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martes, 26 de enero de 2016

MUERTE ¿Y RESURRECIÓN? DE LA SOCIALDEMOCRACIA (Parte II)

PARTE II (EUROPA)
Habíamos explicado cuál era la situación de la socialdemocracia en España. Veamos en un rápido repaso qué ha ocurrido en Europa en los últimos tiempos
La renuncia de Willy Brandt a la Cancillería de Alemania Occidental en 1974, seguida por el gobierno de Helmut Schmidt hasta 1982, y el asesinato del primer ministro sueco Olof Palme en 1986 supusieron los tres hitos fundamentales para la caída en desgracia y casi desaparición de la socialdemocracia no solo en esos países en concreto, sino en toda Europa. Es verdad que, en los años ochenta, el socialismo extendía su influencia por los países mediterráneos (Portugal, España y Grecia) e incluso Francia donde el PSF de Miterrand gobernó con el apoyo secundario de los comunistas. Sus intentos reformistas como mejoras salariales, nacionalización de empresas y bancos o reducción de la jornada laboral e incluso la abolición de la pena de muerte o la despenalización de la homosexualidad -en el país de la “Liberté, égalité, fraternité” este hecho tuvo lugar hace solo 30 años- acabaron por provocar un significativo aumento del déficit y de la inflación. Por no hablar de su postura sobre el pacifismo o el ecologismo. Recuerden el Rainbow Warrior, un barco perteneciente a Greenpeace que fue atacado y hundido por agentes franceses en 1985 para evitar las protestas pacíficas en el Atolón de Mururoa, lugar de pruebas nucleares francesas.
En la actualidad si algo caracteriza al Ejecutivo de Hollande y Valls es su debilidad no solo frente al tradicional rival, la UMP -ahora llamado Los Republicanos-; sino hacia el Frente Nacional de Marine Le Pen. Un hecho que se ha plasmado en las últimas elecciones regionales cuando Manuel Valls pedía el voto para el partido de Sarkozy, por no hablar de sus estrictas y poco conciliadoras reformas sobre la inmigración y los extranjeros ya asentados o su apatía ante las protestas que se sucedieron en numerosas ciudades francesas tras la aprobación del matrimonio homosexual. Ni el inicio de una respuesta armada contra ISIS ha logrado aumentar la aprobación de su gobierno.
Gran Bretaña fue en los años ochenta la punta de lanza de la ola conservadora anglosajona junto a la presidencia de Reagan en EE.UU., pero el Gobierno de Thatcher dejó un país con la mayor parte de sus servicios básicos privatizados y con un significativo aumento de la desigualdad entre clases sociales. E incluso debilitó al laborismo británico que no retomaría el Gobierno hasta 1997 con Tony Blair, cuyas primeras medidas fueron recuperar un verdadero Estado de bienestar logrando al mismo tiempo unos satisfactorios acuerdos de paz con el IRA –ratificados en el Acuerdo de Viernes Santo de 1998-, y que significaron el inicio del desmantelamiento del terrorismo irlandés hasta su final en 2008. Sin embargo, en política exterior el laborismo inglés no iba a suponer una novedad respecto al conservadurismo británico manteniendo la tradicional sumisión con Estados Unidos, reflejada al encabezar la ilegal Guerra de Irak del 2003. Su caída en desgracia dejó muy tocado al Partido Laborista, perjudicando la imagen de su sucesor Gordon Brown. Y habrá que esperar si su nuevo líder, Jeremy Corbyn logra insuflar nuevos bríos. En contraposición, pongamos como ejemplo a la Alemania del socialdemócrata Schröder, quien no cedió a las presiones norteamericanas y británicas para la participación alemana en Irak, aunque hay que consignar que lo logró por la rotunda negativa de sus socios de gobierno, Los Verdes.
http://www.zerohedge.com/sites/default/files/images/user3303/imageroot/2015/07/20150716_socialism.jpg
Es fácilmente constatable la desaparición de la totalidad de postulados socialdemócratas en los distintos programas de gobiernos progresistas con la salvedad de Grecia –hasta que la UE y la Troika hagan caer totalmente el gobierno-, Suecia, Portugal con un Gobierno formado mediante el pacto de fuerzas de izquierda y habrá que ver qué consigue Renzi en una Italia que debe resurgir después del nefasto Berlusconi-, en tanto en cuanto no todos los puntos se están aplicando en las estructuras políticas, sociales, económicas e incluso en las relacionadas con la ecología, el pacifismo o en materia religiosa. Además, la crisis económica iniciada en Europa en el 2008 y que derivó en una palpable degeneración del sistema político e institucional en todo el continente ha provocado una oscilación del péndulo gubernamental hacia posiciones más conservadoras e incluso se ha experimentado un súbito auge de posturas totalitarias llevadas a cabo por partidos de extrema derecha, desde Francia a Polonia pasando por Hungría, Alemania, Grecia o Dinamarca. En este punto no se puede obviar la cuota de responsabilidad de los partidos y formaciones socialistas europeas al minimizar primero y al no ofrecer después unas respuestas y soluciones tangenciales a la crisis económica y política de una forma adecuada y protectora al conjunto de la sociedad, asegurando en este momento de zozobra un verdadero Estado del Bienestar, que con tanto esfuerzo fue conseguido en los años sesenta y setenta del siglo XX.

Este es uno de los mayores desafíos del socialismo a lo largo de su historia. Por un lado,  recuperar los teoremas que ha olvidado –o peor aún, aparcado- de la socialdemocracia, y por otro reflexionar las causas que le han llevado a su descrédito en casi todo el conjunto de Europa y plantear soluciones concretas, realizables y prácticas que devuelvan y consoliden no solo un nuevo Estado del Bienestar sino también una equidad mayor en la distribución de la riqueza y en proteger a las clases bajas y medias, verdadero motor del progreso económico. Esa es la tarea que urge al socialismo en la actualidad sino quiere ver cómo toda su obra queda relegada a los libros de la Historia.

                                                                                                                                   -Olof.

jueves, 21 de enero de 2016

MUERTE ¿Y RESURRECIÓN? DE LA SOCIALDEMOCRACIA. Parte I

PARTE I (ESPAÑA)
Se puede afirmar que, en estos últimos treinta años, el concepto de “socialdemocracia” en Europa se puede asemejar a un paso de Jesucristo en Semana Santa. Todos saben que está muerto, que no es real, pero se saca a la calle para ver si se recupera la fe, para mantener vivo el mito y para hacer que unos cuantos incautos crean que puede volver a renacer.
Analizando la fotografía política en los años ochenta vemos una Europa central dominada por gobiernos de derecha y una periferia con gobiernos socialistas, siendo tal vez el más significativo el PSOE del “Otanero giratorio” Felipe X González por su longevidad gubernamental (1982-1996). Pero la imagen del partido en estos últimos treinta años se ha ido degenerando hasta convertirse en un auténtico vodevil, una parodia de partido en la que los barones regionales sierran las patas de la silla del líder socialista. Arrastran bastantes cadáveres bajo la cama y fantasmas en el armario como para dar ejemplo: uso de grupos paramilitares de extrema derecha para la guerra sucia contra el terrorismo etarra, casos de corrupción, uso político de los sindicatos para tenerlos bajo control o un denunciable incumplimiento constitucional de la laicidad de España –un saludo a Zapatero, quien subió la asignación del PIB a la Iglesia del 0,5% al 0,7%.-. Reconozcamos que en materias sociales el socialismo ha aportado enormes avances a la sociedad española: entrada en la CEE, legalización del matrimonio homosexual, la tan necesitada Ley de Memoria Histórica –que no ha roto España, como el “ser gallegoide” de Mariano Rajoy argumentó-, mayores medidas de protección ante el terrorismo machista que se cobra la vida de entre cuarenta y cincuenta mujeres cada año en España; mayor número de escuelas públicas e incluso más dotaciones de becas a estudiantes con pocos recursos.
Sin embargo, si tomamos el concepto de “socialdemocracia” como un todo, como una ideología política, social y económica, se manifiesta el fracaso continuado y el incumplimiento de esta doctrina a la hora de aplicarla en los distintos gobiernos. El contrato basura para los jóvenes se ideó en el primer Gobierno de Felipe González. La inutilidad de los marcadores económicos antes de la gran crisis del 2008 que tanto afectó a España se produjo en el Gobierno de Rodríguez Zapatero, al igual que no se puso freno a la burbuja inmobiliaria que no paró de crecer. Además, meses antes del estallido de la crisis España iba a entrar en la “Champions League económica” –argumento de gran estadista- y la solución fue el tan cacareado Plan E, un parche bienintencionado que partía de un error de base: al desconocer la profundidad de la crisis, la realización y el gasto en obras públicas iba a suponer a la larga un costo enorme para las maltrechas arcas del Estado. Tras la salida de Zapatero, seguida del breve interregno de Rubalcaba, llegó el congreso para elegir un líder que insuflara nuevos bríos dentro del socialismo español. Superando a un hombre de partido como Madina y a un intelectual socialista de raíz como Pérez Tapias, Pedro Sánchez se convirtió en el nuevo Secretario General del PSOE en el verano de 2014. Sus fans le llevaban en volandas destacando su juventud, fuerza o la valentía de hacer un nuevo socialismo obviando el hecho de que está cuestionado desde el principio no sólo desde la oposición conservadora sino también entre sus propias filas, principalmente por la “baronesa guadalquiviareña” Susana Díaz, quien afila los clavos del ataúd político de Pedro Sánchez. Su piedra de toque tuvo lugar en las Elecciones Generales del 2015 como quien se juega la repesca de un examen ante un exigente tribunal. Y la población le mostró en su acta un suspenso rotundo. Ante el pésimo, corrupto e incapaz Gobierno del PP, -el peor de la democracia en España- el PSOE estando en la oposición obtuvo únicamente 90 escaños, el peor resultado en su historia desde 1977.
https://ignaciotrillo.files.wordpress.com/2012/01/psoe-reconstruccic3b3n3.jpg
Para rematar la faena, Pedro Sánchez es presionado para pactar con el Partido Popular y Ciudadanos por los mercados bursátiles, lo que significaría no solo su caída en desgracia sino un gran incendio en Ferraz o intentar a la portuguesa un pacto con las nuevas fuerzas de izquierda como Podemos –cuyo líder se cubrió bajo el manto de la socialdemocracia cuando moderó su programa electoral- junto a partidos nacionalistas, conformando una amalgama de siglas muy difíciles de encajar.
Pobre Pedro. La vida en el sofá de Bertín Osborne era mejor, ¿verdad? Tengo que confesar que en domingos de lluvia y música de Coldplay miro al líder de magnética sonrisa al que sus palmeros alaban cual manufacturada estrella de rock y pienso: ¿Dónde vas, Pedro Sánchez? ¿Dónde vas, triste de ti?

-Olof.