martes, 26 de enero de 2021

SHIN SAIMDANG, LA PINTORA DE LA NATURALEZA

Hace poco que tuve la suerte de conocer el personaje histórico de la dama Shin Saimdang. Lo hice gracias a una serie coreana, Saimdang memoir of coulours[i]. Tengo que decir que me fascinó la figura de esta mujer de la que nada sabía, pero que para mi sorpresa resultó ser una de las principales intelectuales y artistas del reino Joseon en el S.XVI coreano.

Shin Saimdang desconocida en occidente (o por lo menos para mí lo era) es uno de los personajes más relevantes de la historia coreana: escritora, caligrafista, poetisa y artista. Nació en 1504 en Gangneung, reino de Joseon (actual Corea) y murió de forma súbita en la región de Pyongan a los cuarenta y ocho años de edad (1551).

Lady Shin Saimdang, por Yi Yang-u realizado a principios de S.XX

La era Joseon fue fundamentalmente patriarcal. Pese a sus muchos talentos, éstos no eran considerados aptos para una mujer. De hecho, ni siquiera sabemos su nombre real[ii], ya que siempre se la ha conocido como: La hija de Shin Myeong-hwa, la mujer de Won-su y la madre del académico confuciano Yi I. La conocemos por su apodo, Saimdang, sobrenombre que eligió ella misma en honor de Tairen, la madre del emperador chino Wen de la Dinastia Zhou. Tairen era conocida por ser una buena esposa y una madre sabia, siguiendo las enseñanzas confucianas. Muchos son los documentos con retratos de Saimdang, en los que se podía leer estas mismas palabras dedicadas a nuestra protagonista[iii].

Sin embargo, Saimdang fue capaz cultivar sus múltiples talentos, pese a la rígida sociedad confuciana de la época. Comenzó a pintar desde muy niña y no solo le apoyaron su padre y su abuelo a que siguiera pintando tras descubrir su talento, sino que la educaron como solo se hacía con los varones, leía las lecturas Confucianas, era experta en caligrafía, escribía poemas y se convirtió en una gran pintora de su época. Pesé a que se la recuerde como “madre sabia”, son sus obras artísticas las que mejor nos hablan de ella.

El género pictórico principal de su obra es Chochungdo, pintura de motivos vegetales e insectos. También trabajó el género Mukrando o Mungnando, orquídeas pintadas con la técnica Sumi-e[iv] (técnica de dibujo monocromático en tinta negra de la escuela de pintura China) de líneas suaves y simples, que son muy típicas de las pinturas literarias, es decir que incluyen, por ejemplo, un poema.

Orquidea a tinta o Mungnando junto a poema. Pintura de Shin Saimdang S. XVI y poema de Song Si-yeol académico confuciano S. XVII.

Sus obras con motivos vegetales e insectos son conocidas por el uso de ricos colores, su vitalidad, detallismo y el realismo que desprenden. Hay una anécdota en la que se nos cuenta que: siendo una niña, sacó una pintura a secar al patio de la casa de sus abuelos, cuando se quiso dar cuenta, una gallina que confundió los insectos de la pintura con bichos reales había picoteado toda la obra.

 Shin pintaba aquello que tenía cerca, la mayoría de las flores, plantas y animales que representó en su obra, se encontraban en su jardín o en los aledaños de su hogar. Sus trabajos Chochungdo los pintó sobre papel blanco y también sobre lo que se conoce como gamji, papel teñido de azul oscuro. Las formas sobre este hermoso papel tintado se han coloreado directamente, sin delinear primero la silueta de las flores o insectos, utilizando colores brillantes que crean contraste con el fondo. Los expertos en el arte del periodo Joseon insisten que, pintar sin delinear, es verdaderamente difícil, no todos consiguieron dominar esta técnica, como sí lo logró Shin.

Su trabajo, nos revela interesantes datos de nuestra artista. Saimdang tenía buenos conocimientos sobre las estaciones del año, el clima y los cambios que experimentaba la naturaleza con el paso de éstas. En su obra reflejó esta sabiduría, ya que nunca mezcló flores e insectos de estaciones diferentes. Por ejemplo, en una de las piezas Chochungdo sobre gamji vemos: crisantemos, alquequenjes, cañas y una libélula roja, todas estas plantas y el insecto son típicos de principios de otoño.

Chochungdo sobre gamji de Shing Saimdang siglo XVI.

Los objetos que aparecen en sus pinturas tampoco han sido elegidos al azar, ni por cuestiones estéticas, sino que siempre tienen un significado, en este otro Chochungdo sobre gamji:

Chochungdo sobre gamji de Shing Saimdang siglo XVI.

Aparecen una celosia, tres mariposas y tres escarabajos peloteros; la simbología del conjunto es el deseo de tener una buena relación de pareja y a su vez una próspera carrera gubernamental (el marido de Saimdang era funcionario estatal del reino). La celosia es símbolo de ostentar un puesto en la administración pública, ya que se parece al sombrero oficial que lucían los funcionarios y miembros de la aristocracia que habían pasado el examen Gwageo[v]. Las mariposas son símbolo de la armonía conyugal.  Por tanto, las temáticas de la obra de Shin Saimdang, va más allá que aquello que ve en su jardín, sino una metáfora de su propia vida.

Para la sociedad de su época, marcada por el confucionismo, lo mejor que hizo esta gran mujer, fue ser la madre del académico confuciano Yi I (uno de los grandes académicos de su tiempo). Sin embargo, por suerte su obra ha llegado hasta nosotros y nosotras, y ahora se la valora por la interesante figura que fue a nivel intelectual y especialmente por ser una de las mejores artistas de su tiempo.

Hoy os he traído un poco de información sobre ella y su obra, espero poder ahondar en mis conocimientos sobre esta maravillosa mujer y, en un futuro, completar la información con un nuevo post sobre Shin Saimdang.

Las Uvas de Shin Saimdang siglo XVI.


BIBLIOGRAFÍA

https://www.koreatimes.co.kr/www/art/2017/03/691_225097.html

https://koreajoongangdaily.joins.com/2017/02/01/artsDesign/A-fresh-look-at-Saimdang-Exhibit-of-the-Joseonera-female-painter-highlights-her-standing-among-scholars/3029338.html

www.wikipedia.com


[i] Drama romántico, con buenas dosis de fantasía. Basado en la vida de la dama Shin Saimdang y protagonizada por la actriz Lee Young-ae. Disponible en Netflix

[ii] Ahn Jin-woo director del museo de Seul explico durante la exposición de 2017 “Saimdang, her garden”: “A menudo la llamaban Shin In-seon, pero no hay evidencias.  Su nombre no ha pasado a la historia porque era una mujer. […] podemos especular que el nombre In-seon viene de una biografía moderna de Shin hecha para niños y comenzó a conocerse como su nombre real. Como sea, no hay evidencias de que su nombre haya perdurado para la historia.”

[iii] Su apodo respetuoso era Eojin Eomeoni (Madre Sabia).

[iv] Apenas se conservan obras conocidas o cuya autoría sea reconocida de Saimdang con esta técnica. Esto se debe a que es difícil seguir la pista de su obra, ya que, al ser una mujer, no tenía un sello con los que firmar sus pinturas. Sin embargo, actualmente es considerada por aquellos que ven su obra, que es una de las mejores artistas de su época, únicamente aventajada por An Gyeon, considerado el mejor pintor del nuevo periodo Joseon.

[v] El Gwageo (o kwago) era el examen para acceder al servicio civil nacional durante las dinastías Goryeo y Joseon de Corea. Por lo general eran pruebas muy exigentes. En ellas se medían: el conocimiento de los candidatos de los clásicos chinos y, a veces, ciertos temas técnicos. Estos exámenes eran la vía principal por la que la mayoría de las personas conseguían posiciones en la aristocracia.

Miss Rocher de la Tormenta












domingo, 17 de enero de 2021

LA ESPERANZA TIENE ROSTRO DE ANCIANO

El mundo tiene nuevo líder. Joseph Robinette Biden Jr. (Scranton, Pensilvania, 1942) será, desde el próximo 20 de enero, el 46º presidente de los Estados Unidos de América. El que fuera senador por Delaware durante media vida, y vicepresidente con Barack Obama, ha superado unas primarias demócratas, una campaña con acusaciones de tocamientos inapropiados (con denuncia por acoso sexual incluida) y unas elecciones contra el, probablemente, peor presidente que haya conocido la nación de las barras y estrellas. Y es que, aunque una de las anécdotas que se puedan atribuir a Donald Trump es que pasará a la historia como el primer presidente, desde 1980, que no inicia una guerra en su primer mandato, esta característica no concuerda, precisamente, con su carácter.

De palabras gruesas y anuncios sensacionalistas están repletos los cuatro años de Presidencia de Trump. Llegó al poder tras vencer a Hillary Clinton en unas elecciones en las que ella obtuvo mayor voto popular (el complejo sistema americano dio el triunfo al empresario). Una de sus primeras promesas fue construir un muro, en la frontera con México, que sería sufragado por el país vecino. Inició una guerra comercial (parece que ésta no cuenta para las encuestas) con China. Superó un impeachment (proceso para destituirle). Su gestión del coronavirus ha sido para llorar, comenzando con un negacionismo recalcitrante y continuando con propuestas para inyectar lejía a la población. Su administración ha flexibilizado las restricciones medioambientales, desandando todo el camino recorrido por el gobierno de Obama. Además, su relación con la prensa ha sido nefasta, encarándose con los periodistas de forma continua. Por último, en los meses previos a las elecciones, se dedicó a alimentar el debate de un posible fraude por correo, para constatar, tras su derrota, que la votación había sido robada.

Pero no nos engañemos. Donald Trump ha tenido, y sigue teniendo, un gran apoyo popular en la América “profunda”. Muchos de sus votantes se han creído las acusaciones de fraude electoral y, algunos de ellos, se vieron alentados a asaltar el Capitolio, en Washington DC, e impedir que una sesión conjunta del Senado y la Cámara de Representantes ratificase el resultado de las elecciones. Trump fue excesivamente tibio a la hora de condenar los hechos, dedicándoles palabras de apoyo a los manifestantes y alargando, más si cabe, el incidente que dejó cuatro personas muertas. La absoluta falta de responsabilidad institucional debería haber inhabilitado a esa persona para que siguiera en el cargo ni un minuto más.

Con Joe Biden, se abre un nuevo periodo de esperanza para la política estadounidense (y también mundial). El control de la Presidencia, del Senado y del Congreso le permitirá sacar adelante iniciativas demócratas y traer un poco de luz al oscurecido panorama americano. Pero no debemos ser ingenuos. Las medidas sociales del otro lado del charco están muy lejos de cómo las entendemos en Europa. Seguramente, el contraste con su antecesor será abismal, pero ya hemos visto, como con la administración Obama, que la Presidencia no es un cheque en blanco y los cambios son lentos y tortuosos. El mismo Obama ganó el premio Nobel de la Paz, por la esperanza que insuflaba en la política de todo el globo terráqueo, pero acabó siendo una decepción al no poder sacar adelante todo lo que se esperaba de su gobierno.

Biden fue uno de los senadores más jóvenes cuando accedió al cargo, pero llega a la Presidencia como la persona más anciana en ocupar el puesto. En el falso documental de Netflix Death to 2020 (2020) se puede ver cómo se mofan de esta situación, simulando que Biden es un excombatiente de la guerra civil americana, con más de 200 años. Aunque en realidad tenga 78, veremos en los próximos meses si este anciano es capaz de verter un poco de luz en el oscurecido territorio norteamericano o si, por contra, es otra decepción y hay que poner los ojos en el futuro y en su vicepresidenta, Kamala Harris. 

Imperator Caesar Cerverius



viernes, 6 de noviembre de 2020

EL AÑO EN QUE SE DETUVO EL AMOR

2020 pasará a la historia por muchas cosas: Los incendios de Australia (que comenzaron en 2019), las inundaciones de Indonesia, la victoria de Joe Biden en las elecciones estadounidenses, la muerte de Sean Connery… pero, por supuesto, la que se lleva la palma es el Coronavirus.

La pandemia del COVID-19 ha cambiado nuestros hábitos, nuestras formas de relacionarnos, incluso ha empañado la lente con la que miramos el mundo. ¿Acaso no observamos, ahora, fotos antiguas sin darnos un poco de repelús al ver lo cerca que estábamos en las imágenes?

Dejando a un lado las desastrosas consecuencias económicas y, por supuesto, las desoladoras cifras de fallecidos, hay un tema en el que, quizás, no nos hallamos percatado de primeras: El amor.

¿Qué hay del amor? El tiempo se detuvo para él al comenzar esta tormenta. Como en el juego de las sillas, cuando se paró la música, el que estaba emparejado pudo seguir relacionandose con su compañera o compañero. Pero, ¿qué hay de los solteros? ¿Qué tipo de relación pueden entablar partiendo de cero? Los sitios más proclives a conocer gente, como bares, discotecas, etc., se han cerrado o han limitado mucho su horario y aforo. Y, durante el tiempo que permanecen abiertos, es complicado vencer la distancia de los 2 metros de seguridad. Aun en el caso de poder salvar todos los impedimentos, ¿quién se atrevería a “intimar” con un desconocido o desconocida? No están las cosas como para intercambiar fluidos con nadie. Así, parece ser que los solteros están condenados a una pertinaz soledad, ya que no es que se vea luz al final del túnel, precisamente.

Superado el episodio romántico de la incertidumbre sobre el futuro afectivo de las personas sin pareja, ahondemos sobre el porvenir de la humanidad. A la larga, ¿no habrá un vacío, en 2020, de emparejamientos, casamientos, alumbramientos…? ¿Las relaciones íntimas entre personas caminarán hacia encuentros sexuales “sin contacto”? ¿Avanzamos hacia una sociedad como la de Demolition Man, en la que Sandra Bullock y Silvester Stallone “confraternizan” a través de un sistema electrónico por el que se transmiten placer?

Hay mucha historia todavía sin contar y nadie sabe si estamos en el comienzo, en el nudo o en el desenlace de esta aburrida novela. Mientras la protagonizamos, esperaremos a que vuelva a sonar la música y podamos volver a bailar alrededor de las sillas.

Imperator Caesar Cerverius



domingo, 3 de mayo de 2020

EL CORONABOICOT


Saludos, lectores de Face It! (si es que aún queda alguno por ahí).
Me he decidido a desempolvar el teclado y escribir unas líneas, aparte de por el tiempo extra con el que cuento, para expresar mis opiniones sobre la gestión de la pandemia, en la que nos encontramos, y el comportamiento de la gente durante la misma.
A la altura de las circunstancias, y tras todo lo vivido, creo que todos podemos concluir que el tratamiento de la crisis ha sido más que mejorable. Pero igual que sentencio con rotundidad tal afirmación, también creo que la intención del Gobierno ha sido la de paliar, cuanto antes, el daño. La coordinación para evitar contagios, tratar a los enfermos, y no paralizar el país en el intento, seguro que no es fácil. Esta administración no ha estado acertada en todas sus decisiones, pero me cuesta mucho creer que otra lo hubiese hecho mejor. A lo largo de esta piel de toro, en la que habitamos, gobiernan local y regionalmente partidos de diferente espectro político. Y en ningún caso se puede decir que la gestión haya sido impecable.
Pero, más allá de las decisiones de nuestros dirigentes, en las que poco o nada podemos intervenir, querría hablar de nuestras propias acciones. Cuando todo esto pase (esperemos que más pronto que tarde), qué dejaremos en el historial de nuestra conducta. Qué podremos contar, dentro de muchos, muchos años, a nuestros hijos o nietos. Y creo que no todos podrán sostener la cabeza en alto y decir “yo contribuí a luchar contra el coronavirus”. No sólo hablo de combatir físicamente contra la pandemia, como hacen sanitarios, cuerpos y fuerzas de seguridad o empleados de supermercados, todos convertidos, a día de hoy, en héroes. Perdón, HÉROES. Hablo de los que han movido algún dedo para que el tránsito por esta crisis sea más llevadero.  Me refiero a los que permanecen encerrados en casa, aunque las paredes se les caigan encima, y se resisten a hacer un “Alfonso Merlos”. Aludo a los que salen todos los días a las 20:00 (algunos, incluso, a las 19:59) a aplaudir a los HÉROES de los que hablaba antes. Hablo de esos vecinos que van a la compra y se acuerdan de la abuelica del quinto, que no tiene a nadie, y le acercan unos huevos, unas piezas de fruta o un poco de leche. Incluso me remito a los que, aun estando en desacuerdo con la gestión de la situación, callan, porque de pequeños les enseñaron que, cuando no tienes nada bueno que decir sobre algo, es mejor no decir nada.
Me reconcome el hastío, la rabia y el desprecio por aquellos políticos y periodistas que, lejos de contribuir a la superación de la crisis, la aprovechan para hacer sangre del asunto. Parece que deseen el agravamiento de la pandemia sólo para utilizarlo como munición contra el actual Gobierno. Así, como repugnantes villanos de opereta, se relamen con cada aumento diario del número de víctimas, se carcajean con socarronería con cada medida heterodoxa y alientan a sus seguidores a sacar las cazuelas a los balcones minutos después de los aplausos. Repulsiva me parece, especialmente, esta última iniciativa. Convertir un acto luminoso, altruista y espontaneo en una ceremonia soez, traidora e indigna que en nada ayuda a superar la crisis.
Juntos superaremos esta pandemia y será tiempo, entonces, de evaluar la gestión de la misma. Los que tengan que caer, caerán, y los que deban ser recompensados, lo serán. Pero ocurrirá después, no en medio de la crisis. A los que pedís, insistentemente, la dimisión de Pedro Sánchez, ¿creéis realmente que un cambio en la cabeza del ejecutivo es una decisión inteligente en este trance?
Sirvan estas líneas para hacernos reflexionar sobre nuestro comportamiento y determinar si estamos ayudando o perjudicando a superar esta situación. Sobre todo, intentad hacer un ejercicio de transporte mental hacia el futuro y decidid si, al echar la mirada atrás, estaremos orgullosos de nuestra actuación, o nos avergonzaremos.
Y, por último, una petición. Por favor, no salgáis de casa.


Imperator Caesar Cerverius


lunes, 27 de mayo de 2019

UN GRAN PODER CONLLEVA UNA GRAN RESPONSABILIDAD




Un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

Una frase sencilla. Lógica y obvia, si se toma un par de segundos para analizarla. Una frase que se le atribuye al Tío Ben. Ben Parker tuvo que hacerse cargo de Peter, el hijo de su hermano, cuando este último murió. La experiencia y la vejez le dieron la sabiduría para asumir esa sentencia y transmitírsela a su adolescente sobrino: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Lapidaria, ¿no? Pues por muy evidente que fuese, Peter Parker fue incapaz de asumirla a tiempo y tuvo que ver cómo su tía se quedaba viuda por no haber sabido él interiorizar esa frase. A Peter Parker (Spiderman para sus amigos y vecinos) hoy le conocemos como un superhéroe, pero en sus inicios no aprovechó sus poderes para luchar contra el crimen, sino para lucrarse. Pudo detener a un malhechor que pasó por delante de sus narices, pero no quiso involucrarse. Al llegar a casa de sus tíos, pudo comprobar cómo ese mismo malhechor había robado y asesinado al bueno del Tío Ben. Peter no asumió la responsabilidad de su poder y tuvo que pagarlo en sus carnes, como una buena obra literaria exige.
Pablo Iglesias no es un superhéroe (aunque para algunos lo haya sido y para algunos aún lo sea), pero sí que tiene un gran poder: Abrió el melón del bipartidismo y amplió el espectro político más allá de gaviotas y rosas. Infundió esperanza a mucha gente, que vio a un ser llano, como ellos, capaz de llegar al Congreso y cambiar las cosas. Desalojar a los poderosos corruptos y traer el bien al Pueblo. Pero un gran poder conlleva una gran responsabilidad.
Hace cuatro años, con Podemos todavía en pañales, el partido morado no quiso meterse en callejones sin salida, llenando listas con personas desconocidas que podrían salirles rana. En cambio, apoyó la creación de plataformas ciudadanas que asaltasen los ayuntamientos y trajesen el cambio. Así llegó el bastón de mando a personas como Manuela Carmena en Madrid, Ada Colau en Barcelona o Pedro Santiesteve en Zaragoza. Los “ayuntamientos del cambio” se propagaron por toda la península insuflando un soplo de aire limpio al corrompido sistema municipal español.
Durante estos cuatro años, Pablo Iglesias ha ganado en poder, pero no lo ha usado con responsabilidad. Ha acallado y expulsado a los críticos y se ha rodeado del séquito que le regala los oídos. Ha entrado en esa burbuja de los poderosos que les desconecta de la población. Sólo así puede justificarse algunas de sus decisiones en su vida personal. Sigue siendo un adolescente, como Peter, que quiere conseguir sus deseos a toda costa y sin importarle lo que se lleve por delante.
Quizá, durante esta legislatura municipal, Iglesias tenía claro que las plataformas ciudadanas que hace cuatro años triunfaron, llegado el momento se replegarían y cantarían las alabanzas de San Pablo para que llegase con su potente partido Podemos para tomar el relevo y continuar con esos ayuntamientos del cambio. En vez de eso, ha permitido ir en una lista separada de Zaragoza en Común o de Más Madrid en la Comunidad. Su burbuja y/o su séquito le hicieron creer que iban a partir la pana y que, si las plataformas no se plegaban ante él, los ciudadanos sí que lo harían. Consecuencia: la fragmentación de la izquierda. La división de votos y la ausencia de un proyecto común se lo ha puesto en bandeja a la derecha, que ha aprovechado para ocupar esos lugares.
Fácil sería decir “con su pan se lo coman”, el electorado les ha castigado, pues que lo paguen quedándose en la oposición. Pero es que los que verdaderamente van a pagar los platos rotos, son los ciudadanos. Con el auge de la derecha, vendrán las privatizaciones, los cortijos, los toros, la vuelta al reaccionarismo, los sobres, los dedazos, los amiguismos, el clientelismo, el fin de la participación. Llegarán la pérdida de las libertades y de las políticas sociales.
Quizá sea necesaria una catarsis para que vengan otros y arrastren a éstos. Otros que piensen en el Pueblo y que, años después, sigan pensando en él como el primer día. Otros que, cuando alcancen el poder, sepan ver que lo tienen que utilizar con responsabilidad.

Imperator Caesar Cerverius.


martes, 23 de abril de 2019

VIÑETAS SOBRE TIEMPOS TURBULENTOS (PARTE I)



   Este 1 de abril se han cumplido 80 años del final de la Guerra Civil española. Sobre este trágico acontecimiento -en el que gira todo el siglo XX español-, se harán eco diversos medios y se analizará desde diversas perspectivas: histórica, periodística, fotográfica o literaria…

   Y con toda seguridad, los medios de comunicación o la vertiente histórica obviarán el tratamiento de la guerra en los cómics y novelas gráficas. Porque estos medios, desde la década del año 2000, han plasmado la temática de la guerra de una forma muy variada. De hecho, por curioso que pueda parecer, el uso político y público sobre la Guerra Civil española ha ido aparejado con el número de volúmenes y obras gráficas publicadas sobre el conflicto bélico.




   Como se ve en este gráfico de Michel Matly, hubo una primera oleada de trabajos referidos sobre la Guerra Civil que comenzó en la Transición y llegó a cubrir toda la década de los años 80 hasta los primeros años de los noventa. Este auge de publicaciones coincidió con los primeros trabajos e investigaciones sobre la Guerra Civil a nivel académico y también con una pequeña y breve apertura del debate público sobre el periodo bélico, más allá del silencio que se quiso imponer a nivel político, ensalzando a los actores políticos de la Transición y haciendo todo lo posible por olvidar el pasado traumático, enterrarlo debajo de la alfombra y mirar hacia un futuro próspero y de concordia (Os suena esto, ¿verdad?)

   Vayamos a lo concreto. ¿Cómo y de qué manera se reflejó la Guerra Civil española en los primeros trabajos que trataban específicamente este periodo de nuestra historia?



   Un primer ejemplo lo encontramos en la tetralogía Eloy (Hernández Palacios, 1979, 1980, 1981, 1987), que utilizó una identificación conectiva al presentar a los republicanos como “nosotros” pero no a los enemigos, ya que los pertenecientes al bando franquista no aparecen personificados. Se plasman como “entes” que sirven de contrapeso al protagonista republicano. Aun así, intenta rehuir de polémicas sobre la guerra y presentarla como una situación muy excepcional de manera lineal.







   Por el contrario, hubo cómics vinculados a la extrema derecha, como la novela gráfica editada por Fuerza Nueva Setenta días en el infierno. La gesta en el Alcázar de Toledo (Carlos y Luis F. Crespo, 1978). Es un claro ejemplo de alegoría de esta batalla y ensalzamiento del bando franquista de una forma sesgada y parcial, demonizando al bando republicano.











   En los años 80, el tratamiento generalista y lineal sobre la guerra que se quiso dar en la década de los setenta varió levemente con comics como Emili Piula (Subirachs, 1980) o con la serie de ocho historietas publicadas en la revista Cimoc (Víctor Mora, 1986, 1987). Se abandonó la identificación «nosotros-republicanos», y se optó por otra más alejada y aséptica ejemplificada en un «ellos-republicanos», representándose además la guerra como una locura colectiva entre los dos bandos que no debiera repetirse en el futuro.


   La principal aportación del trabajo de Subirachs es que incluía a miembros de la Iglesia como actores protagonistas de la guerra, un hecho que “accidentalmente” se había obviado en obras anteriores.
   Pero este primer auge de cómics y novelas gráficas sobre la Guerra Civil no se tradujo en un mayor interés por parte de los lectores, editores ni para el público en general. Las publicaciones de los años ochenta sobre este tema pertenecían a editoriales muy pequeñas, casi marginales. La crisis de las grandes editoriales hizo que muchas de ellas desaparecieran, otras tuvieron que fusionarse o reconducir su temática mediante la contratación de autores muy consagrados cuyas obras tratarían temas más costumbristas, que no incomodasen a nadie. Además, durante el gobierno socialista se creó la idea (falsa pero perdurable) de que mirar al pasado traumático de la guerra, era algo incómodo y propio del cajón de la historia, que podía romper España. Había que mirar hacia el progreso y la modernidad (cerca estaban de celebrarse en 1992 los Juegos Olímpicos de Barcelona y la EXPO de Sevilla) y esconder bajo la alfombra toda mirada crítica sobre la Guerra Civil, para crear una concordia ficticia. Estos dos hechos fueron dos factores que produjeron en los años 90 una década de silencio y olvido de los cómics sobre la Guerra Civil española.

   Por suerte, en 1997 se publicó Un largo silencio de Francisco Gallardo, que supuso una ruptura del silencio historiográfico sobre la Guerra Civil por parte del mundo del cómic y de la novela gráfica, y aportó una nueva perspectiva al relatar la trayectoria vital de su padre en el conflicto –el miedo de la artillería, los fusilamientos en ambos bandos y el encierro en los campos de concentración del sur de Francia como exiliado–. Es un punto de vista novedoso que sirvió de ejemplo para futuras obras que explicaremos en otro momento. Otra de las novedades de este trabajo fue su formato de novela gráfica, ya que se presentó como una especie de cuaderno o diario junto a fotos y dibujos del padre del autor, algo similar a lo que hizo Art Spiegelman en Maus. Esta compilación de documentos personales intentaba dar verosimilitud a la historia y acortar la distancia entre la realidad traumática de la guerra y su representación gráfica. Además, Un largo silencio fue una de las obras pioneras en el tratamiento de la Guerra Civil desde el punto de vista de la memoria biográfica y supuso el inicio de una larga y próspera serie de cómics y novelas gráficas publicados ya en el siglo XXI cuyo valor y trasfondo fundamental será el de formar parte de la llamada “memoria histórica”.








domingo, 21 de abril de 2019

POR QUÉ VOTARÉ A PABLO IGLESIAS AUNQUE ME CAIGA MAL




Os confesaré una cosa: No me gusta Pablo Iglesias. Creo que es un ególatra con ansias de poder y que nunca ha aguantado que las personas de su alrededor le diesen ni un toque de atención. Y así se desprendió de gente muy válida como Íñigo Errejón o Carolina Bescansa. Sin embargo, sí que creo que hizo algo bien. Y eso fue fundar Podemos, el partido que cambió el modo de ver la política en este país y que podría hacer mucho bien por el mismo.
Dicho todo lo anterior, os aseguro que votaré a Unidas Podemos (y, por ende, a Pablo Iglesias) en las próximas elecciones. Y lo haré porque, en realidad, no tengo otra opción. Soy una persona de izquierdas y ahora mismo Unidas Podemos es la única organización que defiende mis intereses. Cierto es que, en los últimos años, no he estado de acuerdo con ellos en todas las medidas que han defendido, pero siguen siendo los que más medidas defienden favorables a mi persona (y creo que para todo el país).
Podría votar al Partido Socialista, claro, pero después me tendría que decepcionar al ver que pactaban con Albert Rivera en vez de con Pablo Iglesias.
También podría votar a PACMA, pues tengo muy interiorizadas las políticas animalistas y las creo muy necesarias en el Congreso de los Diputados. Pero no sólo de animalismo vive el hombre, sino de economía, trabajo, industria y un largo etcétera en el que creo que PACMA pincharía en hueso.
Si en verdad algo me repugna, del panorama político que se nos avecina, es la posibilidad de que sumen las derechas de PP, Cs y VOX. Creo que todos los avances en políticas sociales de los últimos años se irían al traste, amén de meter a España en un clima reaccionario más propio tiempos pasados que para nada fueron mejores.
Me diréis entonces, ¿por qué te la juegas votando a Unidas Podemos y no optas por el voto útil apoyando al PSOE? Pues porque creo realmente que el voto útil traiciona los valores de la democracia. ¿Acaso yo, como ciudadano, tengo que renunciar a mis ideas para concentrar la mayoría en “algo que se le parece”? No. La democracia es elección, la democracia es variedad, la democracia es debate y mestizaje de ideas. Creo que saldría un gobierno mucho más justo y beneficioso de un pacto entre socialistas y podemitas, que de uno monocolor (ya fuese rojo o morado). Y hay que obligar a nuestros cargos electos (que para eso los elegimos) a que se acerquen, negocien y pacten lo mejor para la ciudadanía.
Desde luego, lo que no haré, es quedarme en casa el próximo 28 de Abril. Muchos son los que dicen que, como un partido no les representa al 100%, no les entrega su voto. Supongo que esos perfeccionistas apagarán un partido de futbol si juega en su equipo un jugador que no les gusta, apartarán un plato de su mesa si un ingrediente no les entusiasma, o se saldrán del cine si uno de los secundarios que aparecen en la película dice una frase sin el tono apropiado.
El esnobismo de la izquierda siempre ha sido su peor enemigo. Como gente crítica que son sus votantes, siempre se ha visto amenazada con la nube de la abstención por una coma aquí o una tilde allá. Sin embargo, la derecha, masa disciplinada, acude a las urnas con el voto preparado de casa y deposita su papeleta en la urna llueva o nieve.
Desde este modesto medio os pido que no caigáis en las trampas de la campaña, no os dejéis engañar por los saboteadores que trabajan para el partido abstencionista y acudáis en tropel a votar (aunque sea un lema de pasadas elecciones del Partido Popular) con cabeza y corazón.

Imperator Caesar Cerverius