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martes, 26 de enero de 2021

SHIN SAIMDANG, LA PINTORA DE LA NATURALEZA

Hace poco que tuve la suerte de conocer el personaje histórico de la dama Shin Saimdang. Lo hice gracias a una serie coreana, Saimdang memoir of coulours[i]. Tengo que decir que me fascinó la figura de esta mujer de la que nada sabía, pero que para mi sorpresa resultó ser una de las principales intelectuales y artistas del reino Joseon en el S.XVI coreano.

Shin Saimdang desconocida en occidente (o por lo menos para mí lo era) es uno de los personajes más relevantes de la historia coreana: escritora, caligrafista, poetisa y artista. Nació en 1504 en Gangneung, reino de Joseon (actual Corea) y murió de forma súbita en la región de Pyongan a los cuarenta y ocho años de edad (1551).

Lady Shin Saimdang, por Yi Yang-u realizado a principios de S.XX

La era Joseon fue fundamentalmente patriarcal. Pese a sus muchos talentos, éstos no eran considerados aptos para una mujer. De hecho, ni siquiera sabemos su nombre real[ii], ya que siempre se la ha conocido como: La hija de Shin Myeong-hwa, la mujer de Won-su y la madre del académico confuciano Yi I. La conocemos por su apodo, Saimdang, sobrenombre que eligió ella misma en honor de Tairen, la madre del emperador chino Wen de la Dinastia Zhou. Tairen era conocida por ser una buena esposa y una madre sabia, siguiendo las enseñanzas confucianas. Muchos son los documentos con retratos de Saimdang, en los que se podía leer estas mismas palabras dedicadas a nuestra protagonista[iii].

Sin embargo, Saimdang fue capaz cultivar sus múltiples talentos, pese a la rígida sociedad confuciana de la época. Comenzó a pintar desde muy niña y no solo le apoyaron su padre y su abuelo a que siguiera pintando tras descubrir su talento, sino que la educaron como solo se hacía con los varones, leía las lecturas Confucianas, era experta en caligrafía, escribía poemas y se convirtió en una gran pintora de su época. Pesé a que se la recuerde como “madre sabia”, son sus obras artísticas las que mejor nos hablan de ella.

El género pictórico principal de su obra es Chochungdo, pintura de motivos vegetales e insectos. También trabajó el género Mukrando o Mungnando, orquídeas pintadas con la técnica Sumi-e[iv] (técnica de dibujo monocromático en tinta negra de la escuela de pintura China) de líneas suaves y simples, que son muy típicas de las pinturas literarias, es decir que incluyen, por ejemplo, un poema.

Orquidea a tinta o Mungnando junto a poema. Pintura de Shin Saimdang S. XVI y poema de Song Si-yeol académico confuciano S. XVII.

Sus obras con motivos vegetales e insectos son conocidas por el uso de ricos colores, su vitalidad, detallismo y el realismo que desprenden. Hay una anécdota en la que se nos cuenta que: siendo una niña, sacó una pintura a secar al patio de la casa de sus abuelos, cuando se quiso dar cuenta, una gallina que confundió los insectos de la pintura con bichos reales había picoteado toda la obra.

 Shin pintaba aquello que tenía cerca, la mayoría de las flores, plantas y animales que representó en su obra, se encontraban en su jardín o en los aledaños de su hogar. Sus trabajos Chochungdo los pintó sobre papel blanco y también sobre lo que se conoce como gamji, papel teñido de azul oscuro. Las formas sobre este hermoso papel tintado se han coloreado directamente, sin delinear primero la silueta de las flores o insectos, utilizando colores brillantes que crean contraste con el fondo. Los expertos en el arte del periodo Joseon insisten que, pintar sin delinear, es verdaderamente difícil, no todos consiguieron dominar esta técnica, como sí lo logró Shin.

Su trabajo, nos revela interesantes datos de nuestra artista. Saimdang tenía buenos conocimientos sobre las estaciones del año, el clima y los cambios que experimentaba la naturaleza con el paso de éstas. En su obra reflejó esta sabiduría, ya que nunca mezcló flores e insectos de estaciones diferentes. Por ejemplo, en una de las piezas Chochungdo sobre gamji vemos: crisantemos, alquequenjes, cañas y una libélula roja, todas estas plantas y el insecto son típicos de principios de otoño.

Chochungdo sobre gamji de Shing Saimdang siglo XVI.

Los objetos que aparecen en sus pinturas tampoco han sido elegidos al azar, ni por cuestiones estéticas, sino que siempre tienen un significado, en este otro Chochungdo sobre gamji:

Chochungdo sobre gamji de Shing Saimdang siglo XVI.

Aparecen una celosia, tres mariposas y tres escarabajos peloteros; la simbología del conjunto es el deseo de tener una buena relación de pareja y a su vez una próspera carrera gubernamental (el marido de Saimdang era funcionario estatal del reino). La celosia es símbolo de ostentar un puesto en la administración pública, ya que se parece al sombrero oficial que lucían los funcionarios y miembros de la aristocracia que habían pasado el examen Gwageo[v]. Las mariposas son símbolo de la armonía conyugal.  Por tanto, las temáticas de la obra de Shin Saimdang, va más allá que aquello que ve en su jardín, sino una metáfora de su propia vida.

Para la sociedad de su época, marcada por el confucionismo, lo mejor que hizo esta gran mujer, fue ser la madre del académico confuciano Yi I (uno de los grandes académicos de su tiempo). Sin embargo, por suerte su obra ha llegado hasta nosotros y nosotras, y ahora se la valora por la interesante figura que fue a nivel intelectual y especialmente por ser una de las mejores artistas de su tiempo.

Hoy os he traído un poco de información sobre ella y su obra, espero poder ahondar en mis conocimientos sobre esta maravillosa mujer y, en un futuro, completar la información con un nuevo post sobre Shin Saimdang.

Las Uvas de Shin Saimdang siglo XVI.


BIBLIOGRAFÍA

https://www.koreatimes.co.kr/www/art/2017/03/691_225097.html

https://koreajoongangdaily.joins.com/2017/02/01/artsDesign/A-fresh-look-at-Saimdang-Exhibit-of-the-Joseonera-female-painter-highlights-her-standing-among-scholars/3029338.html

www.wikipedia.com


[i] Drama romántico, con buenas dosis de fantasía. Basado en la vida de la dama Shin Saimdang y protagonizada por la actriz Lee Young-ae. Disponible en Netflix

[ii] Ahn Jin-woo director del museo de Seul explico durante la exposición de 2017 “Saimdang, her garden”: “A menudo la llamaban Shin In-seon, pero no hay evidencias.  Su nombre no ha pasado a la historia porque era una mujer. […] podemos especular que el nombre In-seon viene de una biografía moderna de Shin hecha para niños y comenzó a conocerse como su nombre real. Como sea, no hay evidencias de que su nombre haya perdurado para la historia.”

[iii] Su apodo respetuoso era Eojin Eomeoni (Madre Sabia).

[iv] Apenas se conservan obras conocidas o cuya autoría sea reconocida de Saimdang con esta técnica. Esto se debe a que es difícil seguir la pista de su obra, ya que, al ser una mujer, no tenía un sello con los que firmar sus pinturas. Sin embargo, actualmente es considerada por aquellos que ven su obra, que es una de las mejores artistas de su época, únicamente aventajada por An Gyeon, considerado el mejor pintor del nuevo periodo Joseon.

[v] El Gwageo (o kwago) era el examen para acceder al servicio civil nacional durante las dinastías Goryeo y Joseon de Corea. Por lo general eran pruebas muy exigentes. En ellas se medían: el conocimiento de los candidatos de los clásicos chinos y, a veces, ciertos temas técnicos. Estos exámenes eran la vía principal por la que la mayoría de las personas conseguían posiciones en la aristocracia.

Miss Rocher de la Tormenta












sábado, 30 de marzo de 2019

HIROSHIGE



El Museo de Zaragoza realizó -desde 2015 hasta el pasado marzo de 2018- una exposición temporal dedicada a Andô Hiroshige (1797-1858), más conocido como Utagawa Hiroshige (歌川広重), maestro por excelencia de la xilografía japonesa Ukiyo-e (expresión que viene a significar «pinturas o imágenes del mundo que fluye o flotante»), un artista que comenzó como supervisor de una estación de bomberos en el centro de Edo (actual Tokio) siguiendo los pasos de su padre y que pronto pasaría a formar parte del prestigioso taller de ukiyo-e de Utegawa Toyohiro donde, rápidamente, adoptaría el nombre de la escuela como apellido propio siendo actualmente conocido como tal a nivel mundial. Es importante recordar que el orden de nombres y apellidos en Japón corresponde al contrario en España, es decir, primero se conoce el apellido y después el nombre, algo que a nivel social puede verse modificado dependiendo del grado de relación que se tenga con dicha persona (por ejemplo, entre un jefe de empresa y sus trabajadores, lo habitual es que se llamen por el apellido, siendo al contrario si son amigos, familiares cercanos, etc.).

En realidad, se desconocen muchos datos sobre el artista puesto que, a pesar de que hubiera escrito una autobiografía, al poco de morir ésta desapareció debido a un fatídico incendio. A pesar de ello, podemos encontrar su esencia y saber hacer en sus obras, un excelente grabador muy solicitado gracias a su ascenso en el oficio.

Esta exposición se pudo disfrutar gracias a la entidad organizadora: la Fundación Torralba-Fortún cuyo fundador, Don Federico Torralba Soriano, historiador del arte y entusiasta del arte japonés, en especial de Hiroshige, dispone de una amplia colección de arte japonés, la cual cedió al Museo de Zaragoza el cual ha querido rendirle homenaje a la gran predilección que siente por el artista nipón, y al gran trabajo que ha realizado por el estudio y difusión de este arte en nuestra comunidad. Sin olvidarnos de otras entidades organizadoras, debo mencionar al Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza, Gobierno de Aragón, etc., así como la colaboración imprescindible de la Asociación Aragón-Japón, dirigida por Kumiko Fujimura, quién también cedió algunas de sus piezas que pudieron verse en esta exposición, como es el caso del delicado y bello kimono expuesto en las vitrinas de la sala dedicada a la vida y cultura urbana, una representación de la belleza y elegancia de la mujer japonesa; destacada también la selección de piezas de diversos usos en la época Edo, así como la catalogación excelente realizada por el Grupo de Investigación Japón y España: Relaciones a través del Arte, liderado por la Dra. Barlés, quien realiza el papel de comisario junto al Dr. Almazán, ambos muy involucrados con la divulgación del arte japonés en nuestra comunidad y universidad, no sólo a nivel académico, sino también expositivo, puesto que también son coleccionistas de este arte del grabado japonés, y además son los responsables de los textos de exposición.


Quisiera hacer hincapié en el amplio despliegue cultural que abarca esta exposición que llama la atención de amantes del arte japonés, y de quienes simplemente tienen curiosidad por ver «qué pintan estos chinos». Es una demostración total y completa del interés anteriormente mencionado, llevado al detalle con sumo cuidado, y que facilita a todo el público el acceso a este tipo de arte tan llamativo. Además, diversos libros que recorren la trayectoria del arte japonés, el japonismo europeo, la vida y obra del artista mencionado, etc., que podían ojearse allí mismo para adquirir mayor conocimiento in-situ. Es por tanto una completa y excelente exposición para el conocimiento.
Dispone de numerosas piezas acompañadas con su correspondiente cartel, en el que podiamos leer el título, la serie, firma y fecha, el editor, la estampa y su formato, además de conocer el nombre de quién cede la obra al Museo. También diferentes textos explicativos muy concisos que acompañaban a cada sección del área de Asia Oriental dispuesta en el Museo de Zaragoza. Una información adecuada para conocer el contexto histórico y social del autor, como de las obras mismas, que de forma sintetizada son capaces de hacer entender al espectador la importancia de cada motivo. Además, era una exposición muy bien estructurada, puesto que dividía claramente cada concepto y desarrollo de la época y la vida del artista, empezando por una resumida biografía de su vida y trabajo, incluyendo aspectos sobre la capacidad de observación del artista en su entorno, así como el estilo de vida urbana en la ciudad Edo, explicando la importancia del Ukiyo-e y su significado y, brevemente, la historia de los samuráis.

Un recorrido completo que transporta al visitante a la época en la que Hiroshige fue ligado al Japonismo europeo. Algunas de estas obras tan representativas de su estilo y visión del mundo expuestas en esta exposición temporal fueron las conocidas: Hashiba en la nieve, de la serie Treinta y seis ejemplos de orgullo de Edo (Edojiman sanjû rokkyû); Fujikawa, de la serie Cincuenta y tres estaciones del Tôkaidô (Tôkaidô gojûsan tsugi meisho zue), entre otras muchas además de libros con sus dibujos previos y bocetos, el material que utilizaba para realizarlos, etc.

Hiroshige destaca con su trabajo en el procedimiento conocido como nishiki-e, con el que lograba estampas a todo color, dando vida a sus paisajes y escenas cotidianas. Un artista que llama la atención a cualquier visitante, ya que en primera persona puedo decir que, gracias a esta exposición que vi por primera vez en 2015, me decidí más tarde a matricularme en esta carrera, sabiendo que estaba en el sitio ideal para adentrarme en las profundidades del Ukiyo-e y todo lo que rodea a esta técnica que ha sabido mantenerse a lo largo de los años, dentro y fuera de las fronteras japonesas, embelesando a todo aquel que detiene su camino para admirarlo.



Anexo: Imágenes tomadas en la exposición:




Fujikawa, Estación 38. Serie Cincuenta y tres estaciones del Tôkaidô.
Andô Hiroshige, 1855. Estampa nishiki-e, formato ôban (36x25cm).
Colección Federico Torralba, Museo de Zaragoza nº 53003.





Detalle Hashiba en la nieve. Serie Treinta y seis ejemplos de orgullo de Edo.
Utagawa Hiroshige II y Utagawa Kunisada, 1864. Estampa nishiki-e, formato ôban (36x25cm).
Colección Federico Torralba, Museo de Zaragoza nº 49462.



Detalle kimono de seda del siglo XX, colección particular.


Detalle de la exposición: Estampaciones y material de trabajo.



Detalle de la exposición: Vida urbana, la mujer y los samuráis en la época Edo.



Texto realizado por la alumna Ana Mª Ortega Sanchez (pseudónimo Heiwa en este blog) para la asignatura Técnicas Artísticas del grado Historia del Arte, en la Universidad de Zaragoza, impartido por la profesora Dra. Belén Bueno Petisme en el curso 2017/2018. ®

HEIWA




lunes, 13 de junio de 2016

REVOLUCIÓN EN LA ALTA COSTURA,CAMBIOS DEL S.XX. (Parte I)

LA BÚSQUEDA DE NUEVAS FORMAS DE BELLEZA.
La Primera Guerra Mundial supuso el desmantelamiento de las viejas estructuras que venían desapuntalándose desde finales del S.XIX, dando lugar a un nuevo estilo de vida. Las sociedades cambiaron radicalmente:  se generalizó el uso del automóvil, la fascinación por los deportes comenzó a despuntar (tenis, automovilismo, ciclismo, boxeo…) y  las mujeres salieron de los hogares, comprendieron que además de esposas ejemplares, se podían convertir en grandes profesionales –no debemos olvidar que la mujer proletaria  hacía tiempo que compaginaba trabajo y hogar-, aumentó el número de las mismas con estudios superiores; su lucha por adquirir sus propios derechos fue mucho más significativa y los movimientos feministas y obreros, comenzaron a movilizarse por la obtención del voto femenino. Las mujeres cambiaron su visión del mundo,  reivindicaron su papel en el mismo y como expresión de estos cambios también lo hizo su forma de vestir, espejo de la nueva mujer que llegaba con el nuevo siglo; se rechazó el corsé por un nuevo modelo de belleza centrado en los hombros y con el inicio del conflicto bélico se buscó la funcionalidad de los trajes sastre.
Todos estos cambios sociales y culturales se aceleraron con la Primera Guerra Mundial, sin embargo este proceso había comenzado antes, a finales del S.XIX y principios del S.XX eclosionando en la década de los diez.  Como ya dijimos en otro post, hablar de moda no era hablar de ropa, sino hablar de la expresión de una misma sociedad; la mentalidad femenina cambiaba y por tanto también lo hacía su indumentaria, el primer gran cambio fue el fin del uso del corsé y este hecho no se consiguió con las protestas feministas, ni quejas médicas de su insalubridad; sino que fue la alta costura la que impuso el cambio de la mano de una serie de diseñadores que cambiaron por completo la perspectiva de lo bello en el cuerpo de la mujer, Paul Poiret y Mariano Fortuny fueron dos de los diseñadores que hicieron posible este cambio; de esta forma en el siglo XX, se evolucionó de una forma encorsetada, artificial y poco práctica a una forma igualmente elegante pero más natural, de la mano del  sujetador.

A finales del S.XIX los diseñadores de primera línea como Charles Frederick Worth, Jacques Doucet y Jeanne Paquin, seguían fieles al uso del corsé y a las sensibilidades del Modernismo, cuyo objetivo como remarca Reiko Koga en MODA. Una historia de la moda del siglo XX. , era alcanzar la belleza combinando opulencia y elegancia, sus diseños y creaciones precisaban corsés que desvirtuaban la forma natural femenina, creando la artificial silueta en forma de “S”. Las mujeres vestían estos diseños en cenas, fiestas, eventos públicos o en la calle, pero esta vestimenta les privaba de movilidad y comodidad.
Sería Paul Poiret el primero en proponer un nuevo estilo femenino que desterraba el corsé, no lo hacía con ningún fin reivindicativo -o eso dice en su biografía-, sino en una búsqueda de nueva forma de belleza: En 1903 aparecía su “abrigo Confucio”, corte recto y línea holgada y en 1906 sus vestidos de “estilo helénico”, eran diseños sin corsé, de cintura alta, el centro de gravedad pasaba de la cintura a los hombros.  En sus creaciones destacaban tejidos de colores brillantes y provocadores, adornos llamativos y exóticos, creaba los pantalones de odalisca, las faldas de medio paso y popularizó el uso de turbantes.  Sus diseños se inspiraban en Oriente,  pero no era él único, el Orientalismo se impuso en aquellas décadas en todos los aspectos culturales y artísticos occidentales.
Los descubrimientos arqueológicos en Grecia, Egipto y Mesopotamia;  la traducción y publicación en occidente de Las mil y una noches, los debuts de los Ballets Rusos en París en 1909 y la guerra rusojaponesa de 1904-1905 que supuso una creciente pasión por el país nipón; marcaron la literatura, el arte, la arquitectura y el diseño, europeos.
Ilustración 2: Les Choses de Paul Poiret 1911 por George Lepape.













Poiret y la casa de moda Callot Soeurs encontraron en Oriente una fuente de inspiración inagotable, fascinados por sus tejidos y las estructuras de sus prendas, destaca el kimono japonés, elegante en su forma plana y en su apertura, ya apuntaba como señala Koga, a la nueva relación entre cuerpo y vestimenta.
Pero Poiret y las casas de moda francesas no fueron las únicas en imponer un nuevo estilo de vestir,  sino que se dio en el resto de Europa. El genial Mariano Fortuny español afincado en Italia, creó un innovador diseño de inspiración griega, que combinaba funcionalidad y decoración en un hermoso vestido plisado  de estilo clásico que denominó Delphos.  Los finos pliegues moldeaban el cuerpo femenino y su decoración se lo daba el mismo movimiento, sin necesidad de ornamentación alguna, ya que la mínima acción cambiaba brillos y tonalidades en la prenda.
También debemos reseñar  el  Wiener Werksätre,  fundado en 1903 por Josef Hoffman en principio se planteó para dedicarse a la encuadernación, artesanías y  arquitectura, sin embargo en 1911 sacó su propia línea de moda, con novedosos diseños  como los vestidos saco.
No nos olvidamos de la moda masculina, pero  en estas décadas apenas evolucionó en comparación con los grandes cambios que se estaban dando en la indumentaria femenina: los bajos de los pantalones se estrecharon y las chaquetas pasaron a ser ligeramente más holgadas, una vez más se buscaba la libertad y naturalidad de movimiento del cuerpo humano.

Es en este momento cuando los medios de comunicación posaron su vista en la moda, vieron un nuevo campo sobre el que trabajar y esto ayudó a la expansión de la influencia de las principales casas de moda europeas (especialmente parisinas) al resto del mundo. Revistas como Vogue (1892, Nueva York) y la Gazette du  Bon Ton (1912-1925, París), adquirieron gran cantidad de suscriptores y lectores, deseosos de estar a la última moda; el éxito de las revistas radicaba en la calidad de sus ilustraciones,  se entró en lo que se denominó la época dorada de la ilustración de moda, artistas relevantes prestaron sus servicios a los magazines,  gacetas y diseñadores. Una vez más Poiret  se imponía como el gran innovador, al crear un catálogo de modas con sus colecciones  de forma individual para poder mostrarlas al público: Les robes de Paul Poiret  (1908 por Paul Iribe) y Les Choses de Paul Poiret (1911 por Georges Lepape).
El mundo de la moda empezaba a mover a compradores, proveedores, periodistas y jóvenes diseñadores de todo el mundo que viajaban a París a formarse, obtener información de las últimas tendencias, negociar etc., para poder controlar la programación de colecciones, evitar la imitación, la venta fraudulenta o de material no autorizado, en París se fundó  en 1910 Le Chambre Syndicale de la Couture Parisienne. Con ello se sentaban las bases del sistema que permitiría a París conservar su hegemonía como centro de la moda mundial hasta hoy día.

El estallido de la Primera Guerra Mundial, aceleró todos los cambios sociales y culturales, pero a su vez frenó en gran parte la actividad del mundo la moda. Las mujeres asumieron  responsabilidades y trabajos propios de los hombres que ahora estaban en las trincheras, con lo que la moda cambió de nuevo, la mujer necesitaba ropa cómoda, sencilla y  faldas cortas y prácticas, no trajes ni vestidos de fiesta adornados, ya que no había nada que celebrar, sino mucho por lo que luchar. El artículo estrella de esta época sería el traje sastre, cien por cien funcional. No sería hasta el final del conflicto cuando se produciría a un nuevo resurgir  de la moda, reflejo de la nueva mujer, sus diseñadoras de vanguardia Gabrielle (Coco) Chanel y Madeleine Vionnet y de nuevo París como centro de referencia mundial de la moda, sin embargo todo esto lo comentaremos ampliamente en el próximo post.

Miss Rocher de la Tormenta






BIBLIOGRAFÍA
VARIOS AUTORES, La colección del Instituto de Indumentaria de Kioto. MODA.Una historia de la moda del siglo XX., Ed Tachen, Köln, 2002.
FOLLET K., Fall of the Giants, Ed Pan MacMillian, London, 2010.

domingo, 5 de junio de 2016

ALMA-TADEMA (Parte II)

En la década de los 70 del S.XIX su arte se convirtió  verdaderamente popular en Inglaterra, momento en el que el pintor decidió trasladarse allí de forma definitiva con sus dos hijas pequeñas  Laurence y Anna. Su primera esposa había fallecido y el pintor volvió a contraer matrimonio en esta ocasión con Laura Teresa Epps, modelo en muchos de sus cuadros y extraordinaria pupila del mismo.  Alma-Tadema decidió estrechar sus lazos con su nuevo país y cambió su nombre por el anglicismo del mismo Lawrence.
Como ya comentamos en la primera parte, desde 1870 hasta su muerte en 1912, su trabajo estuvo dominado por escenas del mundo clásico. Los efectos plateados que profería a la luz en sus cuadros, los consiguió  usando tonos pastel en los suelos y oscuros en edificios y partes superiores de la escena, un método similar al utilizado por los pintores italianos pre- Rafaelistas.  Curiosamente, la luminosidad, la consiguió con pintura y no con barnices o lacas, de hecho en una ocasión Alma-Tadema remarcó:
I never varnished a painting yet but once, and that turned out to be a failure” (“Nunca he lacado una pintura salvo una vez, y resultó ser un fracaso”)
Alma-Tadema complementaba con colores  la luminosidad: los rojos pompeyanos de las décadas sesenta y setenta, para pasar a los contrastes entre tonos pastel y marmolees (blancos, ocres y grises) con los azules del mar (que recuerdan a los colores de zafiros y lapislázulis), remarcados con destellos rosas y carmesís como en Esperanzas (1885).  La bancada de mármol representada en esta pintura, será un escenario recurrente para él en otras de sus obras, siempre capturada, desde diferentes ángulos con el fin de conseguir variadas perspectivas y efectos lumínicos.  Otros dos de sus escenarios favoritos, se localizaban en su propio estudio, diseñado a un lado con motivos y mobiliario egipcios y al otro con pompeyanos.
Ilustración 1: Esperanzas.
Aunque el pintor experimentó con diferentes composiciones, tal vez una de sus más audaces la encontramos en la vertiginosa Una piedra de perspectiva (1895),  en la que observamos a elegantes mujeres que esperan la llegada de sus seres queridos, cuyo barco aparece representado a lo lejos, bajo el balcón de mármol sobre el que ellas están asomadas. El efecto conseguido en este cuadro influenciará los decorados y escenarios usados en las películas del cine épico.
Alma-Tadema también se sirvió del floreciente arte de la fotografía, para conseguir dichas perspectivas y usarlas como guía; a su vez la utilizó para crear un catálogo de referencias y ejemplos, en el que archivo más de ciento sesenta y ocho imágenes, cuidadosamente ordenadas  en secciones: arquitectura clásica,  ornamentación y diseños clásicos y joyería.
Pero no sólo era metódico para documentarse y archivar sus investigaciones, sino para ordenar su trabajo, Alma Tadema enumeró toda su obra lo que ha permitido realizar una reconstrucción total y  cronológica de la misma.
El pintor cuidaba de forma extrema todos los detalles, incluso las miniaturas que aparecían en sus pinturas; en las ocasiones que tenían visitantes les servía de una lupa para que pudieran examinar su trabajo. Para que podamos entender a que nos referimos, en su obra Las flores de Heliogábalo (1888), cada flor que aparece en el cuadro es una réplica de una flor real, pero lo pintó en invierno, con lo que cada semana durante  cuatro meses hizo que le trajeran rosas de la Riviera francesa. A pesar de dicha precisión, sus trabajos no pueden ser considerados  pedantes ni ser descritos como académicos;  es más, en muchas ocasiones despedían una falsa sensualidad como En el Tepidarium (1881).
Ilustración 3: Las flores de Heliogábalo.
Su obra es un reflejo de su propia vida, amante de las fiestas, extrovertido, le gustaba hacer chistes y bromas, beber vino y las mujeres. Sus amigos le llamaban cariñosamente “Tad” y para la posteridad quedarán las famosas tardes de lunes en su casa.  Sus casas eran una extensión de sus cuadros destacando la 17 de Grove End Road, St. John´s Wood, que era una reproducción de una domus pompeyana: Su puerta principal estaba construida a imagen y semejanza de la entrada de la Eumachia, en la que grabó la inscripción “Salve”. La columnata alrededor del jardín, recuerda a los peristilos romanos y aparece en muchos de sus cuadros como escenario principal.
Ilustración 4: En el Tepidarium.
A pesar de su precisión y detallismo, nunca se tomo su arte de forma excesivamente seria, prueba de ello es la siguiente anécdota: en una ocasión se presentó en el Instituto de Acuarelistas vestido como un emperador Romano, coronado con guirnaldas.  Esta personalidad tan marcada, le trajo las críticas y envidias de muchos de sus contemporáneos, como el pintor John Singer Sargent que declaró en una ocasión:
“I suppose it´s clever. Of course is clever….but of course it´s not art…” (Supongo que esto es inteligente. Por supuesto que es inteligente… pero por supuesto que esto no es arte…”)
Obviamente hubo otros menos críticos y otros que fueron grandes seguidores y admiradores de él y su obra. No por nada Alma-Tadema fue uno de los artistas victorianos y eduardianos más  reconocidos y ricos de su época, convertido en caballero en 1899 paso a ser Sir Lawrence Alma-Tadema, mientras que en 1905 le premiarían con la Orden del Mérito.  Murió el 25 de Junio de 1912 a la edad de setenta y seis años en Wiesbaden, Alemania, donde había ido a recuperarse de una terrible enfermedad; su cuerpo fue enterrado con todos los honores en la Catedral de San Pablo en Londres.

Tras su muerte y a lo largo del S.XX, fue un artista que cayó en el olvido de muchos, para volver a resurgir un renovado interés en las décadas finales del mismo y principios del S.XXI.  No debemos olvidar  que sus cuadros fueron pintados para el entretenimiento y disfrute.  Son muchos estudiosos y críticos de arte actuales que opinan,  que  él posiblemente consideró su obra lo que es, arte del escapismo, un idilio con la lujuria y la indolencia, reflejo de este tipo de vida a la que cualquiera querría aspirar, pero sólo unos pocos lo consiguen.  



Miss Rocher de la Tormenta







ÍNDICE ILUSTRACIONES
Portada: Antonio y Cleopatra 1883.
Ilustración 1: Esperanzas 1885.
Ilustración 2: Una piedra una perspectiva 1895.
Ilustración 3: Las flores de Heliogábalo 1888.
Ilustración 4: En el Tepidarium 1881.
Ilustración 5: Sir Lawrence Alma-Tadema 1870.

BIBLIOGRAFÍA
VARIOUS ED., Alma Tadema., Academy Editions, London, 1977.