lunes, 27 de mayo de 2019

UN GRAN PODER CONLLEVA UNA GRAN RESPONSABILIDAD




Un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

Una frase sencilla. Lógica y obvia, si se toma un par de segundos para analizarla. Una frase que se le atribuye al Tío Ben. Ben Parker tuvo que hacerse cargo de Peter, el hijo de su hermano, cuando este último murió. La experiencia y la vejez le dieron la sabiduría para asumir esa sentencia y transmitírsela a su adolescente sobrino: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Lapidaria, ¿no? Pues por muy evidente que fuese, Peter Parker fue incapaz de asumirla a tiempo y tuvo que ver cómo su tía se quedaba viuda por no haber sabido él interiorizar esa frase. A Peter Parker (Spiderman para sus amigos y vecinos) hoy le conocemos como un superhéroe, pero en sus inicios no aprovechó sus poderes para luchar contra el crimen, sino para lucrarse. Pudo detener a un malhechor que pasó por delante de sus narices, pero no quiso involucrarse. Al llegar a casa de sus tíos, pudo comprobar cómo ese mismo malhechor había robado y asesinado al bueno del Tío Ben. Peter no asumió la responsabilidad de su poder y tuvo que pagarlo en sus carnes, como una buena obra literaria exige.
Pablo Iglesias no es un superhéroe (aunque para algunos lo haya sido y para algunos aún lo sea), pero sí que tiene un gran poder: Abrió el melón del bipartidismo y amplió el espectro político más allá de gaviotas y rosas. Infundió esperanza a mucha gente, que vio a un ser llano, como ellos, capaz de llegar al Congreso y cambiar las cosas. Desalojar a los poderosos corruptos y traer el bien al Pueblo. Pero un gran poder conlleva una gran responsabilidad.
Hace cuatro años, con Podemos todavía en pañales, el partido morado no quiso meterse en callejones sin salida, llenando listas con personas desconocidas que podrían salirles rana. En cambio, apoyó la creación de plataformas ciudadanas que asaltasen los ayuntamientos y trajesen el cambio. Así llegó el bastón de mando a personas como Manuela Carmena en Madrid, Ada Colau en Barcelona o Pedro Santiesteve en Zaragoza. Los “ayuntamientos del cambio” se propagaron por toda la península insuflando un soplo de aire limpio al corrompido sistema municipal español.
Durante estos cuatro años, Pablo Iglesias ha ganado en poder, pero no lo ha usado con responsabilidad. Ha acallado y expulsado a los críticos y se ha rodeado del séquito que le regala los oídos. Ha entrado en esa burbuja de los poderosos que les desconecta de la población. Sólo así puede justificarse algunas de sus decisiones en su vida personal. Sigue siendo un adolescente, como Peter, que quiere conseguir sus deseos a toda costa y sin importarle lo que se lleve por delante.
Quizá, durante esta legislatura municipal, Iglesias tenía claro que las plataformas ciudadanas que hace cuatro años triunfaron, llegado el momento se replegarían y cantarían las alabanzas de San Pablo para que llegase con su potente partido Podemos para tomar el relevo y continuar con esos ayuntamientos del cambio. En vez de eso, ha permitido ir en una lista separada de Zaragoza en Común o de Más Madrid en la Comunidad. Su burbuja y/o su séquito le hicieron creer que iban a partir la pana y que, si las plataformas no se plegaban ante él, los ciudadanos sí que lo harían. Consecuencia: la fragmentación de la izquierda. La división de votos y la ausencia de un proyecto común se lo ha puesto en bandeja a la derecha, que ha aprovechado para ocupar esos lugares.
Fácil sería decir “con su pan se lo coman”, el electorado les ha castigado, pues que lo paguen quedándose en la oposición. Pero es que los que verdaderamente van a pagar los platos rotos, son los ciudadanos. Con el auge de la derecha, vendrán las privatizaciones, los cortijos, los toros, la vuelta al reaccionarismo, los sobres, los dedazos, los amiguismos, el clientelismo, el fin de la participación. Llegarán la pérdida de las libertades y de las políticas sociales.
Quizá sea necesaria una catarsis para que vengan otros y arrastren a éstos. Otros que piensen en el Pueblo y que, años después, sigan pensando en él como el primer día. Otros que, cuando alcancen el poder, sepan ver que lo tienen que utilizar con responsabilidad.

Imperator Caesar Cerverius.


martes, 23 de abril de 2019

VIÑETAS SOBRE TIEMPOS TURBULENTOS (PARTE I)



   Este 1 de abril se han cumplido 80 años del final de la Guerra Civil española. Sobre este trágico acontecimiento -en el que gira todo el siglo XX español-, se harán eco diversos medios y se analizará desde diversas perspectivas: histórica, periodística, fotográfica o literaria…

   Y con toda seguridad, los medios de comunicación o la vertiente histórica obviarán el tratamiento de la guerra en los cómics y novelas gráficas. Porque estos medios, desde la década del año 2000, han plasmado la temática de la guerra de una forma muy variada. De hecho, por curioso que pueda parecer, el uso político y público sobre la Guerra Civil española ha ido aparejado con el número de volúmenes y obras gráficas publicadas sobre el conflicto bélico.




   Como se ve en este gráfico de Michel Matly, hubo una primera oleada de trabajos referidos sobre la Guerra Civil que comenzó en la Transición y llegó a cubrir toda la década de los años 80 hasta los primeros años de los noventa. Este auge de publicaciones coincidió con los primeros trabajos e investigaciones sobre la Guerra Civil a nivel académico y también con una pequeña y breve apertura del debate público sobre el periodo bélico, más allá del silencio que se quiso imponer a nivel político, ensalzando a los actores políticos de la Transición y haciendo todo lo posible por olvidar el pasado traumático, enterrarlo debajo de la alfombra y mirar hacia un futuro próspero y de concordia (Os suena esto, ¿verdad?)

   Vayamos a lo concreto. ¿Cómo y de qué manera se reflejó la Guerra Civil española en los primeros trabajos que trataban específicamente este periodo de nuestra historia?



   Un primer ejemplo lo encontramos en la tetralogía Eloy (Hernández Palacios, 1979, 1980, 1981, 1987), que utilizó una identificación conectiva al presentar a los republicanos como “nosotros” pero no a los enemigos, ya que los pertenecientes al bando franquista no aparecen personificados. Se plasman como “entes” que sirven de contrapeso al protagonista republicano. Aun así, intenta rehuir de polémicas sobre la guerra y presentarla como una situación muy excepcional de manera lineal.







   Por el contrario, hubo cómics vinculados a la extrema derecha, como la novela gráfica editada por Fuerza Nueva Setenta días en el infierno. La gesta en el Alcázar de Toledo (Carlos y Luis F. Crespo, 1978). Es un claro ejemplo de alegoría de esta batalla y ensalzamiento del bando franquista de una forma sesgada y parcial, demonizando al bando republicano.











   En los años 80, el tratamiento generalista y lineal sobre la guerra que se quiso dar en la década de los setenta varió levemente con comics como Emili Piula (Subirachs, 1980) o con la serie de ocho historietas publicadas en la revista Cimoc (Víctor Mora, 1986, 1987). Se abandonó la identificación «nosotros-republicanos», y se optó por otra más alejada y aséptica ejemplificada en un «ellos-republicanos», representándose además la guerra como una locura colectiva entre los dos bandos que no debiera repetirse en el futuro.


   La principal aportación del trabajo de Subirachs es que incluía a miembros de la Iglesia como actores protagonistas de la guerra, un hecho que “accidentalmente” se había obviado en obras anteriores.
   Pero este primer auge de cómics y novelas gráficas sobre la Guerra Civil no se tradujo en un mayor interés por parte de los lectores, editores ni para el público en general. Las publicaciones de los años ochenta sobre este tema pertenecían a editoriales muy pequeñas, casi marginales. La crisis de las grandes editoriales hizo que muchas de ellas desaparecieran, otras tuvieron que fusionarse o reconducir su temática mediante la contratación de autores muy consagrados cuyas obras tratarían temas más costumbristas, que no incomodasen a nadie. Además, durante el gobierno socialista se creó la idea (falsa pero perdurable) de que mirar al pasado traumático de la guerra, era algo incómodo y propio del cajón de la historia, que podía romper España. Había que mirar hacia el progreso y la modernidad (cerca estaban de celebrarse en 1992 los Juegos Olímpicos de Barcelona y la EXPO de Sevilla) y esconder bajo la alfombra toda mirada crítica sobre la Guerra Civil, para crear una concordia ficticia. Estos dos hechos fueron dos factores que produjeron en los años 90 una década de silencio y olvido de los cómics sobre la Guerra Civil española.

   Por suerte, en 1997 se publicó Un largo silencio de Francisco Gallardo, que supuso una ruptura del silencio historiográfico sobre la Guerra Civil por parte del mundo del cómic y de la novela gráfica, y aportó una nueva perspectiva al relatar la trayectoria vital de su padre en el conflicto –el miedo de la artillería, los fusilamientos en ambos bandos y el encierro en los campos de concentración del sur de Francia como exiliado–. Es un punto de vista novedoso que sirvió de ejemplo para futuras obras que explicaremos en otro momento. Otra de las novedades de este trabajo fue su formato de novela gráfica, ya que se presentó como una especie de cuaderno o diario junto a fotos y dibujos del padre del autor, algo similar a lo que hizo Art Spiegelman en Maus. Esta compilación de documentos personales intentaba dar verosimilitud a la historia y acortar la distancia entre la realidad traumática de la guerra y su representación gráfica. Además, Un largo silencio fue una de las obras pioneras en el tratamiento de la Guerra Civil desde el punto de vista de la memoria biográfica y supuso el inicio de una larga y próspera serie de cómics y novelas gráficas publicados ya en el siglo XXI cuyo valor y trasfondo fundamental será el de formar parte de la llamada “memoria histórica”.








domingo, 21 de abril de 2019

POR QUÉ VOTARÉ A PABLO IGLESIAS AUNQUE ME CAIGA MAL




Os confesaré una cosa: No me gusta Pablo Iglesias. Creo que es un ególatra con ansias de poder y que nunca ha aguantado que las personas de su alrededor le diesen ni un toque de atención. Y así se desprendió de gente muy válida como Íñigo Errejón o Carolina Bescansa. Sin embargo, sí que creo que hizo algo bien. Y eso fue fundar Podemos, el partido que cambió el modo de ver la política en este país y que podría hacer mucho bien por el mismo.
Dicho todo lo anterior, os aseguro que votaré a Unidas Podemos (y, por ende, a Pablo Iglesias) en las próximas elecciones. Y lo haré porque, en realidad, no tengo otra opción. Soy una persona de izquierdas y ahora mismo Unidas Podemos es la única organización que defiende mis intereses. Cierto es que, en los últimos años, no he estado de acuerdo con ellos en todas las medidas que han defendido, pero siguen siendo los que más medidas defienden favorables a mi persona (y creo que para todo el país).
Podría votar al Partido Socialista, claro, pero después me tendría que decepcionar al ver que pactaban con Albert Rivera en vez de con Pablo Iglesias.
También podría votar a PACMA, pues tengo muy interiorizadas las políticas animalistas y las creo muy necesarias en el Congreso de los Diputados. Pero no sólo de animalismo vive el hombre, sino de economía, trabajo, industria y un largo etcétera en el que creo que PACMA pincharía en hueso.
Si en verdad algo me repugna, del panorama político que se nos avecina, es la posibilidad de que sumen las derechas de PP, Cs y VOX. Creo que todos los avances en políticas sociales de los últimos años se irían al traste, amén de meter a España en un clima reaccionario más propio tiempos pasados que para nada fueron mejores.
Me diréis entonces, ¿por qué te la juegas votando a Unidas Podemos y no optas por el voto útil apoyando al PSOE? Pues porque creo realmente que el voto útil traiciona los valores de la democracia. ¿Acaso yo, como ciudadano, tengo que renunciar a mis ideas para concentrar la mayoría en “algo que se le parece”? No. La democracia es elección, la democracia es variedad, la democracia es debate y mestizaje de ideas. Creo que saldría un gobierno mucho más justo y beneficioso de un pacto entre socialistas y podemitas, que de uno monocolor (ya fuese rojo o morado). Y hay que obligar a nuestros cargos electos (que para eso los elegimos) a que se acerquen, negocien y pacten lo mejor para la ciudadanía.
Desde luego, lo que no haré, es quedarme en casa el próximo 28 de Abril. Muchos son los que dicen que, como un partido no les representa al 100%, no les entrega su voto. Supongo que esos perfeccionistas apagarán un partido de futbol si juega en su equipo un jugador que no les gusta, apartarán un plato de su mesa si un ingrediente no les entusiasma, o se saldrán del cine si uno de los secundarios que aparecen en la película dice una frase sin el tono apropiado.
El esnobismo de la izquierda siempre ha sido su peor enemigo. Como gente crítica que son sus votantes, siempre se ha visto amenazada con la nube de la abstención por una coma aquí o una tilde allá. Sin embargo, la derecha, masa disciplinada, acude a las urnas con el voto preparado de casa y deposita su papeleta en la urna llueva o nieve.
Desde este modesto medio os pido que no caigáis en las trampas de la campaña, no os dejéis engañar por los saboteadores que trabajan para el partido abstencionista y acudáis en tropel a votar (aunque sea un lema de pasadas elecciones del Partido Popular) con cabeza y corazón.

Imperator Caesar Cerverius



sábado, 30 de marzo de 2019

HIROSHIGE



El Museo de Zaragoza realizó -desde 2015 hasta el pasado marzo de 2018- una exposición temporal dedicada a Andô Hiroshige (1797-1858), más conocido como Utagawa Hiroshige (歌川広重), maestro por excelencia de la xilografía japonesa Ukiyo-e (expresión que viene a significar «pinturas o imágenes del mundo que fluye o flotante»), un artista que comenzó como supervisor de una estación de bomberos en el centro de Edo (actual Tokio) siguiendo los pasos de su padre y que pronto pasaría a formar parte del prestigioso taller de ukiyo-e de Utegawa Toyohiro donde, rápidamente, adoptaría el nombre de la escuela como apellido propio siendo actualmente conocido como tal a nivel mundial. Es importante recordar que el orden de nombres y apellidos en Japón corresponde al contrario en España, es decir, primero se conoce el apellido y después el nombre, algo que a nivel social puede verse modificado dependiendo del grado de relación que se tenga con dicha persona (por ejemplo, entre un jefe de empresa y sus trabajadores, lo habitual es que se llamen por el apellido, siendo al contrario si son amigos, familiares cercanos, etc.).

En realidad, se desconocen muchos datos sobre el artista puesto que, a pesar de que hubiera escrito una autobiografía, al poco de morir ésta desapareció debido a un fatídico incendio. A pesar de ello, podemos encontrar su esencia y saber hacer en sus obras, un excelente grabador muy solicitado gracias a su ascenso en el oficio.

Esta exposición se pudo disfrutar gracias a la entidad organizadora: la Fundación Torralba-Fortún cuyo fundador, Don Federico Torralba Soriano, historiador del arte y entusiasta del arte japonés, en especial de Hiroshige, dispone de una amplia colección de arte japonés, la cual cedió al Museo de Zaragoza el cual ha querido rendirle homenaje a la gran predilección que siente por el artista nipón, y al gran trabajo que ha realizado por el estudio y difusión de este arte en nuestra comunidad. Sin olvidarnos de otras entidades organizadoras, debo mencionar al Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza, Gobierno de Aragón, etc., así como la colaboración imprescindible de la Asociación Aragón-Japón, dirigida por Kumiko Fujimura, quién también cedió algunas de sus piezas que pudieron verse en esta exposición, como es el caso del delicado y bello kimono expuesto en las vitrinas de la sala dedicada a la vida y cultura urbana, una representación de la belleza y elegancia de la mujer japonesa; destacada también la selección de piezas de diversos usos en la época Edo, así como la catalogación excelente realizada por el Grupo de Investigación Japón y España: Relaciones a través del Arte, liderado por la Dra. Barlés, quien realiza el papel de comisario junto al Dr. Almazán, ambos muy involucrados con la divulgación del arte japonés en nuestra comunidad y universidad, no sólo a nivel académico, sino también expositivo, puesto que también son coleccionistas de este arte del grabado japonés, y además son los responsables de los textos de exposición.


Quisiera hacer hincapié en el amplio despliegue cultural que abarca esta exposición que llama la atención de amantes del arte japonés, y de quienes simplemente tienen curiosidad por ver «qué pintan estos chinos». Es una demostración total y completa del interés anteriormente mencionado, llevado al detalle con sumo cuidado, y que facilita a todo el público el acceso a este tipo de arte tan llamativo. Además, diversos libros que recorren la trayectoria del arte japonés, el japonismo europeo, la vida y obra del artista mencionado, etc., que podían ojearse allí mismo para adquirir mayor conocimiento in-situ. Es por tanto una completa y excelente exposición para el conocimiento.
Dispone de numerosas piezas acompañadas con su correspondiente cartel, en el que podiamos leer el título, la serie, firma y fecha, el editor, la estampa y su formato, además de conocer el nombre de quién cede la obra al Museo. También diferentes textos explicativos muy concisos que acompañaban a cada sección del área de Asia Oriental dispuesta en el Museo de Zaragoza. Una información adecuada para conocer el contexto histórico y social del autor, como de las obras mismas, que de forma sintetizada son capaces de hacer entender al espectador la importancia de cada motivo. Además, era una exposición muy bien estructurada, puesto que dividía claramente cada concepto y desarrollo de la época y la vida del artista, empezando por una resumida biografía de su vida y trabajo, incluyendo aspectos sobre la capacidad de observación del artista en su entorno, así como el estilo de vida urbana en la ciudad Edo, explicando la importancia del Ukiyo-e y su significado y, brevemente, la historia de los samuráis.

Un recorrido completo que transporta al visitante a la época en la que Hiroshige fue ligado al Japonismo europeo. Algunas de estas obras tan representativas de su estilo y visión del mundo expuestas en esta exposición temporal fueron las conocidas: Hashiba en la nieve, de la serie Treinta y seis ejemplos de orgullo de Edo (Edojiman sanjû rokkyû); Fujikawa, de la serie Cincuenta y tres estaciones del Tôkaidô (Tôkaidô gojûsan tsugi meisho zue), entre otras muchas además de libros con sus dibujos previos y bocetos, el material que utilizaba para realizarlos, etc.

Hiroshige destaca con su trabajo en el procedimiento conocido como nishiki-e, con el que lograba estampas a todo color, dando vida a sus paisajes y escenas cotidianas. Un artista que llama la atención a cualquier visitante, ya que en primera persona puedo decir que, gracias a esta exposición que vi por primera vez en 2015, me decidí más tarde a matricularme en esta carrera, sabiendo que estaba en el sitio ideal para adentrarme en las profundidades del Ukiyo-e y todo lo que rodea a esta técnica que ha sabido mantenerse a lo largo de los años, dentro y fuera de las fronteras japonesas, embelesando a todo aquel que detiene su camino para admirarlo.



Anexo: Imágenes tomadas en la exposición:




Fujikawa, Estación 38. Serie Cincuenta y tres estaciones del Tôkaidô.
Andô Hiroshige, 1855. Estampa nishiki-e, formato ôban (36x25cm).
Colección Federico Torralba, Museo de Zaragoza nº 53003.





Detalle Hashiba en la nieve. Serie Treinta y seis ejemplos de orgullo de Edo.
Utagawa Hiroshige II y Utagawa Kunisada, 1864. Estampa nishiki-e, formato ôban (36x25cm).
Colección Federico Torralba, Museo de Zaragoza nº 49462.



Detalle kimono de seda del siglo XX, colección particular.


Detalle de la exposición: Estampaciones y material de trabajo.



Detalle de la exposición: Vida urbana, la mujer y los samuráis en la época Edo.



Texto realizado por la alumna Ana Mª Ortega Sanchez (pseudónimo Heiwa en este blog) para la asignatura Técnicas Artísticas del grado Historia del Arte, en la Universidad de Zaragoza, impartido por la profesora Dra. Belén Bueno Petisme en el curso 2017/2018. ®

HEIWA




lunes, 31 de diciembre de 2018

FACE IT: AÑO III


Y acaba otro año más, el 2018. Desde Face It hemos estado alerta a todo lo que ocurría a nuestro alrededor y poder contarlo y comentarlo con nuestros lectores. Lamentablemente, como a todos, la vida nos desborda. Nuestros trabajos, nuevos proyectos individuales , o sencillamente nuestras relaciones sociales, han hecho que poco a poco el número de artículos en el blog vayan disminuyendo (una veintena, en este año que nos deja). No obstante, no tiramos la toalla y nos resistimos a bajar la persiana y dar el cierre. En el futuro, seguiremos opinando de lo que más nos interese, aunque sea cuando tengamos un hueco entre nuestras apretadas agendas.
Comenzamos este casi terminado 2018 hablando del conflicto catalán. Un artículo fechado a 1 de enero, pero que podría perfectamente hacerse pasar por uno del 31 de diciembre. El problema sigue igual, enconado, y parece que las partes no están más cercas que hace un año. La prisión de varios dirigentes independentistas (y otros en fuga) no da sino alas a sus defensores para radicalizarse y aumentar la brecha con el resto de España. Los autodenominados Comités de Defensa de la República(CDR) han actuado como un grupo de acción del proyecto soberanista, tomando la calle y protagonizando protestas (casi siempre violentas).
A lo largo del curso que acaba, vimos dos personalidades políticas cuestionadas por sus dudosas formas de obtener un máster universitario. Una, la expresidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, tuvo que renunciar a su cargo. El otro, Pablo Casado, fue encumbrado por su partido y es el actual presidente del Partido Popular. Su juventud no ha sido ningún soplo de aire fresco a una organización que olía a rancio, sino que con él se ha vuelto a unas ideas todavía más reaccionarias que con el antiguo ocupante del puesto. ¡Cómo echamos de menos a Don Mariano!
Y es que Rajoy ya no está. Rajoy se fue. Rajoy se escapa de nuestra vida. La Moncloa tiene nuevo inquilino. El PSOE volvió al Gobierno después de una moción de censura al PP tras nuevas informaciones sobre la corrupción masiva en la calle Génova. Pedro Sánchez fichó a un equipo de estrellas, expertos en sus campos, y formó un Consejo de Ministros que inspiraba esperanza, aunque éste se ha ido desinflando con el tiempo y dos de ellos han terminado estrellados. Máxim Huerta y Carmen Montón tuvieron que devolver su maletín con el nombre de sus áreas y ya pertenecen a la historia política de este país.
2018 ha sido sin duda el año del feminismo. El 8 de marzo las mujeres pararon España en una huelga sin precedentes para Basta. Basta de violencia de género, basta de desigualdad laboral, y basta de machismo (ya fuera explícito o implícito).
No llegamos a contaros, aunque ocurrieron, las elecciones andaluzas. Un cambio de gobierno en la Junta que no sería tan mala idea (la alternancia en el poder siempre es sinónimo de regeneración) si no fuese porquhe viene enturbiada por la inclusión de la ultraderecha en el parlamento sureño. Partido Popular y Ciudadanos no han perdido la oportunidad de aliarse con sus nuevos amigos de VOX para llegar al Palacio de San Telmo, aunque para ello hayan tenido que desdecirse de consignas que llevan repitiendo durante años (como lo de que gobierne sólo la lista más votada, el pacto de perdedores, etc.).
La ultraderecha ya está aquí y, a diferencia de lo que se ha hecho en otros países, aislándola y marginando sus ideas, en España se ha decidido a alentarla. La mente cortoplacista de sus socios, por alcanzar el gobierno de Andalucía, les penará tarde o temprano. Al Partido Popular porque blanqueará una marcha (la de VOX) que es muy oscura en su interior y a la que abre la puerta para la fuga de votos desde su partido. A Ciudadanos porque sus electores más moderados verán que Rivera está dispuesto a vender su alma al diablo con tal de pillar cacho. Y al resto de España porque esto no hará sino dar alas a este nuevo partido y, a no mucho tardar, lo tendremos en todas las instituciones.
Pero no sólo de política vive el hombre. Este 2018 hemos tenido buen cine. Vengadores: Infinity War fue la primera parte de una conclusión que llegará en 2019 y que pondrá punto y a parte a 10 años de Universo Cinematográfico Marvel. Algunos actores dejarán sus papeles, como Robert Downey Jr. (Iron Man), Chris Evans (Capitán América) o Chris Hemsworth (Thor). Pero otros vendrán y tendremos cine de superhéroes para rato.
DC, que parecía al borde del colapso en su loca carrera por alcanzar a Marvel , ha visto en su última película, Aquaman, cómo se pueden hacer bien las cosas si se hacen con mimo. Que no se puede lograr en dos años lo que tu competidor lleva construyendo a lo largo de diez. Y que el cine, como cualquier otro tipo de arte, no entiende de prisas.
Literariamente también hemos estado al quite para traer un biopost sobre J.R.R. Tolkien en el que habría sido su 126 cumpleaños. También analizamos la película de Steven Spielberg Ready Player One, adaptación (más inspiración que adaptación) de la novela homónima de Ernest Cline. Incluso nos animamos a compartir con vosotros un relato corto sobre la fundación de la Orden del Fénix en el universo Harry Potter.
Amamos la historia y no hemos podido resistirnos a contaros el final de la trilogía de artículos de Julio César o la que fue llamada La Gran Guerra y que este año ha cumplido su centésimo aniversario.
Aún nos han quedado fuerzas para hablaros de videojuegos, viajes o exposiciones nostálgicas. Y es que así es Face It. Un equipo de amigos (a un lado y al otro de la red) que se juntan para hablar de muchos temas. Porque el mundo no sólo está hecho de política, deporte, cine o literatura, sino que somos personajes tridimensionales, con muchos recovecos, y que nos gusta en cada momento escoger lo uno o lo otro. Desde seguiremos compartiéndolo con vosotros durante 2019.
Happy new year… and prosper.

Imperator Caesar Cerverius


martes, 13 de noviembre de 2018

DE CUANDO EL MUNDO CAMBIÓ EN UN BOSQUE


En el momento en el que escribo este post, se cumplen 100 años del Armisticio de Compiègne, la firma entre representantes del Imperio Alemán y de Francia que supuso el cese definitivo de los combates de la Primera Guerra Mundial. En concreto, en la madrugada del 10 al 11 de noviembre, -a las 5 de la mañana- se estableció que el final de los enfrentamientos fuera a partir de las 11:00 horas. Aunque, como siempre pasa en la Historia y en la vida, este hecho estuvo cargado de mala suerte para un anónimo soldado estadounidense. Deseoso de demostrar su valía en el frente, Henry Gunther cargó su bayoneta en contra de las órdenes de su sargento y se lanzó a la carga de una posición de ametralladora alemana. A pesar de los avisos de los soldados germanos, realizó un par de disparos. En cuanto estuvo al alcance de la ametralladora fue inmediatamente abatido. Falleció en un pueblucho francés de mala muerte, en Chaumont-devant-Damvillers, cerca del río Mosa. Eran las 10:59 de la mañana. Faltaba un minuto para que el armisticio entrara en vigor.

Se ha escrito muchísimo sobre la Primera Guerra Mundial, sobre todo cuando se cumplen fechas conmemorativas y desde diversas visiones, pero la mayoría de los distintos trabajos apuntan tres ideas principales: la ceguera de los dirigentes (emperadores, políticos, diplomáticos) en azuzar un conflicto bélico que creían que podrían controlar y dirigir apelando a las emociones y al nacionalismo exacerbado, pero que se les escapó de las manos ya que históricos imperios se derrumbaron en apenas cuatro años. La segunda idea gira en torno a que la guerra no tuvo nada que ver con enfrentamientos anteriores, por el uso de una tecnología más efectiva y mortífera, que rompía los esquemas clásicos de los planes militares. Y la tercera, la reflexión más extendida a la que llegan casi todas las conclusiones, es el absurdo de algunas batallas a pequeña escala, pero en conjunto fue una guerra inútil porque el coste de vidas fue altísimo en comparación con los objetivos conseguidos. Un dato para tener en cuenta: en las seis horas que transcurrieron entre la firma del armisticio y su entrada en vigor murieron 11.000 soldados.


Personalmente, siempre he tenido predilección por la Primera Guerra Mundial. Incluso la considero como el inicio de una nueva etapa histórica. En comparación, el mundo era más parecido en 1912 a los años finales del siglo XIX que lo sería en 1918. Por ejemplo, si se observa la fotografía superior (tomada en 1910) se ve a varios monarcas y emperadores europeos: el zar Fernando de Bulgaria y el káiser Guillermo II -de pie, segundo y cuarto por la izquierda- acabaron kaputt en 1918 tras enfrentarse a Inglaterra y Bélgica, regidas por Jorge V (sentado en el centro) y Alberto I (de pie, el primero de la derecha). Además, sin este episodio bélico no se puede entender el surgimiento de la Revolución rusa, del fascismo o del nazismo. Incluso de un nuevo capitalismo y de nuevas formas de organización territorial.

De todas formas, el lugar de la firma del armisticio es muy austero, -una explanada elíptica con unos raíles y una placa conmemorativa donde estaba el tren original junto a una estatua del mariscal Foch-. Existe un pequeño museo que conserva una réplica del tren original, unos cuantos mapas e indumentaria de soldados franceses y alemanes y un tanque Renault. Aun así, la carga simbólica es enorme ya que fue el lugar donde se dio el primer paso hacia una paz definitiva, pero también supuso el inicio de nuevos movimientos y revoluciones políticas y sociales: de aquí parte el sentimiento antisemita en Alemania, el fascismo en Italia o el establecimiento de Estados Unidos como primera potencia mundial.

Cien años después, Europa es un continente estable en cuanto a conflictos bélicos (con la excepción de Ucrania), pero el sentimiento nacionalista está en auge. Un nacionalismo en contra del fenómeno de la inmigración y en contra también de la Unión Europea. No se adivina un futuro muy bueno (el Brexit inglés, el apogeo de populismos de extrema derecha en la mayor parte de países europeos, la marcha de Merkel que puede quebrar el fundamental eje francoalemán), hace que Europa, -que se desangró hace 100 años y que engendró una débil institución para mantener la paz, como fue la Sociedad de Naciones-, sea un continente cada vez más débil, una especie de choped barato entre EE. UU., Rusia y China.

Cierto es que se ha avanzado enormemente, se han consolidado democracias y la sociedad civil está por encima de cualquier estamento, pero el resurgimiento de dichos nacionalismos, bien por rechazo a otros o por sentimiento de agresión y victimismo, dibuja una peligrosa situación en la que las opiniones mesuradas y reflexivas son denostadas.