domingo, 22 de abril de 2018

ATRÉVETE A VIAJAR... ALEMANIA


Desde Face It, os proponemos en esta a ocasión un viaje por Alemania. Desde Düsseldorf, bordeando la Selva Negra, hasta Múnich.
Llegaremos a Alemania en avión, desde Barcelona (en nuestro caso), con una compañía de bajo coste que nos dejará en Düsseldorf. En el aeropuerto podremos adquirir un coche de alquiler con el que movernos por el país. Lo mejor es llevarlo ya reservado por internet desde casa. Así, podremos conseguir el mejor precio comparando varias compañías. El alquiler de coches suele venir con un seguro “a terceros” pero, si nos interesa un seguro a todo riesgo (100% recomendable si queremos evitar sorpresas) podremos ampliarlo. Aunque en la misma página web nos ofrecerán uno, conviene contratar el seguro en el mismo punto donde recogemos el vehículo ya que, a veces, los seguros ofrecidos en la web son insuficientes.
Una vez montados en nuestro nuevo coche, podremos utilizar las cómodas autopistas germanas. Desterraremos el tópico de la eficiencia alemana cuando nos encontremos con retenciones por algún accidente u obra pública. Si utilizamos un GPS, no está de más corroborar el trayecto con Google Maps, que nos informará de la concurrencia de la ruta elegida.
Actualmente, la mayoría de las compañías telefónicas incluyen llamadas y el uso de datos desde la UE, por lo que podremos gozar de conexión a internet sin miedo a una tarifa desorbitada. Lo mejor es llamar unos días antes, desde España, y que el servicio de atención al cliente nos aclare el paquete que tenemos contratado.
Desde Düsseldorf viajaremos hasta Colonia, nuestra primera parada. Los hoteles en la periferia nos ofrecerán un mejor precio y el aparcamiento en el centro es relativamente fácil de encontrar. En el casco histórico de la ciudad hallaremos una hermosa catedral y podremos dar un placentero paseo cruzando alguno de los puentes sobre el Rhin y caminando por su ribera. Desde el otro lado del río podremos inmortalizar la silueta de la ciudad y admirar una preciosa puesta de sol.
Con poco más que rascar en esta ciudad, haremos noche y madrugaremos al día siguiente para ir a Phantasialand, un maravilloso parque temático que gustará a niños y adultos y que se encuentra a unos 30 minutos en coche. Si detestamos las largas filas de más de una hora de algún parque de la costa de Tarragona, descubriremos que en los parques alemanes no se guardará una espera de más de 20 ó 30 minutos. Además, los espectáculos que ofrece son increíbles.
Podemos buscar un hotel cercano al parque donde descansar después de un ajetreado día.
Por lo general, los hoteles en Alemania no son caros, rondando los 70 u 80 euros por habitación doble, a excepción de algunas zonas, como la del Lago Constanza, donde la tarifa puede duplicarse.
A grandes rasgos, los precios de comida, ocio y servicios son muy parecidos a los de España o un poco superiores.
Al día siguiente, de camino a Frankfurt, haremos un alto para visitar el castillo de Eltz. Un palacio del siglo XII que, a día de hoy, sigue perteneciendo a la misma familia.


Ya en Frankfurt, podremos pasar el resto de la jornada conociendo esta interesante urbe. La subida a lo alto de la Maintower nos ofrecerá una vista panorámica de toda la ciudad. El edificio de la ópera es muy bello de observar y, si la caminata nos cansa, podremos sentarnos a reposar en una de las terrazas de la plaza del ayuntamiento donde, a parte de servir unos deliciosos helados, suele haber algún músico tocando.
Despertaremos en Frankfurt, pasada la noche, y nos prepararemos para un largo viaje hasta Baden-Baden, ciudad famosa por sus balnearios. Si el precio de sus hoteles nos parece elevado, podremos alojarnos en algún poblado cercano. El paseo por sus parques y por la ribera del río nos acercará a la naturaleza de la selva negra. En el trayecto a Baden-Baden podemos hacer una parada en Heildelberg y descubrir su gran castillo de origen medieval.
La cercanía de la frontera con Francia nos permite, en otra jornada automovilística, visitar Estrasburgo, sede del Parlamento Europeo, con una hermosa catedral en su casco antiguo y, algo más al sur, la ciudad de Colmar. En la preciosa Colmar creeremos habernos adentrado en uno de los cuentos de los hermanos Grimm. Sus fachadas coloreadas parecen de golosina. Una visita imprescindible.


Volviendo a Alemania, tomaremos un hotel cercano al evento del día siguiente: Europa Park. Un gran parque temático lleno de atracciones inspiradas en los diferentes países de Europa. Suiza, Italia, Reino Unido, Grecia, incluso España tiene su zona (algo cargada de topicazos).


Continuaremos al día siguiente hasta el Lago Constanza, donde las vistas son increíbles. El reflejo del sol en sus cristalinas aguas son una visión para recordar. Cómo ya hemos dicho, el precio del hotel de esta noche puede subir bastante, pero la ruta sin parar a descansar sería excesiva.
Finalmente, viajaremos hasta Múnich, no sin antes pasar por el castillo del Rey Loco (Neuschwanstein). Un fabuloso palacio en el que se inspiró Walt Disney para la creación del castillo de La Bella Durmiente. Es muy recomendable (por no decir imprescindible) llevar las entradas ya reservadas. Las visitas son guiadas y, si acudimos sin reserva, podemos encontrar una fila interminable para que nos den cita varias horas después. Lo mejor es, aun con reserva, llegar pronto, retirar los tickets y dar un paseo por la orilla de su hermoso lago. Los restaurantes de alrededor dan buena comida bávara sin pasarse con el precio. Podremos acceder a dos castillos, uno más sobrio (Hohenschwangau) y otro de fantasía (Neuschwanstein). Existe un mirador (no exento de guardar una buena fila) en el que podremos hacer la típica fotografía del paisaje. En su interior, el castillo es increíblemente bonito y, las historias que cuenta el guía son interesantísimas.


Al llegar a Múnich, nos tomaremos nuestro tiempo en conocer el típico casco antiguo pero, si nos interesa la historia, podemos visitar a pocos kilómetros el campo de concentración de Dachau. Ya sea con guía o con audioguía, despejad 3 ó 4 horas para explorarlo. Una verdadera joya donde se vivió un auténtico horror.

Ya mentalizaros en la vuelta, podremos devolver el coche en el aeropuerto de Múnich (siguiendo fácilmente los carteles indicativos) y volver a nuestra casa con el buen sabor de boca de haber hecho un viaje inolvidable.
Imperator Caesar Cerverius


martes, 17 de abril de 2018

MÁSTER EN ENGAÑOS


Cualquiera querría estar gobernado por los mejores, los más preparados, los que hayan cursado las carreras más prestigiosas en las universidades más valoradas. De esta forma, confiaríamos el gobierno de nuestra ciudad, nuestra comunidad o nación a los que hayan demostrado que se lo merecen. Los que hayan alcanzado los mayores méritos. Pero, ¿y si se nos engañó y todos esos dirigentes, con tantos títulos, jamás los lograron? ¿Qué les hace tan especiales e importantes para intervenir en nuestras vidas y nuestro futuro? ¿Por qué deberíamos someternos a las ideas de aquellos que mintieron y defraudaron fingiendo ser lo que no son? Ahí es donde radica la clave del asunto.
El escándalo sobre el master ficticio de Cristina Cifuentes, la presidenta de la Comunidad de Madrid, ha abierto una caja de Pandora que está sacudiendo todo el panorama público. Una buena cantidad de políticos están “actualizando” sus currículum, eliminando aquellas titulaciones que nunca llegaron a obtener o que eran menos boyantes de lo que en principio nos contaron. Másteres falsificados, estudios de post-grado que consistían en poco más de cuatro días de ponencias, estudios sin finalizar que nos vendían como superados… pero nadie dimite. ¿Por qué deberían de hacerlo? ¿Acaso alguien va a dejarles de votar tras descubrirse estos engaños?
En cualquier país con tradición democrática, un escándalo así terminaría con un listado de dimisiones. De no producirse, los dirigentes de sus respectivos partidos provocarían su cese. Y, en última instancia, frente a una inacción que apartase a esos corruptos, los votantes les darían la espalda. Pero esto es España. Aquí nadie dimite porque mentir, robar o manipular sale gratis. El propio Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, es un experto en aguantar el temporal, porque sabe que todo escándalo termina pasando. Mejor resistir y permanecer quieto, que encarar el problema y exponerse a la erosión. La memoria de los electores es muy limitada y la gente termina votando con el estómago más que con la cabeza.
En el caso concreto Cristina Cifuentes, la ponzoña se ha ido extendiendo pringando a mucha gente. Según las informaciones descubiertas, Cifuentes se matriculó fuera de plazo, aprobó exámenes de asignaturas de las que nunca pisó una clase (con supuesta asistencia obligatoria), superó materias a las que no se presentó y terminó titulándose en un máster cuyo trabajo final no llegó a hacer. Alguien cambió las notas de las actas de “no presentado” a “notable” y “sobresaliente”. Cuando el escándalo salió a la luz, el rector de la Universidad Rey Juan Carlos salió rápidamente a excusar a la presidenta y aclarar que todo había sido un malentendido y que el título de la señora Cifuentes era perfectamente válido y merecido. Se sabe que él mismo le encargó al director de dicho máster la falsificación de las actas y de las firmas del tribunal. Las profesoras de ese supuesto tribunal no tardaron en identificar la falsedad de esas firmas y asegurar que jamás impartieron las asignaturas a la susodicha. Por todas esas acciones, el rector es otro que debería dimitir. La adscripción inmediata a la causa de la presidenta, mediante mentiras y engaños, no hace sino desprestigiar, aún más, la entidad que dirige.
Cualquier persona que se haya invertido su tiempo, esfuerzo y dinero para obtener una titulación, sea del nivel que sea, debería estar escandalizada frente a las informaciones que han visto la luz.
Seguramente Cristina Cifuentes no repita como cabeza de lista en las próximas elecciones autonómicas y su carrera política haya llegado a su fin, pero el hecho de que se le permita terminar la legislatura es un agravio para los votantes. Se le permitirá dignamente salir por una “puerta trasera”, el escándalo se difuminará y, en poco tiempo, ya nadie recordará nada. Al más puro estilo 1984, de George Orwell, no sabremos ya lo que es verdad y lo que no. Simplemente nos quedarán los recuerdos que nos quieran poner delante. Así, cuando hayan pasado unos años, alguien podrá volver a intentar la misma treta y nosotros nos lo tragaremos como una pastilla antes de dormir porque, cuando pudimos hacer algo, nosotros también elegimos la inacción.

Imperator Caesar Cerverius


sábado, 7 de abril de 2018

Are you ready Player One?




[ATENCIÓN: ESTE POST CONTIENE SPOILERS SOBRE LA PELÍCULA Y EL LIBRO]


Siguiendo el post de hace unos días escrito por mi compañero, amigo y mentor,  Imperator, me he decidido a postear esta crítica de la película estrenada hace poco y que seguramente muchos ya habéis visto,  Ready Player One. 

He querido ser todo lo objetivo posible y por ello he leído críticas de todos los tipos y pareceres. 

Yo, por suerte o por desgracia, soy una de esas personas que han leído el libro antes de ver la película. Lo disfruté muchísimo (puedo decir sin miedo que es uno de mis favoritos, por no decir mi favorito) y además soy un fan incondicional de la cultura pop de los 80 y 90, sobre todo en lo que a videojuegos se refiere. Mi "habitación del flipado" así lo atestigua. Así que digamos que soy el candidato perfecto a Hater estrella de películas mal llevadas a la gran pantalla. 

Pero os voy a decir algo que igual os sorprenderá,  la peli me gustó mucho. 

Para empezar,  muchas de las críticas negativas que he leído comienzan diciendo que el romance entre los dos personajes es muy infantil... El que dice esto, o bien no se ha leído el libro, o no conoce el estilo de Spielberg, o ambas cosas. El romance ya se plasma así en el libro, son chavales de instituto que flirtean a través de un chat en Oasis,  ¿que esperabais? De hecho,  en el libro, Parzival tiene deificada a Art3mis. Y a parte,  es el estilo Spielberg, el estilo del amor más ingenuo e infantil que, aunque no lo reconozcais, todos llevamos dentro. 

Luego he visto críticar el CGI excesivo de la cinta... Estamos hablando de un universo que se desarrolla en una realidad virtual, ¿Cómo no va a haber CGI si todo es virtual? 

Y luego están los que la comparan con Matrix... Bueno, a estos directamente no les doy ninguna credibilidad porque esta claro que no han entendido la película... Es más,  dudo que entendieran Matrix. 

Quitando estas críticas "hater", he de decir que también hay muchas críticas positivas. Algunas elogian la cinta simple y llanamente,  otras muestran reconocimiento a los puntos fieles para con el libro y otras muestran comprensión por aquello que no se ha podido plasmar exactamente como en el libro. 

Y a este punto quería llegar yo. Mucha gente dice que no es fiel al libro, que cambian muchas cosas,  etc...  Vamos a aclarar lo que queremos decir con fidelidad al libro. Si por fidelidad al libro queremos decir que es clavadita clavadita al libro, permitidme deciros que eso en este caso es imposible. Ernest Cline es un escritor de "disparo y luego pregunto", no intenta explicar todo al detalle ni representar fielmente lo que le pasa por la cabeza, él simplemente explica la acción que transcurre y da algunas pinceladas de lo que se imagina en su mente (los personajes,  las localizaciones,  etc... Se explican muy vagamente) , por lo general deja abierto casi todo a una interpretación bastante personal del lector,  con lo cual hace imposible rodar una película fiel a todos los puntos de vista. No es como hacer El Señor de los Anillos, que si lees la obra de Tolkien sabrás incluso la talla de bota que calza Boromir. 

Yo,  por ejemplo,  me imaginaba Oasis con una estética más retro-punk, pero seguro que otros no lo pensarán así. Otros se imaginarían Oasis como un videojuego de 8 bits, o incluso como el mundo real, si tienes una consola de ultima generación, claro está. Habrá gente que se imaginaría a los actores de otra manera, más feos, más guapos, más geek...

Poniendo un ejemplo tangible del libro, recordaréis cuando Parzival va al planeta Zork. Zork es un juego de ordenador que se creó antes de que se llamasen ordenadores a esos cacharros que, por aquel entonces, montarlos era más un hobby de gente rara que un trabajo de informático al uso, como lo es ahora. El juego ni siquiera tenía gráficos, era una simple pantalla negra donde escribías lo que querías hacer y el juego te respondía explicando lo que había desencadenado tu acción. 


Bien,  pues esto aparece en el libro y Cline lo describe como un planeta negro lleno de vectores,  como si de un juego de asteroids se tratase. Pero resulta que,  si veis la portada, el juego se desarrolla en una especie de época medieval extraña donde tan pronto te encuentras con trolls vestidos de armadura a lo Willow y a la vez abres buzones con cartas en su interior o te encuentras con vitrinas llenas de trofeos... Es algo extraño. 

En definitiva, seguro que cada uno se ha imaginado esto de una manera diferente y cualquier interpretación en la película hubiera sido ampliamente criticada. Precisamente eché mucho en falta esta parte del libro, porque la escena con Ultraman me parece bestial para representar en una película. Pero no hubiera sido fiel para casi nadie. 

Por cierto, aquí os dejo un enlace para jugar al juego original en español, por si queréis echarle un vistazo, engancha bastante --> ZORK Online en Español

También eché en falta El Sótano, esa sala de chat privada que acaba siendo la "base de operaciones" de Parzival,  H y compañía,  durante gran parte del libro. Esto si que me pareció una falta bastante grave, teniendo en cuenta que no costaba nada incluirlo en la peli, (no hay derechos de copyright ni nada por el estilo que lo impida, como podría haber pasado con Ultraman, por ejemplo) aunque sólo fuera a modo de anécdota hubiera sido un guiño gracioso. Pero es perdonable porque la verdad es que tampoco aporta nada de peso a la historia principal.  Si que hubiera explicado mucho la manera en qué ganó Parzival al esqueleto de la prueba de Joust, (H y Z juegan a Joust a menudo en el Sótano) pero como esta parte no sale en la peli no tendría mucho sentido para el espectador de a pie. 

Me sorprendió gratamente,  que no sólo hay muchas referencias a la cultura pop de los 80, si no que también hay mucho peso de la cultura actual de los videojuegos.  Se nombra Twich, Overwatch, aparecen personajes de Starcraft, e incluso la forma de abordar Oasis parece un videojuego actual. Pero claro,  esto en 2045 será retro,  juas juas. 


La carrera de coches del principio me pareció genial y además le encontré sentido enseguida. Teniendo un DeLorean había que sacarle partido, ¿que mejor que una carrera de coches? Y como dijo una vez Doc Emmet Brown: "¿por qué no hacerlo con estilo?" Con Kong,  el T-Rex,  el coche de Batman,... Esto es Oasis,  podemos meter lo que queramos. Y aún así hay criticas que se quejan de "fan service" excesivo en la carrera, pero ¿y por qué no? ¿Acaso no se trata de eso? 

La parte del resplandor,  ¿que decir?,  simplemente sublime.  Creo que en esto concuerdan incluso los haters. En el libro, Parzival se metía en la piel de Matthew Broderick en Juegos de Guerra durante la escena inicial de la peli,  cuando van a los recreativos y juegan a Galaga. Tampoco hubiera estado mal como escena en Ready Player One, sobre todo viendo a Matthew Broderick con 16 años de nuevo,  pero no nos hubiera sorprendido tanto y no habría tenido tanta acción como con el resplandor. 

También eché en falta esos viajes en naves espaciales de los 80 entre los planetas de Oasis, pero luego he pensado que se parecería demasiado a Star wars. Esto no se si hubiera sido bueno o malo. Le hubiera dado un toque retro eso de la hypervelocidad, pero a su vez habría desorientado a algunos espectadores, supongo. 

También me sorprendió que no hubiera más frases del tipo "volveré",  "no cruceis los rayos" o "dar cera,  pulir cera". Era un recurso fácil que hubiera dibujado alguna que otra sonrisa.


Es cierto también que no vemos "actorazos" en esta peli, pero creo que tampoco era necesario, teniendo en cuenta que solo salen en la mitad de las escenas y además esto le da un aspecto más de "andar por casa".  Ninguno de nosotros tendríamos una actuación de Oscar si viviésemos en ese mundo. Además también es el estilo Spielberg. 

He de decir que se eliminan escenas del libro que se hacen un poco pesadas en el mismo. Por ejemplo cuando Wade se hace rico y se enclaustra en un super piso con la última tecnología, o cuando es encarcelado en los campos de trabajo de la IOI de Oasis. Estas partes son lentas en el libro y era mejor no darles mucho peso en la película para no ralentizar la acción. 

Esto último, la acción, es precisamente lo que no falta en la película. En ningún momento se hace pesada o lenta,  esta muy equilibrada y no sientes que haya relleno, eso me gustó. 

Y sobre todo,  es divertida,  disfrutas viéndola. Se me puso la piel de gallina cuando Daito activo el Gundam y cuando apareció Mecha-Godzilla. Me emocioné cuando Z encontró el huevo de pascua en Adventure (que en el fondo es de lo que trata el libro realmente), y disfrute como un niño cada vez que aceleraba su DeLorean en la carrera con ese ruido característico que sólo el motor de una máquina del tiempo puede reproducir,  rellenando el depósito con los créditos de los avatares que iban cayendo uno tras otro mientras Kong les pisaba los talones. 

Que queréis que os diga, no puedo esperar a ver los extras del Blu-ray xD. 

En definitiva, si tengo que elegir entre el libro y la película,  me quedo con los dos. Y diréis : ¡No puedes hacer eso Rycumato, tienes que elegir! 

Esto es Oasis, elijo quedarme con todo.



miércoles, 4 de abril de 2018

READY PLAYER ONE


La primera parte de este post no contiene spoilers.

¿Os gusta la música rock ochentera? ¿Disfrutáis como niños revisionando películas de vuestra infancia como Regreso al futuro, Indiana Jones o Star Wars? ¿Añoráis las viejas video consolas y pasaros la tarde jugando en los recreativos con una máquina Arcade?
Ready Player One es vuestra película.
Basada en la novela homónima de Ernest Cline, la película nos sumerge en OASIS, una realidad virtual a la que todo el mundo se conecta para escapar de la vida real. La pobreza, la falta de un trabajo motivador, la crisis mundial... todo queda atrás cuando estás en OASIS, donde puedes ser lo que quieras y, casi, sin ningún límite.
A la muerte de su creador, éste lega todo su patrimonio al jugador que sea capaz de superar una serie de pruebas y acertijos.
El film, dirigido por Steven Spielberg, nos transporta a ese ambiente de nuestra juventud en una película repleta de referencias al cine y los videojuegos de los 80’ y 90’. Batman, Jurassic Park, King Kong, Bioman, Halo... el número de apariciones es incalculable. Además, Spielberg ha sido capaz (que en cualquier adaptación es la clave) de encontrar el equilibrio entre una cinta para los lectores del libro y los que aún no se han acercado (y que sin duda no tardarán en hacerlo) a la novela.
Si vais al cine a ver Ready Player One, os adentraréis en una aventura con la que no despegaréis la mirada de la pantalla ni un segundo.

¡¡OJO, ALERTA SPOILER!!
Si aún no has visto la película, no sigas leyendo (o hazlo bajo tu propia responsabilidad).

Bien, ya sé lo que estáis pensando los lectores del libro: “Es que han cambiado muchas cosas” ¿Y qué? Al fin y al cabo, es una adaptación. Si no quieres ningún cambio, ahí tienes la novela. Admitámoslo, cualquier película basada en un libro tiene que hacer algunos cambios:
1) Para recortar la historia y que quepa en un metraje de dos horas.
2) Para simplificar la trama y que el espectador no-lector no se pierda.
3) Porque hay cosas que funcionan sobre el papel pero que en pantalla quedan sosas o ridículas.
Lo más importante es saber reproducir el espíritu de la historia transmitiéndola a la pantalla (cosa que creo que el director ha conseguido).
En la novela, la primera prueba es una partida de Arcade contra un esqueleto. ¿Realmente queremos ver a dos tíos delante de una máquina recreativa jugando sin más? La carrera de coches de la película, aun siendo un recurso sencillo, ofrece un desafío mucho más dinámico y emocionante para el espectador.
La segunda prueba, que introduce a Parzival y a sus compañeros en El Resplandor, es una recreación increíble del film de Stanley Kubrick y que nos mantiene en tensión con cada detalle, como las gemelas en el pasillo, el río de sangre que sale del ascensor, o la mujer de la habitación 237.
Finalmente, la tercera prueba (la más parecida al libro), nos permite ver una batalla entre un sinfín de avatares que nos son familiares (las tortugas ninja, el muñeco diabólico, un soldado de Starcraft...) con un objetivo común: impedir que los sixers se hagan con el huevo.
En definitiva, reducid al mínimo vuestro lado hater y entregaros al disfrute de una aventura que os hará vibrar y os mantendrá toda la película con una sonrisa y una cara de ilusión del niño que una vez fuisteis.

Imperator Caesar Cerverius


domingo, 18 de marzo de 2018

CÉSAR (PARTE III): EL DICTADOR


“Cuídate de los idus de marzo” cuenta la leyenda que le dijo un adivino a Julio César previniéndole del día de su muerte. Aviso que el romano desdeñó, confiado de su imbatibilidad. Quizá, si hubiese tomado las medidas oportunas, el mundo sería hoy muy diferente.
Acababa de iniciarse el año 49 a.C (según las cuentas de los romanos, año 710 desde la fundación de la ciudad). Pompeyo había sido nombrado cónsul sine collega (en solitario) y César había sido declarado enemigo público. Al conquistador de la Galia sólo le quedaban dos opciones: entregarse, con lo que sería juzgado, probablemente declarado culpable y desterrado, o revelarse. Revelarse contra una casta política que sentía envidia de sus éxitos y contra una situación que acabaría con su vida pública y echaría por tierra todos sus logros. Así, exhortó a la XIII legión a cruzar el Rubicón (río que estaba prohibido pasar con un ejército, ya que era una muestra de agresión hacia la República) y a marchar sobre Roma para proteger sus intereses. Fue entonces cuando pronunció la famosa frase “alea iacta est”, normalmente mal traducida como “la suerte está echada” y mejor como “que rueden los dados” (interpretado como un “veamos lo que nos depara la suerte”).
Al entrar en la península, Pompeyo y los optimates huyeron de Roma, ya que no tenían ninguna legión con la que hacerle frente. César les siguió hasta el puerto de Brundisium, pero no logró alcanzarles.
Antes de entrar en Roma, César movió su ejército hasta Hispania, donde derrotó a los pompeyanos en la batalla de Ilerda.
Ya con la retaguardia a salvo, llegó a Roma, y organizó políticamente la anarquía dejada por el vacío de poder. Fue elegido dictador y convocó las elecciones para cónsul, en las que fue elegido.
Con los asuntos de la ciudad resueltos, marchó a Grecia, donde el bando optimate se había hecho fuerte. Allí fue derrotado en la batalla de Dirraquium, pero Pompeyo no aprovechó para asestarle el golpe definitivo, cosa que lamentaría. Volvieron a enfrentarse en la batalla de Farsalia y, aun estando el ejército cesariano en desventaja numérica, consiguió aplastar a Pompeyo (aunque éste logró huir).
César persiguió a Pompeyo hasta Egipto, momento en el que conoció la noticia de la muerte de su rival. Ya allí, intervino en la política egipcia en detrimento de Ptolomeo XIII y a favor de Cleopatra, a la que consiguió situar en el trono.
Estando en oriente, se plantó en Asia Menor, y derrotó a Farnaces II, Rey del Ponto, y pronunció la famosa frase “vini, vidi, vinci” (llegué, vi y vencí).
En la Batalla de Tapso (África) venció a un reducto optimate que quedaba y volvió a Roma, donde celebró su deseado Triunfo.
En el Triunfo se encadenaron varios días de festejos y juegos, se repartió dinero y comida al pueblo, se celebraron cuatro desfiles y se produjo la ejecución de Vercingetorix, el caudillo galo que César venció en Alesia.
Fue nombrado dictador por un período de 10 años, pero aún tendría que volver a Hispania para derrotar a la última resistencia optimate y dar por cerrada, finalmente, esta guerra civil.
Sin oposición y con poder absoluto (acumuló los poderes de máxima institución religiosa, capacidad para proponer candidatos a las elecciones, comandante en jefe de todas las legiones, censor, potestad tribunicia, control sobre los juzgados...), fue declarado dictator perpetuus (de forma vitalicia) y empezó a organizar una gran campaña para conquistar Partia, rodear el Mar Caspio, invadir Dacia, con intención de volver por Germanía y la Galia. Pero esta gran empresa no llegaría a tener lugar.
El 15 de marzo del 44 a.C. en una sesión del Senado en la Curia Pompeya, César recibió 23 puñaladas por parte de senadores rivales. Ahí se escribió el punto final de la vida del mayor general romano que ha pasado a la historia.
Había sido flamen dialis (sacerdote especial de Júpiter), sobrevivió a un secuestro por parte de piratas (a los que terminó crucificando), fue Pontífice Máximo, reformó el calendario para corregir el desfase por años bisiestos, fue vencedor de la guerra de las Galias, llegando con sus legiones hasta Germania y Britania, al ser nombrado dictador aumentó el número de senadores, organizó el censo, concedió tierras a sus veteranos en los territorios conquistados (para que sirviesen como primera defensa frente a revueltas), reformó los edificios públicos, intervino en la actividad económica y en otro sinfín de ámbitos de gobierno.
Su muerte no tuvo el efecto esperado por sus enemigos. El pueblo amaba a César y tomó su cadáver para incinerarlo en una gran pira pública. Sus asesinos no recibieron el reconocimiento buscado, sino que fueron cayendo uno a uno, tarde o temprano.
El mundo había cambiado y la Reprública agonizaba. El Imperio ideado por César terminaría cristalizando en manos de su sobrino nieto, Octavio, que se convertiría en el primer emperador de Roma. Pero esa historia tiene otro protagonista.

Imperator Caesar Cerverius


Bibliografía:
MCCULLOUGH, C. (1990-2007). Serie - Masters of Rome.
PINA POLO, F. (1999). La Crisis de la República (133-44 a.C.)
www.mihistoriauniversal.com

También te puede interesar:
CÉSAR (PARTE I): EL CIUDADANO
CÉSAR (PARTE II): EL MILITAR

domingo, 11 de marzo de 2018

EL DÍA QUE ELLAS NOS TRAJERON LA IGUALDAD


El mundo ha cambiado...
...lo siento en el agua...
...lo siento en la tierra...
...lo huelo el aire.

Después del 8 de marzo de 2018, ya nada volverá a ser igual. El tsunami de mujeres que alzaron su voz, ya fuese en la huelga de 24 horas, la de 2 marcada por los sindicatos o acudiendo a las manifestaciones, fue un clamor que puede resumirse en una frase: BASTA YA. Basta ya de la desigualdad salarial del género femenino con respecto al masculino; basta ya del paupérrimo número de puestos directivos ocupados por mujeres; basta ya de ese machismo constante que va desde conversaciones incómodas, paternalismo innecesario, trato deferente y que llega, en último término, hasta la violencia de género.
El movimiento feminista debe ser gestionado por las mujeres, liderado por ellas y apoyado por los hombres. Apoyado no desde el punto de vista de “permitido” o “tolerado” sino como un hermanamiento para lograr una sociedad más justa e igualitaria. Los hombres deben ser los primeros en “parar los pies” a sus compañeros de género machistas y ganarles para la causa haciéndoles ver que su comportamiento es ridículo, antiguo y violento.
La convocatoria de la huelga, apolítica desde su germen, fue respondida de forma desigual desde las fuerzas que conviven en el parlamento.
El Gobierno y el Partido Popular intentaron ningunearla, haciendo ver que esos inventos eran cosas de cuatro gatos y que la mejor manera de luchar por la igualdad era que las mujeres siguieran acudiendo a su puesto de trabajo y lo desempeñasen con aún más esfuerzo. Ni siquiera la ministra de igualdad fue capaz de reaccionar y hacer honor a su puesto. El huracán morado les arrolló y, a día de hoy, todavía están intentando encontrarse en este nuevo mundo de igualdad.
Ciudadanos es otro que no quiso sumarse a este movimiento histórico. Alegando que era una convocatoria política y que diferían ideológicamente de ella, se quedaron al margen e intentaron vender como que ellos eran los que verdaderamente luchaban de forma activa por el feminismo. La aseveración de Albert Rivera de que ciudadanos es el partido que lidera la iniciativa feminista desde el punto de vista programático es algo tan ridículo como oportunista.
El PSOE se sumó a las dos horas propuestas por los sindicatos y se hizo cómplice de ese “quiero y no puedo” de UGT y CCOO. ¿Acaso el movimiento feminista sólo merecía dos horas? ¿Quizá el hecho de no ser ellos los convocantes hacía que no deseasen un éxito total de la jornada? ¿Es entonces la lucha por la igualdad una cuestión menor o inmerecedora de la atención total de los sindicatos?
Sea como fuere, el único de los cuatro grandes partidos que secundó sin ambages la huelga de 24 horas, tal y como la idearon sus organizadoras, fue Podemos. Y lo hizo desde un segundo plano, sin ánimo de eclipsar ni monopolizar nada. Simplemente se limitaron a secundarla y apoyarla. Entendieron que no les tocaba ser protagonistas sino actores secundarios en esa jornada tan importante.
El 9 de marzo España amaneció con un ambiente diferente. Un ambiente de igualdad conquistado por todas esas mujeres que alzaron su voz para defender lo que les pertenece por derecho propio. Y ahora que lo han conquistado, no se desprenderán de él así como así.

Imperator Caesar Cerverius


domingo, 11 de febrero de 2018

LA FUNDACIÓN


LA FUNDACIÓN
Autor: Oscar Cervera
Basado en los personajes de J.K. Rowling

El atardecer caía sobre un señorial caserón en el Valle de Godric. Los rayos de sol, los más cegadores del día, se filtraban por el cristal de una ventana formada por multitud de rombos. La luz inundaba un salón con sábanas cubriendo cuadros, armarios y sillones. Sólo una larga mesa y unas cuantas sillas quedaban al descubierto. Alrededor del tablero se sentaban siete personas. Tres mujeres y cuatro hombres. Se hallaban colocadas alternativamente, sin premeditación, fruto de la casualidad del orden en el que habían ido llegando. Aún quedaba una silla libre, en la cabecera de la mesa. El silencio en la sala hacía que la tensión fuese en aumento.
— ¡Ya que nos cita en su casa, podría tener la decencia de llegar puntual! —estalló uno de los hombres, rubio y de complexión recia.
— No seas insolente, Alastor —le increpó una de las mujeres mientras agarraba su bolso con fuerza—, sabes perfectamente que él hace años que no vive aquí. Además, estás en presencia de la ministra. ¡Comportate!
La ministra, mujer elegantemente vestida, hizo un gesto para quitarle importancia. Alastor bajó la cabeza avergonzado y balbuceó lo que pareció una disculpa.
— ¡Por todos los druidas! —se carcajeó otro de los hombres, maduro y con un estrambótico sombrero—. En todos los años que te conozco, Alastor Moody, jamás te he visto así de arrinconado.
— Y tú no te rías tanto y quítate ese gorro picudo, Elphias. Es de mala educación que lo lleves sentado a la mesa —volvió a increpar la misma mujer. Verdaderamente, Augusta Longbottom no se frenaba a la hora de enfrentarse a aurores, juristas o mortífagos.
Esta vez el que rió, aunque discretamente, fue otro de los individuos sentados a la mesa. Tenía más pinta de medio-gigante que de hombre. Lampiño y con cara aniñada, no paraba de mirar el gato medio-kneazle que tenía en el regazo y acariciaba la buena de la señora Figg.
— ¿Te gustan los kneazleHagrid? —preguntó la mujer con una sonrisa bonachona sin dejar de acariciar al felino.
— Oh, sí, me encantan todos los animales y bestias fantásticas, señora. Esas orejas y cola de león en su gato son geniales.
— Los crío yo misma, ¿sabes?
— Uno de esos puede venderse por hasta quinientos galeones de oro en el callejón Knockturn —intervino interesadamente el último hombre que todavía no había hablado. Joven, con americana chillona y camisa degrandes solapas, tenía una tez sudorosa aunque llevaban un buen rato sentados.
— Oh, no, no —respondió horrorizada la señora Figg—. Estos animales tienen que seguir unos minuciosos trámites de venta autorizada. Un gato con demasiada sangre kneazle podría ser peligroso.
— Me temo que el bueno de Mundungus no sería capaz de entenderte ni en un millón de años, Arabella —El que hablaba era el propio Dumbledore, que se había plantado en el dintel de la puerta, sin que nadie lo advirtiese, dejando a todos sorprendidos. Su alta figura de larga barba cana, se adueñó de la habitación—. Él tiene una filosofía más… materialista.
Dumbledore se acercó hasta la ministra y se inclinó para besarle la mano.
— Gracias por venir, ministra. Sé que está muy ocupada.
— Sólo me quedaré un momento —respondió la ministra de magia, Eugenia Jenkins—. Creo que esto es importante y requiere mi presencia.
— Bien, comencemos —dijo Dumbledore sentándose en la silla libre a la cabecera de la mesa—. Os he reunido a todos aquí porque creo que ha llegado el momento de intervenir. Los sucesos de los últimos meses se han vuelto intolerables: muggles enloquecidos, magos asesinados, artes oscuras a plena luz del día… Y, por último, el ataque al Ministerio de Magia —sentenció mirando a la ministra mientras ésta cabeceaba—. Tom ha ido demasiado lejos y hay que pararle.
— Bien dicho, director —aplaudió Augusta Longbottom—. Ese Voldemort y su pandilla de seguidores tienen que pudrirse en Azkaban.
— Por ello —continuó Dumbledore—, os he convocado para formar una alianza. Un grupo de acción, mejor dicho, que encuentre y detenga a Riddle y a sus mortífagos. Contamos con el apoyo del Ministerio de Magia —indicó con una mano a la ministra, que asentía—. Alastor, tú reclutarás, para la Orden, a un buen número de aurores que sean de confianza.
— ¿La Orden? —preguntó Moody con un gesto extraño en la cara.
— Sí. La Orden del Fénix. Así nos llamaremos —aclaró Dumbledore—. Mundungus, tú nos informarás de todo lo que escuches en los bajos fondos. Cualquier movimiento extraño que detectes.
El esperpéntico personaje fue a quejarse, pero Dumbledore le interrumpió.
— No quiero quejas. Ya sabes que te salvé de una buena aquella vez. Ahora te toca devolvérmela. Arabella —continuó inmediatamente sin dar oportunidad a Mundungus de replicar—, tú serás nuestro enlace con el mundo muggle. Si ves u oyes algo raro, ya sea en las noticias o en tu grupo de costura, nos lo dirás —la señora Figg asintió y siguió acariciando a su gato—. Elphias, tú trabajarás desde tu puesto de asistente en el Wizengamot para que los recursos jurídicos estén al día de las operaciones llevadas a cabo por la Orden.
 Claro, Albus —asumió Elphias Doge
— Hagrid —al medio-gigante se le iluminó la cara—, necesitaremos que contactes con tus parientes y les sondees para que intervengan a nuestro favor en la guerra que está por librarse.
— Desde luego, profesor. Cuente conmigo.
— Y, por último, Augusta… —empezó Dumbledore.
— No. Lo siento pero no, director —interrumpió la señora Longbottom—. Estoy de acuerdo con todo lo que se ha dicho y odio como la que más a ese tipejo que, por lo visto, ahora no se le puede nombrar. Pero soy una madre de familia. Mi querido esposo Neville no sabe freírse un huevo él solo, y mi pequeño Frank, al que tienes en Hogwarts, no sé qué sería de él si me pasase algo. Lo siento, pero es demasiado arriesgado.
— Lo sé, Augusta —terció condescendiente Dumbledore—, por eso tengo pensado algo diferente para ti. No pertenecerás a la Orden. Sólo estarás alerta, como Presidenta de la Asociación de Padres de Alumnos, por si la cosa se pone fea y hay que evacuar Hogwarts e informar a las familias. Serás… una aliada de la Orden, digámoslo así.
Augusta se retorció en su asiento.
— Mmmm… De acuerdo, director —aceptó finalmente—, si el mundo se viene abajo y los mortífagos toman el control, esos malnacidos se las verán conmigo.
— Bien, los roles están claros —dijo Dumbledore poniéndose de pie—. Si existe una urgencia, os mandaré mi patronus, un fénix, para avisaros. Hasta entonces, a trabajar por la Orden. ¡A trabajar por el Mundo Mágico!
Fue poner un pie en la calle, al salir de la mansión, y sentir Alastor cómo se le erizaba el vello de la nuca. Algo iba mal.
— ¡Alerta máxima! —gritó sacando su varita.
Dos rayos pasaron rozándole, uno a cada lado, hasta impactar en los dos aurores que estaban junto a la puerta esperando a la ministra. Éstos cayeron fulminados. Al levantar la vista, Moody vio a Rodolphus y Bellatrix Lestrange con las varitas en alto. Un instante después, empezaron a aparecerse más mortífagos junto al matrimonio. El experto auror se preparó para contraatacar, pero una voz le frenó.
— ¡Alastorproteje a la Ministra y a Arabella! —el grave tono de Dumbledore era difícil de desobedecer.
Inmediatamente, Moody planteó un hechizo defensivo y se puso delante de las dos mujeres. La señora Longbottom y Elphias Dodge también habían sacado sus varitas y lanzaban conjuros de ataque contra los mortífagos, pero los superaban en número. La risa estridente de Bellatrix era lo único que se escuchaba. Ni siquiera cesó cuando una bola de fuego, enviada desde el paraguas de Hagrid, casi le acertó.
El pequeño grupo de magos estaba en apuros. La señora Figg era una squib; a la ministra Jenkins, por seguridad, no le dejaban intervenir y permanecía parapetada tras el grueso cuerpo de MoodyHagrid y la señora Longbottomeran eran inexpertos y Dodge… bueno, siempre se le había dado mejor la teoría que la práctica. En lo referente a Mundungus, se había desaparecido en cuando había visto problemas. Dumbledore avanzó con tranquilidad hasta el espacio intermedio que los separaba con los mortífagos. Ningún rayo le impactó. Parecía que cualquier hechizo le repelía. Levantó en alto el brazo de la varita y, describiendo un amplio círculo, gritó.
¡Incendio!
Un aro de fuego se materializó, dejando a los miembros de la orden dentro y a los mortífagos fuera.
— Rápido. Desapareceos —apremió Dumbledore.
Uno a uno, cada mago fue volatilizándose. Augusta cogió de la mano a Arabella y se desapareció con ella. Cuando sólo faltaba Dumbledore, que aún mantenía el anillo de fuego, se desintegró dejando una nube de polvo que en la que se distinguió durante unos segundos su silueta.
El caserón había quedado destrozado. En parte por los rayos lanzados por los mortífagos y en parte fruto de las llamas del encantamiento de su propio dueño. Pero lo que le preocupaba a Dumbledore era cómo se habían enterado de la reunión. Pondría la mano en el fuego por cada uno de los que estaban allí. Incluso por la sabandija de Mundungus. La única explicación era el Ministerio. Había un topo en la mismísima oficina de la ministra Jenkins.
La Orden del Fénix acababa de fundarse y ya habían tenido la primera de las escaramuzas. Y Dumbledore sabía que aún quedaban muchas más por librarse. Demasiadas.

Imperator Caesar Cerverius