domingo, 17 de enero de 2021

LA ESPERANZA TIENE ROSTRO DE ANCIANO

El mundo tiene nuevo líder. Joseph Robinette Biden Jr. (Scranton, Pensilvania, 1942) será, desde el próximo 20 de enero, el 46º presidente de los Estados Unidos de América. El que fuera senador por Delaware durante media vida, y vicepresidente con Barack Obama, ha superado unas primarias demócratas, una campaña con acusaciones de tocamientos inapropiados (con denuncia por acoso sexual incluida) y unas elecciones contra el, probablemente, peor presidente que haya conocido la nación de las barras y estrellas. Y es que, aunque una de las anécdotas que se puedan atribuir a Donald Trump es que pasará a la historia como el primer presidente, desde 1980, que no inicia una guerra en su primer mandato, esta característica no concuerda, precisamente, con su carácter.

De palabras gruesas y anuncios sensacionalistas están repletos los cuatro años de Presidencia de Trump. Llegó al poder tras vencer a Hillary Clinton en unas elecciones en las que ella obtuvo mayor voto popular (el complejo sistema americano dio el triunfo al empresario). Una de sus primeras promesas fue construir un muro, en la frontera con México, que sería sufragado por el país vecino. Inició una guerra comercial (parece que ésta no cuenta para las encuestas) con China. Superó un impeachment (proceso para destituirle). Su gestión del coronavirus ha sido para llorar, comenzando con un negacionismo recalcitrante y continuando con propuestas para inyectar lejía a la población. Su administración ha flexibilizado las restricciones medioambientales, desandando todo el camino recorrido por el gobierno de Obama. Además, su relación con la prensa ha sido nefasta, encarándose con los periodistas de forma continua. Por último, en los meses previos a las elecciones, se dedicó a alimentar el debate de un posible fraude por correo, para constatar, tras su derrota, que la votación había sido robada.

Pero no nos engañemos. Donald Trump ha tenido, y sigue teniendo, un gran apoyo popular en la América “profunda”. Muchos de sus votantes se han creído las acusaciones de fraude electoral y, algunos de ellos, se vieron alentados a asaltar el Capitolio, en Washington DC, e impedir que una sesión conjunta del Senado y la Cámara de Representantes ratificase el resultado de las elecciones. Trump fue excesivamente tibio a la hora de condenar los hechos, dedicándoles palabras de apoyo a los manifestantes y alargando, más si cabe, el incidente que dejó cuatro personas muertas. La absoluta falta de responsabilidad institucional debería haber inhabilitado a esa persona para que siguiera en el cargo ni un minuto más.

Con Joe Biden, se abre un nuevo periodo de esperanza para la política estadounidense (y también mundial). El control de la Presidencia, del Senado y del Congreso le permitirá sacar adelante iniciativas demócratas y traer un poco de luz al oscurecido panorama americano. Pero no debemos ser ingenuos. Las medidas sociales del otro lado del charco están muy lejos de cómo las entendemos en Europa. Seguramente, el contraste con su antecesor será abismal, pero ya hemos visto, como con la administración Obama, que la Presidencia no es un cheque en blanco y los cambios son lentos y tortuosos. El mismo Obama ganó el premio Nobel de la Paz, por la esperanza que insuflaba en la política de todo el globo terráqueo, pero acabó siendo una decepción al no poder sacar adelante todo lo que se esperaba de su gobierno.

Biden fue uno de los senadores más jóvenes cuando accedió al cargo, pero llega a la Presidencia como la persona más anciana en ocupar el puesto. En el falso documental de Netflix Death to 2020 (2020) se puede ver cómo se mofan de esta situación, simulando que Biden es un excombatiente de la guerra civil americana, con más de 200 años. Aunque en realidad tenga 78, veremos en los próximos meses si este anciano es capaz de verter un poco de luz en el oscurecido territorio norteamericano o si, por contra, es otra decepción y hay que poner los ojos en el futuro y en su vicepresidenta, Kamala Harris. 

Imperator Caesar Cerverius



viernes, 6 de noviembre de 2020

EL AÑO EN QUE SE DETUVO EL AMOR

2020 pasará a la historia por muchas cosas: Los incendios de Australia (que comenzaron en 2019), las inundaciones de Indonesia, la victoria de Joe Biden en las elecciones estadounidenses, la muerte de Sean Connery… pero, por supuesto, la que se lleva la palma es el Coronavirus.

La pandemia del COVID-19 ha cambiado nuestros hábitos, nuestras formas de relacionarnos, incluso ha empañado la lente con la que miramos el mundo. ¿Acaso no observamos, ahora, fotos antiguas sin darnos un poco de repelús al ver lo cerca que estábamos en las imágenes?

Dejando a un lado las desastrosas consecuencias económicas y, por supuesto, las desoladoras cifras de fallecidos, hay un tema en el que, quizás, no nos hallamos percatado de primeras: El amor.

¿Qué hay del amor? El tiempo se detuvo para él al comenzar esta tormenta. Como en el juego de las sillas, cuando se paró la música, el que estaba emparejado pudo seguir relacionandose con su compañera o compañero. Pero, ¿qué hay de los solteros? ¿Qué tipo de relación pueden entablar partiendo de cero? Los sitios más proclives a conocer gente, como bares, discotecas, etc., se han cerrado o han limitado mucho su horario y aforo. Y, durante el tiempo que permanecen abiertos, es complicado vencer la distancia de los 2 metros de seguridad. Aun en el caso de poder salvar todos los impedimentos, ¿quién se atrevería a “intimar” con un desconocido o desconocida? No están las cosas como para intercambiar fluidos con nadie. Así, parece ser que los solteros están condenados a una pertinaz soledad, ya que no es que se vea luz al final del túnel, precisamente.

Superado el episodio romántico de la incertidumbre sobre el futuro afectivo de las personas sin pareja, ahondemos sobre el porvenir de la humanidad. A la larga, ¿no habrá un vacío, en 2020, de emparejamientos, casamientos, alumbramientos…? ¿Las relaciones íntimas entre personas caminarán hacia encuentros sexuales “sin contacto”? ¿Avanzamos hacia una sociedad como la de Demolition Man, en la que Sandra Bullock y Silvester Stallone “confraternizan” a través de un sistema electrónico por el que se transmiten placer?

Hay mucha historia todavía sin contar y nadie sabe si estamos en el comienzo, en el nudo o en el desenlace de esta aburrida novela. Mientras la protagonizamos, esperaremos a que vuelva a sonar la música y podamos volver a bailar alrededor de las sillas.

Imperator Caesar Cerverius



domingo, 3 de mayo de 2020

EL CORONABOICOT


Saludos, lectores de Face It! (si es que aún queda alguno por ahí).
Me he decidido a desempolvar el teclado y escribir unas líneas, aparte de por el tiempo extra con el que cuento, para expresar mis opiniones sobre la gestión de la pandemia, en la que nos encontramos, y el comportamiento de la gente durante la misma.
A la altura de las circunstancias, y tras todo lo vivido, creo que todos podemos concluir que el tratamiento de la crisis ha sido más que mejorable. Pero igual que sentencio con rotundidad tal afirmación, también creo que la intención del Gobierno ha sido la de paliar, cuanto antes, el daño. La coordinación para evitar contagios, tratar a los enfermos, y no paralizar el país en el intento, seguro que no es fácil. Esta administración no ha estado acertada en todas sus decisiones, pero me cuesta mucho creer que otra lo hubiese hecho mejor. A lo largo de esta piel de toro, en la que habitamos, gobiernan local y regionalmente partidos de diferente espectro político. Y en ningún caso se puede decir que la gestión haya sido impecable.
Pero, más allá de las decisiones de nuestros dirigentes, en las que poco o nada podemos intervenir, querría hablar de nuestras propias acciones. Cuando todo esto pase (esperemos que más pronto que tarde), qué dejaremos en el historial de nuestra conducta. Qué podremos contar, dentro de muchos, muchos años, a nuestros hijos o nietos. Y creo que no todos podrán sostener la cabeza en alto y decir “yo contribuí a luchar contra el coronavirus”. No sólo hablo de combatir físicamente contra la pandemia, como hacen sanitarios, cuerpos y fuerzas de seguridad o empleados de supermercados, todos convertidos, a día de hoy, en héroes. Perdón, HÉROES. Hablo de los que han movido algún dedo para que el tránsito por esta crisis sea más llevadero.  Me refiero a los que permanecen encerrados en casa, aunque las paredes se les caigan encima, y se resisten a hacer un “Alfonso Merlos”. Aludo a los que salen todos los días a las 20:00 (algunos, incluso, a las 19:59) a aplaudir a los HÉROES de los que hablaba antes. Hablo de esos vecinos que van a la compra y se acuerdan de la abuelica del quinto, que no tiene a nadie, y le acercan unos huevos, unas piezas de fruta o un poco de leche. Incluso me remito a los que, aun estando en desacuerdo con la gestión de la situación, callan, porque de pequeños les enseñaron que, cuando no tienes nada bueno que decir sobre algo, es mejor no decir nada.
Me reconcome el hastío, la rabia y el desprecio por aquellos políticos y periodistas que, lejos de contribuir a la superación de la crisis, la aprovechan para hacer sangre del asunto. Parece que deseen el agravamiento de la pandemia sólo para utilizarlo como munición contra el actual Gobierno. Así, como repugnantes villanos de opereta, se relamen con cada aumento diario del número de víctimas, se carcajean con socarronería con cada medida heterodoxa y alientan a sus seguidores a sacar las cazuelas a los balcones minutos después de los aplausos. Repulsiva me parece, especialmente, esta última iniciativa. Convertir un acto luminoso, altruista y espontaneo en una ceremonia soez, traidora e indigna que en nada ayuda a superar la crisis.
Juntos superaremos esta pandemia y será tiempo, entonces, de evaluar la gestión de la misma. Los que tengan que caer, caerán, y los que deban ser recompensados, lo serán. Pero ocurrirá después, no en medio de la crisis. A los que pedís, insistentemente, la dimisión de Pedro Sánchez, ¿creéis realmente que un cambio en la cabeza del ejecutivo es una decisión inteligente en este trance?
Sirvan estas líneas para hacernos reflexionar sobre nuestro comportamiento y determinar si estamos ayudando o perjudicando a superar esta situación. Sobre todo, intentad hacer un ejercicio de transporte mental hacia el futuro y decidid si, al echar la mirada atrás, estaremos orgullosos de nuestra actuación, o nos avergonzaremos.
Y, por último, una petición. Por favor, no salgáis de casa.


Imperator Caesar Cerverius


lunes, 27 de mayo de 2019

UN GRAN PODER CONLLEVA UNA GRAN RESPONSABILIDAD




Un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

Una frase sencilla. Lógica y obvia, si se toma un par de segundos para analizarla. Una frase que se le atribuye al Tío Ben. Ben Parker tuvo que hacerse cargo de Peter, el hijo de su hermano, cuando este último murió. La experiencia y la vejez le dieron la sabiduría para asumir esa sentencia y transmitírsela a su adolescente sobrino: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Lapidaria, ¿no? Pues por muy evidente que fuese, Peter Parker fue incapaz de asumirla a tiempo y tuvo que ver cómo su tía se quedaba viuda por no haber sabido él interiorizar esa frase. A Peter Parker (Spiderman para sus amigos y vecinos) hoy le conocemos como un superhéroe, pero en sus inicios no aprovechó sus poderes para luchar contra el crimen, sino para lucrarse. Pudo detener a un malhechor que pasó por delante de sus narices, pero no quiso involucrarse. Al llegar a casa de sus tíos, pudo comprobar cómo ese mismo malhechor había robado y asesinado al bueno del Tío Ben. Peter no asumió la responsabilidad de su poder y tuvo que pagarlo en sus carnes, como una buena obra literaria exige.
Pablo Iglesias no es un superhéroe (aunque para algunos lo haya sido y para algunos aún lo sea), pero sí que tiene un gran poder: Abrió el melón del bipartidismo y amplió el espectro político más allá de gaviotas y rosas. Infundió esperanza a mucha gente, que vio a un ser llano, como ellos, capaz de llegar al Congreso y cambiar las cosas. Desalojar a los poderosos corruptos y traer el bien al Pueblo. Pero un gran poder conlleva una gran responsabilidad.
Hace cuatro años, con Podemos todavía en pañales, el partido morado no quiso meterse en callejones sin salida, llenando listas con personas desconocidas que podrían salirles rana. En cambio, apoyó la creación de plataformas ciudadanas que asaltasen los ayuntamientos y trajesen el cambio. Así llegó el bastón de mando a personas como Manuela Carmena en Madrid, Ada Colau en Barcelona o Pedro Santiesteve en Zaragoza. Los “ayuntamientos del cambio” se propagaron por toda la península insuflando un soplo de aire limpio al corrompido sistema municipal español.
Durante estos cuatro años, Pablo Iglesias ha ganado en poder, pero no lo ha usado con responsabilidad. Ha acallado y expulsado a los críticos y se ha rodeado del séquito que le regala los oídos. Ha entrado en esa burbuja de los poderosos que les desconecta de la población. Sólo así puede justificarse algunas de sus decisiones en su vida personal. Sigue siendo un adolescente, como Peter, que quiere conseguir sus deseos a toda costa y sin importarle lo que se lleve por delante.
Quizá, durante esta legislatura municipal, Iglesias tenía claro que las plataformas ciudadanas que hace cuatro años triunfaron, llegado el momento se replegarían y cantarían las alabanzas de San Pablo para que llegase con su potente partido Podemos para tomar el relevo y continuar con esos ayuntamientos del cambio. En vez de eso, ha permitido ir en una lista separada de Zaragoza en Común o de Más Madrid en la Comunidad. Su burbuja y/o su séquito le hicieron creer que iban a partir la pana y que, si las plataformas no se plegaban ante él, los ciudadanos sí que lo harían. Consecuencia: la fragmentación de la izquierda. La división de votos y la ausencia de un proyecto común se lo ha puesto en bandeja a la derecha, que ha aprovechado para ocupar esos lugares.
Fácil sería decir “con su pan se lo coman”, el electorado les ha castigado, pues que lo paguen quedándose en la oposición. Pero es que los que verdaderamente van a pagar los platos rotos, son los ciudadanos. Con el auge de la derecha, vendrán las privatizaciones, los cortijos, los toros, la vuelta al reaccionarismo, los sobres, los dedazos, los amiguismos, el clientelismo, el fin de la participación. Llegarán la pérdida de las libertades y de las políticas sociales.
Quizá sea necesaria una catarsis para que vengan otros y arrastren a éstos. Otros que piensen en el Pueblo y que, años después, sigan pensando en él como el primer día. Otros que, cuando alcancen el poder, sepan ver que lo tienen que utilizar con responsabilidad.

Imperator Caesar Cerverius.


martes, 23 de abril de 2019

VIÑETAS SOBRE TIEMPOS TURBULENTOS (PARTE I)



   Este 1 de abril se han cumplido 80 años del final de la Guerra Civil española. Sobre este trágico acontecimiento -en el que gira todo el siglo XX español-, se harán eco diversos medios y se analizará desde diversas perspectivas: histórica, periodística, fotográfica o literaria…

   Y con toda seguridad, los medios de comunicación o la vertiente histórica obviarán el tratamiento de la guerra en los cómics y novelas gráficas. Porque estos medios, desde la década del año 2000, han plasmado la temática de la guerra de una forma muy variada. De hecho, por curioso que pueda parecer, el uso político y público sobre la Guerra Civil española ha ido aparejado con el número de volúmenes y obras gráficas publicadas sobre el conflicto bélico.




   Como se ve en este gráfico de Michel Matly, hubo una primera oleada de trabajos referidos sobre la Guerra Civil que comenzó en la Transición y llegó a cubrir toda la década de los años 80 hasta los primeros años de los noventa. Este auge de publicaciones coincidió con los primeros trabajos e investigaciones sobre la Guerra Civil a nivel académico y también con una pequeña y breve apertura del debate público sobre el periodo bélico, más allá del silencio que se quiso imponer a nivel político, ensalzando a los actores políticos de la Transición y haciendo todo lo posible por olvidar el pasado traumático, enterrarlo debajo de la alfombra y mirar hacia un futuro próspero y de concordia (Os suena esto, ¿verdad?)

   Vayamos a lo concreto. ¿Cómo y de qué manera se reflejó la Guerra Civil española en los primeros trabajos que trataban específicamente este periodo de nuestra historia?



   Un primer ejemplo lo encontramos en la tetralogía Eloy (Hernández Palacios, 1979, 1980, 1981, 1987), que utilizó una identificación conectiva al presentar a los republicanos como “nosotros” pero no a los enemigos, ya que los pertenecientes al bando franquista no aparecen personificados. Se plasman como “entes” que sirven de contrapeso al protagonista republicano. Aun así, intenta rehuir de polémicas sobre la guerra y presentarla como una situación muy excepcional de manera lineal.







   Por el contrario, hubo cómics vinculados a la extrema derecha, como la novela gráfica editada por Fuerza Nueva Setenta días en el infierno. La gesta en el Alcázar de Toledo (Carlos y Luis F. Crespo, 1978). Es un claro ejemplo de alegoría de esta batalla y ensalzamiento del bando franquista de una forma sesgada y parcial, demonizando al bando republicano.











   En los años 80, el tratamiento generalista y lineal sobre la guerra que se quiso dar en la década de los setenta varió levemente con comics como Emili Piula (Subirachs, 1980) o con la serie de ocho historietas publicadas en la revista Cimoc (Víctor Mora, 1986, 1987). Se abandonó la identificación «nosotros-republicanos», y se optó por otra más alejada y aséptica ejemplificada en un «ellos-republicanos», representándose además la guerra como una locura colectiva entre los dos bandos que no debiera repetirse en el futuro.


   La principal aportación del trabajo de Subirachs es que incluía a miembros de la Iglesia como actores protagonistas de la guerra, un hecho que “accidentalmente” se había obviado en obras anteriores.
   Pero este primer auge de cómics y novelas gráficas sobre la Guerra Civil no se tradujo en un mayor interés por parte de los lectores, editores ni para el público en general. Las publicaciones de los años ochenta sobre este tema pertenecían a editoriales muy pequeñas, casi marginales. La crisis de las grandes editoriales hizo que muchas de ellas desaparecieran, otras tuvieron que fusionarse o reconducir su temática mediante la contratación de autores muy consagrados cuyas obras tratarían temas más costumbristas, que no incomodasen a nadie. Además, durante el gobierno socialista se creó la idea (falsa pero perdurable) de que mirar al pasado traumático de la guerra, era algo incómodo y propio del cajón de la historia, que podía romper España. Había que mirar hacia el progreso y la modernidad (cerca estaban de celebrarse en 1992 los Juegos Olímpicos de Barcelona y la EXPO de Sevilla) y esconder bajo la alfombra toda mirada crítica sobre la Guerra Civil, para crear una concordia ficticia. Estos dos hechos fueron dos factores que produjeron en los años 90 una década de silencio y olvido de los cómics sobre la Guerra Civil española.

   Por suerte, en 1997 se publicó Un largo silencio de Francisco Gallardo, que supuso una ruptura del silencio historiográfico sobre la Guerra Civil por parte del mundo del cómic y de la novela gráfica, y aportó una nueva perspectiva al relatar la trayectoria vital de su padre en el conflicto –el miedo de la artillería, los fusilamientos en ambos bandos y el encierro en los campos de concentración del sur de Francia como exiliado–. Es un punto de vista novedoso que sirvió de ejemplo para futuras obras que explicaremos en otro momento. Otra de las novedades de este trabajo fue su formato de novela gráfica, ya que se presentó como una especie de cuaderno o diario junto a fotos y dibujos del padre del autor, algo similar a lo que hizo Art Spiegelman en Maus. Esta compilación de documentos personales intentaba dar verosimilitud a la historia y acortar la distancia entre la realidad traumática de la guerra y su representación gráfica. Además, Un largo silencio fue una de las obras pioneras en el tratamiento de la Guerra Civil desde el punto de vista de la memoria biográfica y supuso el inicio de una larga y próspera serie de cómics y novelas gráficas publicados ya en el siglo XXI cuyo valor y trasfondo fundamental será el de formar parte de la llamada “memoria histórica”.








domingo, 21 de abril de 2019

POR QUÉ VOTARÉ A PABLO IGLESIAS AUNQUE ME CAIGA MAL




Os confesaré una cosa: No me gusta Pablo Iglesias. Creo que es un ególatra con ansias de poder y que nunca ha aguantado que las personas de su alrededor le diesen ni un toque de atención. Y así se desprendió de gente muy válida como Íñigo Errejón o Carolina Bescansa. Sin embargo, sí que creo que hizo algo bien. Y eso fue fundar Podemos, el partido que cambió el modo de ver la política en este país y que podría hacer mucho bien por el mismo.
Dicho todo lo anterior, os aseguro que votaré a Unidas Podemos (y, por ende, a Pablo Iglesias) en las próximas elecciones. Y lo haré porque, en realidad, no tengo otra opción. Soy una persona de izquierdas y ahora mismo Unidas Podemos es la única organización que defiende mis intereses. Cierto es que, en los últimos años, no he estado de acuerdo con ellos en todas las medidas que han defendido, pero siguen siendo los que más medidas defienden favorables a mi persona (y creo que para todo el país).
Podría votar al Partido Socialista, claro, pero después me tendría que decepcionar al ver que pactaban con Albert Rivera en vez de con Pablo Iglesias.
También podría votar a PACMA, pues tengo muy interiorizadas las políticas animalistas y las creo muy necesarias en el Congreso de los Diputados. Pero no sólo de animalismo vive el hombre, sino de economía, trabajo, industria y un largo etcétera en el que creo que PACMA pincharía en hueso.
Si en verdad algo me repugna, del panorama político que se nos avecina, es la posibilidad de que sumen las derechas de PP, Cs y VOX. Creo que todos los avances en políticas sociales de los últimos años se irían al traste, amén de meter a España en un clima reaccionario más propio tiempos pasados que para nada fueron mejores.
Me diréis entonces, ¿por qué te la juegas votando a Unidas Podemos y no optas por el voto útil apoyando al PSOE? Pues porque creo realmente que el voto útil traiciona los valores de la democracia. ¿Acaso yo, como ciudadano, tengo que renunciar a mis ideas para concentrar la mayoría en “algo que se le parece”? No. La democracia es elección, la democracia es variedad, la democracia es debate y mestizaje de ideas. Creo que saldría un gobierno mucho más justo y beneficioso de un pacto entre socialistas y podemitas, que de uno monocolor (ya fuese rojo o morado). Y hay que obligar a nuestros cargos electos (que para eso los elegimos) a que se acerquen, negocien y pacten lo mejor para la ciudadanía.
Desde luego, lo que no haré, es quedarme en casa el próximo 28 de Abril. Muchos son los que dicen que, como un partido no les representa al 100%, no les entrega su voto. Supongo que esos perfeccionistas apagarán un partido de futbol si juega en su equipo un jugador que no les gusta, apartarán un plato de su mesa si un ingrediente no les entusiasma, o se saldrán del cine si uno de los secundarios que aparecen en la película dice una frase sin el tono apropiado.
El esnobismo de la izquierda siempre ha sido su peor enemigo. Como gente crítica que son sus votantes, siempre se ha visto amenazada con la nube de la abstención por una coma aquí o una tilde allá. Sin embargo, la derecha, masa disciplinada, acude a las urnas con el voto preparado de casa y deposita su papeleta en la urna llueva o nieve.
Desde este modesto medio os pido que no caigáis en las trampas de la campaña, no os dejéis engañar por los saboteadores que trabajan para el partido abstencionista y acudáis en tropel a votar (aunque sea un lema de pasadas elecciones del Partido Popular) con cabeza y corazón.

Imperator Caesar Cerverius



sábado, 30 de marzo de 2019

HIROSHIGE



El Museo de Zaragoza realizó -desde 2015 hasta el pasado marzo de 2018- una exposición temporal dedicada a Andô Hiroshige (1797-1858), más conocido como Utagawa Hiroshige (歌川広重), maestro por excelencia de la xilografía japonesa Ukiyo-e (expresión que viene a significar «pinturas o imágenes del mundo que fluye o flotante»), un artista que comenzó como supervisor de una estación de bomberos en el centro de Edo (actual Tokio) siguiendo los pasos de su padre y que pronto pasaría a formar parte del prestigioso taller de ukiyo-e de Utegawa Toyohiro donde, rápidamente, adoptaría el nombre de la escuela como apellido propio siendo actualmente conocido como tal a nivel mundial. Es importante recordar que el orden de nombres y apellidos en Japón corresponde al contrario en España, es decir, primero se conoce el apellido y después el nombre, algo que a nivel social puede verse modificado dependiendo del grado de relación que se tenga con dicha persona (por ejemplo, entre un jefe de empresa y sus trabajadores, lo habitual es que se llamen por el apellido, siendo al contrario si son amigos, familiares cercanos, etc.).

En realidad, se desconocen muchos datos sobre el artista puesto que, a pesar de que hubiera escrito una autobiografía, al poco de morir ésta desapareció debido a un fatídico incendio. A pesar de ello, podemos encontrar su esencia y saber hacer en sus obras, un excelente grabador muy solicitado gracias a su ascenso en el oficio.

Esta exposición se pudo disfrutar gracias a la entidad organizadora: la Fundación Torralba-Fortún cuyo fundador, Don Federico Torralba Soriano, historiador del arte y entusiasta del arte japonés, en especial de Hiroshige, dispone de una amplia colección de arte japonés, la cual cedió al Museo de Zaragoza el cual ha querido rendirle homenaje a la gran predilección que siente por el artista nipón, y al gran trabajo que ha realizado por el estudio y difusión de este arte en nuestra comunidad. Sin olvidarnos de otras entidades organizadoras, debo mencionar al Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza, Gobierno de Aragón, etc., así como la colaboración imprescindible de la Asociación Aragón-Japón, dirigida por Kumiko Fujimura, quién también cedió algunas de sus piezas que pudieron verse en esta exposición, como es el caso del delicado y bello kimono expuesto en las vitrinas de la sala dedicada a la vida y cultura urbana, una representación de la belleza y elegancia de la mujer japonesa; destacada también la selección de piezas de diversos usos en la época Edo, así como la catalogación excelente realizada por el Grupo de Investigación Japón y España: Relaciones a través del Arte, liderado por la Dra. Barlés, quien realiza el papel de comisario junto al Dr. Almazán, ambos muy involucrados con la divulgación del arte japonés en nuestra comunidad y universidad, no sólo a nivel académico, sino también expositivo, puesto que también son coleccionistas de este arte del grabado japonés, y además son los responsables de los textos de exposición.


Quisiera hacer hincapié en el amplio despliegue cultural que abarca esta exposición que llama la atención de amantes del arte japonés, y de quienes simplemente tienen curiosidad por ver «qué pintan estos chinos». Es una demostración total y completa del interés anteriormente mencionado, llevado al detalle con sumo cuidado, y que facilita a todo el público el acceso a este tipo de arte tan llamativo. Además, diversos libros que recorren la trayectoria del arte japonés, el japonismo europeo, la vida y obra del artista mencionado, etc., que podían ojearse allí mismo para adquirir mayor conocimiento in-situ. Es por tanto una completa y excelente exposición para el conocimiento.
Dispone de numerosas piezas acompañadas con su correspondiente cartel, en el que podiamos leer el título, la serie, firma y fecha, el editor, la estampa y su formato, además de conocer el nombre de quién cede la obra al Museo. También diferentes textos explicativos muy concisos que acompañaban a cada sección del área de Asia Oriental dispuesta en el Museo de Zaragoza. Una información adecuada para conocer el contexto histórico y social del autor, como de las obras mismas, que de forma sintetizada son capaces de hacer entender al espectador la importancia de cada motivo. Además, era una exposición muy bien estructurada, puesto que dividía claramente cada concepto y desarrollo de la época y la vida del artista, empezando por una resumida biografía de su vida y trabajo, incluyendo aspectos sobre la capacidad de observación del artista en su entorno, así como el estilo de vida urbana en la ciudad Edo, explicando la importancia del Ukiyo-e y su significado y, brevemente, la historia de los samuráis.

Un recorrido completo que transporta al visitante a la época en la que Hiroshige fue ligado al Japonismo europeo. Algunas de estas obras tan representativas de su estilo y visión del mundo expuestas en esta exposición temporal fueron las conocidas: Hashiba en la nieve, de la serie Treinta y seis ejemplos de orgullo de Edo (Edojiman sanjû rokkyû); Fujikawa, de la serie Cincuenta y tres estaciones del Tôkaidô (Tôkaidô gojûsan tsugi meisho zue), entre otras muchas además de libros con sus dibujos previos y bocetos, el material que utilizaba para realizarlos, etc.

Hiroshige destaca con su trabajo en el procedimiento conocido como nishiki-e, con el que lograba estampas a todo color, dando vida a sus paisajes y escenas cotidianas. Un artista que llama la atención a cualquier visitante, ya que en primera persona puedo decir que, gracias a esta exposición que vi por primera vez en 2015, me decidí más tarde a matricularme en esta carrera, sabiendo que estaba en el sitio ideal para adentrarme en las profundidades del Ukiyo-e y todo lo que rodea a esta técnica que ha sabido mantenerse a lo largo de los años, dentro y fuera de las fronteras japonesas, embelesando a todo aquel que detiene su camino para admirarlo.



Anexo: Imágenes tomadas en la exposición:




Fujikawa, Estación 38. Serie Cincuenta y tres estaciones del Tôkaidô.
Andô Hiroshige, 1855. Estampa nishiki-e, formato ôban (36x25cm).
Colección Federico Torralba, Museo de Zaragoza nº 53003.





Detalle Hashiba en la nieve. Serie Treinta y seis ejemplos de orgullo de Edo.
Utagawa Hiroshige II y Utagawa Kunisada, 1864. Estampa nishiki-e, formato ôban (36x25cm).
Colección Federico Torralba, Museo de Zaragoza nº 49462.



Detalle kimono de seda del siglo XX, colección particular.


Detalle de la exposición: Estampaciones y material de trabajo.



Detalle de la exposición: Vida urbana, la mujer y los samuráis en la época Edo.



Texto realizado por la alumna Ana Mª Ortega Sanchez (pseudónimo Heiwa en este blog) para la asignatura Técnicas Artísticas del grado Historia del Arte, en la Universidad de Zaragoza, impartido por la profesora Dra. Belén Bueno Petisme en el curso 2017/2018. ®

HEIWA