Así que Bartali, como si fuera una auténtica orden gubernamental, destrozó a todos sus rivales sin notar el cansancio ni la intensa nevada que caía en la cumbre del Izoard y que obligó a muchos ciclistas a poner pie a tierra y ascender los últimos kilómetros andando. En meta, redujo a 3 minutos la diferencia con Bobet por lo que se convirtió en el máximo candidato a ganar la carrera.
Su hazaña tuvo un impacto inmediato en Italia y de hecho llegó a interrumpir una intensa y acalorada sesión del Parlamento en la que se discutían las consecuencias del atentado sufrido por Palmiro Togliatti. Alcide de Gasperi pidió silencio y pronunció las siguientes palabras:
-Señores. Se acaba de producir una noticia de trascendentales consecuencias. ¡Una gran noticia! Bartali ha ganado la etapa del Tour.
Al día siguiente, en otra etapa de montaña de 263 kilómetros entre Briançon y Aix-les-Baines, Bartali se aupó al liderato de la general mientras ascendía en solitario la Croix de Fer. Y volvería a ganar dos etapas más que le permitieron convertirse en el vencedor final del Tour de Francia de 1948 con 34 años. En esa edición aventajó en 26 minutos y 16 segundos al belga Schotte y en 28 minutos y 48 segundos al galo Lapébie. Bobet, el ciclista que tenía una ventaja de 21 minutos sobre Bartali en la mitad de la carrera, acabó cuarto a 32 minutos y 59 segundos.
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Su hazaña en esa etapa, así como su triunfo final, contribuyó a que se redujeran las tensiones sociales y políticas de una Italia al borde de una plausible revolución social. De esta manera se refirió Guilio Andreotti, político de la Democracia Cristiana y Jefe de Estado italiano en tres ocasiones: "Decir que la guerra civil se evitó por una victoria en el Tour de Francia es sin duda excesivo, pero es innegable que en ese 14 de julio de 1948, día del ataque a Togliatti, Bartali contribuyó a aliviar las tensiones."
Y el propio Bartali señaló años más tarde que: “No sé si salvé a la patria, pero cuando menos devolví la sonrisa a mucha gente.”
Y si ese momento supuso un freno a posibles revueltas sociales, no menos significó la materialización deportiva de la unión de las dos italias, la católica y de centro derecha de Gino Bartali y la agnóstica y socialista de Fausto Coppi. Ambos ciclistas ascendían el durísimo puerto del Galibier del Tour de Francia de 1952 en el transcurso la etapa undécima entre Le Bourg d’ Oisans y Sestrières. Coppi, unos centímetros por delante, le entregaba un bidón de agua a Bartali. En Italia se escribieron libros sobre quien bebió primero y aún hoy se desconoce a ciencia cierta quién hizo tal gesto, aunque algunas fuentes apuntan a que fue Coppi quien ofreció su agua a Bartali. Esta fotografía trascendió el mundo del ciclismo y adquirió un verdadero significado político y social al mostrar la reconciliación de los dos mayores iconos que representaban a las ideologías predominantes en Italia en ese momento.
Lo que no había logrado la política lo logró el Tour de Francia.

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-Olof.

martes, 26 de enero de 2016

MUERTE ¿Y RESURRECIÓN? DE LA SOCIALDEMOCRACIA (Parte II)

PARTE II (EUROPA)
Habíamos explicado cuál era la situación de la socialdemocracia en España. Veamos en un rápido repaso qué ha ocurrido en Europa en los últimos tiempos
La renuncia de Willy Brandt a la Cancillería de Alemania Occidental en 1974, seguida por el gobierno de Helmut Schmidt hasta 1982, y el asesinato del primer ministro sueco Olof Palme en 1986 supusieron los tres hitos fundamentales para la caída en desgracia y casi desaparición de la socialdemocracia no solo en esos países en concreto, sino en toda Europa. Es verdad que, en los años ochenta, el socialismo extendía su influencia por los países mediterráneos (Portugal, España y Grecia) e incluso Francia donde el PSF de Miterrand gobernó con el apoyo secundario de los comunistas. Sus intentos reformistas como mejoras salariales, nacionalización de empresas y bancos o reducción de la jornada laboral e incluso la abolición de la pena de muerte o la despenalización de la homosexualidad -en el país de la “Liberté, égalité, fraternité” este hecho tuvo lugar hace solo 30 años- acabaron por provocar un significativo aumento del déficit y de la inflación. Por no hablar de su postura sobre el pacifismo o el ecologismo. Recuerden el Rainbow Warrior, un barco perteneciente a Greenpeace que fue atacado y hundido por agentes franceses en 1985 para evitar las protestas pacíficas en el Atolón de Mururoa, lugar de pruebas nucleares francesas.
En la actualidad si algo caracteriza al Ejecutivo de Hollande y Valls es su debilidad no solo frente al tradicional rival, la UMP -ahora llamado Los Republicanos-; sino hacia el Frente Nacional de Marine Le Pen. Un hecho que se ha plasmado en las últimas elecciones regionales cuando Manuel Valls pedía el voto para el partido de Sarkozy, por no hablar de sus estrictas y poco conciliadoras reformas sobre la inmigración y los extranjeros ya asentados o su apatía ante las protestas que se sucedieron en numerosas ciudades francesas tras la aprobación del matrimonio homosexual. Ni el inicio de una respuesta armada contra ISIS ha logrado aumentar la aprobación de su gobierno.
Gran Bretaña fue en los años ochenta la punta de lanza de la ola conservadora anglosajona junto a la presidencia de Reagan en EE.UU., pero el Gobierno de Thatcher dejó un país con la mayor parte de sus servicios básicos privatizados y con un significativo aumento de la desigualdad entre clases sociales. E incluso debilitó al laborismo británico que no retomaría el Gobierno hasta 1997 con Tony Blair, cuyas primeras medidas fueron recuperar un verdadero Estado de bienestar logrando al mismo tiempo unos satisfactorios acuerdos de paz con el IRA –ratificados en el Acuerdo de Viernes Santo de 1998-, y que significaron el inicio del desmantelamiento del terrorismo irlandés hasta su final en 2008. Sin embargo, en política exterior el laborismo inglés no iba a suponer una novedad respecto al conservadurismo británico manteniendo la tradicional sumisión con Estados Unidos, reflejada al encabezar la ilegal Guerra de Irak del 2003. Su caída en desgracia dejó muy tocado al Partido Laborista, perjudicando la imagen de su sucesor Gordon Brown. Y habrá que esperar si su nuevo líder, Jeremy Corbyn logra insuflar nuevos bríos. En contraposición, pongamos como ejemplo a la Alemania del socialdemócrata Schröder, quien no cedió a las presiones norteamericanas y británicas para la participación alemana en Irak, aunque hay que consignar que lo logró por la rotunda negativa de sus socios de gobierno, Los Verdes.
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Es fácilmente constatable la desaparición de la totalidad de postulados socialdemócratas en los distintos programas de gobiernos progresistas con la salvedad de Grecia –hasta que la UE y la Troika hagan caer totalmente el gobierno-, Suecia, Portugal con un Gobierno formado mediante el pacto de fuerzas de izquierda y habrá que ver qué consigue Renzi en una Italia que debe resurgir después del nefasto Berlusconi-, en tanto en cuanto no todos los puntos se están aplicando en las estructuras políticas, sociales, económicas e incluso en las relacionadas con la ecología, el pacifismo o en materia religiosa. Además, la crisis económica iniciada en Europa en el 2008 y que derivó en una palpable degeneración del sistema político e institucional en todo el continente ha provocado una oscilación del péndulo gubernamental hacia posiciones más conservadoras e incluso se ha experimentado un súbito auge de posturas totalitarias llevadas a cabo por partidos de extrema derecha, desde Francia a Polonia pasando por Hungría, Alemania, Grecia o Dinamarca. En este punto no se puede obviar la cuota de responsabilidad de los partidos y formaciones socialistas europeas al minimizar primero y al no ofrecer después unas respuestas y soluciones tangenciales a la crisis económica y política de una forma adecuada y protectora al conjunto de la sociedad, asegurando en este momento de zozobra un verdadero Estado del Bienestar, que con tanto esfuerzo fue conseguido en los años sesenta y setenta del siglo XX.

Este es uno de los mayores desafíos del socialismo a lo largo de su historia. Por un lado,  recuperar los teoremas que ha olvidado –o peor aún, aparcado- de la socialdemocracia, y por otro reflexionar las causas que le han llevado a su descrédito en casi todo el conjunto de Europa y plantear soluciones concretas, realizables y prácticas que devuelvan y consoliden no solo un nuevo Estado del Bienestar sino también una equidad mayor en la distribución de la riqueza y en proteger a las clases bajas y medias, verdadero motor del progreso económico. Esa es la tarea que urge al socialismo en la actualidad sino quiere ver cómo toda su obra queda relegada a los libros de la Historia.

                                                                                                                                   -Olof.