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domingo, 18 de marzo de 2018

CÉSAR (PARTE III): EL DICTADOR


“Cuídate de los idus de marzo” cuenta la leyenda que le dijo un adivino a Julio César previniéndole del día de su muerte. Aviso que el romano desdeñó, confiado de su imbatibilidad. Quizá, si hubiese tomado las medidas oportunas, el mundo sería hoy muy diferente.
Acababa de iniciarse el año 49 a.C (según las cuentas de los romanos, año 710 desde la fundación de la ciudad). Pompeyo había sido nombrado cónsul sine collega (en solitario) y César había sido declarado enemigo público. Al conquistador de la Galia sólo le quedaban dos opciones: entregarse, con lo que sería juzgado, probablemente declarado culpable y desterrado, o revelarse. Revelarse contra una casta política que sentía envidia de sus éxitos y contra una situación que acabaría con su vida pública y echaría por tierra todos sus logros. Así, exhortó a la XIII legión a cruzar el Rubicón (río que estaba prohibido pasar con un ejército, ya que era una muestra de agresión hacia la República) y a marchar sobre Roma para proteger sus intereses. Fue entonces cuando pronunció la famosa frase “alea iacta est”, normalmente mal traducida como “la suerte está echada” y mejor como “que rueden los dados” (interpretado como un “veamos lo que nos depara la suerte”).
Al entrar en la península, Pompeyo y los optimates huyeron de Roma, ya que no tenían ninguna legión con la que hacerle frente. César les siguió hasta el puerto de Brundisium, pero no logró alcanzarles.
Antes de entrar en Roma, César movió su ejército hasta Hispania, donde derrotó a los pompeyanos en la batalla de Ilerda.
Ya con la retaguardia a salvo, llegó a Roma, y organizó políticamente la anarquía dejada por el vacío de poder. Fue elegido dictador y convocó las elecciones para cónsul, en las que fue elegido.
Con los asuntos de la ciudad resueltos, marchó a Grecia, donde el bando optimate se había hecho fuerte. Allí fue derrotado en la batalla de Dirraquium, pero Pompeyo no aprovechó para asestarle el golpe definitivo, cosa que lamentaría. Volvieron a enfrentarse en la batalla de Farsalia y, aun estando el ejército cesariano en desventaja numérica, consiguió aplastar a Pompeyo (aunque éste logró huir).
César persiguió a Pompeyo hasta Egipto, momento en el que conoció la noticia de la muerte de su rival. Ya allí, intervino en la política egipcia en detrimento de Ptolomeo XIII y a favor de Cleopatra, a la que consiguió situar en el trono.
Estando en oriente, se plantó en Asia Menor, y derrotó a Farnaces II, Rey del Ponto, y pronunció la famosa frase “vini, vidi, vinci” (llegué, vi y vencí).
En la Batalla de Tapso (África) venció a un reducto optimate que quedaba y volvió a Roma, donde celebró su deseado Triunfo.
En el Triunfo se encadenaron varios días de festejos y juegos, se repartió dinero y comida al pueblo, se celebraron cuatro desfiles y se produjo la ejecución de Vercingetorix, el caudillo galo que César venció en Alesia.
Fue nombrado dictador por un período de 10 años, pero aún tendría que volver a Hispania para derrotar a la última resistencia optimate y dar por cerrada, finalmente, esta guerra civil.
Sin oposición y con poder absoluto (acumuló los poderes de máxima institución religiosa, capacidad para proponer candidatos a las elecciones, comandante en jefe de todas las legiones, censor, potestad tribunicia, control sobre los juzgados...), fue declarado dictator perpetuus (de forma vitalicia) y empezó a organizar una gran campaña para conquistar Partia, rodear el Mar Caspio, invadir Dacia, con intención de volver por Germanía y la Galia. Pero esta gran empresa no llegaría a tener lugar.
El 15 de marzo del 44 a.C. en una sesión del Senado en la Curia Pompeya, César recibió 23 puñaladas por parte de senadores rivales. Ahí se escribió el punto final de la vida del mayor general romano que ha pasado a la historia.
Había sido flamen dialis (sacerdote especial de Júpiter), sobrevivió a un secuestro por parte de piratas (a los que terminó crucificando), fue Pontífice Máximo, reformó el calendario para corregir el desfase por años bisiestos, fue vencedor de la guerra de las Galias, llegando con sus legiones hasta Germania y Britania, al ser nombrado dictador aumentó el número de senadores, organizó el censo, concedió tierras a sus veteranos en los territorios conquistados (para que sirviesen como primera defensa frente a revueltas), reformó los edificios públicos, intervino en la actividad económica y en otro sinfín de ámbitos de gobierno.
Su muerte no tuvo el efecto esperado por sus enemigos. El pueblo amaba a César y tomó su cadáver para incinerarlo en una gran pira pública. Sus asesinos no recibieron el reconocimiento buscado, sino que fueron cayendo uno a uno, tarde o temprano.
El mundo había cambiado y la Reprública agonizaba. El Imperio ideado por César terminaría cristalizando en manos de su sobrino nieto, Octavio, que se convertiría en el primer emperador de Roma. Pero esa historia tiene otro protagonista.

Imperator Caesar Cerverius


Bibliografía:
MCCULLOUGH, C. (1990-2007). Serie - Masters of Rome.
PINA POLO, F. (1999). La Crisis de la República (133-44 a.C.)
www.mihistoriauniversal.com

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domingo, 9 de octubre de 2016

CÉSAR (PARTE II): EL MILITAR



Y César marchó a las Galias. Con un mandato de cinco años y con sus aliados políticos, Craso y Pompeyo, cuidando de sus intereses en Roma, pudo despreocuparse y centrarse en gobernar sus provincias.

Por supuesto, César no se limitó a administrar las regiones bajo su mando, sino que buscó el medio de guerrear contra las tribus vecinas.

Dos eran las razones de César para hacer la guerra: buscar la gloria militar y obtener un suculento botín con el que pagar sus enormes deudas.

El movimiento migratorio del pueblo helvecio, que pretendía instalarse al oeste de la Galia, le brindó a César el casus belli perfecto para plantar batalla. Con la excusa de que se acercaban demasiado a territorio romano y ponía en riesgo su seguridad, César luchó y venció.

Tras esta campaña, se sucedieron otras batallas contra diferentes tribus galas a lo largo de sus cinco años de gobierno.

César aprovechó las rencillas entre tribus y venció uno a uno a sus enemigos. Aunque también aplicó la diplomacia y buscó la alianza con otros pueblos.

Con más legiones de las autorizadas por el Senado, César pagó de su propio bolsillo el número de soldados que él creyó necesarios para llevar a cabo sus campañas.

En su periplo por la Galia, el ejército de César llegó hasta Germania (sin intención de invadirla) e incluso cruzó el Canal de la Mancha hasta Britania. Para conseguir esta proeza, no tuvo sino que pasar por un sinfín de dificultades, ya que las bravas aguas atlánticas distaban mucho de las mediterráneas.

Las noticias de las victorias de César pronto llegaron a Roma, haciéndole muy popular entre el pueblo. Pompeyo temió verse eclipsado por su aliado. Alentado por los optimates (el sector más conservador del Senado), empezó a recelar de él. Ésto, unido a la mala relación entre Craso y Pompeyo, hizo que la alianza política de los tres se tambalease.

César convocó una reunión en Lucca para renovar sus lazos de amistad. De esta reunión salieron dos acuerdos:
1) - El mandato de César sería renovado por otros cinco años.
2) - Pompeyo y Craso se presentarían conjuntamente al consulado el siguiente año.

A su vuelta a la Galia, César comenzó a encontrarse con problemas. Un caudillo galo llamado Vercingetorix había conseguido unir a varias tribus y prometía presentar batalla.
Esa guerra fue larga y dura, aunque César terminó venciendo en el sitio de Alesia, donde Vercingetorix fue capturado y el ejército galo disuelto. Toda la Galia se encontraba bajo control romano.

Por su parte, Craso y Pompeyo habían sido elegidos cónsules y, tras su año de gobierno, se repartieron las provincias de Hispania para Pompeyo (que administró desde Roma a través de legados) y Siria para Craso.

A Marco Licinio Craso, considerado el hombre más rico de Roma, le faltaba un Triunfo para bordar su carrera militar. Había llevado con éxito, años antes, la campaña contra Espartaco pero, al tratarse de una guerra contra esclavos, se le había privado del añorado Triunfo, la máxima distinción que todo general romano aspiraba a conseguir. Por esta razón se lanzó a una guerra suicida contra el Imperio Parto y encontró su muerte en la batalla de Carrhae. De este incidente proviene el famoso dicho "craso error". Error por partir a toda prisa a su provincia (ni siquiera acabó en Roma su año como cónsul), error por montar una campaña sin apenas planificación, y error por iniciar una guerra contra una nación sin provocación alguna.

Julia, hija de César y esposa de Pompeyo, falleció intentando dar a luz a su único hijo. Los últimos lazos de la alianza política entre César, Craso y Pompeyo se habían roto.

El Senado, en connivencia con Pompeyo, exigió a César que renunciase a sus legiones y volviese a Roma para enfrentarse a una acusación por guerra ilegal.

César intentó presentarse al consulado in absentia (sin entrar en la ciudad), pero no se le permitió. Intentó negociar quedarse un año más como gobernador de Iliria, con una sola legión a su mando, para mantener su inmunidad jurídica, e incluso propuso renunciar a todas sus legiones con la condición de que Pompeyo también lo hiciese. Todo fue desestimado por parte del Senado, que pretendía declararle enemigo público.

Cesar se sintió arrinconado y, como la bestia que era, fue lo más peligroso que pudieron hacerle. Pero eso da para otro artículo.

Terminará...

                                                                                                                     Imperator Caesar Cerverius








Bibliografía:
MCCULLOUGH, C. (1990-2007). Serie - Masters of Rome.

PINA POLO, F. (1999). La Crisis de la República (133-44 a.C.)

jueves, 21 de abril de 2016

CÉSAR (PARTE I): EL CIUDADANO


Y llegó el año 100 a.C, un año redondo (para nosotros). 653 desde la fundación de Roma. Ese año nació Cayo Julio César.
Su padre (con el mismo nombre), que llegó al cargo de pretor, murió en batalla cuando César era joven. Su madre Aurelia, de los Cota, poseía una ínsula (una manzana de residencias) en el pobre barrio del Subura. Así, César creció rodeado de gentes de muy diferente estopa.
La hermana de su padre se había casado con Cayo Mario, siete veces cónsul, vencedor de los Cimbrios y los Teutones, y nombrado Tercer Fundador de Roma. Su figura le marcó enormemente.
A los 16 años fue prometido a Cornelia, hija Lucio Cornelio Cinna (colega de Mario), y nombrado flamen dialis, sacerdote especial de Júpiter. El puesto, aunque prestigioso, acarreaba una serie de requerimientos que cortaban de raíz cualquier posible carrera militar: no tocar a ningún muerto, no posar la mirada en un ejército armado, no montar a caballo, no pasar la noche fuera de Roma, no acceder al consulado...
Tras la guerra civil que acabó encumbrando a Sila, éste quiso obligar a César a divorciarse de Cornelia, la hija de su rival. César no aceptó, lo que le costó que se pusiese precio a su cabeza. El joven flamen dialis tuvo que exiliarse para evitar que le matasen. La mediación de Aurelia, su familia y el Pontifex Máximus fue clave para que el dictador ofreciese el perdón a César; pero tuvo que renunciar al sacerdocio. Sin saberlo, Sila le concedió el mayor favor que podía hacerle.
Libre de sus cargas religiosas, César pudo iniciar su carrera militar, imprescindible para medrar políticamente en Roma.
Sirviendo como tribuno en Asia, bajo las órdenes de Marco Minucio Termo, visitó la corte del Rey Nicomedes IV de Bitinia, trabando gran amistad con él. De este viaje los enemigos políticos de César crearon la leyenda de que había habido una relación homosexual entre los dos. Incluso crearon el sobrenombre de "Reina de Bitinia" para él. César no se libró en toda su vida de este rumor, que le persiguió con toda la carga peyorativa que conlleva.
En la batalla de Mitilene (todavía en Asia) fue condecorado con la corona cívica por su bravura y arrojo en la toma de las murallas de la ciudad. La concesión de la corona le proporcionó, gracias a las leyes aprobadas por Sila, un asiento en el Senado.
A su vuelta a Roma, ejerció durante un tiempo como abogado y, después, se embarcó rumbo a Rodas para estudiar retórica y oratoria. Este viaje lo hizo como privatus (hombre civil, sin encargo político ni militar por parte del Senado).
Durante su regreso fue secuestrado por unos piratas cilicios, que pidieron un rescate por él. La isla de Rodas adelantó el dinero y, al quedar libre, César lideró una flota para apresarles. Aún sin autorización del Senado y ante la pasividad del gobernador de la provincia, César los hizo crucificar.
Cuando murió su tío, Cayo Aurelio Cota, le sustituyó como pontífice.
A lo largo de los años, fue cuestor en Hispania, edil curul (mandato en el que se endeudó enormemente para pagar diversos festejos para el pueblo) y pretor urbanus (el más votado de todos los pretores elegidos). Todas las magistraturas las desempeñó in suo anno (en el año que le tocaba por su edad), un hecho que no siempre se daba y de lo que podía sentirse orgulloso.
Además, a la muerte del Pontifex Maximus (líder del Colegio Pontificio), César fue elegido para sucederle, lo que le proporcionó una residencia oficial, la Domus Publica, y se convirtió en el paterfamilias de las vírgenes vestales que la habitaban.
Durante una festividad a la Bona Dea, sólo apta para mujeres, un joven alborotador llamado Clodio se coló en la Domus. Al ser descubierto, fue expulsado y se armó un gran escándalo. Se consideró un sacrilegio y todo el mundo supuso que su objetivo era yacer con Pompeya, nieta de Sila y segunda mujer de César (Cornelia había muerto años antes). Poco después, César se divorció de ella, aunque no estaba claro que Pompeya tuviera algo que ver con el asunto. Y de ahí viene la famosa frase:
"La mujer de César no sólo debe ser honrada; además debe parecerlo"
Aún volvería a casarse una vez más, con Calpurnia, de los Pisón. Otro matrimonio de conveniencia. Si bien es sabido que César fue un mujeriego, acostándose con las esposas de sus enemigos políticos, sí que hubo un verdadero amor en su vida: Servilia, de los Cepión; hermanastra del optimate Marco Porcio Catón.
Tras su año como pretor urbanus, ejerció como gobernador en Hispania, donde guerreó contra la tribu de los lusitanos.
Fue proclamado Imperator en el campo de batalla por sus legiones, lo que le daba derecho a celebrar un Triunfo a su regreso a Roma. Sus enemigos políticos le obligaron a elegir entre el Triunfo (la celebración más gloriosa a la que podía aspirar un general) o presentarse al consulado. Ante la sorpresa de todos, César se decantó por la candidatura al consulado (que, por supuesto, ganó), argumentando que él estaba llamado a celebrar otros Triunfos a lo largo de su vida.
Durante los últimos años había creado una alianza política con Cneo Pompeyo Magnus, el general con mayor estrella de ese momento, y Marco Licinio Craso, el hombre más rico de Roma. Con ellos pactó algunas medidas populares, la concesión de tierras para legionarios veteranos y repartirse, entre los tres, el gobierno de provincias por una duración mayor a un año (como era lo habitual).
De esta forma, tras su año como cónsul, César recibió el gobierno de La Galia Transalpina e Iliria por una duración de cinco años. Como el gobernador de La Galia Cisalpina murió, ésta se sumó a las otras dos provincias. Y es allí, en La Galia, donde Cayo Julio César forjaría su leyenda. Pero eso da para otro artículo.

Continuará.

Imperator Caesar Cerverius

Bibliografía:
MCCULLOUGH, C. (1990-2007). Serie - Masters of Rome.
PINA POLO, F. (1999). La Crisis de la República (133-44 a.C.)

viernes, 19 de febrero de 2016

IMPERATOR CAESAR...


"Locura y grandeza son dos caras de la misma moneda y, cada vez que un Targaryen nace, los dioses lanzan la moneda al aire y el mundo aguanta la respiración para ver de qué lado caerá".
Los lectores de la saga épica "Canción de hielo y fuego" conocerán bien esta leyenda. Los emperadores romanos podrían haber seguido el mismo sistema.
Tras la muerte de Julio César, las aguas volvieron a su cauce (en cuanto a gobernación se refiere) en Roma. Pero el mundo había cambiado y ya no valían las mismas reglas.
Poco tiempo después, Marco Antonio, Marco Emilio Lépido y Cayo Octavio (sobrino nieto de César y su heredero e hijo adoptivo a título póstumo) formaron un pacto por el que establecían una nueva forma de gobierno, el Triunvirato, por el cual la República quedaba dividida en tres partes, siendo gobernadas por cada triunviro independientemente.
Años más tarde, con Lépido ya fuera de escena, las rencillas personales entre Marco Antonio y Cayo Octavio derivaron en una guerra civil que terminó con el heredero de César como vencedor.
Como único gobernante, César Octavio (que era como se le conocía por aquel entonces) recibió del Senado el título de "Augusto" y se le instó a tomar las riendas de la Nación. Fue así como nació el Imperio.
El título que hoy conocemos como "Emperador" es una denominación moderna a una figura que acumuló varias funciones de la época republicana. Las más importantes fueron: poseer imperium maius (Comandante en Jefe del Ejército), asumir la tribuni potestas (poder de los tribunos de la plebe y capacidad para juzgar), ser elegido Pontifex Maximus (máxima autoridad religiosa) y Princeps Senatus (líder del Senado).
No obstante, se siguieron eligiendo el resto de las magistraturas, pudiendo el emperador ejercer el consulado voluntariamente.
Aún así, la conversión en Imperio no fue una vuelta a la monarquía (anterior a la República). El título no era hereditario. Por lo general, el emperador designaba a su sucesor, pero el nombramiento debía ser ratificado por el Senado.
Desde la asunción del puesto por parte de César Octavio, hasta la caída del Imperio Romano de Occidente, en el 473 d.C, se sucedieron un buen número de emperadores. Los cinco primeros fueron adoptados por sus predecesores. Por ello el nombre de "César" fue arrastrándose de emperador en emperador, de padre a hijo.
Tras la muerte de Nerón, sin sucesor designado, el Imperio entró en una guerra civil, en lo que se conoce como "el año de los cuatro emperadores". Vespasiano, que salió triunfante, fue el primero en utilizar el nombre de "César" ligado al título. El término Imperator hacía referencia al poseedor del imperium (el mando militar).
Tal cantidad de poderes concentrados en una misma persona podían hacer prosperar al Imperio, en el caso de gobernantes capaces, como el periodo de "los cinco buenos emperadores" (Nerva, Trajano, Adriano, Antonino Pio y Marco Aurelio), o ser algo muy peligroso si caía en manos como Nerón, Calígula o Domiciano que, según las fuentes clásicas, abusaron del poder y llevaron a cabo tremendas fechorías.
Tras la muerte de Alejandro Severo, último emperador "político", sobrevino lo que se conoce como "la crisis del siglo III". Luchas de poder entre los generales de las legiones en la búsqueda de llegar a la dirección del Imperio. De esta forma se sucedió un periodo en que ningún emperador duró más de año y medio en el puesto.
Todo se estabilizó en el 284 d.C. con la llegada de Diocleciano al poder. Por aquel entonces, el Imperio era una bestia inmensa, difícil de gobernar. Diocleciano plantó el germen de lo que luego sería la división entre oriente y occidente. Creó un nuevo sistema de gobierno, la "Tetrarquía", partiendo el territorio en dos y nombrando un co-emperador. Cada emperador designó, a su vez, a un sucesor y le encomendó tareas de gobierno. De esta forma, se mantuvo el título de "Augusto" para los dos emperadores y "César" para los dos sucesores.
El Imperio se dividió definitivamente en el 395 d.C.
Tras un siglo sin conflictos en las fronteras y la consecuente falta de experiencia de las legiones, movimientos migratorios que venían del norte hicieron que los límites del Imperio se rompiesen y que los visigodos y los vándalos llegasen a Roma, saqueándola y estableciéndose en territorios imperiales.
En el 473, el jefe hérulo, Odoaco, depuso a Rómulo Augústulo, último emperador de Occidente.
El Imperio Romano de Oriente (rebautizado como Imperio Bizantino) aguantaría hasta el 1453, con la toma de Constantinopla por parte del Imperio Otomano.
Con la caída de Roma y la deposición de Rómulo Augústulo acabaría la historia, de más de 1200 años, en que una pequeña ciudad, nacida a orillas de una ciénaga, dominó el mundo conocido.

Imperator Caesar Cerverius







Bibliografía:
GIBBON, E. (1776-1788). Historia de la decadencia y caída del Imperio romano.
MCCULLOUGH, C. (2002). El caballo de César.
MCCULLOUGH, C. (2007). Antonio y Cleopatra.
SUETONIO (121). Vidas de los doce Césares.

sábado, 30 de enero de 2016

TRIBUNI AD TUENDAM PLEBEM


“En  aquellos  tiempos,  habiéndose  separado  la  plebe  de  los  patricios, cerca  del  año  decimoséptimo  después  de  la  expulsión  de  los  reyes,  la  plebe  creó para  sí  unos  tribunos  en  el  Monte  Sacro  que  fuesen  magistrados  plebeyos. Denominado  Tribunos  porque,  en  otro  tiempo,  el  pueblo  estaba  dividido  en  tres partes  y  se  nombraba  uno  por  cada  una,  o  también  porque  eran  nombrados  por sufragios  de  las tribus…"


Existió, en la antigua República de Roma, una magistratura que se desempeñaba fuera del cursus honorum (la carrera política que la élite romana aspiraba a conseguir). Era el Tribunado de la Plebe.
Nació con objeto de salvaguardar los derechos y libertades de los plebeyos.
Los tribunos eran diez y resultaban elegidos por la Asamblea de la Plebe (Comitia Plebis) para el transcurso de un año. Su área de acción estaba restringida al pomerium, los límites sagrados de la ciudad de Roma.
La única condición para acceder al cargo era ser plebeyo. Los patricios estaban excluidos.
Algunos autores no consideran el Tribunado de la Plebe como una magistratura por estar controlada sólo por la sociedad plebeya pero, el hecho de que el patriciado aceptase el cargo con sus poderes, hace que se la pueda considerar de pleno derecho.
La figura del tribuno era sagrada y no se le podía hacer daño (Sacrosanctitas).
Tenía capacidad para vetar a cualquier magistrado, incluso a sus colegas de Tribunado, si creía que se iba a perjudicar a la plebe (ius auxilii), por lo que era una figura con bastante poder.
Si bien los tribunos podían entorpecer y dificultar mucho la actividad legislativa no deseada, la realidad es que solían actuar en consonancia con el Senado.
El Tribunado era el trampolín para acceder al Senado de muchos plebeyos sin recursos para hacer un cursus honorum completo, de forma que, normalmente, les interesaba no causar muchos problemas a los senadores que después serían sus colegas.
Desde el año 133 a.C, fecha en la que en Roma comienza un periodo de violencia, el Tribunado de la Plebe fue un foco de problemas para la aristocracia senatorial. Los políticos populares (el equivalente a los progresistas de hoy*) se apoyaron en los tribunos para sacar adelante leyes que, en principio, vendían como beneficiosas para el pueblo. En contra, estaban las políticas conservadoras de los optimates.
Con la dictadura de Sila, el poder de los tribunos de la plebe fue recortado, entre otras cosas, limitando su derecho a veto y acotando su servicio público a ese cargo. Con esta modificación, la magistratura sería el fin de su carrera política, en vez del principio (como muchos utilizaban).
Las competencias retiradas por Sila fueron restablecidas, parcialmente, años más tarde, en el consulado de Aurelio Cota, y completamente en el de Pompeyo y Craso.
Como en otras magistraturas, en el Tribunado de la Plebe hubo personajes que sobresalieron sobre sus compañeros y pasaron a la posteridad.
Lucio Apuleyo Saturnino, tras repetir en el cargo, intentó ser investido gobernante y controlar Roma desde la Asamblea de la Plebe.
Marco Livio Druso quiso conceder a los aliados itálicos de Roma la ciudadanía romana (un status que concedía muchos derechos). Su fracaso desencadenó en la Socii Bellum (mal denominada "Guerra Social" y mejor "Guerra de los Aliados").
Tiberio y Cayo Sempronio Graco (hermanos) legislaron para hacer una reforma agrícola de reparto de tierras. Con el tribunado de Tiberio comienza el periodo violento del que hablábamos.
Todos estos tribunos tienen una cosa en común: murieron asesinados durante su mandato.
Con el nacimiento del Imperio, la potestad tribunicia (Tribuni Potestas) fue asumida por el emperador y, aunque el cargo siguió existiendo, perdió relevancia. Con ello, se puso fin a casi 500 años de magistratura en la que se veló (en teoría) por los intereses de la plebe.


* Si bien los políticos populares distaban mucho de ser progresistas (en realidad también eran conservadores, como los optimates), es un buen ejemplo para contemporizar y hacernos una idea de la diferencia y rivalidad entre estos dos grupos políticos. En realidad eran políticos que legislaron leyes para el pueblo y se apoyaron en las asambleas para sacar adelante sus intereses.


Imperator Caesar Cerverius






Bibliografía:
MCCULLOUGH, C. (1990-2007). Serie - Masters of Rome.
PÉREZ RIBAS, A. (2013). El Tribunado de la Plebe. Origen, evolución y funciones.
PINA POLO, F. (1999). La Crisis de la República (133-44 a.C.)

viernes, 15 de enero de 2016

DICTATOR REI GERUNDAE CAUSA


Pongámonos en situación: Aníbal, Comandante en Jefe del ejército cartaginés cruza los Alpes proveniente desde Hispania, llegando hasta la Península Itálica y, con un gran contingente, derrota a varios cónsules enviados para hacerle frente y masacra una numerosa cantidad de legiones. Avanzando, llega hasta Roma, donde la población grita aterrorizada la famosa frase "Hannibal ad portas" (Aníbal a las puertas). En ese momento de crisis, el Senado Romano se reúne y toma la decisión de recurrir a una magistratura excepcional, la dictadura.*
La verdad es que, si bien la dictadura se creó para momentos de extrema necesidad, fue utilizada en un buen número de ocasiones. Durante casi 500 años de existencia de la República, se recurrió a esta magistratura especial unas 90 veces. La mayoría de ellas en virtud de una Rei Gerundae Causa (para llevar a cabo una guerra) pero otras veces para sofocar una rebelión, para convocar unos comicios o para cumplir con algún rito religioso.
El dictador era nombrado por uno de los cónsules, a instancia del Senado. En ese momento, recibía una serie de poderes extraordinarios que le permitiesen acabar "como fuese" con el estado de emergencia creado. Entre esos poderes estaba el mando supremo del ejército, la capacidad de realizar cualquier iniciativa sin consultar al Senado o al Pueblo, y la posibilidad de juzgar y castigar a alguien sin opción a apelación.
El puesto llevaba incorporado el cargo de magister populi, general de infantería, y la potestad de nombrar al magister equitum, su segundo al mando, para comandar la caballería.
Al dictador le acompañaba una camarilla de 24 lictores (una especie de escoltas que le abrían el paso y garantizaban el orden público), el doble que a los cónsules.
El poder exagerado que acumulaba en su persona el dictador venía compensado con la brevedad del cargo. El tiempo máximo para desempeñar la magistratura era de 6 meses.
La magistratura no estaba asociada a un sentimiento tiránico. Por lo general, los ciudadanos que desempeñaron el cargo realizaron con éxito su labor, pasando algunos a la historia y siendo recordados por su patriotismo.
Cabe destacar, dentro de la larga lista, a Tito Larcio Flavo, primer dictador de la República, que fue investido para solucionar la rebelión de los plebeyos al negarse a ser reclutados para las legiones; a Quinto Marcio Cincinato, que le llegó la petición cuando estaba arando sus campos, y que venció a los ecuos y los volscos cuando pretendían invadir Roma; y a Marco Furio Camilo, que fue dictador en cinco ocasiones, conquistando la ciudad de Veyes, luchando contra varios enemigos de la República y rechazando a los galos que saquearon Roma. Tras su labor, el pueblo le reconoció su gran valor y le nombró "Segundo fundador de Roma".
Tras la Segunda Guerra Púnica, la magistratura cayó en desuso, quizá por el miedo a que alguien abusase de ella y se convirtiese en tirano. En momentos de emergencia se recurrió al Senatus Consultum Ultimum, un decreto que declaraba el estado de excepción y ampliaba el poder de los cónsules.
Y entonces... llegó Sila. Tras una guerra civil y vencer al rey Mitridates del Ponto, entró con sus legiones en Roma y se hizo proclamar dictador.
Bajo la misión de traer la estabilidad a la República y realizar una amplia reforma legislativa, Lucio Cornelio Sila fue investido dictador "sin límite de tiempo".
Sila llegó con el fantasma de la tiranía bajo el brazo. Reformó las leyes y se restableció el orden, pero todo eso vino acompañado de proscripciones, confiscaciones y ejecuciones de sus enemigos.
Tras dos años y medio, y frente al estupor de sus contemporáneos, renunció a su puesto y se retiró a una villa, donde no tardó en morir.
La institución fue abolida en el 44 a.C. por Marco Antonio pero, antes de eso, aún iba a ser desempeñada una última vez. No obstante, creo que "el más grande romano que jamás ha existido" (como le catalogan algunos, un servidor incluido) se merece un artículo entero. Me refiero, por supuesto, a Cayo Julio César.


* Ésta es una licencia narrativa que me tomo para transmitir el sentimiento de "emergencia". En realidad, cuando Aníbal llegó a las puertas de Roma, no se nombró ningún dictador (aunque sí que se recurrió a la magistratura durante esa guerra).

                                                                                                                 Imperator Caesar Cerverius













Bibliografía:
MCCULLOUGH, C. (1993). Favoritos de la Fortuna.

NEGRETE, J. (2011). Roma Victoriosa.

PINA POLO, F. (1999). La crisis de la República (133-44 a.C.)

POSTEGUILLO, S. (2008). Africanus, el hijo del cónsul.