domingo, 9 de enero de 2022

HACERLE LA CAMA A UN MINISTRO

 

hacer la cama

  1. Preparar la cama para acostarse en ella poniendo las sábanas y toda la ropa necesaria de forma adecuada.
  2. COLOQUIAL Trabajar en secreto para perjudicar a alguien.

Cuando Alberto Garzón se hizo cargo de la cartera ministerial de Consumo, en el marco de los acuerdos entre PSOE y Podemos para formar gobierno, parecía que ésta era un área menor, fruto de un reparto de sillones entre los que correspondían un determinado número a la formación morada. Fuera o no así, el Coordinador Federal de Izquierda Unida se propuso trabajar para llevar a cabo medidas que consiguiesen mejorar la vida de los españoles. Entre los logros ya conseguidos se encuentran: limitar la publicidad de apuestas deportivas y juegos de azar, una verdadera lacra entre la juventud; el aumento del IVA para bebidas azucaradas, con el objetivo de reducir su consumo, especialmente dirigido a combatir la obesidad infantil; poner coto a los abusos de líneas telefónicas 902; impulsar el etiquetado NutriScore, para visibilizar de forma sencilla la calidad de un producto; o garantizar las devoluciones de las cláusulas abusivas hipotecarias, particularmente dolorosas para las familias tras la crisis.

Entre otras iniciativas, el Ministro hizo unas recomendaciones dirigidas a reducir el consumo de carne roja, de cara a mantener una sostenibilidad medioambiental y mejorar la salud de los ciudadanos. La oposición se lanzó en tromba a criticar las declaraciones, acusando a Garzón de querer atacar a la ganadería española, y pudimos ver numerosas imágenes, en forma de tweets, de la derecha, comiendo generosos entrecots, devorando jamones y disfrutando de diversas carnes rebozadas, en un ejercicio de vergüenza ajena mayúsculo. Preguntado el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, sobre la polémica, prefirió ponerse de lado y responder “A mí, donde me pongan un chuletón al punto… eso es imbatible”. No importaba que los organismos de salud internacionales estuviesen a favor de la reducción del consumo del que hablaba Garzón. Era desdeñable que la mayoría de los médicos estuviesen en la línea de esas declaraciones. Nada se dijo de que esas recomendaciones ya estaban en el programa del propio Gobierno en el departamento de Agenda 2030. Ni siquiera se advirtió de que eran… eso: recomendaciones. En ningún caso se hablaba de prohibir.

Está claro que, cuando se impulsan ciertos tipos de medidas “poco habituales”, la oposición va a sacar sus cuchillos y se va a poner en pie de guerra. Es su función, como su propio nombre indica, de “oponerse” al Gobierno. Luego habría que entrar a analizar si deberían estar en contra de todo o hacer un ejercicio de ponderación sobre si las medidas son beneficiosas. Pero es especialmente doloroso que tus propios compañeros de Gobierno, aunque sean de otro partido político, no salgan en defensa, o ni siquiera apoyen, las iniciativas de un miembro de su misma administración y que estaban en el acuerdo programático.

Sin ser suficiente la pasada polémica, recientemente el Ministro se volvió a meter en otro jardín, en unas declaraciones al medio extranjero The Guardian. En dichas declaraciones, evidenciaba que la ganadería intensiva, llevada a cabo en las macrogranjas, producía una carne de mala calidad (producción masiva y barata) y perjudicaba al medio ambiente (contaminación de agua y suelos y emisión de gases nocivos), en contraposición a la ganadería extensiva, más sostenible y de calidad. Una vez más, la oposición salió en manada a atacar a Garzón, pidiendo rectificar y/o dimitir por ese ataque sin precedentes a los ganaderos españoles. Lo sorprendente es que miembros del Partido Socialista se han sumado a esta campaña de desprestigio que intenta debilitar al ministro de Consumo y, quizá, hacerle caer. Para ello, se han puesto en situaciones difícilmente explicables, como la del presidente de la Diputación General de Aragón, Javier Lambán, que consideró las declaraciones “desgraciadas e insensatas” y “una agresión directa a una parte de la economía aragonesa”. Corta es la memoria de Lambán si no recuerda que el pasado mes de julio de 2021, el Gobierno de Aragón presentó un proyecto de ley para la protección y modernización de la agricultura familiar y del patrimonio agrario de Aragón, en el que se pone de manifiesto que la ganadería intensiva (criticada por Garzón), “pone en peligro tanto la sostenibilidad ambiental del territorio cono la sostenibilidad económica y social”.

Con esta fingida indignación, los acusadores sólo evidencian que se han dejado llevar por el click bait de los medios derechistas y no han entrado a analizar lo que decía el cuerpo de la entrevista. Si lo hubieran hecho, no podrían sino coincidir que las cabezas de ganado acinadas en una macrogranja, que buscan el engorde rápido, no pueden ser de la misma calidad que las producidas en granjas abiertas, donde los animales se alimentan con pastos naturales.

¿A qué juega, pues el Partido Socialista? ¿Por qué se deja arrastrar por el “bulo” creado desde diversos medios de comunicación afines a la derecha? Desde luego, al igual que la mujer del César no sólo tiene que serlo, sino parecerlo, el gobierno “más progresista de la historia”, como ellos mismos se autodenominan, no sólo tienen que serlo por las medidas adoptadas, sino que deben ser capaces de vendérselo a la población. Y esa batalla, la de la publicidad, la está perdiendo. Todo el trabajo llevado a cabo para mejorar la vida de la gente, con medidas sociales, queda diluido si no se es capaz de explicárselo al ciudadano medio.

El Partido Socialista, dejando que sea la derecha la que dicte lo que es noticia y lo que no, y más importante, dejándoles que perviertan y enrevesen dichas noticias en su propio beneficio, aunque sea convirtiéndolas en falsas (como en este caso), se hace un flaco favor si quiere revalidar la victoria en las próximas elecciones generales. Y, haciéndole la cama a Alberto Garzón, se la hacen a Unidas Podemos, pero también a sí mismos.

Imperator Caesar Cerverius



viernes, 31 de diciembre de 2021

LA OPORTUNIDAD DE VOLVER A EMPEZAR

Hoy acaba 2021 y esta noche podremos entrar en el ansiado 2022.

El día de Año Nuevo tiene algo mágico, ¿no creéis? Es momento para hacer balance del año terminado y plantearse propósitos para el que se avecina. Una oportunidad para hacer tabula rasa y volver a empezar con una nueva vida. Dejar de fumar, ir al gimnasio, aprender idiomas, hacer dieta… Todas, intenciones para mejorar aspectos de nuestra existencia con los que no estamos contentos. No obstante, estos intentos suelen derrumbarse pocas semanas después de sus inicios, cuando las dificultades de la vida nos arrollan.

Aunque no soy, ni pretendo ser, ningún gurú para vosotros, por circunstancias de la historia me he reinventado en numerosas ocasiones. Por ello, quiero compartir, con el que lo necesite, mi propia experiencia en este aspecto. Con ese objeto, daré unas pocas claves para que esos bienintencionados propósitos no caigan en saco roto:

Quien mucho abarca, poco aprieta.

Todos comenzamos con muchas ganas el nuevo año, lo que nos hace empezar con un gran ímpetu y querer cambiar demasiadas cosas a la vez. Por uno de los diálogos de la película Titanic (1997), sabemos que un gran trasatlántico no está diseñado para virar rápida y bruscamente. La vida es algo parecido. Los giros de 180 grados son complicados (que no imposibles) de dar. No podemos pretender dejar de fumar, empezar a salir a correr, cambiar la alimentación y dejar de mordernos las uñas, todo a la vez.  Focalizad uno de los aspectos en los que queráis mejorar. El resto de “vicios” os servirán de vía de escape para aliviar el estrés que os generará el nuevo cambio. Cuando tengáis dominado el primero, podréis comenzar con el siguiente.

 

Roma no se hizo en un día.

Uno no pasa de tener michelines a lucir los abdominales del tío del anuncio de la Coca Cola Light de un día para otro. Lo único que conseguiréis es que os salga una hernia. Hay que ser consciente del trabajo necesario y no realizar sobreesfuerzos. Al principio, gestos pequeños bastarán para cambiar nuestro modelo de vida y, poco a poco, iremos obteniendo resultados. No os desaniméis. La recompensa terminará llegando.

 

¿Para qué nos caemos? Para aprender a levantarnos.

Thomas Wayne, el padre del alter ego de Batman, ya lo dijo en la película Batman Begins (2005): “¿Por qué nos caemos, Bruce? Para aprender a levantarnos”.

Es bastante seguro que tengamos un momento de debilidad en nuestro propósito y pequemos con el antiguo vicio. ¿Tenemos, entonces, que mandarlo todo al cuerno y volver a nuestra vida pasada? Rotundamente NO. Un cigarrillo no ensombrece la hazaña de haber estado dos semanas alejados del tabaco. Se nos pondrán delante numerosas circunstancias que intentarán boicotearnos: Encuentros sociales con fumadores, cenas copiosas que nos alejarán de nuestra dieta, mal tiempo con el que no tendremos ganas de hacer deporte… Y en alguno de esos momentos, caeremos. No debemos desmotivarnos. Volveremos a “renovar nuestros votos” y retomaremos el intento.

 

Visualiza tu objetivo y ve a por él.

Tenéis que tener bien claro lo que queréis conseguir, focalizarlo, y dirigiros hacia el éxito. Escribidlo bien grande en una hoja y colocadlo en un lugar en el que lo veáis todos los días (por ejemplo, la puerta de la nevera). Leer todos los días ese refuerzo os ayudará a recordaros por qué estáis esforzándoos tanto y os ayudará a alcanzar la recompensa soñada.

 

El tren no sólo pasa una vez en la vida.

Hay fechas que nos ayudan a iniciar estos cambios. Parecen el banderín de salida de una carrera colocado pertinentemente en un calendario: enero, septiembre, “el lunes”... Os cuento un secreto: no hay ninguna ley que diga que las dietas se tengan que empezar los lunes. Cualquier momento es bueno para realizar un cambio en nuestra vida. Es normal que estas transiciones entre años y entre temporadas nos den el empujón que sirva de revulsivo a nuestros deseos, pero terminaréis viendo que, si se os ha escapado el tren de enero, en febrero pasa otro. Y no sólo el día 1, sino el 2, el 3, etc. Sólo tenéis que tomar la decisión y decir AHORA.

 

En definitiva, podemos decir que la sola intención de realizar un cambio a mejor ya es un camino avanzado. Lo normal es que empecemos con muchas ganas pero nos vayamos desinflando con el paso del tiempo. No cejéis en el empeño. Cuando hayáis completado el cambio, sólo pensaréis en por qué no lo habíais hecho antes. Y, si abandonáis, tranquilos. Siempre nos quedará septiembre… o el próximo lunes 😉.


Imperator Caesar Cerverius



miércoles, 15 de diciembre de 2021

EL ESPLENDOR DE ATENAS EN EL PERICLES DE PLUTARCO


El año pasado (2020), preparé esta entrada de blog como práctica en el máster que estaba realizando, la verdad, que fue un trabajo que disfruté mucho preparando en su momento, por eso, he pensado, ¡voy a compartirlo! Así que, aquí os paso la primera de las entradas que preparé para esa práctica.

Si os gusta la historia, los autores clásicos, la Grecia antigua y un breve debate historiográfico, este es vuestro post 😉

¡Espero qué lo disfrutéis!

El esplendor de Atenas en el Pericles de Plutarco.

Atenas dominó el mundo griego en la segunda mitad del siglo V a.C. Es lo que se vino a denominar por muchos autores como “el siglo de Pericles”. El propio Pericles proclamaba que su ciudad era “la escuela de Grecia”. Esta prosperidad se basó en la formación de un verdadero imperio, que comenzó a perfilarse con la creación de la Liga de Delos en el 478 a.C., tras el fin del conflicto te las Guerras Médicas; lo que permitió la expansión del régimen democrático elaborado por Clístenes y sin lugar a dudas halló su expresión en el brillo artístico e intelectual de la ciudad.

Si hubo una figura que encarnó en su carrera política y en sus diferentes mandatos, la realidad de la democracia ateniense en esta época de esplendor fue la de Pericles. Nacido hacia el 490 a.C., pertenecía a la gens aristocrática de los Buzygios por parte de padre y a la de los Alcmeónidas por parte de madre. Hijo de Jantipo[i] y sobrino nieto de Clístenes, Pericles se preparó desde niño para vida política.  Fue admirador de Temístocles, vencedor de Salamina. Tanto los autores clásicos Aristóteles como Plutarco, afirman que fue enemigo político de Cimón, y, desde el 461 a.C., dirigente del partido demócrata. Sin embargo, su nombre aparece con más habitualidad en los decretos a partir del 450 a.C.; será entre los años 443 y 431, cuando salga continuamente elegido estratego de la ciudad. [ii]

Son diversos los autores clásicos que trataron su figura. Sin embargo, nos centraremos en la visión que de Pericles tuvo Plutarco en su Vidas Paralelas.

Plutarco

El griego Plutarco nació en la ciudad de Queronea (Beocia) alrededor del año 45 d.C., miembro de una familia acomodada, desde pequeño recibió una esmerada educación. En palabras de A. Guzmán Guerra, “fue un hombre de espíritu elegante y de muy prodigiosa memoria”.  Siendo muy joven fue discípulo del filósofo egipcio platónico Amonio en la ciudad de Atenas, al único que Plutarco denominará “maestro”; serán Amonio y Platón, como nos indica M. García Valdés, los que especialmente constituyan la base de su concepción del hombre y el mundo. A pronta edad viajó a la ciudad de Alejandría y a Asia Menor, posiblemente a Esmirna, donde se encontraba el primer centro del movimiento retórico, que será la esencia de lo que se llamará la Segunda Sofística. En estos viajes se granjearía una red de amigos que iban a contribuir enormemente a su formación tanto intelectual como humana.

Frecuentó la ciudad de Roma, donde hizo amistades entre las personalidades más ilustres e influyentes en el mundo de la política y el arte. En este tiempo, impartió clases de filosofía; A. Guzmán indica que tuvo acceso a la corte imperial de Adriano, donde se cree que fue preceptor de Trajano. Pero, otros autores como J. del Moral Ruiz, afirman que fue preceptor de Adriano. Entre las amistades romanas, siendo muchas como demuestran sus escritos, deberíamos destacar dos: L. Mestrio Floro[iii] y  Sosio Seneción[iv]. Estos contactos con la clase dirigente romana hicieron que éste, desarrollase una especial sensibilidad hacia la política imperial en relación con Grecia, lo que lo llevó a ejercer como valedor de Roma antes sus compatriotas.

Serán las ciudades de Queronea y Delfos, las que sean el centro de su vida.  Siguiendo la antigua tradición cívica aceptó diversos cargos municipales con la idea de ser útil a su patria, siendo arconte epónimo y poniéndose al frente de construcciones públicas. Sin embargo, todos estos nombramientos con un año de durabilidad debieron suponer para él pequeñas tareas, si lo comparamos con el interés y relación con el gran santuario Pítico de Delfos, donde fue nombrado como uno de los dos sacerdotes permanentes del recinto sagrado. La religión iba a marcar su vida y su faceta como escritor. Como nos explica A. Guzmán Guerra, por su formación anterior Plutarco se sentía cercano a las doctrinas de los estoicos y se mostraba incompatible con la ética defendida por la escuela de los epicúreos.  Como los estoicos, admitía la existencia de una Providencia que actúa sobre el destino de los hombres, pero lo hace sin llegar anular la libertad del individuo. Como filósofo y moralista, Plutarco era un convencido de que la educación era primordial para la vida del ser humano, considerándola como la forma más segura de conseguir la felicidad. Será a esta función didacta, y esto no debemos perderlo de vista, a la que el autor dedique prácticamente la mayoría de sus obras literarias. Sus ideales éticos y morales son plasmado a nivel teórico en sus Moralia y a nivel práctico dichos ideales los encontramos en la colección de Vidas Paralelas.

Las Vidas Paralelas.

El conjunto de relatos denominado Vidas Paralelas, abarca las biografías de diferentes políticos y personajes greco-romanos.[v] La estructura es simple. Plutarco realiza una presentación biográfica de cada personaje por separado y cierra la composición con la comparación de ambas figuras[vi], siguiendo con ello, como nos indica A. Guzmán Guerra, una cierta tradición anterior de la que tenemos muestras en el Agón de Homero y Hesíodo. 

¿Cómo entiende, y, por tanto, escribe la Historia en sus Vidas Paralelas? Para J. del Moral Ruíz, Plutarco creía en el individualismo histórico, la posibilidad de a través de un determinado individuo poder representar una época, a diferencia de Tucídides, que consideraba que el proceso histórico es el de muchos factores siempre modificables y en evolución. Para nuestro autor, lo importante es la biografía, el carácter, la ética del individuo biografiado, por tanto, su narración histórica se basa en la relación ética y caracterológica de las acciones de un determinado personaje, y su influjo en la época en la cual transcurre su existencia. El resto de los acontecimientos quedan diluidos en anécdotas o en referencias a dichos hechos desencadenados como la respuesta que la sociedad de su héroe o personaje da a la incitación personal que éste les proporciona, y no como expresión problemática de un proceso histórico determinado. Desde el mismo momento de la selección del material podemos comprender un claro propósito didáctico, moralizante y ejemplarizador. Al emparejar a sus personajes, todo ellos masculinos, Plutarco quiere buscar, en palabras de A. Guzmán Guerra, “la quintaesencia de las virtudes prácticas que estos grandes hombres o héroes representan como arquetipos de las dos culturas predominantes de su momento histórico.” Todo ello lo hace con la intención de que los jóvenes conozcan e imiten las mejores cualidades de los personajes biografiados. Además, es interesante que el hecho de relacionar a dos personajes, uno griego y otro romano, nuestro autor, nos está representando en aparente igualdad al pueblo romano con la grandeza pretérita de los griegos.

El Pericles de Plutarco.

Teniendo en cuenta todo lo expuesto, podríamos afirmar, que desde la óptica de Plutarco nos encontramos ante un ciudadano ejemplar, como él mismo nos indica a lo largo de todo el décimo libro relativo a las Vidas, y como vemos al inicio al referirse a éste y a Fabio Máximo, con el que lo compara (Pericles, II):

“[…]Varones parecidos entre sí en otras virtudes, pero muy especialmente en la mansedumbre y la justicia, y en haber sido ambos muy útiles a sus patrias con saber llevar las injusticias de los pueblos y de sus colegas. […]”

Es importante que tengamos en cuenta, el parecido en el desarrollo de algunos de los aspectos de la vida de nuestro autor y su biografiado, lo cual pudo llevar a Plutarco a sentirse identificado con el propio Pericles, como así nos muestra en los móviles y las actividades de éste en el momento de la formación de los dos partidos (oligárquico y plebe) que lucharán por el poder, una vez convertida Atenas en la primera potencia económica de la Grecia continental, gracias a su desarrollo imperialista tras la fundación de la Liga de Delos (477 a.C.). En esta lucha terminará triunfando en gran medida el partido democrático o de la plebe, el de Pericles quien consigue en 462 a.C., quitar al Aerópago la mayoría de su poder e influjo en la marcha de la comunidad ateniense.

“[…]Se fue, aproximando al pueblo, con tal arte, que tomó la causa de la muchedumbre y de los pobres, en vez de la de los pocos y los ricos, no obstante que su carácter nada tenía de popular, sino que temeroso, a lo que parece, de caer en la sospecha de la tiranía, y observando que Cimón era aristocrático, y aliado a los más distinguidos de la ciudad, se puso del lado de los muchos, tanto para labrase su seguridad propia, como para formar contra éste un partido poderoso.” Pericles VII.  Como vemos en este texto, de nuevo Plutarco nos alecciona ante la efectividad del moralismo práctico, político, de táctica, más que de las verdaderas razones que pudo tener Pericles para su adhesión a la Plebe y su ideología antiaristocrática. De hecho, para J. del Moral Ruiz, no falta la nota personalista de su acercamiento a la Plebe, y es la emulación hacia la persona de Cimón. Observamos también que nuestro autor hace referencia al carácter de Pericles como “nada popular”, y, por esto, al juzgar su mandato, subraya que su régimen fue aristocrático en varios pasajes como, por ejemplo, el nueve y el quince (Pericles IX): “Tucídides nota de aristocrático el gobierno de Pericles, diciendo que, aunque  en las palabras era democrático, en la realidad era mando de uno solo;  y otros muchos han escrito que bajo él fue por la primera vez seducida la plebe con repartimientos y con pagarle con espectáculos y darle jornal; con las cuales disposiciones se la acostumbró mal, y se hizo pródiga e indócil, de templada y laboriosa que antes era: veamos, pues, por los hechos mismos cuál fue la causa de esta mudanza. […].” Para J. del Moral Ruíz, estas medidas adoptadas por Pericles respondían a la expansión del Imperio ateniense y a la cantidad de población excedente en un territorio pequeño con un sistema económico cada vez más asentado en el comercio ultramarino; de ahí la consecuencia de emplear mano de obra sobrante en la urbanización y embellecimiento de Atenas, con la construcción de diversas obras públicas. Estas actividades estaban necesitadas de arquitectos, artesanos y obreros. Empleando a los ciudadanos más pobres, a la vez que, metecos y esclavos, Pericles se aseguró el apoyo del demos y una buena relación con el resto de la población residente en la ciudad de Atenas, logrando así, y como remarca Plutarco sin beneficios de carácter personal para el héroe (Pericles XIV, XV, XVI y XXXIX), la mayor prosperidad para su población y la grandeza de su ciudad, de los años que vendrían a denominarse, El Siglo de Pericles. Para conseguirlo, Pericles se rodeó de un nutrido grupo de intelectuales y artistas, como Fidias, arquitecto y urbanizador; los escultores Clícratese e Ictino, Anaxágoras el filósofo o su amante Aspasia de Mileto, con la que Plutarco afirma que se casó en segundas nupcias, a pesar de no estar a la altura de su linaje y el achaque por parte de los enemigos de Pericles de una reputación más que dudable. 

Por último, Plutarco pone de relieve un importante aspecto, el del patriotismo, entendido en sus personajes como, una manera de destino manifestó de sus héroes, encarnando éstos lo que en un momento dado necesitan sus naciones, destino que cumple inexorablemente y que, luego, de cuyos beneficios el pueblo suele terminar olvidándose. Así, Plutarco se expresa con despecho ante la ingratitud de los ciudadanos atenienses, al final del relato, al hacer balance de la época de Pericles, acusado de haber malgastado los fondos del phoros, refiriéndose así a lo que había de venir, (Pericles, XXXIX):

“[…] Por lo que hace a Pericles, los sucesos mismos hicieron muy luego conocer a los atenienses su falta y echarle menos, […]; y se echó de ver que aquella autoridad, un poco incómoda, a la que antes daban los nombres de monarquía y tiranía, había venido a ser la salvaguardia del gobierno: ¡tanta fue la corrupción y perversidad que se advirtió después en los negocios!, la cual él había debilitado y apocado, no dejándola comparecer, y menos que se hiciera insufrible por su insolencia.”

La ciudadanía en Pericles.

Como hemos indicado Plutarco no busca ni dar una lección de historia, ni de los procesos que se dan en esta, sino que el autor, busca moralizar y ejemplificar, a través de las motivaciones éticas individualistas del protagonista, que ha hecho que su retrato no sea convincente para historiadores contemporáneos, como Ruzé y Amouretti.

Sin embargo, sí que podemos extraer de su escrito una serie de reformas políticas entre los años 462 a.C. y 443 a.C., que iban a repercutir directamente sobre la ciudadanía y la democracia:

La reforma del Areópago, por la cual, se le privó a éste de una parte de sus prerrogativas judiciales y se transfirieron a la Bulé de los Quinientos y al tribunal de la Heliea. Esta reforma, suponía también reformar el arcontado; por tanto, desde el 457-6 a.C., pudieron acceder a éste los zeugitas. Los candidatos dejaban de ser designados por los demos, que ahora era tarea del conjunto de las tribus. De esta forma, y como bien se refleja en el texto, las oligarquías perdieron poder dentro, del régimen democrático.

Hacia mitad de siglo se instituyó la mistoforía, que también aparece en el texto, la cual era una retribución de las funciones públicas, destinada a compensar la pérdida de una jornada de trabajo.

También se hace eco en la obra, del decreto pericleo del 451 a.C., por el cual se endurecían el acceso a la ciudadanía, limitando el derecho ciudadano a los hijos de padre y madre atenienses, cuando, hasta ese momento, con la ciudadanía paterna era suficiente.

En esta época, es también, el establecimiento de la periodicidad en la que se reúne la Asamblea y el riguroso procedimiento dokimasia, por el cual se comprobaba que un candidato a una magistratura cumpliera una serie de requisitos. Así como la grafé para nomon, para evitar que la Asamblea tomara decisiones de forma precipitada.

Además de estas medidas políticas, debemos ser conscientes, y esto queda claro en el Pericles de Plutarco, que, el Imperio ateniense nutría a la democracia. Muchos eran los que vivían directamente de este: funcionarios del Estado; todos aquellos que cobraban un salario público como soldados, marineros, clerucos, etc.; también había un amplio número de talleres artesanales, tanto locales, como extranjeros, que, localizados en el Pireo y Atenas, vivían de forma indirecta de la maquinaria del Imperio. Y, como bien sabemos, el phoros fue utilizado por Atenas para costear los planes de obras públicas, que transformaron la ciudad. Obras como la del Acrópolis, donde trabajaban codo con codo ciudadanos, extranjeros y esclavos. Por tanto, esta riqueza que derivaba del Imperio, facilito una cierta estabilidad social, con ascenso de los miembros más pobres de la ciudadanía, como bien se muestra a través de la biografía en estudio.

Es en este contexto, en el que se desarrolla la carrera política y la vida de Pericles, que en palabras de Ruzé y Amouretti, será un personaje que encarnará con fidelidad las ambigüedades de esta democracia y de su ciudadanía. En el relato de Plutarco observamos que Pericles fue un hombre que dominó por su inteligencia, en un momento de transformación, sus políticas se correspondían con el punto más álgido de la dominación ateniense, y su personalidad con el surgimiento de una democracia, en la que el demos comenzaba a controlar de forma institucional a sus dirigentes.

Miss Rocher de la Tormenta


Bibliografía

CANFORA, L. "El ciudadano". En: J.P. Vernant (ed.). El hombre Griego. Madrid, Alianza editorial, 1983. Pp. 139-164.

DEL MORAL RUÍZ, J. “Prólogo” en PLUTARCO. Vidas Paralelas. Perícles- Fabio Máximo. Madrid, Club Internacional del Libro. 1994. Pp. 5-10.

GARCÍA VALDÉS M. (Ed.). PLUTARCO. Obras morales y de costumbres. Madrid, Akal/Clásica. 1987. Pp. 7-31.

GUZMAN GUERRA, A. “Introducción” en PLUTARCO. Vidas Paralelas. Madrid, Alianza Editorial, 2008. Pp. 7-24.

RUZÉ, F y AMOURETTI, M.C. El Mundo Griego Antiguo. Akal, Madrid, 1987. (III Edición año 2000).

PLUTARCO. Vidas Paralelas. Perícles- Fabio Máximo. Madrid, Club Internacional del Libro. 1994.


[i] Jantipo ostratizado en 485-484 y vencedor a posteriori en la Cabo Mícale. En RUZÉ, F y AMOURETTI, M.C. El Mundo Griego Antiguo. Akal, Madrid, 1987. (III Edición año 2000). P.137.

[ii] RUZÉ, F y AMOURETTI, M.C. (2000). Pp 136-138.

[iii] Lucio Mestrio Floro amigo también del emperador Vespasiano, quién fue su patrocinador para conseguir la ciudadanía romana, que terminarían otorgándole bajo el nombre de Lucio Mestro Plutarco.

[iv] Importante fue también su relación con Sosio Seneción, miembro de la corte de Trajano y amante de la filosofía y cultura griegas, a quién Plutarco, dedicó Cuestiones Simposíacas, varios Vidas Paralelas y el tratado Sobre los progresos en la virtud.

[v] Vidas Paralelas está compuesta por las siguientes biografías: Teseo y Rómulo, Licurgo y Numa, Solón y Publícola, Temístocles y Camilo, Pericles y Fabio Máximo, Alcibíades y Coriolano, Timoleón y Paulo Emilio, Pelópidas y Maracelo, Arístides y Catón el Viejo, Filopemén y Flaminino, Pirro y Mario, Lisandro y Sila, Cimón y Lúculo, Nicias y Craso, Sertorio y Eumenes, Agesilao y Pompeyo, Alejandro y César, Foción y Catón el Joven, Agis y Cleomenes, Los Gracos Demóstenes y Cicerón, Demetrio y Antonio, Dión y Bruto, Artajerjes y Arato, a los que hay que añadir también las vidas de los emperadores romanos Galba y Otón.

[vi] Hay cuatro parejas biografiadas que carecen de confrontación: Alejandro y César, Foción y Catón el Joven, Pirro y Mario y en las de Temístocles y Camilo.

lunes, 1 de noviembre de 2021

AL SERVICIO SECRETO DE SU MAJESTAD

Frío, inteligente, implacable… pero también bebedor, mujeriego y excesivo. Tómense todas esas características y agítense bien (no remover) en una coctelera. Sírvase frío en un esmoquin hecho a medida. El resultado: 007.

James Bond, el oficial de Inteligencia Naval de la Marina Real Británica, convertido en agente secreto con “licencia para matar”, protagonizó 12 novelas escritas por Ian Fleming y consiguió dar el salto a la gran pantalla para convertirse en una de las franquicias más exitosas del panorama cinematográfico. A lo largo de la historia del personaje, ha sido interpretado por 8 actores diferentes. Cada uno, con su estilo; algunos, más cercanos al carácter novelesco; otros, nacidos para brillar en pantalla; incluso, en ocasiones, tan parecidos como un huevo a una castaña. Pero todos, sin excepción, con el honor de haber estado al servicio secreto de Su Majestad.

 

Barry Nelson (1954)

El primer actor en interpretar a 007 fue, aunque mucha gente lo desconozca, Barry Nelson. Lo hizo en una dramatización para un programa de televisión de la CBS llamado Climax Mystery Theater. En dicho episodio, de unos 48 minutos de duración, el estadounidense (sí, estadounidense) Barry Nelson interpretó a Jimmy Bond, misterioso agente de la CIA, en la adaptación de la primera novela de Fleming: Casino Royale (Fleming I., 1953). De esta forma, en la pequeña pantalla, y en blanco y negro, este Climax Mystery Theater: Casino Royale (1954) se convirtió en el primer producto audiovisual que pudieron ver los fans del agente secreto. Por suerte, la franquicia tomó otros derroteros.

 

Sean Connery (1962-1967)

Si decíamos que Barry Nelson fue un interprete episódico y casual, de Sean Connery sí que podemos decir que fue “el primer Bond”. Para muchos, siempre será el mejor 007 que ha existido, aunque no sea el más cercano al personaje de Ian Fleming. Es más, inicialmente, la elección del actor no fue del agrado del escritor. No obstante, con el tiempo, el autor debió de acostumbrarse al intérprete, ya que introdujo en una de sus novelas el origen escocés del padre de Bond para alinearlo con la nacionalidad de Connery.

El 007 de Connery es pura Guerra Fría. Con las gafas del siglo XXI, el personaje destila el peor machismo de la saga, aunque, para su tiempo, maridase perfectamente con el ambiente de la época.

Connery siempre se sintió infravalorado y escasamente pagado por sus servicios. Hablamos de 100.000$ en su primera película, Agente 007 contra el Dr. No (1962), y llegando hasta 800.000$ en Sólo se vive dos veces (1967). Aunque pueda parecer poco (incluso ajustando la inflación a la actualidad, es una cantidad bastante pobre), hay que tener en cuenta que eran películas con muy poco presupuesto (1,1 millones en la primera y 9,5 millones en la quinta). De esta forma, hastiado por el personaje y por su conflicto con los productores, decidió abandonar la franquicia.

 

David Niven (1967)

Desde aquel episodio de televisión de Casino Royale para Climax!, en el ’54, los derechos para la adaptación de la novela habían ido cambiando de manos. Así fue como llegaron hasta Charles K. Fedman y la Columbia Pictures, que decidieron realizar una película paródica, Casino Royale (1967). El inglés David Niven se puso a las órdenes de hasta cinco directores diferentes, que trabajaron coordinados, para dar vida a un James Bond retirado que tiene que volver a la acción. La crítica tildó la película como “incoherente y vulgar”.

Este largometraje no pertenece a la franquicia canónica realizada por EON Productions (poseedora de los derechos de la saga y responsable de casi todas las películas de Bond), por lo que se la tiene como una rara avis.

 

George Lazenby (1969)

Con el abandono de Sean Connery, hubo que buscarle un sustituto. George Lazenby, un modelo australiano, sin experiencia en la interpretación, fue el elegido para personificar a un Bond bonachón y cercano. Al servicio secreto de Su Majestad (1969) adaptó fielmente la novela homónima y, aunque se la criticó desfavorablemente en su día, la perspectiva general ha ido mejorando hasta convertirse en la película favorita de la franquicia para mucha gente.

Pese a que Lazenby había firmado un contrato para interpretar a Bond a lo largo de siete películas, influencias cercanas hicieron que no quisiese repetir el personaje. El miedo al encasillamiento, las diferencias abismales entre su propia forma de vida (más cercanas al mundo hippie) y la del agente secreto (derrochadora y violenta) y la creencia en que los largometrajes de Bond tendrían una caducidad cercana, contribuyeron al segundo abandono de la saga.

 

Sean Connery (1971)

Si bien EON Productions quería explorar nuevos actores para el papel, United Artists (encargada de la distribución) quiso volver al Bond original. Extendieron un cheque a Sean Connery por 1.250.000$, una cifra récord para la época, y compraron al actor.

Aunque Diamantes para la eternidad (1971) era la primera cinta de un acuerdo de dos largometrajes, prorrogable incluso a más películas, Connery quiso renunciar definitivamente a la saga (ya veremos más adelante que no fue así del todo).

 

Roger Moore (1973-1985)

Vive y deja morir (1973) no sólo trajo a un nuevo actor, sino también a un nuevo Bond. El inglés Roger Moore ofreció una interpretación más amable y divertida, con comentarios satíricos y un rostro simpático. Su caracterización de 007 se alargó hasta Panorama para matar (1985), lo que le convierte en el actor que en más películas (oficiales) ha interpretado al agente secreto. Su actuación fue del agrado tanto del público como de los productores. Si no hubiese sido por su avanzada edad (interpretó por última vez a Bond con 58 años), todavía seguiría encarnando el papel “sin tiempo para morir”.

 

Sean Connery (1983)

Ya habíamos spoileado que Diamantes para la eternidad (1971) no iba a suponer el adiós definitivo de Sean Connery para el personaje (aunque sí para la franquicia). Pues bien, resulta que, muchos años antes de que EON Productions se hiciese con los derechos cinematográficos de James Bond, el guionista Kevin McClory había colaborado con Ian Fleming en un guión para una posible película sobre 007 que no llegó a realizarse. Fleming aprovechó parte de las ideas de ese guión fracasado para escribir su novela Operación Trueno (Fleming I., 1961). Esto conllevó a una demanda de McClory a Fleming que se solventó con un acuerdo.

Operación Trueno (1965), interpretada por Sean Connery, se convirtió en la cuarta película de EON Productions sobre Bond. En ella, se cedieron los créditos de la producción, en exclusiva, a McClory. Los productores habituales, Albert Broccoli y Harry Saltzman, figuraron como meros productores ejecutivos. Además, McClory conservaría los derechos para realizar un remake en el futuro.

El momento había llegado y McClory sabía que la única forma de presentar un 007 sostenible, fuera de la franquicia canónica, era con el Bond original. Le pusieron a Sean Connery 10 millones de dólares sobre la mesa y, de esta forma, nació Nunca digas nunca jamás (1983), título que hacía clara alusión a la negativa de Connery de volver a interpretar al personaje.

Aun con la vuelta de “el mejor Bond”, la película apócrifa de McClory no consiguió vencer a la canónica Octopussy (1983), que se estrenó el mismo año y que, con menor presupuesto, logró una mayor recaudación.

El James Bond con peluquín, barriguita y desmejorado, que “nunca jamás” debería haber vuelto, fue la despedida definitiva (ahora sí) del 007 de Connery.

 

Timothy Dalton (1986-1993)

Hasta en dos ocasiones había rechazado el Galés Timothy Dalton encarnar a James Bond. Una en 1968, recayendo, entonces, en George Lazenby. Otra en los inicios de los ’80, supuestamente para ir buscando un relevo a Moore. Por fin, a la tercera fue la vencida y Dalton rodó 007: Alta Tensión (1987). La película fue un éxito de taquilla y los lectores aplaudieron la fidelidad de la interpretación de Dalton al personaje novelesco. No obstante, este Bond era más violento y estoico. Un muro de hielo.

Aunque Dalton tenía un acuerdo con EON Productions para rodar tres películas, la tercera se retrasó varios años por conflictos judiciales. Cuando, por fin, éstos se resolvieron, Dalton renunció a continuar, desmotivado por los 5 años que habían pasado.

 

Pierce Brosnan (1995-2002)

Al igual que Timothy Dalton, Pierce Brosnan ya había sido considerado para ser 007 anteriormente. En su caso, no fue por voluntad propia, sino un lance del destino. El irlandés ya estaba confirmado para encarnar al agente secreto en 007: Alta Tensión (1987). Aupado a la fama por la serie Remington Steele (1982-1987), ésta había sido cancelada al finalizar su cuarta temporada, lo que dio la oportunidad a Brosnan de centrarse en otros proyectos. Aunque la cadena de televisión NBC tenía 60 días para revocar la cancelación, todo parecía hecho, por lo que Brosnan llegó a hacer pruebas de vestuario y cámara para la película. Pero todo se torció el sexagésimo día. La NBC renovó la serie por una quinta temporada, lo que atrapaba de nuevo al irlandés, despojándole de su “licencia para matar”.

Años después, demostrando que el 007 no es el vagón de un tren que sólo pasa una vez en la vida, Pierce Brosnan tuvo la oportunidad de volver a la saga y ofrecernos un James Bond que aunaba las virtudes de sus predecesores. Viril, cercano, simpático y dramático, todo a la vez. Parecía encarnar el 007 estándar. Además, tuvo que asumir una “recolocación” del papel, al haber finalizado la Guerra Fría, buscando otro tipo de villanos.

Las películas protagonizadas por Brosnan, desde Goldeneye (1995) hasta Muere otro día (2002), fueron todas éxitos de taquilla. Su relevo fue una cuestión meramente de edad.

 

Daniel Craig (2006-2021)

En 1999 EON Productions había recuperado los derechos de la novela Casino Royale (Fleming I., 1953), que tanto habían danzado. Compartían participación con la Metro-Goldwyn-Mayer, en esos momentos con parte del accionariado en Sony Pictures, que poseía también Columbia Pictures (productora que había rodado el Casino Royale anterior).

Inicialmente, se pensó en una película con Pierce Brosnan como 007, pero su avanzada edad les hizo desestimarlo. Su sustituto, no exento de polémica, fue el inglés Daniel Craig. Los detractores alegaron razones tan triviales como el color rubio de su pelo, su baja estatura o su constitución musculada. Por suerte, Barbara Broccoli y Michael Wilson, mandamases de EON Productions e hijos de Albert Broccoli, co-fundador de EON y productor, hasta su muerte, de todas las películas de Bond, tenían la decisión bien tomada.

Con Casino Royale (2006), adaptando la primera novela de Ian Fleming, Craig tuvo la oportunidad de reiniciar al personaje y a la franquicia. Además, la saga pasó de ser procedimental (con películas autoconclusivas sin referencias entre sí), a ser argumental (generando un lore y siendo cada entrega continuación de la anterior).

El éxito de la “Saga Craig” llegó a su máximo exponente con Skyfall (2012), con una recaudación de 1.108 millones de dólares. Cifra que, seguramente, no se vea superada por la última entrega, Sin tiempo para morir (2021) que, aunque lleva en estos momentos 605 millones recaudados, los coletazos de la pandemia impedirán que suba mucho más.

Si Brosnan fue el Bond de los ’90, en cuanto a repercusión post-Guerra Fría y modernización, a Craig se le puede llamar el Bond del siglo XXI. Con una figura musculada que llena el esmoquin y un carácter que, aunque frío en sus inicios, denota sentimientos en lo más profundo de su ser, este 007 nos ha ofrecido, con este ciclo que cierra su última película, uno de los mejores Bond de la franquicia.

 

El futuro de la franquicia

El próximo Bond siempre ha sido una apuesta tan difícil de acertar como el juego de la ruleta. Hemos hablado de los que fueron, pero hubo otros muchos que se quedaron marcados en las quinielas, como Michael Gambon, Burt Reynolds, Jude Law, Ewan McGregor, Liam Neeson, Mel Gibson, Russell Crowe, Sam Neill o James Brolin. Y, ahora que se ha cerrado el ciclo de Daniel Craig, quién sabe el que estará encargado de conducir el Aston Martin y beberse el Martini seco con vodka. ¿Henry Cavill? ¿Idris Elba? ¿Tom Hardy? O, quizá, nos estemos equivocando al buscar un nuevo James Bond cuando lo próximo en llegar sea Bond… Jane Bond.

 

Imperator Caesar Cerverius



martes, 12 de octubre de 2021

LA ESPERANZA DE LLEVAR UNA “S” EN EL PECHO

¿Es un pájaro? ¿Es un avión? No, es Superman.

Jerry Siegel y Joe Shuster crearon en 1933 al superhéroe por antonomasia: Superman.

Si a cualquiera de nosotros se nos pidiese decir, rápidamente y sin pensar, el primer superhéroe que se nos viniera a la cabeza, en la mayoría de los casos coincidiríamos en el Hombre de Acero.

Siegel y Shuster, tras recorrer muchas editoriales, le consiguieron vender el personaje a Detective Comics, Inc. en 1938. Así, salió a la luz el Action Comics Nº1 con su icónica portada de Superman sujetando sobre su cabeza aquel coche verde (y cuya imagen ha sido homenajeada en la serie de televisión Superman & Lois).

A ese primer comic le seguirían seriales de radio, series de televisión, películas, videojuegos…

El personaje no ha estado carente de polémica por los rifirrafes entre los creadores y DC Comics. Inicialmente, los derechos del superhéroe se vendieron por 130 dólares y Siegel y Shuster fueron contratados para crear las historias que se publicarían en el futuro. El rotundo éxito del personaje, en comparación con la poca retribución percibida, hizo que los realizadores entablasen numerosas demandas contra la editorial, aunque en la mayoría de las ocasiones los juzgados terminaron dando la razón a la compañía. Aun así, en 1975, Warner Communications (dueña de DC Comics por aquel entonces), otorgó a ambos artistas, alegando una “obligación no legal, pero sí moral”, sendas pensiones vitalicias por un valor de 20.000 dólares anuales y seguros médicos.

Jerry Siegel y Joe Shuster murieron en 1996 y 1992, respectivamente.

 

En este artículo queremos centrarnos en la figura cinematográfica de Superman y de todos los actores que le dieron vida. Por ello, haremos un repaso por todos los productos audiovisuales hasta la fecha.

 

Kirk Alyn (1948-1950)

Este actor tiene el honor de haber sido el primero en encarnar a Superman en pantalla. Lo hizo en un serial cinematográfico de 15 episodios, en blanco y negro, que mezclaba escenas reales y de animación. Superman (1948) encabezó una larga lista de producciones que, hasta hoy, darían forma, en carne y hueso, al famoso héroe del comic.

La interpretación de Alyn fue grandemente aplaudida haciendo que, dos años después, se contase con él para una segunda entrega. Otros 15 episodios titulados Atom Man vs. Superman (1950) incorporarían al villano Lex Luthor y le convertirían en la némesis del Hombre de Acero.

 

George Reeves (1952-1958)

Superman contra los hombres ratones, Superman y los hombres topo, o más correctamente en su versión original Superman and the Mole Men (1951), fue un largometraje de unos 67 minutos que no llegó a estrenarse en cines, pero que impulsó el rodaje de una serie de televisión. Así, el personaje saltaría de la gran pantalla a la pequeña con Las Aventuras de Superman (1952). A pesar de llevar rodada desde el año anterior, no vio la luz hasta que se consiguió un patrocinador publicitario.

George Reeves tomaría el relevo a Kirk Alyn, a pesar de no estar muy convencido, por “rebajarse” a trabajar en televisión y por el escueto salario que iba a percibir. No obstante, Reeves terminó accediendo y su papel se alargó durante 6 temporadas y 104 episodios.

La película rodada en 1951 se aprovecharía, igualmente, como capítulo doble al final de la primera temporada.

Gracias a esta serie de televisión, los espectadores pudieron admirar, a partir de la tercera temporada, cómo su héroe abandonaba el triste blanco y negro para adquirir los vivos colores azul y rojo.

George Reeves murió en 1959 de una herida de bala en la cabeza, supuestamente causada por sí mismo, aunque el suceso no está carente de sospechas y acusaciones de asesinato.

Interpretativamente hablando, siempre se tuvo a este Superman de Reeves como una vaga sombra del papel interpretado por Kirk Alyn.

 

Christopher Reeve (1978-1987)

Pero Superman ya estaba listo para tener su propio largometraje saltando, de nuevo, a la gran pantalla. Sería con una superproducción, Superman: The Movie (1978), que nos dio a conocer a un protagonista que sería entonces, y sigue siendo para muchos, el mejor Superman del celuloide. Christopher Reeve, un actor que había hecho sus pinitos en Broadway, fue escogido por el director Richard Donner (seguramente por su físico de deportista y sus 1,93 m de altura) para encarnar el papel.

La gran historia que se nos cuenta, con su inicio desde Krypton; la maravillosa banda sonora que baña la cinta, creación del mítico John Williams; y la fabulosa interpretación de Reeve, tanto en el papel de Superman como de Clark Kent, convierte a esta producción en historia del cine.

Tras el gran éxito del primer largometraje (con una recaudación de más de 300 millones de dólares), la secuela estaba asegurada. Así, sólo dos años después, llegaría Superman II (1980), a la cual en España se le colocaría el título añadido de “La aventura continúa”. Por supuesto, se siguió contando con Christopher Reeve para el papel protagonista, aunque los productores decidieron apartar a Richard Donner (encargado de la película anterior) y colocar a Richard Lester para esta segunda entrega. Aun así, hoy en día, se puede encontrar la versión de Donner, el llamado The Richard Donner’s Cut.

A pesar de tener una menor recaudación, la secuela siguió conservando el entusiasmo de los espectadores, lo que hizo que los productores siguieran estirando el chicle de la franquicia con una Superman III (1983) y una Superman IV: En busca de la paz (1987), tras las cuales, debido a las malas críticas y a las exiguas recaudaciones, se puso fin a la saga de Reeve.

Aun siendo yo un niño, y no teniendo ni idea de cine, siempre repudié las dos últimas secuelas, siendo la segunda parte, con ese grandísimo villano del general Zod, mi favorita.

 

John Haymes Newton (1988-1989)

El actor John Haymes Newton interpretó al superhéroe de la capa, versión juvenil, en la serie de televisión Superboy, producida por los Salkind (padre e hijo y productores de Superman I, II y III). Esta pareja de realizadores se especializaba en buscar el máximo beneficio a mínimo coste, sin importarles la calidad final del producto. Así, nos encontramos con una serie muy desigual, con unos primeros episodios muy austeros y otros posteriores (tras la renovación de episodios) con mejores efectos.

Aunque la serie tuvo más temporadas, Newton fue apartado al final de la primera, siendo sustituido por Gerard Christopher.

 

Gerard Christopher (1989-1992)

El nuevo actor, Gerard Christopher, interpretaría el papel protagonista en Superboy hasta la cuarta temporada, momento en que se puso fin a la serie de televisión.

A lo largo de las 4 temporadas, el producto se caracterizó por numerosos cambios, no sólo en el intérprete protagonista, sino en más personajes, tono de las tramas, incluso en el nombre de la serie que, a partir de la tercera temporada, pasó a llamarse Las Aventuras de Superboy.

 

Dean Cain (1993-1997)

Tras la degeneración de la colección con el excesivamente cómico largometraje del ’83 y el despropósito del ’87, la franquicia estaba muerta y enterrada. Pero muchos años después Zack Snyder nos haría ver que, aun estando bajo tierra, el Último Hijo de Krypton puede volver a la vida.

El personaje de Superman era demasiado potente para mantenerlo inactivo durante mucho tiempo, así que la presidenta de DC Comics, Jenette Kahn, se sacó de la manga un reinicio en formato de serie de televisión.

Lois y Clark: Las nuevas aventuras de Superman se alargó, entre 1993 y 1997, durante 4 temporadas y 88 episodios. Dean Cain, estaba destinado a ser jugador profesional de futbol americano, pero la fortuna le tenía reservado otro plan. Una lesión sufrida justo antes de fichar por los Buffalo Bills haría que Cain tuviese que reconducir una carrera que le acabaría llevando a lucir una S en el pecho.

La serie, centrada en la relación entre Clark Kent y Lois Lane, pero con parte de la trama reservada a ver cómo Superman luchaba contra el mal, nos mostró a un Clark Kent menos torpe y más directo y abierto de lo que nos tenía acostumbrados la franquicia.

Aunque inicialmente fue anunciada una quinta temporada, la cadena de televisión ABC decidió cancelarla inesperadamente, lo que impidió a los productores dar un final cerrado a la serie.

 

Tom Welling (2001-2011)

El mundo todavía no estaba preparado para volver a ver una película de Superman, pero mientras tanto, se siguió utilizando el formato televisivo para que el personaje no cayese en el olvido. En esta ocasión, sería una serie centrada en un Clark Kent joven que iría acostumbrándose a sus poderes, poco a poco, a medida que fueran apareciendo.

En la serie de televisión Smallville pudimos conocer, más profundamente, a personajes conocidos de la colección como Lex Luthor, Lana Lang o los padres adoptivos de Superman, Jonathan y Martha Kent. A lo largo de sus 10 temporadas y 218 episodios vimos cómo se paseaban por nuestras pantallas, episódicamente, superhéroes de la talla de Green Arrow, Flash, Aquaman, Supergirl, Hawkman y muchos más. Incluso pudimos ver, en varios episodios, a Christopher Reeve (parapléjico tras un accidente hípico) apareciendo en el papel del científico Virgil Swann.

En esta ocasión fue Tom Welling, un modelo con poca experiencia en el mundo de la actuación, la persona encargada de dar vida al Hombre del Mañana. El actor, que llegó a rechazar el papel en dos ocasiones, terminó aceptándolo con la condición de no aparecer nunca con el traje de supermán. De esta forma, sólo se ve al Superman de los comics en el capítulo final de la serie, siendo la escena una recreación CGI vista muy en la lejanía.

Personalmente, he de decir que todavía no he llegado a superar el episodio de la muerte de Jonathan Kent.

 

Brandon Routh (2006)

La sombra de Christopher Reeve es alargada y Brandon Routh, a pesar de ser guapo, musculoso, tener una “sonrisa profident” y un buen… miembro (los rumores dicen que hubo que reducírselo digitalmente en pantalla), no fue capaz de cautivar a la audiencia.

Habían pasado 19 años desde el fiasco de Superman IV, contaban con un gran presupuesto de 200 millones, un director de la talla de Bryan Singer se ponía los mandos y una nueva estrella como Brandon Routh aparecía en el firmamento. Pero nada de todo esto pareció sumar lo suficiente como para que la película Superman Returns (2006) no se estrellara. No fue un fracaso económico, pero estuvo muy lejos de lo que Warner Bros esperaba conseguir de la vuelta del Hombre de la Capa y, quizá, reiniciar la saga.

He de decir que, recientemente, he podido revisitar la cinta y ésta, como el buen vino, ha mejorado con los años (o quizá yo sea ahora menos hater que en 2006).

No obstante, y como Brandon Routh es un buen actor, se le dieron más oportunidades y le hemos podido ver, más recientemente, encarnando a Ray Palmer (Atom) en la colección de series del Arrowverso, de la cadena de televisión CW. Incluso ha aparecido, haciendo un cameo, como Superman, en el evento crossover de Crisis en Tierras Infinitas (2019-2020).

 

Henry Cavill (2013-2017)

Silencio en la sala. Abran bien sus ojos y cierren sus bocas (no se les vaya a caer la baba), porque ha hecho acto de presencia el Hombre de Acero. Henry Cavill (el primer actor no estadounidense en encarnar a Superman, ya que es británico) fue el escogido para, ahora sí, reiniciar la franquicia.

Si sentamos en el puente de mando a un director como Zack Snyder, se encarga de la producción el cineasta que había resucitado a Batman, Christopher Nolan, y lo batimos todo mientras nos mecemos con las notas de fondo de las partituras de Hans Zimmer, sólo podemos lograr el éxito que se obtuvo: Man of Steel (2013)

En cuanto a la interpretación, Henry Cavill nos ofrece un superhéroe en soledad, apartado voluntariamente del resto de habitantes del planeta, pero extraordinariamente humano en su afabilidad y sentimientos por sus prójimos.

Para mí, Henry Cavill ES Superman. Otros nunca bajarán de su pedestal a Christopher Reeve, que hizo un gran trabajo y ocupó el “top one” durante décadas, pero siempre he defendido que, para los cánones de belleza del siglo XXI, la figura de Reeve es insuficiente, mientras que la de Cavill la cumple con creces.

El papel de este Superman se alargó durante dos películas más en Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia (2016) y La Liga de la Justicia (2017), este último un largometraje accidentado (con cambio de director incluido) que restó enteros a la calidad del film. Por suerte, este mismo año, el director original pudo reeditar la película y todos pudimos disfrutar de la Zack Snyder’s Justice League (2021).

Para más información sobre ese tema, podéis escuchar el podcast 2x12 de El Sótano de Bruce.

El no-éxito (tampoco me parece bien llamarlo fracaso) de la película de 2017 hizo que Warner Bros finalizase el universo creado por el director Zack Snyder. Aunque Henry Cavill se ha mostrado en numerosas ocasiones dispuesto a retomar el papel, los ejecutivos de la compañía no parecen estar dispuestos a darle esa oportunidad y se encaminan más a recastear el personaje en futuras películas.

 

Tyler Hoechlin (2021-)

¿Quién iba a pensar que el pequeño Michael Sullivan Jr., de la película Camino a la perdición (2002), se acabaría convirtiendo en el kryptoniano más famoso de la galáxia?

Aunque empezó a interpretar el papel años antes en los productos de la CW, comenzando en la segunda temporada de Supergirl, no fue hasta 2021, cuando le dieron su propia serie, que pudimos ver el verdadero valor de Tyler Hoechlin como Superman.

Superman & Lois (2021) en una serie centrada en el héroe salvador del mundo, que tiene que compaginar su papel de superhombre con el de esposo y padre. Es en esta última faceta en la que la serie hace más hincapié, explorando su relación con unos hijos que desconocen la repercusión de su padre. Aunque también hay cabida para ver a Hoechlin con traje, salvando a la humanidad, el papel de Clark se lleva un mayor porcentaje, tanto en tiempo de exposición como de importancia, en la serie.

Sin duda, la interpretación emotiva de Hoechlin encaja perfectamente con los momentos dramáticos de este producto.

Por suerte para todos, Superman & Lois está renovada para una segunda temporada, por lo que podemos considerar a Tyler Hoechlin como el Superman “en activo”.

 

Actores adicionales

Los actores anteriormente nombrados protagonizaron productos consolidados y de fácil recuerdo. No obstante, un personaje como Superman, con tantas adaptaciones a los medios, ha tenido muchísimas interpretaciones diferentes en medios menores. Sólo por nombrar algunos, tenemos a: Bud Collyer, como actor de voz, radiando Las aventuras de Superman (1940-1951); Bob Holiday, como actor de teatro, en la obra musical de Brodway Es un pájaro… es un avión… es Superman (1966); Johnny Rockwell en un episodio único de Las aventuras de Superboy (1961); David Wilson en la adaptación televisiva (1975) del musical antes nombrado; Tim Daly, como actor de voz, en Superman: La serie animada (1996-2000); y numerosos actores diferentes, como Adam Baldwin, Kyle MacLachlan, Mark Harmon, James Denton, George Newbern, Matt Bomer, Alan Tudyk, Jerry O’Connell, Benjamin Bratt, Jason Isaacs, Darren Criss, o el propio Tim Daly, en las Películas animadas originales del Universo DC (2007-).

 

Y, como guinda en el pastel, en forma de homenaje a todos los proyectos de Superman que no salieron adelante, nombraremos la película cancelada Superman Vive (años ’90) que iba a estar dirigida por Tim Burton y protagonizada, nada más y nada menos, que por el histriónico, desatado, exagerado y sobreactuado Nicolas Cage que, aunque no conseguiría enfundarse en el traje azul, sí puso su voz al personaje en Teen Titans Go!, la película (2018).

¿Quién sabe? Quizá, en una Tierra alternativa, Nicolas Cage pudo llevar, en el pecho, esa S que en Krypton significa… Esperanza.

 

Imperator Caesar Cerverius