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jueves, 21 de abril de 2016

CÉSAR (PARTE I): EL CIUDADANO


Y llegó el año 100 a.C, un año redondo (para nosotros). 653 desde la fundación de Roma. Ese año nació Cayo Julio César.
Su padre (con el mismo nombre), que llegó al cargo de pretor, murió en batalla cuando César era joven. Su madre Aurelia, de los Cota, poseía una ínsula (una manzana de residencias) en el pobre barrio del Subura. Así, César creció rodeado de gentes de muy diferente estopa.
La hermana de su padre se había casado con Cayo Mario, siete veces cónsul, vencedor de los Cimbrios y los Teutones, y nombrado Tercer Fundador de Roma. Su figura le marcó enormemente.
A los 16 años fue prometido a Cornelia, hija Lucio Cornelio Cinna (colega de Mario), y nombrado flamen dialis, sacerdote especial de Júpiter. El puesto, aunque prestigioso, acarreaba una serie de requerimientos que cortaban de raíz cualquier posible carrera militar: no tocar a ningún muerto, no posar la mirada en un ejército armado, no montar a caballo, no pasar la noche fuera de Roma, no acceder al consulado...
Tras la guerra civil que acabó encumbrando a Sila, éste quiso obligar a César a divorciarse de Cornelia, la hija de su rival. César no aceptó, lo que le costó que se pusiese precio a su cabeza. El joven flamen dialis tuvo que exiliarse para evitar que le matasen. La mediación de Aurelia, su familia y el Pontifex Máximus fue clave para que el dictador ofreciese el perdón a César; pero tuvo que renunciar al sacerdocio. Sin saberlo, Sila le concedió el mayor favor que podía hacerle.
Libre de sus cargas religiosas, César pudo iniciar su carrera militar, imprescindible para medrar políticamente en Roma.
Sirviendo como tribuno en Asia, bajo las órdenes de Marco Minucio Termo, visitó la corte del Rey Nicomedes IV de Bitinia, trabando gran amistad con él. De este viaje los enemigos políticos de César crearon la leyenda de que había habido una relación homosexual entre los dos. Incluso crearon el sobrenombre de "Reina de Bitinia" para él. César no se libró en toda su vida de este rumor, que le persiguió con toda la carga peyorativa que conlleva.
En la batalla de Mitilene (todavía en Asia) fue condecorado con la corona cívica por su bravura y arrojo en la toma de las murallas de la ciudad. La concesión de la corona le proporcionó, gracias a las leyes aprobadas por Sila, un asiento en el Senado.
A su vuelta a Roma, ejerció durante un tiempo como abogado y, después, se embarcó rumbo a Rodas para estudiar retórica y oratoria. Este viaje lo hizo como privatus (hombre civil, sin encargo político ni militar por parte del Senado).
Durante su regreso fue secuestrado por unos piratas cilicios, que pidieron un rescate por él. La isla de Rodas adelantó el dinero y, al quedar libre, César lideró una flota para apresarles. Aún sin autorización del Senado y ante la pasividad del gobernador de la provincia, César los hizo crucificar.
Cuando murió su tío, Cayo Aurelio Cota, le sustituyó como pontífice.
A lo largo de los años, fue cuestor en Hispania, edil curul (mandato en el que se endeudó enormemente para pagar diversos festejos para el pueblo) y pretor urbanus (el más votado de todos los pretores elegidos). Todas las magistraturas las desempeñó in suo anno (en el año que le tocaba por su edad), un hecho que no siempre se daba y de lo que podía sentirse orgulloso.
Además, a la muerte del Pontifex Maximus (líder del Colegio Pontificio), César fue elegido para sucederle, lo que le proporcionó una residencia oficial, la Domus Publica, y se convirtió en el paterfamilias de las vírgenes vestales que la habitaban.
Durante una festividad a la Bona Dea, sólo apta para mujeres, un joven alborotador llamado Clodio se coló en la Domus. Al ser descubierto, fue expulsado y se armó un gran escándalo. Se consideró un sacrilegio y todo el mundo supuso que su objetivo era yacer con Pompeya, nieta de Sila y segunda mujer de César (Cornelia había muerto años antes). Poco después, César se divorció de ella, aunque no estaba claro que Pompeya tuviera algo que ver con el asunto. Y de ahí viene la famosa frase:
"La mujer de César no sólo debe ser honrada; además debe parecerlo"
Aún volvería a casarse una vez más, con Calpurnia, de los Pisón. Otro matrimonio de conveniencia. Si bien es sabido que César fue un mujeriego, acostándose con las esposas de sus enemigos políticos, sí que hubo un verdadero amor en su vida: Servilia, de los Cepión; hermanastra del optimate Marco Porcio Catón.
Tras su año como pretor urbanus, ejerció como gobernador en Hispania, donde guerreó contra la tribu de los lusitanos.
Fue proclamado Imperator en el campo de batalla por sus legiones, lo que le daba derecho a celebrar un Triunfo a su regreso a Roma. Sus enemigos políticos le obligaron a elegir entre el Triunfo (la celebración más gloriosa a la que podía aspirar un general) o presentarse al consulado. Ante la sorpresa de todos, César se decantó por la candidatura al consulado (que, por supuesto, ganó), argumentando que él estaba llamado a celebrar otros Triunfos a lo largo de su vida.
Durante los últimos años había creado una alianza política con Cneo Pompeyo Magnus, el general con mayor estrella de ese momento, y Marco Licinio Craso, el hombre más rico de Roma. Con ellos pactó algunas medidas populares, la concesión de tierras para legionarios veteranos y repartirse, entre los tres, el gobierno de provincias por una duración mayor a un año (como era lo habitual).
De esta forma, tras su año como cónsul, César recibió el gobierno de La Galia Transalpina e Iliria por una duración de cinco años. Como el gobernador de La Galia Cisalpina murió, ésta se sumó a las otras dos provincias. Y es allí, en La Galia, donde Cayo Julio César forjaría su leyenda. Pero eso da para otro artículo.

Continuará.

Imperator Caesar Cerverius

Bibliografía:
MCCULLOUGH, C. (1990-2007). Serie - Masters of Rome.
PINA POLO, F. (1999). La Crisis de la República (133-44 a.C.)

viernes, 15 de enero de 2016

DICTATOR REI GERUNDAE CAUSA


Pongámonos en situación: Aníbal, Comandante en Jefe del ejército cartaginés cruza los Alpes proveniente desde Hispania, llegando hasta la Península Itálica y, con un gran contingente, derrota a varios cónsules enviados para hacerle frente y masacra una numerosa cantidad de legiones. Avanzando, llega hasta Roma, donde la población grita aterrorizada la famosa frase "Hannibal ad portas" (Aníbal a las puertas). En ese momento de crisis, el Senado Romano se reúne y toma la decisión de recurrir a una magistratura excepcional, la dictadura.*
La verdad es que, si bien la dictadura se creó para momentos de extrema necesidad, fue utilizada en un buen número de ocasiones. Durante casi 500 años de existencia de la República, se recurrió a esta magistratura especial unas 90 veces. La mayoría de ellas en virtud de una Rei Gerundae Causa (para llevar a cabo una guerra) pero otras veces para sofocar una rebelión, para convocar unos comicios o para cumplir con algún rito religioso.
El dictador era nombrado por uno de los cónsules, a instancia del Senado. En ese momento, recibía una serie de poderes extraordinarios que le permitiesen acabar "como fuese" con el estado de emergencia creado. Entre esos poderes estaba el mando supremo del ejército, la capacidad de realizar cualquier iniciativa sin consultar al Senado o al Pueblo, y la posibilidad de juzgar y castigar a alguien sin opción a apelación.
El puesto llevaba incorporado el cargo de magister populi, general de infantería, y la potestad de nombrar al magister equitum, su segundo al mando, para comandar la caballería.
Al dictador le acompañaba una camarilla de 24 lictores (una especie de escoltas que le abrían el paso y garantizaban el orden público), el doble que a los cónsules.
El poder exagerado que acumulaba en su persona el dictador venía compensado con la brevedad del cargo. El tiempo máximo para desempeñar la magistratura era de 6 meses.
La magistratura no estaba asociada a un sentimiento tiránico. Por lo general, los ciudadanos que desempeñaron el cargo realizaron con éxito su labor, pasando algunos a la historia y siendo recordados por su patriotismo.
Cabe destacar, dentro de la larga lista, a Tito Larcio Flavo, primer dictador de la República, que fue investido para solucionar la rebelión de los plebeyos al negarse a ser reclutados para las legiones; a Quinto Marcio Cincinato, que le llegó la petición cuando estaba arando sus campos, y que venció a los ecuos y los volscos cuando pretendían invadir Roma; y a Marco Furio Camilo, que fue dictador en cinco ocasiones, conquistando la ciudad de Veyes, luchando contra varios enemigos de la República y rechazando a los galos que saquearon Roma. Tras su labor, el pueblo le reconoció su gran valor y le nombró "Segundo fundador de Roma".
Tras la Segunda Guerra Púnica, la magistratura cayó en desuso, quizá por el miedo a que alguien abusase de ella y se convirtiese en tirano. En momentos de emergencia se recurrió al Senatus Consultum Ultimum, un decreto que declaraba el estado de excepción y ampliaba el poder de los cónsules.
Y entonces... llegó Sila. Tras una guerra civil y vencer al rey Mitridates del Ponto, entró con sus legiones en Roma y se hizo proclamar dictador.
Bajo la misión de traer la estabilidad a la República y realizar una amplia reforma legislativa, Lucio Cornelio Sila fue investido dictador "sin límite de tiempo".
Sila llegó con el fantasma de la tiranía bajo el brazo. Reformó las leyes y se restableció el orden, pero todo eso vino acompañado de proscripciones, confiscaciones y ejecuciones de sus enemigos.
Tras dos años y medio, y frente al estupor de sus contemporáneos, renunció a su puesto y se retiró a una villa, donde no tardó en morir.
La institución fue abolida en el 44 a.C. por Marco Antonio pero, antes de eso, aún iba a ser desempeñada una última vez. No obstante, creo que "el más grande romano que jamás ha existido" (como le catalogan algunos, un servidor incluido) se merece un artículo entero. Me refiero, por supuesto, a Cayo Julio César.


* Ésta es una licencia narrativa que me tomo para transmitir el sentimiento de "emergencia". En realidad, cuando Aníbal llegó a las puertas de Roma, no se nombró ningún dictador (aunque sí que se recurrió a la magistratura durante esa guerra).

                                                                                                                 Imperator Caesar Cerverius













Bibliografía:
MCCULLOUGH, C. (1993). Favoritos de la Fortuna.

NEGRETE, J. (2011). Roma Victoriosa.

PINA POLO, F. (1999). La crisis de la República (133-44 a.C.)

POSTEGUILLO, S. (2008). Africanus, el hijo del cónsul.