lunes, 13 de junio de 2016

REVOLUCIÓN EN LA ALTA COSTURA,CAMBIOS DEL S.XX. (Parte I)

LA BÚSQUEDA DE NUEVAS FORMAS DE BELLEZA.
La Primera Guerra Mundial supuso el desmantelamiento de las viejas estructuras que venían desapuntalándose desde finales del S.XIX, dando lugar a un nuevo estilo de vida. Las sociedades cambiaron radicalmente:  se generalizó el uso del automóvil, la fascinación por los deportes comenzó a despuntar (tenis, automovilismo, ciclismo, boxeo…) y  las mujeres salieron de los hogares, comprendieron que además de esposas ejemplares, se podían convertir en grandes profesionales –no debemos olvidar que la mujer proletaria  hacía tiempo que compaginaba trabajo y hogar-, aumentó el número de las mismas con estudios superiores; su lucha por adquirir sus propios derechos fue mucho más significativa y los movimientos feministas y obreros, comenzaron a movilizarse por la obtención del voto femenino. Las mujeres cambiaron su visión del mundo,  reivindicaron su papel en el mismo y como expresión de estos cambios también lo hizo su forma de vestir, espejo de la nueva mujer que llegaba con el nuevo siglo; se rechazó el corsé por un nuevo modelo de belleza centrado en los hombros y con el inicio del conflicto bélico se buscó la funcionalidad de los trajes sastre.
Todos estos cambios sociales y culturales se aceleraron con la Primera Guerra Mundial, sin embargo este proceso había comenzado antes, a finales del S.XIX y principios del S.XX eclosionando en la década de los diez.  Como ya dijimos en otro post, hablar de moda no era hablar de ropa, sino hablar de la expresión de una misma sociedad; la mentalidad femenina cambiaba y por tanto también lo hacía su indumentaria, el primer gran cambio fue el fin del uso del corsé y este hecho no se consiguió con las protestas feministas, ni quejas médicas de su insalubridad; sino que fue la alta costura la que impuso el cambio de la mano de una serie de diseñadores que cambiaron por completo la perspectiva de lo bello en el cuerpo de la mujer, Paul Poiret y Mariano Fortuny fueron dos de los diseñadores que hicieron posible este cambio; de esta forma en el siglo XX, se evolucionó de una forma encorsetada, artificial y poco práctica a una forma igualmente elegante pero más natural, de la mano del  sujetador.

A finales del S.XIX los diseñadores de primera línea como Charles Frederick Worth, Jacques Doucet y Jeanne Paquin, seguían fieles al uso del corsé y a las sensibilidades del Modernismo, cuyo objetivo como remarca Reiko Koga en MODA. Una historia de la moda del siglo XX. , era alcanzar la belleza combinando opulencia y elegancia, sus diseños y creaciones precisaban corsés que desvirtuaban la forma natural femenina, creando la artificial silueta en forma de “S”. Las mujeres vestían estos diseños en cenas, fiestas, eventos públicos o en la calle, pero esta vestimenta les privaba de movilidad y comodidad.
Sería Paul Poiret el primero en proponer un nuevo estilo femenino que desterraba el corsé, no lo hacía con ningún fin reivindicativo -o eso dice en su biografía-, sino en una búsqueda de nueva forma de belleza: En 1903 aparecía su “abrigo Confucio”, corte recto y línea holgada y en 1906 sus vestidos de “estilo helénico”, eran diseños sin corsé, de cintura alta, el centro de gravedad pasaba de la cintura a los hombros.  En sus creaciones destacaban tejidos de colores brillantes y provocadores, adornos llamativos y exóticos, creaba los pantalones de odalisca, las faldas de medio paso y popularizó el uso de turbantes.  Sus diseños se inspiraban en Oriente,  pero no era él único, el Orientalismo se impuso en aquellas décadas en todos los aspectos culturales y artísticos occidentales.
Los descubrimientos arqueológicos en Grecia, Egipto y Mesopotamia;  la traducción y publicación en occidente de Las mil y una noches, los debuts de los Ballets Rusos en París en 1909 y la guerra rusojaponesa de 1904-1905 que supuso una creciente pasión por el país nipón; marcaron la literatura, el arte, la arquitectura y el diseño, europeos.
Ilustración 2: Les Choses de Paul Poiret 1911 por George Lepape.













Poiret y la casa de moda Callot Soeurs encontraron en Oriente una fuente de inspiración inagotable, fascinados por sus tejidos y las estructuras de sus prendas, destaca el kimono japonés, elegante en su forma plana y en su apertura, ya apuntaba como señala Koga, a la nueva relación entre cuerpo y vestimenta.
Pero Poiret y las casas de moda francesas no fueron las únicas en imponer un nuevo estilo de vestir,  sino que se dio en el resto de Europa. El genial Mariano Fortuny español afincado en Italia, creó un innovador diseño de inspiración griega, que combinaba funcionalidad y decoración en un hermoso vestido plisado  de estilo clásico que denominó Delphos.  Los finos pliegues moldeaban el cuerpo femenino y su decoración se lo daba el mismo movimiento, sin necesidad de ornamentación alguna, ya que la mínima acción cambiaba brillos y tonalidades en la prenda.
También debemos reseñar  el  Wiener Werksätre,  fundado en 1903 por Josef Hoffman en principio se planteó para dedicarse a la encuadernación, artesanías y  arquitectura, sin embargo en 1911 sacó su propia línea de moda, con novedosos diseños  como los vestidos saco.
No nos olvidamos de la moda masculina, pero  en estas décadas apenas evolucionó en comparación con los grandes cambios que se estaban dando en la indumentaria femenina: los bajos de los pantalones se estrecharon y las chaquetas pasaron a ser ligeramente más holgadas, una vez más se buscaba la libertad y naturalidad de movimiento del cuerpo humano.

Es en este momento cuando los medios de comunicación posaron su vista en la moda, vieron un nuevo campo sobre el que trabajar y esto ayudó a la expansión de la influencia de las principales casas de moda europeas (especialmente parisinas) al resto del mundo. Revistas como Vogue (1892, Nueva York) y la Gazette du  Bon Ton (1912-1925, París), adquirieron gran cantidad de suscriptores y lectores, deseosos de estar a la última moda; el éxito de las revistas radicaba en la calidad de sus ilustraciones,  se entró en lo que se denominó la época dorada de la ilustración de moda, artistas relevantes prestaron sus servicios a los magazines,  gacetas y diseñadores. Una vez más Poiret  se imponía como el gran innovador, al crear un catálogo de modas con sus colecciones  de forma individual para poder mostrarlas al público: Les robes de Paul Poiret  (1908 por Paul Iribe) y Les Choses de Paul Poiret (1911 por Georges Lepape).
El mundo de la moda empezaba a mover a compradores, proveedores, periodistas y jóvenes diseñadores de todo el mundo que viajaban a París a formarse, obtener información de las últimas tendencias, negociar etc., para poder controlar la programación de colecciones, evitar la imitación, la venta fraudulenta o de material no autorizado, en París se fundó  en 1910 Le Chambre Syndicale de la Couture Parisienne. Con ello se sentaban las bases del sistema que permitiría a París conservar su hegemonía como centro de la moda mundial hasta hoy día.

El estallido de la Primera Guerra Mundial, aceleró todos los cambios sociales y culturales, pero a su vez frenó en gran parte la actividad del mundo la moda. Las mujeres asumieron  responsabilidades y trabajos propios de los hombres que ahora estaban en las trincheras, con lo que la moda cambió de nuevo, la mujer necesitaba ropa cómoda, sencilla y  faldas cortas y prácticas, no trajes ni vestidos de fiesta adornados, ya que no había nada que celebrar, sino mucho por lo que luchar. El artículo estrella de esta época sería el traje sastre, cien por cien funcional. No sería hasta el final del conflicto cuando se produciría a un nuevo resurgir  de la moda, reflejo de la nueva mujer, sus diseñadoras de vanguardia Gabrielle (Coco) Chanel y Madeleine Vionnet y de nuevo París como centro de referencia mundial de la moda, sin embargo todo esto lo comentaremos ampliamente en el próximo post.

Miss Rocher de la Tormenta






BIBLIOGRAFÍA
VARIOS AUTORES, La colección del Instituto de Indumentaria de Kioto. MODA.Una historia de la moda del siglo XX., Ed Tachen, Köln, 2002.
FOLLET K., Fall of the Giants, Ed Pan MacMillian, London, 2010.

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