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domingo, 6 de junio de 2021

ENTRE LOBOS: LA BATALLA DEL ATLÁNTICO

La Batalla del Atlántico fue la campaña militar continua más larga de la Segunda Guerra Mundial (ya que se extendió prácticamente durante todo el conflicto) y es considerada la batalla naval “más larga, más grande y más compleja” de la historia. Como su propio nombre indica, tuvo como escenario el océano Atlántico, y enfrentó a las Fuerzas Aliadas (principalmente Reino Unido y Estados Unidos desde su incorporación) y las Potencias del Eje en Europa (la Alemania Nazi, Italia y la Francia de Vichy desde la ocupación germana).

Aunque se data entre septiembre de 1939 y mayo de 1945, fue desde 1940 y hasta 1943 cuando se desarrollaron la mayor parte de las operaciones.

Alemania venía de una Primera Guerra Mundial con la flota mermada debido a las limitaciones impuestas por el Tratado de Versalles (que dio por finalizado el conflicto). A principios del ’39, la Kriegsmarine (Marina de Guerra Nazi) había puesto en marcha el “Plan Zeta”, un programa de construcciones navales que tenía por objetivo crear una gran flota que pudiera competir de tú a tú con la Royal Navy (Marina Real Británica). Sin embargo, la invasión de Polonia, siete meses después, paralizó el proyecto. Muchas naves que estaban en construcción se abandonaron, pero todo el material disponible fue utilizado para la fabricación en masa de U-Boote, submarinos alemanes que tendrían al almirante Karl Dönitz como su principal valedor. El plan de Dönitz, sabedor de que la flota germana no podía combatir a la británica de forma directa, era atacar a la Marina Mercante Aliada, impidiendo que llegasen los suministros necesarios a la isla.

En la primera etapa de la batalla, entre septiembre de 1939 y mayo de 1940, Alemania combatió con sus submarinos obsoletos, hundiendo sólo 222 barcos, un número muy inferior al que Dönitz calculaba necesario para asfixiar a Reino Unido. La producción de 2 submarinos al mes era insuficiente para renovar la flota y conseguir los objetivos marcados.

Entre junio de 1940 y marzo de 1941, los avances alemanes comenzaron a ver la luz. Tanto, que esta etapa fue bautizada como “los tiempos felices”. La invasión de Francia y la ocupación de Noruega favorecieron sobremanera a la Kriegsmarine, que vio cómo la cuarta potencia marítima mundial (Francia), se retiraba del tablero de juego. La fabricación de submarinos se intensificó y se remodelaron algunos buques mercantes para transformarlos en barcos de guerra.

A lo largo del resto de 1941, la Royal Navy consiguió recuperarse. Casi la única medida que había tomado la flota aliada había sido organizar a la Marina Mercante en convoyes, que dotaban de escoltas con buques militares para protegerlos. Pero dichos efectivos también eran necesarios en otros escenarios de guerra, por lo que los aliados empezaron a utilizar corbetas (mucho más numerosas dentro de la flota) para dichos propósitos. Además, la utilización del SONAR, para localizar a los U-Boote, y el desarrollo del programa Ultra, para neutralizar las comunicaciones encriptadas de la armada nazi, ayudaron a golpear duramente a la Kriegsmarine.

Llegó 1942 y, aun con la incorporación de Estados Unidos en el conflicto, la Marina Alemana gozó de un “segundo tiempo feliz”. Los submarinos nazis acampaban frente a los puertos americanos y esperaban a que fuesen saliendo los barcos para hundirlos. Los U-Boote alcanzaron la mágica cifra de 300 unidades, permitiendo al almirante Dönitz ejecutar la “Táctica de la manada de lobos”. La jugada consistía en desplegar a los efectivos submarinos por el Atlántico. En el momento en el que alguno de ellos localizaba un convoy, avisaba por radio a las naves cercanas para acecharlo y simultanear un ataque durante la noche. La zona central del océano era llamada “el pozo negro” (the black pit) debido a la vulnerabilidad de los barcos a lo largo de esa franja. En ese espacio, los convoyes estaban lo suficientemente lejos del continente y no lo bastante cerca de las Islas Británicas como para poder recibir cobertura aérea, teniendo que bastarse con la escolta de la armada aliada. Era en esa brecha del Atlántico medio donde los U-Boote actuaban como una manada de lobos y atacaban sin piedad a los buques mercantes.

Pero si 1942 fue el año de la Kriegsmarine, 1943 lo fue de la US Navy (Marina de Estados Unidos). El presidente Franklin Delano Roosevelt reforzó la escolta de los convoyes y organizó escuadrones cazasubmarinos. Las cargas de profundidad, el arma con el que los barcos militares intentaban hacer naufragar a los sumergibles, fueron perfeccionadas. Consistían en unos explosivos que se lanzaban al agua y se hundían entre 15 y 30 metros antes de estallar. Si lo hacían cerca de un submarino, acababan con él, observándose a continuación una gran mancha de carburante flotando en la superficie. En mayo de ese año, el hundimiento de 41 U-Boote de un total de 50 que participaron en esa escaramuza marcó el inicio del fin de la Marina Nazi. Dichos resultados se seguirían repitiendo durante 1944.

En 1945 se botaron hasta cinco submarinos alemanes de última generación, que podrían haber cambiado el curso de la batalla de haber llegado antes y en mayor número. Pero era demasiado tarde y el conflicto ya tenía un vencedor claro. El 8 de mayo de ese mismo año, con el fin de la guerra en Europa, se dio por concluida una de las batallas más desconocidas de la Segunda Guerra Mundial, quizá por no tener tantos productos cinematográficos en su haber.

Aunque sólo sea por aportar algunas cifras, podemos contar que un total de 2.848 buques mercantes fueron hundidos por la flota alemana, lo que supone sólo un 1% del total de tráfico marítimo en el conflicto; el 76% de los submarinos nazis fueron destruidos o capturados a lo largo de la batalla; en ningún momento se detuvo el flujo de suministros estratégicos a Reino Unido, pudiendo servir éste de lugar de acumulación de tropas frente al Día D; 36.000 marinos mercantes y otros 36.200 marineros aliados perdieron la vida, en comparación con los 30.000 que lo hicieron en el bando alemán.

 

BIBLIOGRAFÍA:

https://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_del_Atl%C3%A1ntico

https://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_the_Atlantic

https://es.wikipedia.org/wiki/Kriegsmarine

https://es.wikipedia.org/wiki/U-Boot

https://es.wikipedia.org/wiki/Karl_D%C3%B6nitz

 

Imperator Caesar Cerverius



miércoles, 14 de abril de 2021

90 AÑOS DE UN SUEÑO


Hace 90 años, se echó al rey de España. El 14 de abril de 1931 se puso fin a 45 años de reinado de Alfonso XIII, un monarca que nació coronado, ya que su padre (Alfonso XII) había muerto cinco meses antes. Su huida acabó con cuatro periodos, bien diferenciados, de monarquía. El primero, hasta los 16 años, con la Regencia de su madre, la reina María Cristina. El segundo, al cumplir la mayoría de edad, en el que desempeñó un papel similar al de su padre y que evitó alcanzar una verdadera Monarquía parlamentaria. El tercero, marcado por la dictadura de Miguel Primo de Rivera, a la que no se opuso, traicionando al pueblo que prometió servir cuando juró la Constitución de 1876. Y, finalmente, el cuarto, de poco más de un año, llamado el de la “dictablanda” del general Damaso Berenguer.

Unas simples elecciones municipales, celebradas el 12 de abril de 1931, y que no aspiraban a cambiar nada, dieron la victoria a los partidos republicanos en las grandes ciudades (aunque el total de los votos en el Estado se decantase por fuerzas monárquicas). Al día siguiente, ya fue declarada la República en pueblos como Sahagún (León), Éibar (Guipúzcoa) y Jaca (Huesca). El 14 les seguiría el resto de la nación, obligando al monarca al exilio, donde moriría 10 años después.

La República (segunda en la historia de España tras el breve coqueteo de la primera en 1873) constituía una oportunidad de libertad: igualdad de los españoles, principio de laicidad (con la separación Iglesia-Estado), modernización del ejército, reconocimiento del matrimonio civil y divorcio, promoción de las lenguas territoriales, establecimiento de estatutos que deberían avanzar hacia el autogobierno de las regiones, mejor reparto de la tierra, dignificación del trabajo (con la inclusión de vacaciones pagadas o el derecho de huelga), reconocimiento del voto de la mujer y reforma de la política educativa (basado en los preceptos de la Institución Libre de Enseñanza, que lucharía contra el analfabetismo y fomentaría el pensamiento crítico), entre otras.

A la República, o más bien a la izquierda republicana que ascendió al poder en el primer bienio, se le exigió unas rápidas reformas que materializasen, de forma inmediata, las demandas de la clase obrera. El gobierno presidido por Manuel Azaña no fue capaz de llevar a cabo las reformas prometidas con la celeridad deseada, lo que llevó a unas elecciones generales que ganaría la derecha, dando paso a otro bienio, más conservador, presidido por el radical (de centro) Alejandro Lerroux y apoyado por la Confederación Española de Derechas Autónomas. La función principal del nuevo gobierno fue deshacer todo el camino andado por la administración anterior.

La izquierda aprendió la lección de la desunión y acudió en alianza, a las elecciones de 1936, con el Frente Popular, logrando una gran mayoría. Cuatro meses después, llegaría la guerra. Los que no lograron el poder en las urnas se opusieron a la voluntad popular perpetrando un golpe de estado y embarcando al país en un conflicto bélico que se alargaría durante tres años y que condenaría al pueblo a sufrir 40 años de miserias, injusticias y falta de libertad que traería la dictadura.

¿Con qué derecho se creían? ¿En nombre de quién (quizá Dios) enarbolaron las armas contra un gobierno democráticamente elegido? La guerra (y más, si es entre hermanos), trae lo peor del ser humano. Se cometieron aberraciones por ambos bandos. La diferencia es que, mientras unos lo hacían para defender el orden democráticamente establecido, otros los perpetraron para oponerse a la voluntad popular.

El país cayó en manos del general Francisco Franco (el tapado de este golpe) tras la muerte de los líderes Calvo Sotelo, Sanjurjo y Mola. Franco se apoyaría en la Iglesia (para acobardar y adoctrinar religiosamente al pueblo), los militares (para someter por la fuerza a la población) y la Falange (para desarrollar el movimiento ideológico que le mantendría en el poder durante 40 años).

El régimen republicano, que se instauró sin derramamiento de sangre aquel 14 de abril de 1931, terminó 8 años después con uno de los episodios más vergonzosos en la historia de nuestra nación. Hoy, 90 años después, miramos al pasado con tristeza, por la oportunidad perdida, y con rabia, por la injusta interrupción de esos canallas que decidieron que su voluntad era más valiosa que la de los demás. Pero también miramos al futuro, esperanzados, con el anhelo de que, algún día, este país nos trate a todos como iguales y no haya ningún ciudadano, marcado al nacer, que sobresalga con más derechos que sus compatriotas. Un día en que caiga un régimen corrupto, injusto y anacrónico, como el de la monarquía, y pueda ondear de nuevo la bandera tricolor, anunciando la llegada de la Tercera República.

Imperator Caesar Cerverius