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domingo, 6 de febrero de 2022

BENIDORM FEST: PUCHERAZO EUROVISIVO


Los españoles solemos dividirnos, a grandes rasgos, entre merengues y culés, amantes de la tortilla de patata con cebolla o sin cebolla, de derechas o de izquierdas… pero un acontecimiento nos ha unido a todos bajo una misma causa: nos sentimos inmensamente defraudados (excepto un 4% de la población) por la elección de la representante española para el próximo certamen de Eurovisión que se celebrará el sábado 14 de mayo en Turín, Italia.

Pero retrotraigámonos al pasado. A hace una semana, cuando se celebró el Benidorm Fest que debería escoger al candidato nacional. Lo que parecía un trámite más, como cualquier otro año, con poco interés de la audiencia, se convirtió en un evento ampliamente seguido en Televisión Española y que desbordó de comentarios la red social Twitter.

De entre un total de 886 solicitudes, TVE preseleccionó 14 temas que se batirían el cobre en 2 semifinales de 7 artistas diferentes, el miércoles 26 y el jueves 27 de enero. En dichas cribas, se escogieron las 8 actuaciones que competirían el sábado 29 por el gran honor de representar a España en Eurovisión. De ambas semifinales, salieron dos claras favoritas: Rigoberta Bandini, con “Ay mama”, un homenaje indie a las madres con mensaje feminista incluido, que busca empoderar a la mujer y que juega con el doble significado de la palabra mama (refiriéndose a madre o pecho); y Tanxugueiras, con “Terra”, una canción con mezcla de ritmos electrónicos y tradicionales, mayoritariamente en lengua gallega, pero que también tiene participación del catalán, euskera y castellano, y que habla de fiesta, arte y traspasar fronteiras.

En éstas nos plantamos en la final del Benidorm Fest y, para el que no las supiese, se recordaron las reglas de la competición. El 50% vendría de la decisión de un “Jurado Profesional”, presente en el certamen; el 25% saldría de un “Jurado Demoscópico”, elegido al azar, según normas estadísticas, representando a miembros de todas las CCAA, grupos de edad, género...; y el 25% restante sería el resultado del “Televoto”, fruto de las llamadas y mensajes enviados por la audiencia de TVE. Nada hacía prever la tragedia que terminaría sucediendo. Apareció una tercera candidata, Chanel, con “SloMo”, una pieza de ritmos latino-reggaetoneros, que no está muy claro de lo que habla más allá de que asegura que “El mundo está loco con este party”, atestigua que “Yo vuelvo loquito a todos los daddies”, afirma que “Yo siempre toy ready” y apostata que “Hasta el final, yo no me detengo”.

Ante todo pronóstico, la “tapada” se llevó el gato al agua en una elección en la que se vio que el peso del voto del Jurado Profesional estaba claramente “dopado”. Las redes hirvieron y expulsaron bilis en 280 caracteres. La audiencia no entendió cómo la victoria se les había escapado entre los dedos después de una semana en la que sus favoritas habían sonado hasta la saciedad.

Las acusaciones de “tongo” y “parcialidad” hacia Televisión Española hicieron que el pasado miércoles 3 de febrero compareciese ante los medios, en rueda de prensa, María Eizaguirre, Directora de Comunicación de RTVE. En un intento vano de demostrar que no había lugar a la queja, se desglosaron los porcentajes de los tres grupos votantes, mostrando que el Jurado Demoscópico había posicionado muy parejas a las tres canciones, con una diferencia de un 1%; el Jurado Profesional había dado la victoria a Chanel, seguida de cerca por Rigoberta Bandini pero muy alejadas de Tanxugueiras, que caía a la quinta posición (esto ya se conocía de la noche de la gala); y el Televoto había optado de forma aplastante (con un 70,75%) por el trío gallego, seguido de lejos por la cantante feminista (con un 18,08%) y a años luz de la ganadora de la noche (con un 3,97%).

Con tal victoria contundente del “Jurado Popular”, ¿cómo es posible que el primer puesto acabase siendo para una canción elegida por 5 personas? ¡¡Son las matemáticas, amigos!!

En el momento en el que se trazaron las bases, TVE sabía muy bien lo que hacía. Otorgaba al Jurado Profesional un 50% del poder, dándole prácticamente derecho a veto al poder hundir a un artista en concreto o aupar al campeón de la cadena. Además, para más inri, dividía el voto popular fraccionándolo en Jurado Demoscópico (que suponemos que realmente estará formado por personas al azar de todos los grupos territoriales, de género y condición) y Televoto.

Que un candidato con un 71% de los votos de la audiencia no termine siendo el vencedor no es sino un escupitajo de TVE en la cara de los espectadores. “Queremos tu dinero, pero no tu opinión”, parece decir la televisión nacional. Al fin y al cabo, 192.000 llamadas/mensajes a 1,45 € hace una cantidad nada desdeñable.

Que las bases estaban escritas antes de abrir el periodo de inscripción está claro, pero que el sistema de votación era del todo menos justo, también. Había varias alternativas. Desde dar una participación igualitaria a los tres grupos, con un 33% cada uno), a fraccionar el voto en dos, Jurado Profesional + Televoto, descartando el Jurado Demoscópico y unificando el voto “popular”. Pero está claro que TVE quería seguir teniendo la sartén por el mango para que no se le “colase” otro Rodolfo Chikilicuatre.

Lo verdaderamente penoso del asunto es que se ha perdido la oportunidad de enviar a Europa una canción rompedora, con un mensaje crítico y empapada de la ilusión de la gente. Seguramente, los fans de Rigoberta habrían aplaudido la elección de las Tanxugueiras y los seguidores de las gallegas habrían gozado con la victoria de la cantante barcelonesa. Por contra, tenemos que comulgar con un tema que pertenece a un estilo musical que, a muchos, nos causa hartazgo el escucharlo por la radio y que abjuramos de cualquier nexo de unión con él.

Como todo lo que se discute en las redes sociales, el debate se ha pasado de frenada, con amenazas a los miembros del Jurado Profesional y con insultos a Chanel, que decidió eliminar su cuenta de Twitter ante el aluvión de improperios. Obviamente, esa pobre chica no tiene ninguna culpa de todo lo ocurrido y se la está hundiendo en el que debería ser el momento más feliz de su vida. Sus rivales (que no enemigos) en el concurso se han apresurado a mostrar su apoyo a la artista hispano-cubana.

El verdadero culpable de todo el motín creado no es sino el grupo organizador del Benidorm Fest, miembros de TVE, que han intentado disimular un “dedazo” disfrazándolo de democracia. Han engañado a un pueblo que había recuperado la ilusión por un festival, el de Eurovisión, que en los últimos años había ido decayendo en interés.

Más vale que el Ente Público tome buena nota para las próximas ediciones del certamen. Esperemos que, el año que viene, dejen de tener miedo de nuestras tetas, porque veñen pra quedar. Non hai fronteiras.

 

Imperator Caesar Cerverius



jueves, 15 de diciembre de 2016

日本 (Japón)

Shinjuku, Tokio.

Cuando vuelves del país del Sol Naciente, todo te sabe a poco.
De repente, todo cambia. 
Y es que Japón se caracteriza por una limpieza impoluta, una educación extremada, y un respeto por todo, y todos, asombrosa

No es que no valore mi país y sus costumbres, no es que no me guste la tierra que me vio nacer y crecer. Pero es innegable que, un país como Japón, que parece tan atrasado en ciertas cosas como el tema laboral, la mujer y otros temas, nos lleve una ventaja apabullante en muchos otros aspectos. Tristemente, en la gran mayoría.

Escribo estas palabras desde un tren, salida desde Kioto (京都) con destino Nara (奈良). Un tren local, más acorde a sus ciudadanos locales que al turista típico de a pie; por fuera parece antiguo, y aunque los asientos no son tan cómodos como los del increíble "shinkansen" (しんかんせん famoso tren bala), se puede apreciar una limpieza extremadamente delicada, ordenado y sobre todo, puntual.

Tanto este tren, como el ya nombrado "shinkansen", o cualquier metro, autobús o taxi, son famosos por su puntualidad y limpieza. El personal también es famoso por su extremada educación y atención al pasajero.
サラリーマン, Sararīman, ejecutivo japonés de rango bajo.
Será una falsa educación impuesta por el sistema pero, llamadme loca, lo prefiero así. Me gusta la educación y las buenas formas.

Algo sorprendente es la libertad de llevar mochilas abiertas, asomando incluso el móvil o cartera sin miedo. Aquí no existe el amigo de lo ajeno. Bueno, mi gusto por esta tierra quizá me haga exagerarlo, obviamente ladrones, maleantes y gente con poca buena intención existen en todas partes. Pero es asombrosa la libertad y tranquilidad con la que puedes cruzar el famoso "Scrumble" de Shibuya, en Tokio, con la multitud rozándote a penas el brazo cuando te cruzas con ellos, y no temer que vaya a desaparecerte algo. 
También me sorprende la puntualidad para todo. No solo a nivel transporte. A la hora de comer, sorprende la rapidez con la que te sirven. Y lo mejor, te traen lo que has pedido como lo has visto. No existe la publicidad engañosa para atraer al cliente al producto. No les hace falta tampoco, su gastronomía y productos se venden solos. Es un mundo aparte.
Pocas cosas (o ninguna) de las que he probado hasta hoy, puedo decir que "no repetiría", o que "no me ha gustado". Creo que para gustos colores, claro está, pero mayoritariamente, todo está bastante bueno, con mucho sabor y muy saludable.

Ramen, plato típico chino adoptado por Japón.

Igual de sorprendente es el respeto por el espacio individual de cada uno. Es decir, Tokio (東京) es una de las ciudades más pobladas del mundo (quizás la más poblada), pero gracias a su orden estricto, riguroso y sepulcral, se evitan muchos sustos, golpes y malentendidos.
Tras visitar Nueva York y Tokio, me quedo con la segunda, y no es por el amor que siento hacia este país, sino porque en comparativa, y gustándome el orden, es mejor. 

La historia que rodea a este país, y su cultura, me dejan boquiabierta. Sobre todo el cómo cuidan su patrimonio. Como si fuera de cada uno de ellos (y con esto, hablo también de que nadie ensucia nada, todos recogen su basura sin molestar al de al lado, y de nuevo, con un orden escrupuloso). Y es que así deberíamos cuidar nuestra historia, cultura y patrimonio, como si fuera de cada uno, con ese valor ancestral que te hace valorar a tu país, mejorar y saber que, quien viene de fuera a visitarlo, debe respetarlo.
増上寺, templo Zojoji en Tokio.

Japón tiene cosas malas, como todos los países. Y tras escribir estas palabras, puede parecer que no soy consciente de ello, pero igual que con mi país, prefiero quedarme con todas las cosas buenas, ya que para quejarnos, tenemos mil vías y no dudamos en hacerlo en cuanto podemos. 

Conclusión, el amor existe y en mi caso, lleva su nombre: Japón.
Un país para visitar. Un país para disfrutar y cuidar.

またね!
Heiwa. 





jueves, 21 de enero de 2016

MUERTE ¿Y RESURRECIÓN? DE LA SOCIALDEMOCRACIA. Parte I

PARTE I (ESPAÑA)
Se puede afirmar que, en estos últimos treinta años, el concepto de “socialdemocracia” en Europa se puede asemejar a un paso de Jesucristo en Semana Santa. Todos saben que está muerto, que no es real, pero se saca a la calle para ver si se recupera la fe, para mantener vivo el mito y para hacer que unos cuantos incautos crean que puede volver a renacer.
Analizando la fotografía política en los años ochenta vemos una Europa central dominada por gobiernos de derecha y una periferia con gobiernos socialistas, siendo tal vez el más significativo el PSOE del “Otanero giratorio” Felipe X González por su longevidad gubernamental (1982-1996). Pero la imagen del partido en estos últimos treinta años se ha ido degenerando hasta convertirse en un auténtico vodevil, una parodia de partido en la que los barones regionales sierran las patas de la silla del líder socialista. Arrastran bastantes cadáveres bajo la cama y fantasmas en el armario como para dar ejemplo: uso de grupos paramilitares de extrema derecha para la guerra sucia contra el terrorismo etarra, casos de corrupción, uso político de los sindicatos para tenerlos bajo control o un denunciable incumplimiento constitucional de la laicidad de España –un saludo a Zapatero, quien subió la asignación del PIB a la Iglesia del 0,5% al 0,7%.-. Reconozcamos que en materias sociales el socialismo ha aportado enormes avances a la sociedad española: entrada en la CEE, legalización del matrimonio homosexual, la tan necesitada Ley de Memoria Histórica –que no ha roto España, como el “ser gallegoide” de Mariano Rajoy argumentó-, mayores medidas de protección ante el terrorismo machista que se cobra la vida de entre cuarenta y cincuenta mujeres cada año en España; mayor número de escuelas públicas e incluso más dotaciones de becas a estudiantes con pocos recursos.
Sin embargo, si tomamos el concepto de “socialdemocracia” como un todo, como una ideología política, social y económica, se manifiesta el fracaso continuado y el incumplimiento de esta doctrina a la hora de aplicarla en los distintos gobiernos. El contrato basura para los jóvenes se ideó en el primer Gobierno de Felipe González. La inutilidad de los marcadores económicos antes de la gran crisis del 2008 que tanto afectó a España se produjo en el Gobierno de Rodríguez Zapatero, al igual que no se puso freno a la burbuja inmobiliaria que no paró de crecer. Además, meses antes del estallido de la crisis España iba a entrar en la “Champions League económica” –argumento de gran estadista- y la solución fue el tan cacareado Plan E, un parche bienintencionado que partía de un error de base: al desconocer la profundidad de la crisis, la realización y el gasto en obras públicas iba a suponer a la larga un costo enorme para las maltrechas arcas del Estado. Tras la salida de Zapatero, seguida del breve interregno de Rubalcaba, llegó el congreso para elegir un líder que insuflara nuevos bríos dentro del socialismo español. Superando a un hombre de partido como Madina y a un intelectual socialista de raíz como Pérez Tapias, Pedro Sánchez se convirtió en el nuevo Secretario General del PSOE en el verano de 2014. Sus fans le llevaban en volandas destacando su juventud, fuerza o la valentía de hacer un nuevo socialismo obviando el hecho de que está cuestionado desde el principio no sólo desde la oposición conservadora sino también entre sus propias filas, principalmente por la “baronesa guadalquiviareña” Susana Díaz, quien afila los clavos del ataúd político de Pedro Sánchez. Su piedra de toque tuvo lugar en las Elecciones Generales del 2015 como quien se juega la repesca de un examen ante un exigente tribunal. Y la población le mostró en su acta un suspenso rotundo. Ante el pésimo, corrupto e incapaz Gobierno del PP, -el peor de la democracia en España- el PSOE estando en la oposición obtuvo únicamente 90 escaños, el peor resultado en su historia desde 1977.
https://ignaciotrillo.files.wordpress.com/2012/01/psoe-reconstruccic3b3n3.jpg
Para rematar la faena, Pedro Sánchez es presionado para pactar con el Partido Popular y Ciudadanos por los mercados bursátiles, lo que significaría no solo su caída en desgracia sino un gran incendio en Ferraz o intentar a la portuguesa un pacto con las nuevas fuerzas de izquierda como Podemos –cuyo líder se cubrió bajo el manto de la socialdemocracia cuando moderó su programa electoral- junto a partidos nacionalistas, conformando una amalgama de siglas muy difíciles de encajar.
Pobre Pedro. La vida en el sofá de Bertín Osborne era mejor, ¿verdad? Tengo que confesar que en domingos de lluvia y música de Coldplay miro al líder de magnética sonrisa al que sus palmeros alaban cual manufacturada estrella de rock y pienso: ¿Dónde vas, Pedro Sánchez? ¿Dónde vas, triste de ti?

-Olof.

sábado, 16 de enero de 2016

Si el nivel cultural de España fuera algo tangible y mesurable

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El bar de las grandes esperanzas, de J.R. Moehringer


Comenzaré por un pequeño inciso.
Si el nivel cultural de España fuera algo verdaderamente tangible, los datos resultarían verdaderamente bochornosos, por no decir que nos podría mostrar una dolorosa realidad. En muchos aspectos, nuestra sociedad resulta un compendio de iletrados y cretinos que se enorgullecen de serlo. Hemos podido ver en distintos medios de comunicación cómo la gente confesaba haber leído menos de cuatro libros en un año, e incluso menos. O peor aún, argumentando que consumen literatura “de calidad”: leen textos de personas encantadas de conocerse que se preconizan como filósofos de los siglos XX y XXI y son panfletos de autoayuda –véase Paulo Coelho-; auténticas bazofias edulcoradas que perpetúan la idea del eterno amor adolescente en cuyo fondo late la concepción de cómo el clasismo social y el viejo patriarcado machista debe perpetuarse en  las generaciones venideras –hete aquí a un tal Federico Moccia-; o el eterno debate de la idoneidad de las novelas históricas, las cuales nunca llegan a cumplir el objetivo de muchos de sus autores que no es otro que acercar la historia al gran público. En España es un género trabajado tanto por historiadores: José Luis Corral o Ian Gibson; como por verdaderos mediocres –la tertuliana Isabel San Sebastián, cuya mentalidad es más antigua que el contexto de sus libros; o el guardián del buen escribir, de la mesura y de la buena educación, Arturo Pérez Reverte el “Capitán Merluza del Cantón de Cartagena contra el mundo”. Por otro lado, juega bastante en contra de la existencia de una amplia cultura social el monopolio literario que ejercen algunas editoriales, cuyos tentáculos en los medios de comunicación y sus enormes recursos les permiten publicitar auténticos atentados impresos que dañan a los sentidos, pudiendo colocar sus productos en primera fila de muchas librerías o centros comerciales en detrimento de trabajos de calidad, que son conocidas por el boca a boca, permaneciendo ocultas para el gran público. Enterradas como un tesoro.
Traigo esto a colación a raíz de la publicación hace cuatro meses del libro El bar de las grandes esperanzas de J.R. Moehringer que reseñaré más adelante. Pero como primer punto de atención debo destacar que este libro se publicó originalmente en el 2005, llegando a España con una década de retraso. Pero como dicen, el tiempo de espera ha merecido la pena. Y es que en la autobiografía nos relata su propio proceso de crecimiento y de madurez, partiendo de una infancia con un padre ausente al que busca de una forma atípica y sobre todo, el lugar clave, el epicentro tanto en su camino hasta llegar a ser adulto y como el de la vida en su ciudad, el bar “Publicans”.
Estos son los dos ejes sobre los que pivota la novela, en la que la acción y los hechos narrativos pasan a un segundo plano dejando a las personas las que sean verdaderas protagonistas, tratando Moehringer de hacerlas encajar en un complicado y abstracto puzle humano cuyo resultado daría tanto su cosmovisión como su propio carácter y personalidad. Partimos desde la niñez de Moehringer desde Manhasset en la costa este hasta la abrasadora Arizona acompañado de su madre en unas penosas condiciones económicas; su dificultad para encajar con la sociedad y sus sueños de ingresar en Yale a pesar de sus enormes dudas sobre sus capacidades intelectuales, por lo que afronta la carrera universitaria con el mero objetivo de sobrevivir de la misma manera que en su primer trabajo. Una idea que subyace y que pone en consonancia su crecimiento personal con el otro nexo de la novela es la búsqueda constante de un modelo paterno. Eso es lo que le relaciona con el lugar más importante del libro. Es por tanto el “Publicans” un bar que le permite observar su entorno, empaparse de él. Un bar donde se narran los sueños y las victorias personales y profesionales de cada uno pero también las desesperanzas, las frustraciones, las pérdidas irreparables. Donde el discurrir y la evolución de los personajes hace derivar en la idea de que mediante los peores momentos es cuando más podemos conocernos a nosotros mismos, y es también en un bar donde todas las personas se igualan, donde los fantasmas y las decisiones acertadas del pasado pueden relatarse sin miedo a ser juzgados. Es el refugio del protagonista, y por extensión de todos los habitantes de Manhasset, el verdadero centro de reunión y de vivencias del pueblo. Nos narra pues, una cultura del bar y de la conversación con la que nos podemos sentir identificados, provocando en el lector sensaciones de identificación con el propio autor; sentimientos desasosegantes, de impotencia y pérdida. Pero también de esperanza.

La conclusión de ese recomendable libro es que su encanto proviene gracias a su íntima temática y por el poso intelectual y emocional que deja en el lector al cerrar la última página. Y como añadido, hay que decir que su triunfo supone la victoria de los buenos libros, escritos con el alma del autor. Esos libros que permanecen ocultos en rincones, alejados de las estanterías más grandes. Es imperativo recuperar el hábito placentero de ir en busca de esas desvencijadas librerías, recorrerlas, hojear y saborear cada uno de sus libros como pequeñas delicias. Porque eso es LITERATURA.

-Olof.