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sábado, 22 de mayo de 2021

Y SI… ISABEL DÍAZ AYUSO

Lo miro y no puedo creerlo. Cambio de canal para contrastar los datos, pero coinciden. Aprieto rápidamente los botones del mando a distancia, del 1 al 6, y en todos aparece lo mismo. Contemplo con estupefacción cómo Antonio García Ferreras anuncia la mayoría absoluta del Partido Popular.

––¡Conectamos con Génova 13! Pastor, ¿qué ambiente hay? ––la pantalla se parte en dos y aparece Ana Pastor, micrófono en mano, con una marabunta de gente detrás que está saltando y hondeando banderas de España y del PP.

––¡Aquí hay un ambientazo, Ferreras! ¡No cabe un alfiler! ––tiene que gritar la periodista para hacerse escuchar con el gran estruendo que provoca el tropel de simpatizantes del partido de la gaviota. Siempre me ha hecho gracia que se traten por el apellido, entre estos dos, teniendo en cuenta que están casados y con hijos. ¿Se llamarán también así en casa?––. Se espera que, de un momento a otro, salga al balcón improvisado que han preparado los operarios en tiempo récord. Recordamos que las encuestas daban la victoria por la mínima al Partido Socialista, pero finalmente se ha producido el vuelco elector… ––las últimas sílabas de la presentadora de El Objetivo quedan silenciadas por el griterío de la marea de seguidores, que elevan el volumen.

––La gente estalla en vítores ––empieza Ferreras–– cuando sale al balcón la persona que encabezará el Gobierno de España los próximos cuatro años. Acompañada de sus primeros espadas, el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, y su Jefe de Gabinete, el exministro Miguel Ángel Rodríguez, toma la delantera la próxima presidenta del Gobierno: ¡Isabel Díaz Ayuso!

Me cuesta procesar lo que estoy viendo, aunque si miro atrás, a los últimos dos años, casi puedo visualizar la partida de ajedrez que ha jugado la líder del Partido Popular.

Todo empezó con dos mociones de censura. Y ni siquiera fue ninguna en la Comunidad de Madrid, región que ella dirigía, sino en Murcia y Castilla y León. Pero dichos movimientos legitimaron a Isabel Díaz Ayuso para convocar elecciones anticipadas, que terminó ganando, y deshacerse de Ciudadanos, su socio en el ejecutivo madrileño. Ése fue el punto de inflexión en la política española. Pablo Iglesias dejó todos sus cargos y la popularidad de Pedro Sánchez empezó a decaer.

Dos abstenciones del PSOE, una que permitió que se volvieran a retransmitir los toros en Televisión Española, y otra que impidió que la Ley Trans se tomara en consideración en el Congreso de los Diputados, hizo que el partido fuese perdiendo su halo progresista. Las dimisiones en Ferraz y las bajas de militantes fueron creciendo, mientras que la organización de Iñigo Errejón conseguía captar a algunos de ellos (que no a todos).

Frente al caos en el Gobierno, los medios de comunicación alababan la gestión de Díaz Ayuso al frente de la Comunidad de Madrid. Al principio, Pablo Casado intentó aprovechar la popularidad de la Presidenta, pero ella empezó, cada vez más a menudo, a distanciarse del líder. De cada declaración de Casado, Ayuso matizaba su propia postura sobre el tema. Poco a poco, figuras importantes de la derecha, como Cayetana Álvarez de Toledo o Esperanza Aguirre, fueron adhiriéndose a la nueva corriente del partido azul. Y fue en unos maitines (la reunión del Comité de Dirección que celebra el Partido Popular todos los lunes), cuando Ayuso le dio la puñalada a Casado. La presidenta de la Comunidad de Madrid anunció que se presentaría a las primarias del partido que decidirían la candidatura a las próximas elecciones generales. En pocos días, los apoyos de Ayuso no pararon de crecer, consiguiendo en tiempo récord los avales necesarios. Frente al torrente que se le avecinaba a Casado encima, éste decidió dar un paso a un lado, pactando permanecer a la cabeza del partido y cediendo la candidatura electoral a su compañera. Una bicefalia que acabará cuando Ayuso se decida a darle el toque de gracia (cosa que terminará ocurriendo tarde o temprano).

A partir de entonces, la política española fue un totum revolutum. PSOE y Podemos intentaron, desde el Gobierno, recuperar la confianza perdida de los ciudadanos con medidas estrella que acabaron estrelladas. Si la organización de Pedro Sánchez perdía adeptos a diario, la de la vicepresidenta Yolanda Díaz tampoco es que estuviese muy católica. Si bien, tras la retirada de Iglesias, se exaltaron las aptitudes de la ministra de trabajo, enseguida la derecha política y mediática empezó a mover su maquinaria para establecer lazos de la vicepresidenta tercera con Venezuela, Irán y una presunta red de corruptelas en Galicia, de donde procede la cabecilla de la organización morada.

Muchos desencantados se pasaron a Más País. Íñigo Errejón consiguió erigirse en representante intelectual de la izquierda socialdemócrata, ecologista y solidaria. No obstante, el carisma de Ayuso atrapaba votantes a miles, mientras el partido verde sólo era capaz de hacerlo a cientos. Además, el carácter populista de Ayuso hizo que su candidatura prácticamente fagocitase a los votantes de VOX. Así se entiende cómo el partido de Abascal ha retrocedido hasta los cinco diputados que le dan los resultados de esta noche electoral. Los justos para mantener el grupo parlamentario.

Ayuso consiguió darles la vuelta a los ataques de sus rivales. Incluso su lema de campaña “De IDA y vuelta” hacía referencia al acrónimo de su nombre, Isabel Díaz Ayuso. La oposición había aprovechado esas siglas para llamarla durante años “loca”, “despistada”, “ida”. La madrileña hizo de esos insultos una chanza, de la que se reía a mandíbula batiente en cada mitin frente a los vítores de sus correligionarios.

Ahora, toca cambio de tercio en el Gobierno de la nación. ¿Se echarán atrás los avances progresistas de los últimos años? ¿Se creará el Ministerio de Pandemias como prometió el Partido Popular en campaña? ¿Se construirá un muro marítimo en el estrecho de Gibraltar, entre España y Marruecos, como llevaban en su programa electoral? No lo sé. De momento, apago el televisor y dejo que Ferreras y su corte sigan hasta las dos de la madrugada. Un servidor mañana tiene que trabajar, que eso no se lo quita nadie. Gobierne quien gobierne.

 

Este relato ha sido una ucronía sobre un supuesto futuro que podría darse, pero es sólo una invención con pocas probabilidades de cumplirse… o quién sabe.

 

Imperator Caesar Cerverius



lunes, 15 de marzo de 2021

TERREMOTO CON EPICENTRO EN MADRID

En tiempos de la antigua Roma, cada ciudad dentro del Imperio tenía su curia (una especie de senado local). Los temas que se trataban en ella eran, por supuesto, los que implicaban a la urbe en cuestión, pero los debates más apasionados eran los que versaban sobre los asuntos que envolvían a la capital del Imperio. Aunque el foco estuviese a miles de kilómetros, y los debates en una pequeña ciudad de provincias no trascendiesen más allá, los bandos que se generaban recreaban igualmente a los formados en La Ciudad Eterna.

Hoy en día, dos mil años después, las costumbres no han variado mucho. Podemos ver a consejos municipales o parlamentos autonómicos tratar asuntos de índole nacional, defendiendo cada partido las ideas de su líder supremo. Por mucho que nos pese, y aunque nos hartemos de repetir el mantra “España no es (sólo) Madrid”, lo acaecido en la Capital tiene repercusiones inimaginables. Así nos hemos visto, de la noche a la mañana, en medio de un terremoto político que ha dejado (quién lo iba a decir) una vicepresidencia del gobierno de la nación vacía y ha iniciado una nueva carrera electoral por ver quién se sienta en la Real Casa de Correos de la Puerta del Sol.

Todo empezó hace unos días, con una moción de censura en la Región de Murcia. Los acólitos de Inés Arrimadas dijeron estar hartos de la corrupción del Partido Popular (parece que no se habían dado cuenta antes de la naturaleza de sus socios de gobierno) y se aliaron con el archienemigo socialista. A este asalto le siguió otro similar en Castilla y León. Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, hizo suyo, entonces, el refrán de “cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”. Ni corta ni perezosa, cesó a todos los consejeros naranjas y disolvió la Asamblea de Madrid.

El golpe en Murcia se ha saldado con tres tránsfugas, que serían más de Albert Rivera que de Inés Arrimadas (me hace mucha gracia que los partidos se apresuran a firmar pactos antitransfuguistas, pero luego no tienen tanta prisa en cumplirlos), y el de Castilla y León tampoco parece que vaya a avanzar mucho más. Donde sí que se va a producir un cambio es en la capital de España, donde la joya del gobierno de la Comunidad volverá a estar al alcance de cualquiera que tenga la osadía de optar por él. Y, cuando de osadía se trata, Pablo Iglesias va sobrado. Cualquiera diría que, con todo lo que le costó llegar a la vicepresidencia, ahora vaya a renunciar a ella por un simple parlamento autonómico. Pero no nos engañemos, a Pablo le va el barro. Él se encuentra cómodo en la arena, peleando con uñas, dientes y una afilada lengua capaz de herir al más irrebatible. Además, la lucha por Madrid le da el aura de gran salvador que él cree que es el único capaz de encarnar.

Pablo Iglesias pretende aunar a toda la izquierda en un gran pacto contra la derecha. Habrá que ver si está igualmente proclive a ese pacto, tras las elecciones, si no es él quien encabece la coalición. De momento, Pedro Sánchez se quita una preocupación de la cabeza, esa mosca cojonera que le minaba la autoridad en cada Consejo de Ministros. Pero el presidente debería agarrarse, porque vienen curvas. Si sigue la recomendación (y quien dice recomendación dice condiciones del pacto de gobierno) de Iglesias, la ministra de trabajo, Yolanda Díaz, será aupada al puesto que desaloja el líder podemita. Díaz ha demostrado, desde su ministerio, que es una persona muy capaz y defensora de los verdaderos ideales de la izquierda. Por ello, este cambio de cromos podría traer más ventajas que desventajas al país.

Lo que está claro es que Pablo Iglesias se juega, a una sola carta, su futuro político. Podría arrastrar al electorado de izquierdas a las urnas y ser el mesías que arrebate el poder a la derecha, pero también podría pegarse el tortazo y tener que volverse a su casa de Galapagar (la verdad es que hay sitios peores a los que volverse). Quizá sea éste el inicio del ocaso de una estrella, pero el comienzo del amanecer de otra.

Imperator Caesar Cerverius