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domingo, 9 de mayo de 2021

GRACIAS, PABLO

Llegaste para abanderar las ideas del 15M, el movimiento ciudadano del 15 de mayo de 2011 (¡ya hace 10 años!) que exigía, de forma pacífica, una nueva forma, más participativa, de hacer política. Por aquel entonces, obedeciste a los que desde arriba dijeron, con la chulería típica del clasismo: “Si tantas quejas tenéis, presentaos a las elecciones”. Seguramente, fue la última vez que hiciste caso a “la casta”. ¡Qué gran palabra! Qué forma de decir tanto con tan poco: Rancio, anacrónico, reaccionario, pretencioso… Todos esos adjetivos, atribuibles a los “dinosaurios de la política”, que acostumbraban a hacer y deshacer a su antojo desde su pedestal.

Pasaste de contertulio en platós de televisiones marginales, como Intereconomía o 13TV, a entrevistado de programas como La Sexta Noche. Con tu camarilla de compañeros politólogos, como Íñigo Errejon, Carolina Bescansa o Ramón Espinar, fundaste Podemos, un partido de espíritu asambleario en el que nadie era más que nadie y se escucharían todas las voces. Los comicios más próximos eran las elecciones al Parlamento Europeo de 2014, así que para ahí os fuisteis, logrando un gran éxito, con cinco eurodiputados electos. Erais tan poco conocidos que decidisteis poner tu cara, en las papeletas electorales, donde habitualmente se coloca el logo del partido.

Durante un año en el Parlamento Europeo, os hicisteis tan populares que, en las elecciones municipales de mayo de 2015, a las que concurristeis aliados con plataformas ciudadanas, lograsteis un gran apoyo, poniendo en marcha los “ayuntamientos del cambio” en ciudades como Madrid, Barcelona, Zaragoza o Cádiz.

Pero llegaba el plato fuerte, para lo que os habíais preparado tanto: Las elecciones generales de 2015. Irrumpisteis de forma atronadora en el Congreso de los Diputados, con 69 escaños (la suma de Podemos y sus confluencias gallegas, catalanas y valencianas). No obstante, el entendimiento con el Partido Socialista de Pedro Sánchez no llegó a buen término, lo que nos llevó a una repetición electoral, en 2016.

No sería hasta las elecciones generales de noviembre de 2019 cuando se darían las condiciones para formar un gobierno progresista, con el PSOE, que te hicieron vicepresidente segundo del gobierno. Aquello por lo que tanto habíais luchado, se empezaba a materializar en forma de acciones desempeñadas desde el Consejo de Ministros. El Gobierno de España empezó a hacer verdaderas políticas de izquierdas, abandonadas desde hacía mucho tiempo. Y es que el Partido Socialista es una organización que necesita que alguien le empuje un poco, o acaba ejecutando medidas poco progresistas, defraudando a su electorado.

Pero tú también defraudaste, a propios y extraños, cuando decidiste comprar una casa de 600.000 euros en Galapagar (a las afueras de Madrid). Fuiste duramente criticado (y con razón). Desde luego, nadie duda que deseaste lo mejor para tu familia y no entendiste por qué no podías darles la vida que merecían pero, cuando se supone que eres el referente ideológico de la izquierda, no puedes pasar de Vallecas a Galapagar sin pagar un peaje. Y ese peaje fue la pérdida de confianza de muchos amigos, compañeros y electores.

Te montaste tu burbuja, seguramente alimentada por los de tu alrededor, en la que creíste que Podemos era tu cortijo personal. Te convertiste en un ególatra que no aceptabas las críticas. Cada vez se hablaba menos, de forma asamblearia, y cada vez tú decidías más, individualmente. Eso te llevó al enfrentamiento con Íñigo Errejón, el que había sido tu hermano, que terminó con él fuera del partido, fundando posteriormente Más Madrid / Más País y fragmentando aún más la izquierda. Se podría decir que ése es el mayor error que has cometido en tu carrera política.

Pero, si bien se te ha criticado varias veces justificadamente, muchas más lo han sido desde la mentira y la desinformación de los medios rivales. Tantas veces fuiste acusado de colaboración con los gobiernos venezolano o iraní como la justicia archivó sus causas. Se te ha llamado “rata”, “chepudo”, “coletas”, “comunista” (peyorativamente hablando); se te ha acosado, en tu vivienda particular, de forma continua por manifestantes; incluso te han enviado cartas amenazantes con cartuchos de rifle en su interior. Sin duda, eres uno de los políticos que más (si no el que más) ataques y acoso ha recibido e injustamente ha sido tratado. Tu figura representaba un peligro para las élites y se encargaron de soltar toda la metralla posible para destruirte.

El agotamiento en tu persona era patente. Tus esfuerzos por llegar al gobierno te habían consumido y la recompensa, en forma de vicepresidencia, ya no te valía la pena. Sin embargo, hiciste un último sacrificio por el partido (para enmendar, quizá, los males que también le habías causado). Algunos sondeos indicaban que Podemos podría caer por debajo del 5% en las elecciones a la Asamblea de Madrid, dejándoles sin representación. Te envolviste en tu capa de salvador y dijiste “yo me encargo”. Tu participación se tradujo en un aumento del grupo parlamentario en 3 escaños (pasando de 7 a 10). No obstante, la victoria de la derecha y vuestra última posición en la Asamblea te dieron la excusa para hacer algo que ya llevabas intención de hacer (aun, posiblemente, tras un mejor resultado electoral). Entendiste que tu personalidad atacante e incisiva movilizaba a tus electores, pero también a los de tus rivales. Comprendiste que habías colaborado en polarizar la vida política en exceso y que, en tus propias palabras, “no contribuías a sumar”.

Te vas, pero dejas una sucesora, la Ministra de Trabajo Yolanda Díaz, que tiene una proyección enorme y transmite tanta confianza como profesionalidad. Está por ver si Podemos es capaz de sobrevivir a la salida de su líder o cae, como otros partidos con exceso de personalismos (como Ciudadanos), en la desaparición.

Ahora bien, con tus virtudes y tus defectos, yo te digo “gracias, Pablo”. Gracias por mejorar la democracia; por enseñarnos que había más opciones que rojo y azul, alejándonos del bipartidismo (al que espero que jamás volvamos); por empujar para que se materializaran políticas progresistas; por ayudar a frenar los recortes en políticas sociales; en definitiva, por intentar convertir a España en un país mejor. Espero que descanses, que puedas dedicar tiempo a tu familia, que te cortes la coleta (ahora que ya no es un símbolo irrenunciable), que el paso del tiempo mejore la percepción de la ciudadanía por tu persona y que el destino todavía te tenga guardado un último papel, tal vez, en la política española.

Imperator Caesar Cerverius



viernes, 17 de febrero de 2017

PODEMOS PERDONAR


Caín y Abel, Rómulo y Remo, Seth y Osiris... Hermanos, todos ellos. Hermanos que, seguramente, en algún momento se amaron pero que, finalmente, acabaron con uno muerto y el otro con las manos manchadas de sangre.
Pablo Iglesias e Íñigo Errejón son otros que, si bien no son hermanos de sangre, desde que se conocieron en la Universidad Complutense de Madrid han llevado su relación de amistad hasta el punto de poder considerarse como tal. Juntos estudiaron Ciencias Políticas, soñaron con arreglar el país, se manifestaron en el 15-M, crearon un proyecto político, un movimiento, un partido, se presentaron a las elecciones, consiguieron magníficos resultados y, como algunas parejas, cuando se acabaron los desafíos que tenían por delante, surgieron los problemas.
Habían pasado por unas elecciones europeas en las que irrumpieron en el panorama político por sorpresa; habían conquistado unas elecciones autonómicas y municipales en las que se hicieron con las alcaldías de varias de las ciudades más importantes de España y en las que se convieron en soporte de varios gobiernos autonómicos de izquierdas; habían pasado por, no una, sino dos elecciones generales en las que llegaron al parlamento como tercera fuerza política y con capacidad para influir en muchas de las medidas que se iban a tomar en el futuro. Pero ahora quedaba por delante toda una legislatura del Partido Popular sin elecciones a la vista. Las lealtades inquebrantables y  el "hombro con hombro" llegaban hasta ahí. Las diferencias tenían que ponerse sobre la mesa en el próximo congreso, llamado Vistalegre II, que estaba por celebrarse. Fue entonces cuando Iñigo dio el salto. No es que quisiera disputarle el liderazgo a Pablo, ni mucho menos. Él sabía que Iglesias seguía siendo necesario en el partido y que Podemos seguía siendo muy dependiente de él. Por ello, Iñigo intentó convivir con Pablo, pero maniatándole. Sus propuestas pasaban por recortar los poderes del secretario general, depender más del Consejo Ciudadano, limitar las alianzas con otras fuerzas políticas (llámese Izquierda Unida) y moderar el discurso para volver a la "transversalidad". Vamos, lo que siempre defendió, más alto o más bajo. Desde luego, nadie puede llamar a Errejón "traidor" o acusarle de plantear ideas distintas a las del pasado.
De los dos, Iñigo siempre fue el político. Él hipnotizaba al público en los mítines. La fluidez de su diálogo, la claridad de sus ideas y la capacidad de realizar un discurso intenso, sin decir una palabra más alta que la otra, emocionaba a todo aquel que le escuchase.
Después llegaba Pablo, el "showman". Sus gritos y gesticulaciones hacían que pronto su coleta ya no estuviera sujeta y firme, sino con pelos por delante de la cara y empapando las visibles muestras de sudor. Sus numeritos cantando "coleta morada", hablándole a un tronco y poniendo a los dirigentes del Partido Popular de zombies y vampiros evocaban lo primitivo del espectador, haciendo aflorar la risa y el aplauso fácil y convirtiéndoles en hooligans.
Pablo e Iñigo fueron compañeros, amigos, hermanos, pero eso no se contradice con defender modelos de partido diferentes.
Pablo es más de unir a toda la izquierda y mantener constantemente un discurso duro y machacón. Iñigo es más de "transversalidad". Nada de izquierdas y derechas, sino de arriba y abajo. Rehuye etiquetas y busca un discurso moderado con el que poder pactar y aplicar la fuerza parlamentaria de Podemos para conseguir cosas desde el minuto uno.
Con la mayoría de los más de 155.000 votantes, Podemos se ha decantado por seguir las tesis de Iglesias, de manera que el partido morado seguirá siendo el del puño en alto, el grito y la sobreactuación, pero también el de la identidad de izquierdas, el de la alianza con otros partidos con objeto de sumar todos los votantes posibles y el del acoso constante a la vieja política.
Ahora sólo queda saber qué ocurrirá con los perdedores. En cualquier otro partido serían borrados del mapa de inmediato. Pero Podemos llegó a la escena política con promesas de hacer las cosas diferentes. El partido no puede permitirse perder a una persona tan válida como Iñigo Errejón. Pablo Iglesias será inteligente si opta por la magnanimidad e integra en su círculo tanto a Errejón como a la otra corriente minoritaria, la de los anticapitalistas de Miguel Urbán. Con este perdón y este abrazo, Pablo Iglesias no sólo demostrará ser un buen secretario general, sino también un buen amigo.

Imperator Caesar Cerverius